Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Cosas que (debería) aprender de la penúltima crisis turística… (I)

Las primeras noticias sobre la actual crisis nos sorprendieron empezando una de las mejores temporadas turísticas de la historia, con un mes de enero espectacular y con unas inmejorables expectativas para el primer trimestre del año.

Por eso, con las primeras noticias de la posible crisis que empezaba a aflorar en China, un servidor fue de los que pensó que esta sería la enésima circunstancia a la que hacer frente en un sector en el que desde que me incorporé allá por los años 90, las diferentes crisis que nos han afectado, incluida la del 2008, sonaban más a la consabida canción del verano que al ruido de sables que finalmente nos vemos obligados a afrontar.

Se que a toro pasado esto puede parecer frívolo, pero no me avergüenza reconocer que un virus con una mortaldad de un 0.06% a 9000 km. de distancia me pareció bastante menos amenazador que uno con una tasa de casi el 70% a 4000 km.  Aquel año del ébola, en 2014, nuestro país recibió 65 millones de turistas, el mayor aumento en los 14 años precedentes. Desde luego en Enero de este año, la situación parecía mucho menos peligrosa que la que planteaban la crisis económica del 93, o los cambios geopolíticos que hemos venido viviendo hasta la consolidación de la globalización y su estallido en la crisis del 2008. Donde por cierto, fué el turismo el que se alzó con el título de la locomotora que nos sacó de una situación a todas luces crítica.

Hace escasamente un mes estábamos centrados en una superioridad sobre las circunstancias, los elementos y con la única obsesión de ser la mejor versión de nosotros mismos. Nos habíamos llegado a convencer de que con la formación, el trabajo, la dedicación, y unas ciertas dosis de pasión. No había crisis que no se pudiera salvar.  Con nuevos productos y formas de turismo nacidas de la primera crisis, muy consolidadas ya; y con empresas con estructuras de costes fijos más ligeras, con balances más sólidos,  y mucho más líquidas y saneadas que en el 2008. La única pregunta que nos hacíamos en serio, es si valía la pena volver a batir el récord de turistas o apostábamos decididamente por conseguir uno que dejase mayores ingresos.

Por eso a diferencia de en otras ocasiones, no lo vimos venir. Y por eso, esta vez, me parece indispensable escribir lo que a mi modo de ver debería aprender definitivamente de esta crisis.

  • El turismo no es una necesidad indispensable. Y teniendo en cuenta mi vocación conste que he renegado de esta idea insistentemente. Pero de hecho se está demostrando que ninguna nueva actividad económica desarrollada en los últimos 2000 años lo es realmente. Frente a un problema vital, en que la humanidad se enfrenta a un peligro en el que necesita de una conciencia de especie amenazada para resolverlo, el resultado de momento es que la parte social es la que pasa por encima de la económica. La organiza, la paraliza, y redistribuye un poder que jamás debían haber perdido ni la ciencia y ni el conocimiento.
  • El ser humano es más vulnerable de lo que el mismo sospechaba.  Resulta que de pronto nos hemos dado cuenta de la importancia de la ciencia para la humanidad. Que de pronto somos más solidarios y que en la soledad de nuestras casas hemos descubierto lo mejor, y en algún caso lo peor, de nuestros vecinos. Según el filósofo Javier Gómez, el individuo en sí es débil y la solidaridad es una forma de fortalecernos gracias a la socialización que lleva implícita. Una prueba de ello es que la inmensa mayoría de empresas están pensando en como vencerán el miedo inicial y conseguirán aportarnos seguridad ya que  la inmensa mayoría no seremos capaces de gestionar correctamente nuestras emociones. En definitiva el común denominador de las campañas de comunicación de casi todas las empresas es transmitirnos seguridad, ya que vamos a necesitar tener la sensación de que alguien vela por nosotros mismos.

periodico el mundo esta cambiando

  • Hay que estar preparado para lo inesperado siempre. Esto no significa que te construyas un bunker en el jardín y lo llenes de latas de comida. Se trata más bien de armarte con todas aquellas herramientas que en un momento puedan fortalecer tu resiliencia. Tanto a nivel personal como profesional. La vieja táctica de hacer girar la rueda ya no es una opción porque ha quedado demostrado que otros pueden detenerla en seco por tí.
  • La humanidad pedía a gritos un nuevo renacimiento y el individuo seguía a lo suyo. Entendiendo la humanidad con el significado más filantrópico del término y como portador de los mejores atributos de nuestra especie. Hace tiempo que empezábamos a ser conscientes de que los grandes problemas que nos amenazan como especie no estaban siendo abordados, el cambio climático, las crisis sanitarias o la desigualdad social. Y sin embargo la mayoría no tomábamos una actitud lo suficientemente activa frente a estos temas, escudados en nuestras obligaciones diarias. Y no, desengañémonos,  viralizarlos no era ni es suficiente.
  • Es posible detener el mundo tal como lo conocíamos y encima eso es beneficioso para el planeta y para nosotros mismos. Una de las imágenes más impactantes que nos deja esta crisis es lo diferente que se ve el planeta y la atmósfera una vez hemos detenido la producción en masa de diversos países. Desde las imágenes de fauna salvaje merodeando por zonas urbanas, hasta los bajos niveles de contaminación de algunas aguas y los saludables índices de la calidad del aire en algunas ciudades, nos demuestran que no era tan difícil alcanzar algunas de las recomendaciones que se venían haciendo en las cumbres por la sostenibilidad del planeta que se habían celebrando hasta la fecha.
  • Muy pocos estaban preparado realmente para hacer frente a una disrupción en mayúsculas. La tecnología ya existía pero aún así nadie pensaba en aplicarla realmente. Lo más extraño de esto es la cantidad de gente a la que le cuesta aceptar que deberíamos aprovechar para realizar cambios sustanciales en nuestras vidas. A pesar de que hay muchas personas intentando adivinar como se comportará este o aquel sector cuando acabe el confinamiento, la mayoría están centrados en pensar como adaptarán lo que se venia haciendo hasta la fecha pero teniendo en cuenta las nuevas normas que, por supuesto, esperamos nos sean impuestas. Son pocos los que se planteaban realmente reinventar el futuro, y por supuesto, muchos menos los que estaban preparados para ello.

Hay más reflexiones relacionadas aquí.

 


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La Sostenibilidad, algo más que el cuidado del medioambiente.I (Planteamiento inicial)

A partir del informe Brundtland elaborado para la ONU en 1987, la sostenibilidad se define como “la capacidad de satisfacer las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades…”

Sin embargo la idea de mantener un modo de vida y unas actividades que sean sostenibles ha superado el campo de la discusión exclusivamente ambiental. Es decir, en el ámbito empresarial, aunque cada día menos, se puede encontrar algún discurso que transgrede el matiz de ser respetuoso con el medio ambiente. Sin embargo es muy difícil encontrar a alguien defender que su actividad es insostenible, es como encontrar a alguien que se definiese como intelectualmente limitado.

El concepto de sostenibilidad, o sustentabilidad, es retóricamente más potente, engloba más campos y es socialmente más complejo de lo que su propia definición indica.

Este es el campo en el que deberemos movernos y fruto de ello, la complejidad de adaptarlo e integrarlo en la operativa de nuestro establecimiento más allá de las dos consabidas medidas destinadas al ahorro energético  que a menudo se ven más como una medida de ahorro de la propiedad que como una contribución real al futuro del planeta.

La discusión no es sencilla e incluso en muchos grupos de gerencia concienciados con la protección del medio ambiente surgen numerosas discusiones sobre que medidas aplicar, cuales tienen sentido y sobretodo cuales justifican un sacrificio en los costes y en la operativa.

En este sentido existen un gran número de acciones que podemos tomar bajo el paraguas de la sostenibilidad, pero para tener un impacto real sobre el cliente de nuestro establecimiento este debería percibir que se encuentra en el centro de las mismas, o mejor aún tomarlas él de manera consciente. Animarle a consumir productos de Km. 0, colaborar en el tratamiento de sus propios residuos, decidir el número y gasto de limpiezas que contrata, así como facilitarle el acceso a productos con envases reutilizables en lugar de desechables, pueden ser una manera efectiva de divulgar nuestras intenciones y empezar a ganar la credibilidad necesaria entre nuestros clientes.

Existe una manera de hacerlo donde ese compromiso sea firme, creíble y goce de una reputación entendible para la mayoría de nuestros clientes. Eso si, es una fórmula que admite pocos errores y servidor diría que imposible sino se está dispuesto a un serio ejercicio procedimental, de documentación y que desde luego requerirá de cierta inversión por nuestra parte.

La manera más fácil de saber si nos vamos a tomar en serio nuestro impacto en el entorno y si hemos adquirido un verdadero compromiso medioambiental es intentar conseguir un certificado a través de un label externo tipo ISO 14001 o EMAS de la Comisión Europea (Sistema Europeo de Ecogestión y Ecoauditoría). Estas son de carácter voluntario y a pesar de no ser ni fáciles ni rápidas, establecen unos parámetros cuyo cumplimiento por parte de la empresa es cada vez más valorado por consumidores y organizaciones.

pastor y rebaño

 

Entre las ventajas que pueden derivarse de conseguir un certificado de este tipo se encuentran: el aumento de la competitividad del negocio distinguiendo nuestros productos de los del resto de empresas, la mejora de la imagen de la marca, el reconocimiento y diferenciación de nuestro establecimiento frente a la competencia, una eventual disminución de los controles de la Administración, mejores condiciones en la obtención de pólizas de seguros y de préstamos bancarios, acceso a ayudas y subvenciones, disminución de los riesgos laborales fruto de las buenas prácticas aplicadas y ahorro en la factura de consumo energético y del agua… Además. la mejora de la eficiencia de los procesos productivos, pueden llevarnos al descubrimiento y aplicación de tecnología más productiva y menos contaminante.

En muchas comunidades la correcta gestión de determinados residuos es ya una obligación legal sujeta a una normativa acompañada de sus correspondientes herramientas disciplinarias, y muchos ven en ello la antesala del cobro y/o pago según sea la calidad de los residuos generados. Por lo que previsiblemente en el futuro será también una cuestión de la gestión de nuestros propios costes.

El económico es de por sí motivo y motor suficiente para tomar en cuenta medidas y desarrollar protocolos específicos de gestión, sin embargo antes de lanzarnos a implementar una batería de medidas en nuestro hotel, vale la pena tener claro cuales son los objetivos principales de la aplicación de un plan medioambiental con el objetivo de garantizar su éxito en el futuro.

Los principales objetivos a divulgar antes de entrar en los detalles de su gestión deberían ser los siguientes:

  • Crear conciencia, acerca del impacto ambiental de nuestra actividad y de nuestra empresa, solo así seremos capaces de tener en cuenta las consecuencias de nuestras acciones cotidianas y de la necesidad de cambiarlas para contribuir en la mejora de nuestro entorno.
  • Informar a cada miembro de la organización acerca de las acciones medioambientales que se esperan alcanzar.
  • Diagnosticar la posición actual de la empresa mediante la autoevaluación, revisando los aspectos ambientales de nuestras actividades y procesos que pueden generar impactos negativos.
  • Planificar, a partir de una visión realista de nuestras acciones en la actualidad para que podamos definir nuevos objetivos medioambientales y trazar las estrategias oportunas para alcanzarlos.
  • Definir los recursos que se necesitan para poder llevar a cabo las acciones que permitan alcanzar los objetivos planteados.
  • La implantación, se trata de poner en marcha las tareas para lograr nuestros objetivos. Es el momento de asignar los recursos personales, económicos, físicos y sobretodo de dotarnos de nuevos procedimientos, flujos de comunicación, controles y procesos. Conviene realizar auditorias para comprobar si se está implementando correctamente nuestro plan.
  • Verificación, comprobar la efectividad de las medidas tomadas. Esta se puede realizar a través de la monitorización de las actividades o bien comprobando los resultados del impacto que tienen las mismas en su entorno.
  • Ajustes y planes de actuación. En esta fase se adoptan las recomendaciones generadas tras la recopilación de datos y los resultados de las auditorias. Se trata de hacer mejoras para que las medidas tomadas se conviertan en permanentes y consoliden nuestra operativa con el menor impacto ambiental y de la manera más sostenible posible.

Solo después de entender esto podemos plantearnos involucrar a toda la organización en hacer un cambio de esta dimensión y aspirar a tener un éxito efectivo y continuado en el tiempo. En el próximo post veremos un ejemplo de las diferentes medidas que están a nuestro alcance