Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Romper la hibernación: claves estratégicas para afrontar la estacionalidad del turismo en España

La estacionalidad sigue siendo, a día de hoy, uno de los rasgos estructurales más determinantes —y limitantes— del modelo turístico español. Las cifras más recientes de 2025 lo ilustran con una contundencia difícil de ignorar: cada invierno desaparecen del mercado cerca de 5.600 establecimientos hoteleros, se pierden 369.000 habitaciones operativas y la fuerza laboral del sector se reduce prácticamente a la mitad. Este fenómeno, lejos de ser una anomalía coyuntural, forma parte del ADN de un sistema que ha crecido históricamente al calor de la demanda vacacional concentrada en los meses estivales.

Más allá de los indicadores clásicos como el ADR o el RevPar, que continúan atrayendo el interés de inversores en busca de rentabilidad, la realidad operativa del sector revela un patrón mucho más complejo. El mercado hotelero español funciona bajo un modelo de expansión y contracción cíclica que, como bien se ha descrito en ocasiones, recuerda a un proceso de hibernación. Este comportamiento no solo condiciona la rentabilidad anual de los activos, sino que también impacta profundamente en la planificación estratégica, la gestión del talento y la sostenibilidad del destino.

España ha consolidado su posición como una de las principales potencias turísticas del mundo gracias a una propuesta de valor clara: clima, litoral y oferta vacacional. Sin embargo, este éxito ha venido acompañado de una fuerte concentración de la demanda en determinados periodos del año. El resultado es un uso intensivo —y a menudo saturado— de infraestructuras durante unos pocos meses, seguido de largos periodos de infrautilización. Paradójicamente hablamos de un modelo tensionado por su propio éxito.

Este desequilibrio genera ineficiencias estructurales. Desde el punto de vista empresarial, obliga a operar con estructuras de costes altamente flexibles, donde la temporalidad laboral se convierte en norma. Desde la perspectiva del destino, provoca una presión desigual sobre los recursos, afectando tanto a la sostenibilidad ambiental como a la convivencia con la población local. Y desde el ángulo inversor, introduce un nivel de incertidumbre que complica la valoración de activos y la estabilidad de los flujos de caja.

La estacionalidad como riesgo sistémico

En un contexto global marcado por la volatilidad y la creciente sofisticación de la demanda, la estacionalidad deja de ser simplemente una característica del mercado para convertirse en un riesgo sistémico. La dependencia excesiva de unos pocos meses de alta ocupación expone al sector a shocks externos —climáticos, económicos o geopolíticos— con un impacto desproporcionado.

Además, la dificultad para mantener plantillas estables durante todo el año limita la capacidad de profesionalización del sector. La pérdida recurrente de talento cada temporada baja no solo afecta a la calidad del servicio, sino que incrementa los costes de formación, reduce la eficiencia operativa y por si fuera poco, genera una imagen de precariedad en el resto de la sociedad.

Nuevas dinámicas de demanda: una oportunidad latente.

A pesar de este escenario, las tendencias recientes del mercado apuntan a oportunidades claras para mitigar la estacionalidad. El cambio en los hábitos de consumo turístico, impulsado por factores como el teletrabajo, la búsqueda de experiencias más auténticas y la diversificación de motivaciones de viaje, abre la puerta a una redistribución más equilibrada de la demanda. El auge del “workation”, por ejemplo, permite atraer a perfiles que combinan trabajo y ocio fuera de la temporada alta. Del mismo modo, el crecimiento del turismo senior, menos condicionado por calendarios laborales, representa un segmento clave para la desestacionalización. A esto se suma el interés creciente por el turismo cultural, gastronómico y de naturaleza, cuya demanda es menos dependiente del clima estival.

Medidas estratégicas basadas en prácticas de éxito.

La reducción de la estacionalidad no es una tarea sencilla ni inmediata, pero existen ya en el mercado prácticas consolidadas que han demostrado su eficacia. Algunas de las más relevantes desde una perspectiva estratégica que conozco son las siguientes:

1. Diversificación del producto turístico

Uno de los pilares fundamentales es la ampliación de la propuesta de valor más allá del sol y playa. Destinos que han apostado por el turismo cultural, deportivo o de bienestar han logrado extender su temporada operativa. La clave está en desarrollar productos que respondan a motivaciones específicas y que sean atractivos durante todo el año.

2. Segmentación avanzada de la demanda.

El uso de herramientas de análisis de datos permite identificar nichos de mercado con potencial desestacionalizador. La personalización de la oferta y la adaptación de los canales de comercialización a estos segmentos resulta esencial. No se trata solo de atraer más turistas, sino de atraer a los turistas adecuados en los momentos adecuados.

3. Colaboración público-privada

La coordinación entre administraciones y empresas es crítica para diseñar estrategias coherentes a nivel de destino. Iniciativas como la organización de eventos fuera de temporada alta, la mejora de la conectividad o la promoción internacional segmentada han demostrado ser eficaces cuando se implementan de forma conjunta.

4. Flexibilización del modelo operativo

Desde el punto de vista empresarial, es necesario evolucionar hacia modelos operativos más resilientes. Esto incluye la adopción de estructuras más flexibles, la digitalización de procesos y la optimización de costes fijos. Asimismo, la formación continua y la fidelización del talento pueden contribuir a reducir la rotación estacional.

5. Reposicionamiento de activos

En algunos casos, la solución pasa por redefinir completamente el posicionamiento de los establecimientos. Hoteles tradicionalmente orientados al turismo vacacional pueden reconvertirse parcialmente para atraer a segmentos como el MICE (reuniones, incentivos, congresos y eventos) o el turismo de larga estancia.

6. Incentivos a la demanda en temporada baja

Políticas de precios dinámicos, paquetes promocionales y acuerdos con operadores pueden estimular la demanda en periodos de baja ocupación. Sin embargo, estas estrategias deben aplicarse con cuidado para no erosionar la percepción de valor del destino.

Hacia un modelo más equilibrado.

La estacionalidad no desaparecerá por completo —ni necesariamente debería hacerlo—, pero sí puede gestionarse de forma más eficiente. El objetivo no es eliminar los picos de demanda, sino suavizar las curvas y mejorar la utilización de los recursos a lo largo del año.

En este sentido, la transformación del modelo turístico español pasa por una combinación de innovación, inversión y colaboración. Los datos de 2025 no solo reflejan un problema, sino también una oportunidad: la de repensar el sector desde una perspectiva más sostenible, resiliente y orientada al largo plazo. Si es necesario contando con la ayuda de otros territorios de interior y de montaña capaces de absorber parte de las estructuras que sobran en la costa e islas en los meses de invierno.

Para los inversores, esto implica adoptar una visión más estratégica que trascienda los indicadores tradicionales y tenga en cuenta la capacidad de los activos para generar valor de forma consistente durante todo el año. Para los operadores, supone un reto en términos de adaptación y diferenciación. Y para los destinos, representa una llamada a la acción para construir propuestas más equilibradas y diversificadas.

En última instancia, abordar la estacionalidad no es solo una cuestión económica, sino también social y territorial. Se trata de garantizar que el turismo siga siendo un motor de desarrollo, pero de una forma más estable, inclusiva y sostenible. Solo así será posible consolidar un modelo capaz de resistir las incertidumbres del futuro sin renunciar a su competitividad global.


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GOIAT. El oso que destapó las debilidades de la gestión territorial. ( Parte II)

 

Como nuestro primer post quedó un poco cojo en cuanto al papel de los distintos colectivos implicados en torno al  conflicto generado por los osos. Ahí van una lista de reflexiones, desde el sentido común y con la mejor de las voluntades, para todos ellos.

Administración:

Me temo que es donde acabará recayendo gran parte del peso de las acciones de un hipotético éxito del programa. Y no es porque un servidor confíe en una visión exclusivamente intervencionista de este asunto, donde todo tenga que resolverlo de manera unilateral el estado. Es que a tenor de las declaración de objetivos del programa Piroslive,  y tras 2.5 M de euros gastados, las cosas no pintan especialmente bien. Y sino, veamos que es lo que se proponían según el Dptm. de Medi Ambient de la Generalitat.

1.- Consolidar y conocer genéticamente la población.  

Ya sabemos que cerca del 80% de la descendencia es de un solo ejemplar, así que en este punto me quedan dos incógnitas por despejar. La primera es:  ¿se sabe realmente la densidad de osos por zonas del Pirineo?. Es evidente que no es lo mismo contar con 40 ejemplares por toda la cordillera si más de la mitad se concentran en un solo Valle…  Y la segunda es, ¿el animal que sobra?, es precisamente el ejemplar que se reintrodujo para aportar más variedad genética…

2.- Diseñar una red de espacios de conectividad para el oso pardo y mejorarlas. 

Dos ejemplares machos se encuentran aislados en el Pirineo Atlántico y una hembra en el Noroeste de Huesca. Así que la dispersión transversal por el Pirineo parece encontrar más problemas de los deseados, además de reflejar una destacada concentración de ejemplares en las comarcas más alpinas y próximas al macizo central.

3.- Incrementar y mejorar los espacios de coordinación internacional en relación al oso pardo.

Si esto ha influido en el hecho de ir a buscar ejemplares a Eslovenia en lugar de optar por los que ya habitan en la Cordillera Cantábrica , que aparentemente son más parecidos, es algo que se me escapa. Pero digamos que salvo que haya alguna poderosa razón científica para hacerlo. Coordinar 3 países, 7 comunidades (regiones) e innumerables ayuntamientos ya parecía ser un reto suficientemente ambicioso… ¿no?

4.- Probar que el riesgo de ataques «cero» a la ganadería y a la apicultura es posible.             – Sin comentarios. –

5.- Generar un clima de aceptación y coexistencia.

Esto merece una reflexión a parte. Sospecho que alguien se ha creído que esto consiste en humanizar la cara más tierna de los osos y hacer presentaciones para un público selecto en centros culturales de grandes ciudades. El problema de Goiat es que como oso no se le puede poner ni una pega,  salvo su debilidad por la carne de caballo, pero como elemento de marketing está dejando mucho que desear, el pobre.  Admitámoslo, a la mayoría nos molesta su comportamiento porque no está dando la talla de humanización esperada. No atraviesa carreteras rodeado de adorables cachorros, no tiene el aspecto de un peluche ( más bien parece el eslabón perdido…), no tiene una actitud tranquila ni se deja ver pastando plácidamente en las laderas llenas de hierba, no se dedica a montar a las hembras como un machote, si aparece otro macho, normalmente sale perdiendo en la primera escaramuza, y encima va y se come el ganado. Bien mirado…, a mi este tipo, no me representa. Pero el iluso que creyó que los osos se limitarían a tener un comportamiento parecido. Menos.

Frente a esto basta con llevar a cabo cualquiera de las campañas de información recomendadas por los expertos y que hasta la fecha han sido deficientes o se han conformado con colgar un pdf en alguna página web. Conviene enseñar a la población rural a moverse por un territorio donde hay un nuevo agente que ha venido para quedarse. A no cruzar determinadas lineas de seguridad. A normalizar a través de las escuelas la presencia del oso en nuestras montañas. A pactar con todos los agentes del territorio la presencia de este o de cualquier otro predador, y a ser posible, a involucrarlos en las posibles soluciones de los conflictos que acarrean. Y por supuesto, velar porque el dinero de este tipo de proyectos llegue cuanto antes y de la manera más justa, para aliviar los posibles daños.

Tendremos más posibilidades de éxito si las subvenciones se aplican correctamente sobre el territorio que si se reparten entre asociaciones y administraciones a 150 km. del ecosistema de la fauna silvestre.

En mi opinión, eso es poner las bases de un clima de aceptación y coexistencia. Pero desgraciadamente, de todo esto no se ha visto nada. O por ser más justo, más bien poco, después de 20 años de proyecto.  Desengañémonos. El éxito de los grandes parques naturales de lugares como África, no radica en la conciencia social generada en Europa, sino en la implicación de las poblaciones residentes como gestores dentro de la vida de esos espacios.

oso pardo

Asociaciones ecologistas.

¿Se imaginan a un foodie dando lecciones de nutrición en una aldea etíope?. Pues ese es más o menos el efecto que produce entre buena parte de la población rural, el hecho de ver a un señor que les dice como tienen que vivir mientras de fondo atraviesa la imagen un autobús metropolitano.

Muchos de los dirigentes de estas asociaciones no saben distinguir entre cuando deben utilizar su habitual tono de denuncia y cuando deben remangarse y colaborar con la realidad de los territorios , y claro, pasa lo que pasa. Que al final alguien suelta una estupidez incendiaria , eso si, envuelto en pancartas «for live» y recomendaciones para el reciclaje.

La ecología es un concepto que no entiende de adoctrinamientos bajo ningunas siglas, es un valor humano que exige ser aplicado con la máxima responsabilidad y a ser posible por expertos.

Los demás nos podemos declarar más o menos fans y obviamente tener una opinión al respecto, pero sin más. El ecologismo de moda ya hizo que a principios de los años 90 más de un agricultor encontrase sus campos pisados por familias ávidas del contacto con la naturaleza.

De verdad, para ser un buen ecologista es mejor empezar con pequeños detalles a nuestro alcance que mejoren el planeta en el día a día, que lanzarse a mega proyectos envueltos en consignas llenas de hipocresía.

La naturaleza es algo tan valioso como frágil y son precisamente la gente que habita en ella, los más concienciados y conscientes del equilibrio necesario para mantenerla. La mayor parte del paisaje que disfrutamos ha sido modificado por el hombre, tan solo los Parques Nacionales quedan exentos de esa intervención humana.

En la mayoría de sitios donde han desaparecido los rebaños las llamas se han llevado por delante miles de hectáreas, Según datos del MAPAMA , solo desde el 2001 al 2017 han ardido en España 1.85 millones de hectáreas forestales y unas 179.220 hectáreas de terrenos agrícolas, la misma superficie que las CCAA de Madrid, La Rioja y el País Vasco juntas.  A estas alturas imagino que a nadie se le escapa que no podemos permitirnos el lujo de prescindir de ningún tipo de ayuda, y las de los pastores y sus rebaños es primordial.

Así que seamos serios. La captura, e incluso la caza selectiva de determinados ejemplares, no solo es una posibilidad, sino que es una medida prevista y recogida en el Art. 35 del Decreto Legislativo 2/2008 del 15 de abril que se refiere precisamente a la Ley de protección de los animales.

Si esto nos parece chocante, probablemente sea porque aún nos queda mucho por aprender al respecto.

Asociaciones de ganaderos y agricultores. 

Aquí como en cualquier colectivo hay de todo. Y después de hablar con algunos de ellos me han quedado claras dos cosas. La primera, que hay cierta división entre los que han entendido que el oso ha llegado para quedarse y los que no. Y la segunda, que existe un profundo malestar por parte de todos.

En el caso de sus detractores el motivo del malestar es evidente, en el caso de los segundos, muchos confiesan no entender el motivo por el cual algunos de sus colegas no han tomado ninguna de las medidas aconsejadas desde hace 20 años dentro del programa de reintroducción del oso en los Pirineos que empezó en 1996. Eso si, no esperemos que ninguno de ellos se enfrente a los primeros en ninguna asamblea, son mayoría, y en el fondo el oso les molesta tanto a unos como  a otros. Además la convivencia y las relaciones de buena vecindad dificultan un debate abierto y sincero entre el colectivo.

El principal pecado capital que cometen es el de identificar su modelo de explotación del territorio como el único válido y legítimo. La mala noticia es que la mayor parte de la población europea tiene otra visión. Y claro, es mucho más popular. Por eso la plataforma «salvar a Goiat» puesta en marcha por Ipcena en change.org lleva cerca de 106.000 firmas en escasos 15 días.

La idea de «…el que quiera a los osos, que se los lleve a su casa…» es tan innecesaria como corta de miras. La mayor parte de la ciudadanía europea considera los espacios naturales precisamente, como el jardín de su casa, así que técnicamente es justo lo que están haciendo. Teniendo en cuenta el peso de la población que habita en uno y otro lugar, tomar medidas reactivas no parece lo más inteligente.

En otro orden de cosas cabe preguntarse porque existe una diferencia tan significativa entre los daños infringidos a los ganaderos y apicultores de distintas explotaciones teniendo en cuenta que muchas de ellas se encuentran dentro del territorio de los mismos ejemplares.

En resumen, me temo que hay malas noticias para aquellos que se aferran a la expulsión de los predadores como única medida viable. La realidad es que se trata de un nuevo agente de riesgo para las explotaciones ganaderas que no se va a ir. La única posibilidad de éxito consiste en conocerlo, formarse sobre ellos e intentar minimizar sus daños.

Por ejemplo, implementar un sello de calidad de la carne criada «en tierra de osos…» dotándola de mayor valor al tratarse de animales criados en libertad y sin piensos, puede ser una fórmula de aumentar la rentabilidad de los ganaderos y de aprovechar una sinergia que en principio parecería desfavorable. Pero sobretodo es una manera más inteligente de enfrentarse a una variable competencial fruto del cambio de mentalidad de la sociedad, tal como les ocurre diariamente a multitud de sectores.

Ya he explicado la importancia que en mi opinión tiene el sector primario en el mantenimiento de nuestros entornos. Pero utilizar como argumento el amor hacia sus animales, aunque sea cierto, se revela incomprensible para una sociedad que intuye que inexorablemente su destino es el sacrificio.

El sector debe ser más imaginativo y menos quejicoso en la búsqueda de soluciones frente a las pérdidas ocasionadas por los depredadores, porque el oso solo es el primero de ellos en llegar.

Si alguien no los ve necesarios que piense en los problemas que esta generando la fauna salvaje, principalmente los jabalíes, entre las explotaciones de ganado bovino de sus colegas en las comarcas del Pallars Jussá, Sobirá y Alt Urgell, donde ya hay 8 explotaciones de vacuno de carne inmovilizadas por tuberculosis, con lo que se antoja un trágico final para sus ejemplares. En lo que llevamos de año, han tenido que ser sacrificadas 112 cabezas, bastantes más kilos de carne que la que se comerán lo osos este año.

Sector Turístico.

Como este es un blog turístico y dado que el senderismo es una de las actividades principales que se desarrollan en el ecosistema en cuestión, es evidente que alguna referencia debía llevarse, ya que se ve afectado de alguna manera.

Aquí no existe unanimidad de criterio y en general las opiniones van desde los que prefieren obviar la presencia del plantígrado, a los que piden más información para poder aconsejar a sus clientes.

Tras preguntar entre distintos hoteleros de las comarcas del Valle de Arán, ninguno ha podido demostrar eventuales cancelaciones por culpa de los osos. Eso si,  en general admiten tener cierta dificultad para contestar al recibir preguntas sobre este tema.

Todos sabemos que el capital, ( permitidme el atrevimiento de asignarle este papel al sector, ya que es el motor económico principal de estas comarcas…) es más bien cauto y prefiere la estabilidad. Y tal como decía un experimentado guía de montaña hace unos días,  – » la gente cambia su percepción del entorno en cuanto les dices que están transitando por donde hay osos en libertad, algunos creen incluso que lo verán antes de acabar la excursión, así que si preguntan, mejor decirles que solo salen de noche…» –  Pues eso. No penséis en un elefante rosa…

Otros, en cambio, abogan por generar una campaña de información y marketing a imagen de las ya existentes en los Parques Nacionales de EEUU, donde no solo te informan. Sino que te dejan claro cual es tu responsabilidad para con la fauna salvaje de la zona, y son capaces de contextualizar los riesgos de tu visita recordándote, como en el caso de Yellowstone, que las probabilidades de sufrir un ataque son de 1 entre 2.7 millones. Ver detalle

Es cierto que a lo largo de la primavera se han comenzado a ver grupos de excursionistas que han visitado las montañas con la esperanza de observarlos. En los casos con éxito, ha sido indispensable la colaboración de un guía experto en fauna que habitualmente siguen los movimientos de estos animales. Y aunque es cierto que han contribuido a desestacionalizar la demanda en algún negocio de manera puntual, el número no es aún significativo como para considerarlo una motivación de primer orden.

 

Desconozco el destino de Goiat, pero en cualquier caso le debemos el mérito de conseguir ponernos a unos y a otros frente al espejo de nuestra mediocridad. Haber sacudido las mentes complacidas de la tecnocracia medioambiental europea y enseñarnos a zarpazos, que no lo estamos haciendo suficientemente bien.

Será para muchos un maldito oso, pero de nosotros depende que para la mayoría se convierta en aquel bendito bicho.