Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Viajar en tiempos convulsos: cuando la seguridad se convierte en el nuevo lujo turístico. Claves para entender la transformación turística 2

Hubo un tiempo en que la elección de un destino turístico estaba condicionada casi exclusivamente por factores como el clima, el patrimonio cultural, la gastronomía, el precio o la accesibilidad. El viajero comparaba playas, monumentos, hoteles o experiencias y tomaba una decisión basada fundamentalmente en sus preferencias personales. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un cambio silencioso pero profundo en la forma de planificar los viajes. La seguridad ha pasado de ser un elemento secundario a convertirse en uno de los principales factores de decisión.

Hoy, antes de reservar un vuelo o elegir un hotel, millones de viajeros se preguntan algo que hace apenas unas décadas ocupaba un lugar mucho menos relevante: ¿es seguro viajar allí?

La pregunta parece sencilla, pero detrás de ella se esconden numerosos matices. Porque cuando hablamos de seguridad turística ya no nos referimos únicamente a la ausencia de guerras o conflictos armados. El concepto se ha ampliado enormemente y engloba riesgos muy diversos que hace unos años apenas aparecían en las conversaciones sobre turismo.

Tradicionalmente, la percepción de inseguridad estaba vinculada a acontecimientos excepcionales: guerras, atentados terroristas, revoluciones o tensiones geopolíticas. Durante décadas, destinos enteros desaparecían del mapa turístico internacional debido a conflictos armados o crisis políticas. La inestabilidad en Oriente Medio, los Balcanes durante los años noventa o determinados países africanos son algunos ejemplos de cómo la inseguridad geopolítica condicionaba los flujos turísticos.

Sin embargo, el siglo XXI ha incorporado nuevas amenazas que han transformado radicalmente la percepción del riesgo. La delincuencia urbana, por ejemplo, se ha convertido en una preocupación creciente para muchos viajeros. Los robos, los hurtos o determinadas formas de criminalidad tienen hoy un peso importante en la imagen de numerosos destinos.

A ello se suma un fenómeno relativamente reciente: la turismofobia. Aunque sigue siendo minoritario, el rechazo social al turismo en determinados lugares ha comenzado a influir en las decisiones de algunos visitantes. Las protestas contra la masificación turística en ciudades como Barcelona, Ámsterdam o Venecia han generado titulares internacionales que han contribuido a transmitir la sensación de que el turista ya no siempre es bienvenido.

Las catástrofes naturales constituyen otro de los factores emergentes. El cambio climático está aumentando la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como incendios forestales, inundaciones, olas de calor o huracanes. Muchos viajeros consultan hoy las previsiones meteorológicas y los antecedentes climáticos con la misma atención con la que revisan las opiniones de los hoteles.

Y, por supuesto, resulta imposible hablar de seguridad turística sin recordar el impacto de la pandemia de COVID-19. Ningún acontecimiento reciente ha transformado tanto la relación entre movilidad y seguridad. Durante meses, viajar dejó de ser una actividad asociada al placer para convertirse en una potencial fuente de riesgo sanitario. El cierre de fronteras, las restricciones de movilidad y la incertidumbre generalizada alteraron profundamente los hábitos turísticos y demostraron hasta qué punto la percepción de seguridad puede paralizar una industria global.

Sin embargo, si hay un actor que desempeña un papel decisivo en la construcción de esa percepción del riesgo son los medios de comunicación. La imagen que tenemos de un destino no siempre se corresponde con la realidad objetiva de los datos. Con frecuencia, está mediada por la forma en que se narran los acontecimientos.

Vivimos en una época en la que la información circula de manera instantánea. Un incidente ocurrido en cualquier rincón del planeta puede convertirse en noticia global en cuestión de minutos. Esta hiperconectividad tiene ventajas evidentes, pero también genera distorsiones.

Los medios tienden, por razones comprensibles, a priorizar los acontecimientos excepcionales. Un día normal en una ciudad no es noticia. Un robo violento, una manifestación o un desastre natural sí lo son. El resultado es que determinados destinos pueden quedar asociados durante años a un hecho aislado que, estadísticamente, apenas tiene relevancia.

El problema se agrava cuando la lógica del clic y de la audiencia premia el sensacionalismo. Los titulares alarmistas generan más atención que los análisis reposados. La emoción suele imponerse al contexto. El miedo vende más que la estadística.

Existen numerosos ejemplos. Durante años, algunas ciudades europeas fueron presentadas como escenarios prácticamente inseguros debido al aumento de determinados delitos menores. Sin embargo, los datos oficiales mostraban niveles de criminalidad inferiores a los de muchas ciudades consideradas completamente normales por los propios viajeros.

Algo similar ocurrió con determinados destinos afectados por episodios puntuales de protestas contra el turismo. Algunas imágenes de manifestaciones o acciones simbólicas tuvieron una enorme repercusión mediática internacional, generando la impresión de un rechazo generalizado al visitante. Sin embargo, millones de turistas continuaron siendo recibidos con absoluta normalidad y hospitalidad.

La pandemia también dejó ejemplos reveladores. Durante meses, las imágenes más impactantes dominaron las pantallas, mientras que la evolución positiva de muchos indicadores sanitarios recibió una atención mucho menor. El resultado fue que la percepción de riesgo permaneció elevada incluso cuando las condiciones objetivas comenzaban a mejorar.

Esto no significa que los riesgos no existan o que deban ignorarse. Al contrario. La información rigurosa es esencial para que los viajeros puedan tomar decisiones responsables. Pero existe una diferencia importante entre informar sobre los riesgos y amplificarlos hasta convertirlos en una fuente permanente de ansiedad.

Quizá por ello uno de los grandes desafíos del turismo contemporáneo consiste en gestionar adecuadamente la percepción de seguridad. Los destinos compiten no solo por ofrecer experiencias memorables, sino también por transmitir confianza. La seguridad se ha convertido en un atributo de marca tan importante como la calidad de las infraestructuras o la riqueza cultural.

Y, sin embargo, a pesar de todos estos factores, el turismo sigue creciendo. Cada crisis parece anunciar un cambio definitivo en los hábitos de viaje, pero una y otra vez observamos el mismo fenómeno: los viajeros regresan.

La explicación probablemente reside en algo profundamente humano. Viajar responde a necesidades que van mucho más allá del ocio. Es una forma de descubrir, aprender, relacionarse, descansar y ampliar horizontes. La curiosidad forma parte de nuestra naturaleza.

La historia del turismo está llena de ejemplos que lo demuestran. Tras atentados terroristas, crisis económicas, conflictos políticos o pandemias, la actividad turística acaba recuperándose. A veces tarda meses. Otras veces necesita años. Pero termina regresando.

Los viajeros valoran la seguridad, sin duda. Cada vez más. Comparan riesgos, consultan recomendaciones oficiales y buscan destinos que les transmitan tranquilidad. Sin embargo, también saben que el riesgo cero no existe. Ni en los viajes ni en la vida cotidiana.

Por eso, cuando la incertidumbre disminuye y la confianza regresa, suele imponerse una fuerza más poderosa que el miedo: el deseo de explorar el mundo.

Porque viajar no es únicamente desplazarse de un lugar a otro. Es una expresión de optimismo. Una apuesta por el encuentro con lo desconocido. Y quizás por eso, incluso en tiempos de incertidumbre, seguimos haciendo las maletas. No porque ignoremos los riesgos, sino porque afortunadamente la gran mayoría entendemos que descubrir nuevos lugares continúa siendo una de las experiencias más enriquecedoras que podemos vivir.


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Nuevo calendario vacacional: Claves para entender la transformación turística 1.

Durante décadas, el modelo turístico español ha estado marcado por una lógica muy concreta: vacaciones largas concentradas en verano, destinos saturados durante julio y agosto y una actividad mucho más débil el resto del año. Sin embargo, ese patrón está empezando a cambiar. Cada vez más viajeros reparten sus escapadas a lo largo del calendario, optan por viajes más cortos y frecuentes y buscan experiencias distintas fuera de la temporada alta tradicional.

Este cambio no es anecdótico. Está transformando la manera en que funcionan los destinos, las empresas turísticas y el empleo vinculado al sector. También plantea retos importantes para las administraciones y para la sostenibilidad del propio modelo turístico español. Vamos con ellas.

1. Las principales razones socioeconómicas y climáticas del cambio

El cambio en el calendario vacacional  no tiene una única explicación, responde a varios factores que se están combinando en los últimos años.

Nuevos hábitos laborales y sociales

Uno de los principales motores es la transformación del mundo laboral. El auge del teletrabajo, los modelos híbridos y la mayor flexibilidad en muchas empresas permiten a parte de la población viajar fuera de los periodos clásicos. Ya no es imprescindible concentrar todas las vacaciones en agosto. Además, las nuevas generaciones priorizan más las experiencias que la acumulación de días de descanso. Esto ha impulsado las llamadas “microescapadas”: viajes de tres o cuatro días repartidos durante todo el año.

También influye el envejecimiento de la población. Los jubilados activos viajan cada vez más y no dependen del calendario laboral ni escolar. Este perfil tiene un enorme impacto en la demanda turística fuera de temporada.

El efecto del precio y la saturación

La subida de precios en temporada alta está empujando a muchos viajeros hacia meses alternativos. Viajar en octubre, marzo o mayo puede suponer un ahorro importante en alojamiento y transporte. A ello se suma el rechazo creciente a la masificación. Muchos turistas buscan destinos menos saturados, con experiencias más tranquilas y auténticas. La saturación de playas, aeropuertos y ciudades durante el verano está acelerando esta redistribución de la demanda aunque sea por una estricta necesidad.

El cambio climático

El clima es probablemente uno de los factores que más va a influir en el futuro del calendario turístico.

Las olas de calor extremas en julio y agosto están haciendo menos atractivos algunos destinos tradicionales de verano. En ciudades como Sevilla, Córdoba o incluso Madrid, las temperaturas extremas pueden limitar mucho la experiencia turística en pleno verano.

En cambio, meses como abril, mayo, septiembre u octubre ofrecen temperaturas más agradables y una experiencia mucho más cómoda. Esto está favoreciendo un desplazamiento progresivo de la demanda hacia temporadas medias. Lo mismo ocurre en algunos lugares de costa, en este caso los movimientos no son solo de fechas sino incluso también de destino lo que hace que algunas playas del mar Cantábrico empiecen a estar mejor consideradas que las del Mediterráneo.

2. Cómo incide en la desestacionalización y qué destinos salen beneficiados

La gran consecuencia positiva de este cambio es la desestacionalización. Es decir, repartir mejor la actividad turística a lo largo del año. España ha sufrido históricamente una enorme dependencia del verano. En muchos destinos, el resto del año presentaba una actividad muy limitada. Tener trabajo garantizado solo tres o cuatro meses al año, generaba inestabilidad económica y laboral.

Ahora algunos territorios empiezan a beneficiarse claramente de un turismo más distribuido.

Canarias: el gran ejemplo consolidado

Las Islas Canarias es probablemente el mejor ejemplo de destino desestacionalizado. Gracias a su clima estable durante todo el año, lleva décadas atrayendo visitantes del norte de Europa en invierno. El nuevo escenario climático europeo puede reforzar todavía más esta ventaja competitiva, especialmente frente a destinos mediterráneos muy calurosos en verano.

El norte de España gana protagonismo

Destinos como Asturias, Cantabria o Galicia están viendo crecer su atractivo gracias a temperaturas más suaves durante el verano y un turismo de naturaleza y gastronomía que funciona mejor fuera de temporada alta. Además, su oferta de turismo rural y activo se adapta muy bien a escapadas repartidas durante el año.

Las ciudades culturales

Ciudades como Sevilla, Granada o Toledo tienen una oportunidad enorme en primavera y otoño, cuando las temperaturas son mucho más agradables. También se benefician las ciudades vinculadas al turismo gastronómico y de eventos, como San Sebastián o Valencia.

3. Cómo afecta a la mano de obra: ventajas y desventajas

La desestacionalización puede cambiar profundamente el empleo turístico.

Ventajas para los trabajadores

La principal ventaja es la estabilidad laboral. Un turismo más repartido durante el año permite contratos más largos y menos dependencia de campañas de dos o tres meses. Además ayuda a equilibrar lo que algunos han denominado como la subvención encubierta del turismo. Esto puede mejorar:

  • La calidad del empleo.
  • La formación de los trabajadores.
  • La fidelización del talento.
  • Las condiciones salariales a medio plazo.

Muchos negocios turísticos tienen enormes dificultades para encontrar personal porque ofrecen empleos muy temporales e inestables. Si la actividad se reparte mejor, el sector puede resultar más atractivo profesionalmente.

Los riesgos y desventajas

Sin embargo, también existen inconvenientes.

En algunos destinos, la ampliación de temporadas puede aumentar la presión laboral continua y dificultar los periodos de descanso del personal. Además, si la desestacionalización no va acompañada de mejores salarios y condiciones, simplemente puede extender la precariedad durante más meses del año.

Otro riesgo importante es la dificultad para encontrar vivienda en zonas turísticas. En muchos destinos españoles, el problema ya no es solo trabajar en temporada alta, sino poder vivir allí durante todo el año y no es lo mismo facilitar alojamiento unos meses al año que pretender satisfacer las necesidades de alojamiento de familias durante todo el año.

Por último la práctica ausencia de días de descanso entre las temporadas hace que se reduzca el atractivo que para parte de la mano de obra tenia realizar temporada turística de verano y de invierno entre la playa y la montaña, lo que perjudica a los negocios con menos posibilidades de desestacionalización, que normalmente son también los más frágiles.

4. Qué pueden hacer las administraciones públicas

Las administraciones tienen un papel y responsabilidad fundamental para consolidar este cambio.

Revisar el calendario escolar y laboral

Uno de los grandes debates futuros será la flexibilización del calendario vacacional escolar. Repartir mejor los periodos de descanso ayudaría enormemente a desconcentrar la demanda turística. No se trata necesariamente de reducir vacaciones, sino de distribuirlas de forma más equilibrada.

Incentivar el turismo fuera de temporada

Las administraciones pueden impulsar campañas específicas para fomentar viajes en temporada media y baja. Así como incentivar eventos culturales fuera del verano, congresos y turismo profesional u otras modalidades como programas para el  turismo sénior.

Mejorar las conexiones y servicios

Mantener buenas conexiones durante todo el año es clave para consolidar la demanda estable y evitar que muchos destinos pierdan competitividad fuera de temporada porque disminuyen vuelos, trenes y servicios.

Apostar por la sostenibilidad

La desestacionalización debe ir acompañada de planificación. Si no se gestiona bien, simplemente puede acabar por extender la presión turística durante doce meses. Anticiparse a posibles patologías del sector turístico como la falta de regulación sobre la vivienda turística ilegal, la falta de protección de espacios naturales, no controlar capacidades de carga y no tener bien dimensionados los servicios básicos o no invertir en infraestructuras sostenibles, pueden acabar por generar más daños que beneficios.

5. Los peligros de este cambio y sus posibles soluciones

Aunque la desestacionalización tiene ventajas evidentes, también entraña riesgos importantes.

El peligro de la “sobreturistificación permanente”

Uno de los mayores riesgos es pasar de la saturación estival a una presión turística constante durante todo el año. Algunas ciudades europeas y algunas islas ya viven este fenómeno. El turismo deja de tener temporadas claramente diferenciadas y se convierte en una presión continua sobre vivienda, movilidad y servicios públicos.

Desigualdades territoriales

No todos los destinos tienen la misma capacidad de adaptarse. Algunos lugares seguirán dependiendo mucho del verano, mientras otros captarán más demanda anual y otros sencillamente no tendrán ocasión de alargar sus temporadas. Esto puede generar una desigualdad entre territorios que acabe agravando el problema de la llamada España vaciada.

¿Qué soluciones hacen falta?

  • Apostar por un turismo de mayor valor añadido y no solo más volumen.
  • Diversificar mercados y productos turísticos.
  • Regular mejor el crecimiento turístico.
  • Invertir en transporte sostenible.
  • Equilibrar desarrollo económico y calidad de vida local.

Deberían estar en la agenda de cualquier gestor de territorios turísticos

6. ¿Es una tendencia real o un espejismo?

Lo más interesante es que todo apunta a que estamos ante una transformación estructural y no ante una moda pasajera. El cambio climático, la flexibilidad laboral, el envejecimiento poblacional, la digitalización o el rechazo a la masificación. Son factores muy sólidos que respaldan esta evolución

Sin embargo, todavía existen barreras importantes en España.

El calendario escolar sigue muy concentrado. Muchas empresas mantienen modelos rígidos de vacaciones. Y parte de la oferta turística continúa funcionando únicamente con mentalidad estacional. Para que la desestacionalización se consolide de verdad en España deberían ocurrir varias cosas:

  • Más flexibilidad laboral real.
  • Mejor coordinación educativa y administrativa.
  • Inversión en conectividad anual.
  • Estrategias sostenibles a largo plazo.

El reto no es únicamente atraer turistas durante más meses, sino construir un modelo turístico más equilibrado, rentable y compatible con la vida de los residentes.

Y no nos engañemos… el verdadero éxito de la desestacionalización no será tener turistas los doce meses del año, sino conseguir que destinos, trabajadores, empresas y ciudadanos puedan convivir de manera más sostenible y estable.


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Romper la hibernación: claves estratégicas para afrontar la estacionalidad del turismo en España

La estacionalidad sigue siendo, a día de hoy, uno de los rasgos estructurales más determinantes —y limitantes— del modelo turístico español. Las cifras más recientes de 2025 lo ilustran con una contundencia difícil de ignorar: cada invierno desaparecen del mercado cerca de 5.600 establecimientos hoteleros, se pierden 369.000 habitaciones operativas y la fuerza laboral del sector se reduce prácticamente a la mitad. Este fenómeno, lejos de ser una anomalía coyuntural, forma parte del ADN de un sistema que ha crecido históricamente al calor de la demanda vacacional concentrada en los meses estivales.

Más allá de los indicadores clásicos como el ADR o el RevPar, que continúan atrayendo el interés de inversores en busca de rentabilidad, la realidad operativa del sector revela un patrón mucho más complejo. El mercado hotelero español funciona bajo un modelo de expansión y contracción cíclica que, como bien se ha descrito en ocasiones, recuerda a un proceso de hibernación. Este comportamiento no solo condiciona la rentabilidad anual de los activos, sino que también impacta profundamente en la planificación estratégica, la gestión del talento y la sostenibilidad del destino.

España ha consolidado su posición como una de las principales potencias turísticas del mundo gracias a una propuesta de valor clara: clima, litoral y oferta vacacional. Sin embargo, este éxito ha venido acompañado de una fuerte concentración de la demanda en determinados periodos del año. El resultado es un uso intensivo —y a menudo saturado— de infraestructuras durante unos pocos meses, seguido de largos periodos de infrautilización. Paradójicamente hablamos de un modelo tensionado por su propio éxito.

Este desequilibrio genera ineficiencias estructurales. Desde el punto de vista empresarial, obliga a operar con estructuras de costes altamente flexibles, donde la temporalidad laboral se convierte en norma. Desde la perspectiva del destino, provoca una presión desigual sobre los recursos, afectando tanto a la sostenibilidad ambiental como a la convivencia con la población local. Y desde el ángulo inversor, introduce un nivel de incertidumbre que complica la valoración de activos y la estabilidad de los flujos de caja.

La estacionalidad como riesgo sistémico

En un contexto global marcado por la volatilidad y la creciente sofisticación de la demanda, la estacionalidad deja de ser simplemente una característica del mercado para convertirse en un riesgo sistémico. La dependencia excesiva de unos pocos meses de alta ocupación expone al sector a shocks externos —climáticos, económicos o geopolíticos— con un impacto desproporcionado.

Además, la dificultad para mantener plantillas estables durante todo el año limita la capacidad de profesionalización del sector. La pérdida recurrente de talento cada temporada baja no solo afecta a la calidad del servicio, sino que incrementa los costes de formación, reduce la eficiencia operativa y por si fuera poco, genera una imagen de precariedad en el resto de la sociedad.

Nuevas dinámicas de demanda: una oportunidad latente.

A pesar de este escenario, las tendencias recientes del mercado apuntan a oportunidades claras para mitigar la estacionalidad. El cambio en los hábitos de consumo turístico, impulsado por factores como el teletrabajo, la búsqueda de experiencias más auténticas y la diversificación de motivaciones de viaje, abre la puerta a una redistribución más equilibrada de la demanda. El auge del “workation”, por ejemplo, permite atraer a perfiles que combinan trabajo y ocio fuera de la temporada alta. Del mismo modo, el crecimiento del turismo senior, menos condicionado por calendarios laborales, representa un segmento clave para la desestacionalización. A esto se suma el interés creciente por el turismo cultural, gastronómico y de naturaleza, cuya demanda es menos dependiente del clima estival.

Medidas estratégicas basadas en prácticas de éxito.

La reducción de la estacionalidad no es una tarea sencilla ni inmediata, pero existen ya en el mercado prácticas consolidadas que han demostrado su eficacia. Algunas de las más relevantes desde una perspectiva estratégica que conozco son las siguientes:

1. Diversificación del producto turístico

Uno de los pilares fundamentales es la ampliación de la propuesta de valor más allá del sol y playa. Destinos que han apostado por el turismo cultural, deportivo o de bienestar han logrado extender su temporada operativa. La clave está en desarrollar productos que respondan a motivaciones específicas y que sean atractivos durante todo el año.

2. Segmentación avanzada de la demanda.

El uso de herramientas de análisis de datos permite identificar nichos de mercado con potencial desestacionalizador. La personalización de la oferta y la adaptación de los canales de comercialización a estos segmentos resulta esencial. No se trata solo de atraer más turistas, sino de atraer a los turistas adecuados en los momentos adecuados.

3. Colaboración público-privada

La coordinación entre administraciones y empresas es crítica para diseñar estrategias coherentes a nivel de destino. Iniciativas como la organización de eventos fuera de temporada alta, la mejora de la conectividad o la promoción internacional segmentada han demostrado ser eficaces cuando se implementan de forma conjunta.

4. Flexibilización del modelo operativo

Desde el punto de vista empresarial, es necesario evolucionar hacia modelos operativos más resilientes. Esto incluye la adopción de estructuras más flexibles, la digitalización de procesos y la optimización de costes fijos. Asimismo, la formación continua y la fidelización del talento pueden contribuir a reducir la rotación estacional.

5. Reposicionamiento de activos

En algunos casos, la solución pasa por redefinir completamente el posicionamiento de los establecimientos. Hoteles tradicionalmente orientados al turismo vacacional pueden reconvertirse parcialmente para atraer a segmentos como el MICE (reuniones, incentivos, congresos y eventos) o el turismo de larga estancia.

6. Incentivos a la demanda en temporada baja

Políticas de precios dinámicos, paquetes promocionales y acuerdos con operadores pueden estimular la demanda en periodos de baja ocupación. Sin embargo, estas estrategias deben aplicarse con cuidado para no erosionar la percepción de valor del destino.

Hacia un modelo más equilibrado.

La estacionalidad no desaparecerá por completo —ni necesariamente debería hacerlo—, pero sí puede gestionarse de forma más eficiente. El objetivo no es eliminar los picos de demanda, sino suavizar las curvas y mejorar la utilización de los recursos a lo largo del año.

En este sentido, la transformación del modelo turístico español pasa por una combinación de innovación, inversión y colaboración. Los datos de 2025 no solo reflejan un problema, sino también una oportunidad: la de repensar el sector desde una perspectiva más sostenible, resiliente y orientada al largo plazo. Si es necesario contando con la ayuda de otros territorios de interior y de montaña capaces de absorber parte de las estructuras que sobran en la costa e islas en los meses de invierno.

Para los inversores, esto implica adoptar una visión más estratégica que trascienda los indicadores tradicionales y tenga en cuenta la capacidad de los activos para generar valor de forma consistente durante todo el año. Para los operadores, supone un reto en términos de adaptación y diferenciación. Y para los destinos, representa una llamada a la acción para construir propuestas más equilibradas y diversificadas.

En última instancia, abordar la estacionalidad no es solo una cuestión económica, sino también social y territorial. Se trata de garantizar que el turismo siga siendo un motor de desarrollo, pero de una forma más estable, inclusiva y sostenible. Solo así será posible consolidar un modelo capaz de resistir las incertidumbres del futuro sin renunciar a su competitividad global.


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Hostelería, salarios bajos y realidad económica: una reflexión necesaria sobre productividad, inflación y responsabilidad compartida.

Hablar hoy de salarios bajos en la hostelería española no es simplemente abordar un problema sectorial. Es, en realidad, analizar una fotografía muy precisa de las tensiones estructurales de la economía española: un país con fuerte crecimiento turístico, récord de empleo y, sin embargo, con amplias capas de trabajadores incapaces de mejorar su nivel de vida.

La discusión pública suele simplificarse en exceso. Se acusa al empresario, se peca de exceso de paternalismo con el trabajador y se ignoran variables económicas esenciales. Sin embargo, los datos de 2024 y 2025 obligan a un análisis más profundo, incómodo y, sobre todo, honesto.

1. El diagnóstico: la hostelería como sector estructuralmente mal pagado

Los números son contundentes. En España, el salario medio nacional se sitúa aproximadamente entre 30.500 y 32.000 euros brutos anuales en el periodo 2024-2025, dependiendo de la estimación utilizada.

Frente a ello, la hostelería presenta una realidad radicalmente distinta:

  • El salario bruto medio del sector ronda 16.985 euros anuales, el más bajo de toda la economía.
  • El 95 % de los trabajadores del sector cobra por debajo del salario medio nacional.
  • La diferencia salarial frente a sectores como energía o utilities supera los 45.000 euros anuales.
  • Incluso un camarero medio apenas alcanza unos 20.000 euros anuales.

Esta brecha no es coyuntural: es estructural.

Mientras sectores intensivos en capital, como energía, tecnología o industria avanzada, pueden repartir salarios elevados, la hostelería continúa siendo un sector intensivo en mano de obra, con márgenes reducidos y fuerte competencia basada en precio.Y ahí aparece la primera realidad incómoda: no todos los sectores pueden pagar lo mismo porque no generan el mismo valor económico por hora trabajada.

2. Comparación con otros sectores productivos: desgraciadamente aquí la productividad manda

La diferencia salarial entre sectores no es moral; es económica. El coste laboral anual medio en hostelería fue de unos 23.138 euros por trabajador, frente a más de 82.000 euros en el sector del suministro energético. La razón principal no es la voluntad empresarial, sino la productividad, pero ojo no de la mano de obra, sino de las inversiones:

  • En energía, una inversión tecnológica elevada permite que cada trabajador genere alto valor añadido.
  • En hostelería, el servicio sigue dependiendo casi exclusivamente del trabajo humano directo.

Un camarero puede atender más mesas, sí, pero no multiplicar su productividad diez veces sin cambiar completamente el modelo de negocio. Esta es la clave que rara vez aparece en el debate político: los salarios sostenibles solo pueden crecer cuando aumenta la productividad. No antes.

3. El efecto imitación: cuando la administración marca el ritmo salarial

Entre 2025 y 2026, el Gobierno aprobó subidas salariales para empleados públicos cercanas al 2,5 % anual, con incrementos adicionales ligados a la inflación. Estas decisiones generan un fenómeno económico conocido como efecto imitación salarial:

  1. El sector público aumenta sueldos para proteger poder adquisitivo.
  2. Los trabajadores del sector privado exigen ajustes equivalentes.
  3. Empresas con menor productividad quedan atrapadas entre presión salarial y márgenes limitados.

El problema surge cuando la administración puede financiar subidas mediante deuda o impuestos, mientras que una empresa privada solo dispone de tres opciones:

  • subir precios,
  • aumentar productividad,
  • o reducir empleo.

En sectores de baja productividad como la hostelería, el margen de maniobra es extremadamente reducido. La administración, no te engañes, la pagamos entre todos.

4. El verdadero villano: el aumento del coste de vida

Quizá el elemento más determinante del conflicto salarial actual no sea el salario en sí, sino la inflación acumulada.

Aunque la economía española ha crecido con fuerza y el empleo turístico ha superado los 2,5 millones de trabajadores, muchos hogares se sienten económicamente asfixiados.

El Banco de España reconoce una paradoja evidente:

  • los salarios nominales suben,
  • pero el encarecimiento de vivienda, alimentación y servicios básicos erosiona el poder adquisitivo.

Aquí aparece una verdad tan incómoda como despiadada: no es que los trabajadores ganen menos que antes; es que vivir cuesta mucho más. El trabajador de hostelería no pierde frente al empresario únicamente, sino frente a una inflación estructural que afecta especialmente a quienes parten de salarios bajos. Eso si, a tu jefe le ves la cara todos los días, lo de la inflación sale en las noticias de vez en cuando y la mayoría no le hace ni caso.

5. El error recurrente: demonizar a la empresa

Parte del discurso público acusa a la hostelería de explotar sistemáticamente a sus trabajadores. Sin negar que como en cualquier sector, seguro que existen abusos puntuales, no seré tan naif como para segurar lo contrario. Esto no me impide ver que esta narrativa simplista ignora datos fundamentales.

Entre 2019 y 2025, los costes laborales del sector aumentaron alrededor de un 25 %, presionados por convenios, cotizaciones y la escasez de personal. Sin embargo, muchos establecimientos siguen operando con márgenes estrechos, especialmente bares y restaurantes independientes. Por cierto, muchos de ellos en manos de autónomos. El verdadero dilema no es moral sino económico:

  • si los precios suben demasiado → cae la demanda;
  • si los salarios suben sin productividad → desaparece el negocio;
  • si el negocio desaparece → desaparece el empleo.

La inflación actúa como un enemigo silencioso que empobrece simultáneamente a trabajadores y empresarios. Por ello, presentar el debate únicamente como lucha trabajador-empresa es intelectualmente cómodo, pero económicamente incorrecto. Y yo diría que políticamente irresponsable.

6. Productividad: el único camino viable hacia mejores salarios

La evidencia económica es clara: sin mejoras reales de productividad no existen subidas salariales sostenibles. Así pues, la pregunta es obvia: ¿Cómo puede mejorar la productividad en hostelería?

a) Profesionalización del sector

  • formación continua,
  • especialización gastronómica,
  • gestión empresarial avanzada.

El turismo catalán en general ya reconocía hace escasos días la necesidad de evolucionar hacia modelos de mayor valor añadido y menos dependencia del volumen masivo de visitantes.

b) Digitalización operativa

Reservas inteligentes, análisis de datos, automatización parcial de procesos y optimización de turnos permiten aumentar ingresos sin multiplicar plantilla.

c) Cambio de posicionamiento

Pasar de competir por precio a competir por experiencia. Un restaurante que duplica el ticket medio, por ejemplo,  puede pagar mejores salarios sin necesidad de duplicar jornadas.

d) Estabilidad laboral

La elevada parcialidad del sector (alrededor del 33 %) reduce productividad y compromiso laboral. Menos rotación significa mayor eficiencia. O al menos un mayor compromiso laboral por ambas partes.

7. El círculo virtuoso: + productividad → + margen → + salario

Recuerdas aquello de «para ganar más al jefe le tiene que ir mejor…» no es ingenuidad del proletariado es que el orden correcto del aumento de la riqueza es esencial:

  1. Más productividad
  2. Mayor margen empresarial
  3. Subida salarial sostenible

Invertir el orden, subir salarios primero esperando que la productividad aparezca después, suele terminar en inflación de precios o destrucción de empleo. Los acuerdos salariales recientes en destinos turísticos como Baleares o Canarias muestran que las subidas son posibles cuando el sector genera más valor y estabilidad económica.

La lección es clara: los salarios pueden crecer, pero solo cuando el modelo económico lo permite.

8. Una reflexión final: el verdadero problema nacional.

España no tiene únicamente un problema de salarios bajos. Tiene un problema más profundo:

  • economía muy dependiente de sectores de baja productividad,
  • fuerte presión del coste de vida,
  • expectativas sociales crecientes,
  • y comparación constante con sectores de alto valor añadido.

La hostelería simboliza esta tensión, sin duda, por el alto componente social y económico que tiene.

No es un sector fallido. Genera empleo masivo, sostiene regiones enteras y aporta cerca del 14 % del PIB directo.

Pero, como es normal, tampoco puede asumir sola la solución del bienestar salarial del país.

El debate serio exige abandonar posiciones ideológicas simples:

  • ni el empresario es el villano automático,
  • ni el trabajador es siempre un modelo de virtudes
  • ni el mercado resolverá todo por sí solo.

La solución pasa por una alianza real entre trabajadores, empresas y administraciones orientada a crear más valor económico por trabajador.

Porque al final, la economía mantiene una ley inquebrantable:

Los salarios no suben por decreto, ni por presión social, ni por deseo político. Suben cuando una sociedad produce más valor del que producía ayer.

Y ese sigue siendo, hoy, el gran reto pendiente de la hostelería española y me atrevería a decir que probablemente, de toda la economía nacional.


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No todo el turismo es igual: por qué la nueva tasa turística no puede, ni debe, aplicarse de forma universal en Catalunya

Catalunya es, sin duda, una potencia turística europea. Pero no es un bloque homogéneo. Bajo una misma etiqueta conviven realidades profundamente distintas: desde una gran capital global como Barcelona y un litoral de altísima presión turística, hasta comarcas de interior y de montaña donde el turismo no es un exceso que gestionar, sino el pilar que sostiene la vida económica y social.

La tramitación de la nueva regulación de la tasa turística abre una oportunidad importante: corregir el error de haber tratado hasta ahora a todo el territorio con el mismo rasero fiscal. Desde el sector turístico de las comarcas de Lleida, y especialmente del Pirineo, la postura es clara: una tasa turística universal es ineficiente, injusta y territorialmente desequilibradora.

Una Catalunya turística a dos velocidades

Las cifras hablan por sí solas. En 2024, Catalunya registró alrededor de 82 millones de pernoctaciones en hoteles, campings y turismo rural. Pero la distribución territorial de este volumen es enormemente desigual:

  • Barcelona ciudad concentra por sí sola cerca del 28% de las pernoctaciones.
  • Las zonas de costa (Costa Brava, Costa Barcelona y Costa Daurada) suman más de un 63% adicional.
  • El Pirineo apenas representa alrededor del 4%.
  • El resto del interior de Catalunya, otro 4% aproximadamente.

Es decir, más del 90% de las pernoctaciones se concentran en Barcelona y el litoral, mientras que la mayor parte del territorio catalán comparte menos del 10% restante. Pretender que estas realidades tan dispares soporten la misma política fiscal sobre las estancias turísticas carece de lógica económica y de sensibilidad territorial.

Donde hay saturación… y donde no

La tasa turística suele justificarse en destinos con alta presión turística, donde el volumen de visitantes genera tensiones sobre el espacio público, la vivienda, los servicios y la convivencia. Esa situación existe en determinadas zonas urbanas y costeras, y es legítimo debatir cómo gestionar sus impactos. Pero esa no es, ni de lejos, la realidad de las comarcas de Lleida. En la mayor parte del interior y del Pirineo:

  • No existen problemas de masificación.
  • Las ocupaciones medias anuales son bajas (en muchas zonas de montaña, por debajo del 40%).
  • El turismo es muy estacional (nieve, verano, fines de semana).
  • Una parte importante de la demanda es de proximidad y de perfil familiar o deportivo, no de grandes flujos internacionales.

Aplicar la misma carga fiscal a territorios tensionados y a territorios que luchan por mantener actividad económica es, sencillamente, un error de diagnóstico y porque no decirlo, una irresponsabilidad

Poco volumen, pero máxima dependencia

Hay un dato que a menudo se pasa por alto: tener menos turistas no significa depender menos del turismo; a menudo ocurre justo lo contrario.

En Barcelona, el turismo es un sector importante, pero forma parte de una economía altamente diversificada: servicios avanzados, industria, tecnología, finanzas, logística, cultura. Su peso se diluye dentro de un tejido económico amplio y robusto.

En cambio, en muchas comarcas del Pirineo —como el Pallars Sobirà, la Alta Ribagorça o la Val d’Aran— el turismo, sumando efectos directos e indirectos, puede representar entre el 70% y el 90% de la actividad económica real. Es el sector que sostiene el empleo, mantiene abiertos negocios, fija población y permite que el territorio siga vivo.

Esto implica una consecuencia clara:
La elasticidad ante nuevas cargas fiscales es mucho menor. Un pequeño incremento de costes puede tener un impacto proporcionalmente mucho mayor en la viabilidad de empresas y destinos enteros.

Competencia directa sin tasa

A esta fragilidad estructural se suma un factor clave: la competencia.

Los principales competidores de las zonas de montaña de Lleida no son Barcelona ni la Costa Brava. Son Huesca (Pirineo aragonés) y Andorra, destinos con productos muy similares (nieve, naturaleza, turismo activo) y que no aplican tasa turística.

En mercados donde el precio es un factor decisivo —familias, escapadas de fin de semana, turismo deportivo— cualquier sobrecoste, aunque parezca pequeño, influye en la decisión final. Además, el precio medio del alojamiento en la demarcación de Lleida es de los más bajos de Catalunya, por lo que la tasa representa un porcentaje mucho mayor sobre la factura final que en destinos urbanos de tarifas elevadas.

¿Quién paga realmente la tasa en el interior?

Otro elemento diferencial es el perfil del visitante. Según datos oficiales, en las comarcas de Lleida:

  • Alrededor del 80% de los clientes son españoles.
  • Y de estos, una parte muy importante son catalanes.

Es decir, en gran medida son los propios ciudadanos de Catalunya quienes acaban pagando la tasa cuando viajan dentro de su propio territorio, especialmente en escapadas rurales, de naturaleza o de nieve. Esto refuerza la idea de que la medida, aplicada de forma uniforme, tiene un efecto regresivo y poco coherente en zonas que no sufren presión turística.

Además, en muchos establecimientos del interior se alojan trabajadores desplazados por motivos laborales (obras, servicios, proyectos temporales). Gravar estas estancias con una tasa pensada para el ocio turístico desvirtúa completamente el sentido del impuesto.

Recaudación: una concentración extrema

La distribución de la recaudación de la actual tasa turística también evidencia el desequilibrio. Barcelona y la costa concentran la práctica totalidad de los ingresos, mientras que el conjunto de marcas turísticas del interior y el Pirineo representa un porcentaje mínimo del total.

Esto demuestra que la tasa no es, en estas zonas, una herramienta decisiva de financiación, pero sí puede convertirse en un freno a la competitividad y al crecimiento de destinos frágiles.

Una propuesta basada en la realidad territorial

Desde el sector turístico de Lleida encabezado por la Federació d´Hosteleria de Lleida no se plantea una oposición genérica a cualquier figura fiscal. Lo que se defiende es una aplicación proporcional al grado de tensión turística de cada zona.

La propuesta se basa en tres grandes ejes:

  1. Mantener una tasa moderada en el Pirineo, donde existe actividad turística clara (nieve, parques naturales), pero con ocupaciones muy estacionales y lejos de la saturación. Además, se pide que la recaudación revierta íntegramente en el propio territorio para la gestión turística.
  2. Establecer tasa cero en las comarcas del interior de Lleida donde el turismo es residual o muy limitado y no existe ninguna zona tensionada. Penalizar fiscalmente a territorios que buscan atraer visitantes para sobrevivir carece de sentido.
  3. Eximir las estancias por motivos laborales, que no responden al concepto de turismo y son esenciales para la actividad económica ordinaria.

No es insolidaridad, es equilibrio

Defender un tratamiento diferenciado no es un ejercicio de privilegio territorial, sino de equidad y eficiencia. Las políticas públicas funcionan mejor cuando reconocen la diversidad y se adaptan a ella.

Catalunya no es una única realidad turística. Es un mosaico donde conviven destinos globales con territorios rurales y de montaña que luchan contra la despoblación y la falta de oportunidades. Aplicar una tasa turística elevada y universal puede ser asumible en entornos altamente diversificados, pero puede resultar asfixiante en aquellos donde el turismo es prácticamente la única palanca económica.

Si de verdad se apuesta por el equilibrio territorial, la sostenibilidad y la cohesión del país, la fiscalidad turística debe reflejar esa complejidad. No todo el turismo genera los mismos impactos, y no todos los territorios pueden soportar las mismas cargas. Reconocerlo no divide: al contrario, es la base para una política turística más justa, más inteligente y más alineada con la realidad de Catalunya.


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Las Branded Residences: Una Nueva Forma de Vivir

Introducción

En los últimos años, el concepto de «branded residences» ha ganado popularidad en el sector inmobiliario. Estas propiedades combinan la experiencia de vivir en un hogar privado con los servicios y la reputación de reconocidas marcas de la hostelería. En este informe, exploraremos qué son las branded residences, su origen, las empresas que las desarrollan, el perfil de sus clientes, los mercados más atractivos y su rentabilidad.

¿Qué son las Branded Residences?

Las branded residences son propiedades residenciales que están asociadas a una marca reconocida, generalmente del sector hotelero o de lujo. Estas viviendas ofrecen a sus propietarios no solo un espacio para vivir, sino también acceso a una serie de servicios y comodidades que suelen estar disponibles en hoteles de alta gama. Esto puede incluir desde servicio de limpieza y mantenimiento hasta acceso a instalaciones como gimnasios, spas y restaurantes.

La idea detrás de las branded residences es proporcionar un estilo de vida exclusivo y cómodo, donde los residentes pueden disfrutar de la calidad y el prestigio que conlleva vivir bajo una marca reconocida. Este modelo ha evolucionado para atraer tanto a compradores como a inversores que buscan no solo un hogar, sino también una inversión sólida y un elevado nivel de servicios.

Origen del Concepto

El concepto de branded residences comenzó a tomar forma en la década de 1980, cuando algunas cadenas hoteleras comenzaron a ofrecer propiedades residenciales junto a sus complejos turísticos. Sin embargo, fue en la década de 1990 cuando este modelo se consolidó realmente. Marcas como Four Seasons y Ritz-Carlton fueron pioneras en este ámbito al desarrollar proyectos que combinaban la experiencia hotelera con la propiedad privada.

A medida que el mercado inmobiliario global se expandía y evolucionaba, más marcas comenzaron a ver el potencial en este nicho. Hoy en día, muchas empresas del sector hotelero han diversificado su oferta para incluir branded residences como parte integral de su estrategia comercial.

Principales Empresas en el Sector

Varios actores importantes han emergido en el mercado de las branded residences. Algunas de las principales empresas incluyen:

  • Four Seasons: Conocida por su lujo y atención al detalle, Four Seasons ha desarrollado múltiples proyectos residenciales alrededor del mundo.
  • Ritz-Carlton: Esta marca icónica ofrece experiencias exclusivas tanto en sus hoteles como en sus residencias y forman parte de la oferta más lujosa del Marriott.
  • Marriott International: A través de su marca The Luxury Collection y Residence Inn, Marriott ha incursionado en el mercado de las branded residences, ofreciendo propiedades que combinan la elegancia con la comodidad del hogar.
  • Hilton: Con su marca Waldorf Astoria, Hilton ha desarrollado residencias que reflejan el lujo y la sofisticación de sus hoteles.
  • Banyan Tree: Esta cadena hotelera se especializa en resorts y villas de lujo, y ha expandido su oferta a branded residences en destinos exóticos.
  • Mandarin Oriental: Conocida por su enfoque en el bienestar y el servicio excepcional, Mandarin Oriental también ofrece residencias que permiten a los propietarios disfrutar de un estilo de vida lujoso.

Estas empresas no solo aportan su reputación al proyecto, sino que también garantizan un nivel de calidad y servicio que atrae a compradores e inversores.

Perfil del Cliente

Las branded residences están destinadas principalmente a un público de alto poder adquisitivo. Los clientes típicos incluyen:

  • Inversores: Aquellos que buscan diversificar su cartera con propiedades que ofrecen tanto un lugar para vivir como una inversión potencialmente rentable.
  • Compradores internacionales: Personas que buscan una segunda residencia en destinos turísticos o urbanos atractivos.
  • Familias adineradas: Que desean un estilo de vida cómodo y exclusivo, con acceso a servicios premium.
  • Profesionales ejecutivos: Que valoran la conveniencia y el lujo, especialmente aquellos que viajan frecuentemente por trabajo.

Este perfil de cliente busca no solo una propiedad, sino también un estilo de vida asociado a marcas prestigiosas.

Mercados Más Interesantes

El interés por las branded residences ha crecido en diversas regiones del mundo. Algunos de los mercados más atractivos se ubican en destinos turísticos de primer orden entre los que estan:

  • Estados Unidos: Ciudades como Nueva York, Miami y Los Ángeles son hotspots para este tipo de propiedades debido a su atractivo turístico y económico.
  • Europa: Destinos como Londres, París y Mónaco han visto un aumento en la demanda por branded residences, impulsada por compradores internacionales.
  • Asia-Pacífico: Ciudades como Hong Kong, Singapur y Bangkok están experimentando un crecimiento significativo en este sector, gracias al aumento del turismo y la inversión extranjera.
  • Medio Oriente: Dubái se ha convertido en un centro importante parabranded residences, atrayendo a compradores de todo el mundo que buscan lujo y exclusividad en un entorno vibrante y cosmopolita.
  • América Latina: Ciudades como Ciudad de México y São Paulo están comenzando a ver un interés creciente en branded residences, impulsado por la clase alta emergente y la inversión extranjera.

Estos mercados son atractivos no solo por su potencial de revalorización, sino también por la calidad de vida que ofrecen, lo que los convierte en destinos deseables para vivir e invertir.

Rentabilidad de las Branded Residences

La rentabilidad de las branded residences puede ser considerablemente alta, aunque varía según la ubicación, la marca y el tipo de propiedad. Algunos factores que influyen en su rentabilidad incluyen:

Valor de reventa: Las propiedades asociadas a marcas reconocidas tienden a mantener o incluso aumentar su valor con el tiempo. Esto se debe a la reputación de la marca y al atractivo del estilo de vida que ofrecen.

Alquileres: Muchos propietarios optan por alquilar sus residencias cuando no las utilizan. Las branded residences suelen atraer inquilinos dispuestos a pagar una prima por los servicios y comodidades que ofrecen, lo que puede generar ingresos significativos.

Demanda constante: La demanda por este tipo de propiedades ha ido en aumento, especialmente entre compradores internacionales y aquellos que buscan una segunda residencia. Esto asegura un mercado activo tanto para la compra como para el alquiler.

Servicios premium: Los servicios adicionales que ofrecen estas residencias pueden justificar precios más altos tanto en ventas como en alquileres, aumentando así la rentabilidad general.

Otras Consideraciones Interesantes

Además de los aspectos económicos, hay otros factores interesantes sobre las branded residences:

Estilo de vida exclusivo: Vivir en una branded residence no solo implica tener un hogar lujoso; también significa formar parte de una comunidad selecta con acceso a eventos exclusivos y redes sociales.

Sostenibilidad: Muchas marcas están comenzando a incorporar prácticas sostenibles en sus desarrollos, lo que atrae a un segmento creciente de compradores preocupados por el medio ambiente.

Innovación tecnológica: Las branded residences suelen estar equipadas con tecnología avanzada para mejorar la experiencia del residente, desde sistemas de seguridad hasta automatización del hogar.

Flexibilidad: Algunas marcas están explorando modelos híbridos que ofrecen a los propietarios la opción de utilizar sus residencias como espacios de alquiler a corto plazo, lo que les permite maximizar su inversión y generar ingresos adicionales cuando no están en uso.

Experiencias personalizadas: Las branded residences suelen ofrecer servicios personalizados que van más allá de lo habitual. Esto puede incluir desde chefs privados y entrenadores personales hasta servicios de concierge que pueden ayudar con cualquier necesidad, desde reservas en restaurantes hasta la organización de eventos.

Redes globales: Al ser parte de una marca reconocida, los propietarios de branded residences pueden beneficiarse de las redes globales de la marca, lo que puede facilitar el acceso a otros servicios y propiedades en diferentes partes del mundo.

En definitiva, las llamadas branded residences representan una tendencia creciente en el mercado inmobiliario y porque no decirlo, también en el del hospedaje, combinando el lujo y la exclusividad con la comodidad del hogar. Este modelo ha evolucionado para atraer a un público diverso, ofreciendo no solo un lugar para vivir, sino también un estilo de vida asociado a marcas prestigiosas.  Con mercados emergentes en diversas regiones del mundo y una rentabilidad atractiva, las branded residences se han convertido en una opción interesante tanto para compradores como para inversores. A medida que el interés por este tipo de propiedades continúa creciendo, es probable que veamos aún más innovación y desarrollo en este sector.

Para aquellos que buscan una experiencia residencial única y lujosa, las branded residences ofrecen una oportunidad excepcional para disfrutar de un estilo de vida exclusivo mientras se realiza una inversión sólida. En un mundo donde la calidad y la reputación son cada vez más valoradas, estas propiedades están bien posicionadas para seguir siendo relevantes y deseables en el futuro.


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Análisis de la Temporada de Verano 2024 en el Valle de Arán.

El verano de 2024 ha marcado un año destacado en el turismo del Valle de Arán, confirmando su posición como uno de los destinos de montaña más importantes en España. Con cifras de visitantes que se han consolidado por tercer año consecutivo como una de las mejores de los últimos 15 años y una evolución clara en las preferencias de alojamiento y consume. Esta temporada ha ofrecido una visión de las fortalezas y desafíos para el sector turístico en el Pirineo y en el resto de Europa. Revelando no solo revela datos clave, sino invitando también a una reflexión sobre cómo podemos continuar potenciando nuestro atractivo natural y cultural, posicionando al Valle de Arán como un referente turístico en el futuro próximo.

A pesar de que este verano, entre junio y septiembre, el Valle de Arán registró un descenso del 6% en visitantes comparado con el mismo periodo de 2023, ha conseguido consolidar una oferta muy atractiva frente a otros destinos, atrayendo un gran número de visitantes lo que subraya el creciente interés por el turismo de naturaleza y aventura en España. Este crecimiento está en línea con lo observado en otros destinos de montaña como el Pallars, la Ribagorza o Andorra. En Andorra, por ejemplo, el turismo de Francia, Italia y Bélgica ha sido predominante debido a su oferta de compras y eventos de ocio únicos, aprovechando el atractivo de los impuestos reducidos y el enfoque en experiencias culturales.

Destaca el potencial de Arán para diversificar su oferta y atraer turistas de diferentes nacionalidades. Nuestra identidad única y la conservación de nuestro entorno natural nos diferencian y podrían ser un factor determinante en nuestro atractivo como destino sostenible y de calidad.

Nuevas Preferencias en Alojamiento: Flexibilidad y Comodidad

El perfil del visitante que elige el Valle de Arán está cambiando. Mientras que los hoteles en el Valle mantuvieron una ocupación ligeramente inferior a la del año pasado, según datos de la Generalitat de Catalunya fueron los apartamentos turísticos los que experimentaron un aumento del 8% en la demanda. Este crecimiento muestra una clara tendencia hacia opciones de alojamiento que ofrezcan mayor flexibilidad, privacidad y comodidad, especialmente para grupos y familias. Este tipo de alojamiento permite que los visitantes disfruten de estancias personalizadas, un elemento que responde a la demanda actual de experiencias más auténticas y cercanas.

El turismo de autocaravanas y campings también ha visto un notable aumento del 12% en usuarios en el Valle, una tendencia impulsada por el auge del ‘viaje en ruta’. Esto debería hacer plantearnos la necesidad de ampliar nuestras infraestructuras para dar cabida a esta demanda en crecimiento. A diferencia de destinos como el Pallars y Andorra, que han adaptado áreas de servicios específicas para autocaravanas, el Valle de Arán tiene aún margen de crecimiento en este aspecto. Adaptarnos a esta tendencia podría posicionarnos de manera competitiva dentro de los destinos de montaña en la Península Ibérica.

El Gasto Medio y la Comparación con los Alpes y el Tirol

Uno de los datos más interesantes de la temporada es el gasto medio diario en el Valle de Arán, que oscila alrededor de los 150 euros, según un reciente informe de la UdL, una cifra significativamente menor en comparación con destinos como los Alpes franceses o el Tirol en Austria, donde el gasto diario es un 20% mayor. Este dato es fundamental para entender cómo nuestros visitantes distribuyen su presupuesto y cuáles son las áreas que podemos mejorar para incentivar un mayor gasto en nuestro destino.
En lugares como el Tirol, el turismo se asocia a actividades de alto valor añadido, desde rutas de aventura con guías especializados hasta experiencias gastronómicas exclusivas. La oportunidad para el Valle de Arán podría centrarse en ampliar su oferta de actividades y servicios de calidad, fomentando no solo el gasto en alojamiento y restauración, sino también en actividades complementarias como excursiones guiadas, eventos culturales y deportes de aventura.

Desestacionalización: Oportunidades de Crecimiento Fuera de los Meses de Verano

Si bien julio y agosto han mantenido su liderazgo en ocupación, septiembre mostró un crecimiento del 6% en el Valle de Arán, impulsado principalmente por turistas de proximidad que optan por escapadas de fin de semana y estancias más cortas.  Sin embargo, otros destinos de montaña, como el Valle de Aosta en Italia, han logrado extender la temporada hasta octubre mediante estrategias de ‘slow tourism’ y eventos de temática cultural y gastronómica.

Esta tendencia nos ofrece un modelo interesante para adaptarnos a la desestacionalización en el Valle de Arán. Con una planificación adecuada, podemos desarrollar actividades atractivas que mantengan el flujo turístico fuera de los meses de verano, permitiendo que los visitantes experimenten el Valle en momentos de menor afluencia y con una mayor conexión con el entorno.

Impacto Económico y el Potencial de la Gastronomía Local

La economía local se ha visto beneficiada esta temporada con un aumento del 7% en el ticket medio en comercios y restaurantes, lo que confirma el interés por la gastronomía y los productos regionales del Valle de Arán, tal como apuntan desde  la Cámara de Comercio de Lleida. Sin embargo, este porcentaje aún está por debajo de los registros en el Pirineo francés, donde eventos gastronómicos y festivales locales logran atraer a un perfil de turista interesado en experiencias culinarias únicas. Potenciar la gastronomía local puede ser clave para aumentar la competitividad del Valle en el ámbito de la restauración. Iniciativas como los festivales gastronómicos, rutas gastronómicas, talleres de cocina regional y degustaciones de productos locales podrían aumentar el interés de los visitantes, permitiéndoles explorar y apreciar la riqueza cultural de nuestro destino a través de su cocina.

Un Futuro Basado en la Innovación y la Autenticidad

El análisis de esta temporada muestra un panorama optimista para el Valle de Arán como destino turístico de montaña. Los datos reflejan un crecimiento estable a partir del año de la Pandemia y un interés creciente en las ofertas de alojamiento flexible, experiencias personalizadas y gastronomía local. Sin embargo, para que este crecimiento sea sostenible, debemos estar dispuestos a innovar y adaptarnos a las nuevas demandas del mercado sin perder la autenticidad que define nuestro Valle.

Inspiremos nuestro futuro en los éxitos de otros destinos, como los Alpes o Andorra, que han sabido equilibrar el desarrollo turístico con la conservación de su entorno. El futuro del Valle de Arán no solo depende de nuestra capacidad para atraer visitantes, sino de cómo cuidamos y potenciamos nuestros recursos para las generaciones futuras. Con una visión clara y estrategias adaptadas a nuestra realidad, podemos asegurar que el Valle de Arán se mantendrá como un destino líder en el turismo de montaña en Europa.


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Otoño en el Valle de Arán: Un Refugio de Colores y Sabores.

El Valle de Arán es un rincón mágico en los Pirineos catalanes que se transforma en un auténtico paraíso durante el otoño. Con sus montañas cubiertas de hojas doradas y su aire fresco y crujiente, este valle invita a una escapada que despierta todos los sentidos. En este post, te llevaré a descubrir la belleza del otoño en el Valle de Arán, reflexionaremos sobre su importancia en nuestras vidas, exploraremos encantadores pueblos y entornos naturales, y nos deleitaremos con la rica gastronomía local. ¡Prepárate para una escapada inolvidable!

La Magia del Otoño

El otoño es una estación de transición, un momento perfecto para reflexionar sobre lo que hemos vivido durante el año y prepararnos para lo que está por venir. En el Valle de Arán, esta época se siente especialmente intensa. Los árboles se visten con tonos cálidos: amarillos, naranjas y rojos que contrastan con el azul del cielo. Este espectáculo natural no solo es un deleite visual; también nos recuerda la belleza del cambio y la impermanencia.

La llegada del otoño nos invita a detenernos, recogernos y apreciar lo que tenemos. Es un tiempo para reconectar con nosotros mismos, disfrutar de la naturaleza y compartir momentos con nuestros seres queridos. Al igual que los árboles sueltan sus hojas, nosotros también podemos dejar ir lo que ya no nos sirve: viejas preocupaciones, hábitos o relaciones que han cumplido su ciclo. Este proceso de soltar puede ser liberador y transformador. En este sentido, una escapada al Valle de Arán puede ser la oportunidad perfecta para desconectar del bullicio diario y sumergirse en un entorno donde la tranquilidad reina.

Pueblos Encantadores

El Valle de Arán alberga varios pueblos que parecen sacados de un cuento. Uno de ellos es Vielha, la capital del valle. Aquí puedes pasear por sus calles empedradas, visitar la iglesia de Sant Miqueu y disfrutar de un paseo entre sus calles para después vistar su museo etnográfico y acabar la jornada entre los pinchos de sus numerosos bares y restaurantes.

Otro pueblo que no puedes perderte es Bagergue, conocido por su arquitectura típica aranesa y su ambiente acogedor. Este pequeño pueblo ofrece unas vistas impresionantes del valle y es ideal para realizar caminatas por senderos cercanos. Además se trata de unos de los pueblos certificados como los más bonitos de España. Aquí podrás disfrutar de la paz absoluta mientras contemplas el paisaje.

Finalmente, te recomiendo visitar Arties, un pueblo que destaca por su encanto y su rica historia. Sus calles estrechas y empedradas te transportan a tiempos pasados, y la iglesia de Santa María es una joya arquitectónica que merece una visita. Arties también es conocido por sus tradiciones y festividades, así que si tienes la suerte de coincidir con alguna celebración local, ¡no dudes en participar!

Entornos Naturales

El Valle de Arán no solo se compone de encantadores pueblos; también está rodeado de impresionantes paisajes naturales. Durante el otoño, los senderos se convierten en pasarelas de colores donde cada paso es un deleite para los sentidos. Una ruta muy recomendada es la Ruta del Bosque de Carlac, que te llevará a través de frondosos bosques llenos de vida. Aquí podrás escuchar el crujir de las hojas bajo tus pies y disfrutar del aire fresco mientras te rodeas de la belleza natural.

Si eres amante del senderismo, no puedes dejar de explorar el Circ de colomers, junto al Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de San Mauricio. Este paraje ofrece rutas adaptadas a todos los niveles y, en otoño, los lagos reflejan los colores del entorno, creando un espectáculo visual impresionante. La combinación de montañas, lagos y bosques hace que este lugar sea ideal para desconectar y recargar energías.

Gastronomía: Un Festín para los Sentidos

Una escapada al Valle de Arán no estaría completa sin disfrutar de su deliciosa gastronomía. La cocina aranesa es rica en sabores y tradiciones, con platos que reflejan la cultura local. Uno de los platos más desconocidos son sus «civet», un guiso elaborado con carne de caza que se sirve caliente y reconfortante, perfecto para los días frescos del otoño. El ambiente acogedor y la atención al detalle de casi todos sus restaurantes hacen que cada comida sea una experiencia memorable. Existen un sinfín de platos y delicias encabezadas por la famosa “Olla aranesa” pero conviene no olvidarse de probar cualquiera de las especialidades culinarias basadas en el pato, en especial el foie, reflejo de la influencia francesa en esta zona fronteriza. Los amantes de los dulces, pueden disfrutar de los “crespettes”, es un postre que no puedes dejar de probar y que mejora con ingredientes locales como las mermeladas de frutos silvestres o la miel, y que son el cierre perfecto para una comida en el Valle de Arán.

En resumen, el otoño en el Valle de Arán es una experiencia única que combina belleza natural, cultura y gastronomía en un entorno que invita a la reflexión y al disfrute. Cada rincón del valle cuenta una historia, cada plato es un homenaje a la tradición, y cada sendero es una oportunidad para reconectar con la naturaleza y contigo mismo. Así que, si estás buscando una escapada revitalizante, no dudes en considerar el Valle de Arán como tu destino. Permítete perderte entre sus paisajes de ensueño, saborear su deliciosa comida y sumergirte en la calidez de su gente. El otoño es el momento perfecto para disfrutar de todo lo que este mágico lugar tiene para ofrecer.  Recuerda que cada estación trae consigo su propia magia, pero el otoño nos regala una paleta de colores y sabores que despiertan nuestros sentidos y nos invitan a reflexionar sobre nuestras vidas. Así que haz las maletas, reúne a tus seres queridos y ven a descubrir el Valle de Arán en esta hermosa época del año. ¡Te aseguro que volverás renovado y lleno de recuerdos inolvidables!


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Viaje por las Montañas Rocosas de Canadá: Un Encuentro Íntimo con la Naturaleza

Ya sabéis de la debilidad de un servidor por visitar zonas especialmente emblemáticas relacionadas con los recursos naturales y paisajísticos del planeta. Pero de vez en cuando confieso que hay algunos que son capaces de despertarte unas sensaciones que creías olvidadas, en mi caso estoy hablando de las Rocky Mountais Canadienses. 

Cada paso que das en las Montañas Rocosas de Canadá parece acompañado de las más antiguas  historias de la Tierra, esas que durante siglos encarnaron los pueblos indígenas de toda norte américa y que en todo Canadá se conocen como Las Primeras Naciones. Una melodía ancestral que te conecta con algo más grande y más puro que cualquier cosa que hayas conocido antes. Este viaje no es solo un recorrido por un paisaje impresionante; es una conversación con la naturaleza en su estado más puro, un diálogo silencioso entre la majestuosidad de las montañas, la fuerza del agua y el susurro del viento entre los árboles. Nuestro viaje comenzó en Banff, el parque más antiguo de Canadá, donde la naturaleza se despliega con una generosidad abrumadora. Los picos nevados cubiertos de espesos glaciares se alzan como guardianes silenciosos, vigilando el ir y venir de los turistas, Algunos, como en nuestro caso, buscamos una conexión más profunda con este entorno salvaje. Por eso, desde el momento en que pusimos un pie en el parque, supimos que teníamos la oportunidad de vivir una experiencia transformadora.

Banff: El Corazón de las Rocosas

Banff es un lugar que deslumbra con su belleza, pero lo que realmente cautiva es su capacidad para hacerte sentir parte de algo más grande. Las caminatas por sus senderos nos llevaron a descubrir paisajes que parecían sacados de un sueño. Cada curva del camino revelaba un nuevo espectáculo. Como cuando nos encontramos con el azul turquesa de las aguas cristalinas del lago Louise y el reflejo de sus picos circundantes. Una de las excursiones más memorables fue la subida al lago Agnes, una travesía que ofrecía vistas panorámicas de todo el valle. A medida que ascendíamos, con la promesa de la típica taza de té en la Tea house que se encuentra a los pies del lago, el aroma de los pinos y el aire fresco de la montaña, consiguieron crear  una de esas atmósferas que revitalizan el alma. Nuestra visita a Jhonston Canyon nos enseñó que Banff es también un santuario para la fauna. Durante nuestras excursiones, tuvimos la suerte de cruzarnos con algunos de los habitantes más icónicos del parque: ciervos, ardillas y hasta una familia de osos pardos que, afortunadamente, mantuvieron una distancia respetuosa. Cada encuentro fue un recordatorio de que estas montañas no solo son hermosas, sino también un hogar vital para innumerables especies.

Jasper: La Esencia Salvaje

Desde Banff, nuestro viaje continuó hacia el norte, hacia Jasper, un parque nacional que se siente más remoto y salvaje. Aquí, la naturaleza se manifiesta en su forma más pura y a menudo indómita. Jasper es conocido por su vastedad y la sensación de aislamiento que ofrece, un lugar donde puedes perderte en la inmensidad de la naturaleza y sentirte, por un momento, como el único ser humano en la Tierra. El primer día en Jasper lo dedicamos a explorar Maligne Valley, famoso por sus impresionantes paisajes y la posibilidad de avistar vida salvaje. La caminata alrededor del lago Maligne fue un ejercicio de meditación en movimiento, con el agua serena reflejando las montañas que la rodean, creando un espejo perfecto de la realidad. En Jasper, la fauna parece ser más audaz. Aquí, nos fue posible incluso avistar a un alce atravesar el inmenso lago con una tranquilidad que solo puede provenir de la excelente adaptación de estos animales a su acuático entorno natural. Una de las experiencias más memorables fue la visita a los Columbia Icefields, el mayor campo de hielo de las Montañas Rocosas. El paisaje, dominado por glaciares que se extienden hasta donde alcanza la vista, te hace sentir pequeño e insignificante ante la grandiosidad de la naturaleza. Es un recordatorio poderoso de las fuerzas que han dado forma a nuestro planeta durante milenios.

Kootenay: Un Refugio de Tranquilidad

Después de la intensidad de Jasper, Kootenay nos recibió con una calma que era exactamente lo que necesitábamos. Este parque nacional, menos conocido que sus vecinos, es un refugio para aquellos que buscan una experiencia más íntima con la naturaleza. Aquí, los paisajes son igualmente espectaculares, pero la sensación de serenidad es más palpable. Una de las caminatas más impresionantes en Kootenay fue la subida a Stanley Glacier. El sendero serpentea a través de bosques de coníferas antes de abrirse a un anfiteatro natural, donde las cascadas alimentadas por glaciares caen por las paredes rocosas sin llegar, en algunos casos, a tocar el suelo. A medida que asciendes, puedes a ver las huellas del pasado glacial en las rocas y los valles, un testimonio del poder moldeador del hielo. En Kootenay, la vida salvaje se manifiesta en formas inesperadas. En el camino de regreso, nos encontramos con osos negros alimentándose de bayas, una escena que, aunque emocionante, nos recordó la importancia de respetar estos espacios naturales y sus habitantes. Los elks, ciervos de grandes dimensiones, perrillos de las praderas, pájaros carpinteros, diferentes tipos de ardillas y demás fauna autóctona no parecen tener miedo a los visitantes en esta zona de las rocosas y te proporcionan momentos de observación en una perfecta armonía con el entorno.

Yoho: Donde la Naturaleza Habla

El último capítulo de nuestro viaje nos llevó a Yoho, un parque que, aunque pequeño en comparación con los anteriores, es grande en experiencias. Aquí, la naturaleza parece hablarte directamente a través de sus paisajes dramáticos. El lago Esmeralda, fue una de las experiencias imperdibles de este viaje. Con sus aguas de un verde profundo, es una joya escondida en Yoho y me atrevería a decir que de las rocosas. Pasamos una mañana entera recorriendo su perímetro, deteniéndonos cada pocos pasos para admirar la claridad del agua y la forma en que el paisaje se refleja en ellas. Aquí una de las experiencias más recomendables es la de navegar en canoa por el lago, si en ese momento no te conectas inmediatamente con la naturaleza, puede que nada lo consiga en la tierra. Yoho es también un paraíso para los amantes de la paleontología. Una de las excursiones más fascinantes es la visita a los fósiles de Burgess Shale, un sitio que ofrece una ventana única al pasado distante de la Tierra. En este lugar descubierto en 1909 se han venido realizando hallazgos de manera regular hasta 1982 y hoy forma parte de la lista de patrimonios mundiales de la humanidad.

Las Montañas Rocosas de Canadá no son solo un destino turístico mundial, son además una experiencia que transforma. Cada parque, cada sendero y cada encuentro con la fauna son capaces de dejar una marca inconfundible para que solo pienses en volver. Si además quieres poner el colofón a un viaje así os recomendamos que lo hagáis coincidir con el Stampede de Calgary, el mayor espectáculo relacionado con el mundo del rodeo que se celebra en todo Canadá.


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La falta de mano de obra, la crisis definitiva del sector turístico.

Cada día me quedan menos dudas de la profunda crisis que está atravesando el sector turístico en general y la hostelería en particular y que a pesar de todo sigue maquillándose gracias a los buenos resultados económicos que se alcanzan año tras año.

Lógicamente no me refiero a una crisis de precios. Ni a la de credibilidad, a pesar de los numerosos movimientos vecinales que denuncian la presión que sufren debido a la actividad turística en sus lugares de residencia, y eso que ambos temas dan para mucho. Pero lo que de verdad considero un problema estratégico capaz de dinamitar la buena salud de este sector desde dentro, no es otro que la falta de personal cualificado a pesar de los múltiples esfuerzos que casi todas las empresas vienen realizando por retener el talento, especialmente después de la pandemia.

La falta de atractivo de la profesión, las dificultades de conciliación, la precariedad laboral debido a la alta estacionalidad, o la alta rotación y baja fidelización motivadas por la constante demanda de este tipo de profesionales, son aspectos fundamentales que amenazan la competitividad de las empresas y la propia capacidad de progresión profesional de los trabajadores del sector.

En concreto el desafío de la gestión de los recursos humanos en el sector turístico español se encuentra con múltiples causas pero las más críticas en mi opinión son las siguientes:

1.- La pérdida de empleos y de talento. En especial después de la crisis humanitaria motivada por el Covid 19. Muchos de los trabajadores del turismo se pasaron a otros sectores y salieron para siempre de este mercado laboral, lo que ha provocado una gran fuga de talento, pero también y no menos importante, la pérdida de una experiencia muy difícil de recuperar.

2.- La falta de formación y de cualificación. La propia patronal Española cifra en torno al 60% de los trabajadores de este sector con un nivel de estudios bajo, que no supera en muchos casos el secundario. Además la polarización de muchas de las empresas turísticas y de hostelería dificulta los planes de formación continua tan necesarios para adaptarse a los cambios tecnológicos, sociales y medioambientales que demanda el mercado. Y por si fuera poco muchos de los planes que se dirigen al turismo son planes de reciclaje para ofrecer salidas profesionales en otros sectores, en lugar de pensar en mejorar la capacitación y condiciones laborales en este.

3.- Falta de atractivo y de reconocimiento de la profesión. Desde hace años el sector turístico tiene una imagen negativa asociada especialmente a la estacionalidad, la temporalidad, la inestabilidad, la escasa remuneración y la escasa proyección profesional y social, Eso ya de por si desanima a cualquiera, pero es que además en los últimos años algunos empresarios y profesionales han tenido que escuchar como les acusan de ser poco menos que los causantes de otros problemas sociales como la vivienda, la masificación o incluso la delincuencia en determinados destinos.

4.- La falta de adaptación y de innovación. Según datos del INE, en 2019 el porcentaje de las empresas turísticas que declaraban no haber realizado ninguna actividad de innovación era del 51.9%, frente al 36.8% del conjunto de empresas del resto de sectores. Un número excesivo que dificulta la adaptación a las nuevas tendencias y demandas de la sociedad y de los propios clientes. Si a esto le sumamos la irrupción de la IA en un sector como el de los agentes de viajes, con una escasa o nula formación sobre una herramienta con semejante potencial, la catarsis de algunos subsectores está servida.

Después de haber superado la Pandemia, haber pulverizado el pasado año 2023 los datos conseguidos en el 2019 y haber recuperado, además, la confianza de los inversores que cerraron en 2023 con una cifra de negocio cercana a los 4.000 millones de euros tan solo en activos hoteleros. La auténtica amenaza se cierne en la imposibilidad de encontrar profesionales capaces de liderar los proyectos y el crecimiento de un sector que cada día es más competitivo y dinámico a pesar de la imagen que se cierne sobre él.

Urge encontrar soluciones para una crisis que no es sencilla y que no parece poder resolverse de manera unilateral por parte de nadie.

En el plano más doméstico de las empresas, estas tienen que hacer un esfuerzo por facilitar la conciliación familiar. Esto ya no es un privilegio reservado a algunos puestos dentro de las organizaciones, aquellos que en otro tiempo conocíamos como los de «las oficinas», sino que es imperativo que después de cubrir los distintos turnos de servicio todos los trabajadores tengan ocasión de conciliar mínimamente su vida laboral y familiar. Afortunadamente es un paradigma que también está cambiando en el conjunto de la sociedad, que hace que por ejemplo, muchos restaurantes hayan podido adelantar su hora de cierre o puedan descansar más de un día a la semana sin ver excesivamente perjudicado su negocio.

Tan importante como esto, es la opción de facilitar el acceso a la vivienda, especialmente en aquellos destinos más estacionales. Y es cierto que no somos el único sector que lo sufre. Solo hay que preguntar estos días a los responsables de las explotaciones agrícolas en entornos rurales que no son a priori destinos turísticos, para darse cuenta de que es un problema general de carácter estructural. Pero mientras en la sociedad cale el mensaje de que la falta de vivienda es culpa del alojamiento turístico, lo cierto es que son pocas las administraciones que se muestran receptivas a aplicar las soluciones propuestas desde el propio sector. Hecho que aboca inevitablemente a tener que asumir el sobrecoste de financiar dichas viviendas de la formas más imaginativas, con cargo a la cuenta de explotación de los propios negocios.

Sin embargo, la que considero que es la gran asignatura pendiente por parte del sector en materia de recursos humanos es precisamente la de conseguir trasladar a la sociedad que los puestos de trabajo ofertados por esta industria de la felicidad, van más allá del personal de restauración o limpieza. Sino que las organizaciones turísticas ofertan un gran número de puestos de trabajo que ofrecen la posibilidad de desarrollar carreras profesionales muy satisfactorias que no solo se limitan a la atención al cliente. Pilotos, arquitectos, diseñadores, nutricionistas, expertos en relaciones laborales, docentes, instaladores, responsables de compras y por supuesto los indispensables ingenieros de sistemas. Son solo algunos ejemplos de los perfiles que también son indispensables en este sector.

Además, el sector turístico juega un papel fundamental que favorece en muchos casos la economía circular de las zonas en las que se ubica. Es gracias a la sensibilidad y compromiso de muchos de sus directivos por alcanzar el mayor número de objetivos de desarrollo sostenible posibles, por lo que sus acciones de responsabilidad social corporativa van desde la mejora de los entornos naturales que los rodean, hasta la inclusión social de algunos trabajadores con dificultades para encontrar un hueco en otras áreas. Pasando por supuesto, por todo tipo de interacciones que dinamizan el tejido económico de su entorno y en muchos casos liderando incluso políticas de reciclaje y reutilización de residuos.

Una asignatura pendiente, como decía, que será fundamental para luchar contra la verdadera crisis interna que amenaza nuestro sector.