Estamos ya en Febrero y me merece una reflexión sobre las predicciones para la hostelería realizadas a finales del 2022, ahora que vamos camino de terminar el primer trimestre. De las macro tendencias apuntadas a finales del año pasado para el sector hotelero, hay unas que tienen pinta de quedarse en el apartado de los futuribles, pero sin embargo hay otras que van camino de materializarse y a marcar la gestión de los próximos meses.
Entre las que me parecen más destacables están las siguientes:
La recuperación es un hecho.
Ni guerras, ni crisis, ni inflación… para nuestra sociedad postpandémica el deseo de viajar es ya considerada una forma de vivir momentos de felicidad y de desconexión para contrarrestar el peso del día a día e incluso como una manifestación vital. Es decir, una necesidad de primer orden cuya única duda que suscita es la de saber en que grado y segmento va a producirse la mayor demanda. Y es que según un reciente informe de Skyscanner solo el 6% tiene previsto ir menos de vacaciones que en el 2022.
Todo gira en torno a la experiencia
No se trata del destino, sino de la experiencia, o para ser más exactos de la experiencia en el destino. Las vacaciones experienciales son una de las grandes tendencias del turismo, y mucha gente elige “experiencias” singulares, a menudo vinculadas a empresas locales, en lugar del turismo de masas. Antes, sólo los hoteles de lujo atendían al “nicho de las experiencias”, presentándose como una experiencia en sí misma. Algunos por cierto de una manera algo torpe, basada en una pretendida exclusividad. Pero desde entonces las “experiencias” se han democratizado gracias a una nueva forma de entender la vida y al deseo de relevancia que nos ha invadido como sociedad tras el Covid-19
La falta de personal es la gran amenaza para la rentabilidad.
¿Más que la inflación y los tipos de interés…? Pues si, más. Y fruto de ese miedo son las numerosas llamadas que los equipos de recursos humanos que los hoteles de costas e islas están realizando ya sobre el personal que está realizando la campaña de invierno. El sector no está realizando los deberes que pasan no solo por la mejor remuneración de los puestos, que en la práctica ya le están costando más a los empresarios, sino sobretodo por la orientación y dignificación de una profesión que tiene más valor que el que se le otorga a nivel social. Además muchos negocios van a tener dificultades para encontrar personal y cubrir puestos básicos que permitan poner en marcha la actividad y por tanto incidirá negativamente en la primera línea de sus cuentas de explotación. En este sentido ya hay quién apunta que la mejor manera de contratar es la de capacitar al personal interno.

La inflación, los tipos de interés y la subida de la energía.
Si la falta de personal tendrá un impacto directo sobre los ingresos de la actividad, las tres circunstancias que acabamos de apuntar lo tendrán sobre la estructura de costes. La conocida crisis de suministros que afecta directamente en la subida del precio de la energía, los problemas para conseguir algunas mercancías y productos básicos, que ahora se fabrican bajo pedido y el coste de las materias primas, en especial de la alimentación van a poner muy difícil llevarse directamente el mismo porcentaje de ingresos que venía siendo habitual, a la línea del GOP del Hotel.
El miedo a la crisis por parte de un numero elevado de la población.
En cuanto a los consumidores, y por lo tanto potenciales clientes, la subida de precios, la tan temida inflación que les resta poder adquisitivo y que hace que deban destinar más dinero a la devolución de su endeudamiento por la subida consiguiente de los tipos de interés. Así como una lógica tendencia a protegerse y a incrementar sus ahorros, serán lo que defina la principal consecuencia negativa a la que deberemos hacer frente a pesar de las buenas expectativas que recoge la mayor parte del sector en este primer trimestre del año. Y es que podemos volver a ver aquella tendencia que ya se vio tras la crisis del 2008, con usuarios optando por destinos más cercanos, más asequibles y que les permitan descubrir lugares y experiencias sin necesidad de desembolsar mucho.
Más ecos, más verdes y más socialmente conscientes.
La mayoría de alojamientos han iniciado un camino que ya no tiene vuelta atrás en su afán de convertirse en establecimientos más sostenibles, una demanda que llega directamente de la sociedad y de sus propios viajeros, que buscan viajar dejando un impacto positivo a su paso. La sostenibilidad involucra todo tipo de medidas destinadas a cuidar el medioambiente, pero también tiene una vertiente social, que en el turismo se refleja especialmente con la cooperación entre proyectos locales y con la necesidad de saber que contribuimos al bienestar de los destinos turísticos de acogida.
Prepárate para acoger al nuevo cliente estrella…, ya todos somos nómadas digitales.!!!
Hasta la fecha, turismo y trabajo estaban básicamente vinculados con los viajes de negocio. El «bleissure» era la última de esas palabras destinadas a segmentar un tipo de viajero . Pero una de las nuevas tendencias es la del nomadismo digital, con personas que tienen un trabajo que les permite ir cambiando de lugar de residencia en cortos periodos de tiempo, o bien personas con posibilidades de teletrabajo que buscan disfrutar de periodos de descanso más allá de los convencionales. Como quiera que sea su condición lo cierto es que el que más y el que menos se ha apuntado a esta moda de los conocidos como “nómadas digitales”, y ya no se limitan al rango de empleos relacionados con la tecnología o la creatividad, sino que ahora cualquiera puede bajar a la recepción de tu hotel a pedirte por un lugar tranquilo donde tomar un café y conectarse a una videoconferencia cualquiera.