Justo cuando el sector turístico de media Europa veía esperanzado la posibilidad de dejar atrás la crisis generada por la Pandemia del Covid-19, encarando una primavera con un claro síntoma de recuperación. El pasado 23 de Febrero la administración rusa que comanda Vladimir Putin, decidió traer la guerra al corazón de la vieja Europa, nada más y nada menos que invadiendo la soberanía de su vecina Ucrania.
Pensar que este conflicto afectará solo a aquellos destinos receptores de clientes rusos o ucranianos es tan ingenuo como erróneo, la guerra que se está librando a tan solo 3.400 kilómetros de nuestras fronteras no sólo supone una absoluta catástrofe humanitaria. También afectará, como cualquier otro conflicto bélico, a las actividades económicas y el turismo es una de ellas. Una a la que no solo le afecta el encarecimiento de la energía o la escasez de materias primas, sino que además, vive necesariamente de la movilidad de las personas.
Si esto no se complica más de lo habitual, ya que hay que recordar que hablamos de una de las grandes potencias nucleares del planeta con la guerra a las puertas de su casa. Estas son, por lo menos, algunas de las amenazas con las que vamos a tener que convivir fruto de este nuevo conflicto armado:
- El aumento del precio de la energía. Especialmente el de la electricidad, condicionado en parte por el precio del gas, del que Rusia es uno de los principales exportadores a nivel mundial.
- El fantasma de la inflación, ya que al subir el precio de los suministros, aumentará a su vez el coste de producir cualquier producto o servicio.
- La perdida de ingresos en sectores como el agroalimentario con una balanza que era mayoritariamente favorable a las empresas de nuestro país.
- El aumento del precio del petróleo, y por lo tanto, el encarecimiento de los transportes y de los viajes.
- La desaparición de las ganas de viajar, independientemente de que tu país no esté en guerra, esta demostrado que existe una lógica reticencia fruto del miedo y la incertidumbre.

- El cierre de espacios aéreos, que en la práctica complicarán y encarecerán las actuales rutas aéreas.
- La escasez de materias primas derivada del miedo a no encontrarlas o a no poder importarlas.
- La guerra también tiene un plano financiero y la banca se vuelve más cauta reduciendo las posibilidades de acceder a créditos y otros tipos de financiación.
- El aumento de la desconfianza entre oriente y occidente, junto a cierta autarquía por parte de algunos países ya reacios a los intercambios derivados de la globalización.
- El éxodo y los movimientos masivos de refugiados que huyen para ponerse a salvo de la guerra con la consiguiente presión sobre los paises de acogida.
Francamente, después de revisar brevemente los distintos problemas que pueden derivarse de este conflicto, el hecho de que no vengan a llenar la Costa del Sol este verano me parece el menor de ellos. Los conflictos bélicos generan de manera inmediata rechazo por parte de los turistas, así como impactos económicos y daños a las infraestructuras, recursos y equipamientos turísticos en el país que los sufre. Pero también despiertan los más básicos instintos de precaución y supervivencia, que son antagónicos a la curiosidad y las ganas de descubrir, motivaciones fundamentales en el proceso del viaje.
Hasta la reciente invasión de Ucrania por parte de Rusia la mayoría de los conflictos armados se desarrollaban en los países subdesarrollados, paradójicamente los mismos que tendrían en el turismo una herramienta para solventar sus crisis económicas, es por todos conocido que las guerras y los conflictos geopolíticos son los principales factores disuasivos del turismo en una región, puesto que la seguridad es uno de los elementos fundamentales para los turistas en el momento de emprender un viaje.
Habrá que ver como encaran los ciudadanos europeos un conflicto que en esta ocasión no se produce lejos de sus fronteras ni por etnias que pudieran serles distantes, sino que en esta ocasión los afectados son los habitantes de ciudades con un día a día y un nivel de vida muy parecido al suyo.