Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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¿Conoces a alguien…? La temida pregunta del verano.

La falta de mano de obra para cubrir los puestos de trabajo empieza a ser un problema recurrente para los gestores de empresas de servicios.  Pero desde hace ya unos años, el problema se acrecenta cada vez que se acerca la temporada de verano en la práctica totalidad de los destinos turísticos.

A los motivos intrínsecos a la actividad, principalmente en el caso de la hostelería, que no la convierten precisamente en una profesión de las más demandadas en los planes de estudio de los jóvenes. Le ha salido además la imposibilidad de conseguir remuneraciones que permitan compensar tales esfuerzos. Y es que hasta ahora, los inconvenientes producidos por la dureza de los horarios de trabajo, la ausencia de fines de semana o festivos con que conciliar mínimamente la vida familiar, o el propio desgaste que genera la constante atención al cliente, se veían mayoritariamente sufragados en el momento de recibir la nómina a final de mes.

Por cierto, si alguien piensa que esto es una exageración debería saber que la OMS ya ha reconocido como enfermedad el coloquial «burnout», es decir el síndrome del desgaste profesional. Y que ninguna de las situaciones anteriores ayudan a mitigarla.

Que no se entienda mal. Desde luego, nadie esta a favor de plantear un marco donde se fomenten los abusos ni la picaresca para defraudar al fisco. Y aunque seguramente todos hemos oído hablar de casos en este sentido, queda claro que este tipo de prácticas están muy lejos de la mayoría de empresarios responsables que forman parte del tejido empresarial turístico de este país.

De lo que se trata es de acompañar la nueva normativa con la posibilidad de aumentar en determinados casos ese numero de horas dentro del marco de determinados convenios colectivos. La actual regulación que acota aún más la posibilidad de poder realizar ese  máximo de 80 horas extras, ya ha dado al traste con el interés de muchos trabajadores de temporada que cuentan con ese sobre-ingreso para poder volver a sus casas con un colchón económico suficiente con que pasar los meses de inactividad hasta la próxima temporada dado que en sus lugares de residencia no existen ofertas de trabajo suficientes. Aclaro. Sencillamente no existen.  Ni estas,  ni otras.

Dicho de otro modo, con la posibilidad de ingresar por un importe aproximado de 2 semanas más de trabajo (80 hrs) no se sostienen familias durante los 4 o 5 meses restantes, en el mejor de los casos.

El boom de las VUT tampoco ayuda a crear oportunidades reales para ganarse la vida. Los precios de algunos apartamentos ocupados tradicionalmente por trabajadores han llegado a triplicar sus precios. Y el colmo del surrealismo, se produce en aquellos complejos donde el propio empresario ha puesto a la venta alojamientos que antes destinaba como habitaciones para albergar a sus empleados. Es el caso de algunos negocios ubicados en auténticos «prime line» que ahora confían en que sus plantillas se puedan costear algo cuatro calles más arriba…

Con este panorama no es de extrañar que la búsqueda de personal en algunos lugares este llegando a enfrentar a los propios empresarios, ya que muchos trabajadores «sacrifican» su lealtad por pura necesidad.

camareros

En esta tesitura sorprende que el grabe problema de la falta de mano de obra no entre como una prioridad básica en los planes estratégicos de desarrollo turístico de las comunidades autónomas o del gobierno.

En el caso de las primeras recordemos que tanto turismo, como educación y empleo son materias traspasadas a cada una de ellas. Y entre las tres conforman un trípode perfecto en el que apoyar las bases de una política seria que facilite la incorporación de cualquier tipo de colectivo al mercado laboral.

Ya sabemos que el sector sufre de la estacionalidad como una auténtica espada de Damocles, pero precisamente por eso, no tiene mucho sentido perpetuarse en los planes de estudio que no faciliten la incorporación al mercado laboral de los más jóvenes, o las prácticas de empresa de una manera más decidida y útil para el trabajador y el empresario, por ejemplo.

En el plano de la ocupación, lo más parecido que se ha hecho para ayudar al sector fue precisamente reconvertir a trabajadores provenientes de una construcción en crisis, en personal para la hostelería. Aumentando así el carácter de sector refugio de empleo. Pero sin darle continuidad con una apuesta clara por la calidad y especialización de sus profesionales. Y por supuesto sin planes de ayuda tal como ocurre en otros sectores como la agricultura, la automoción o en su momento el ya mencionado de la construcción, que llegó incluso a disponer de fondos europeos para ello.

Con este escenario no es de extrañar que buena parte del sector esté esperando que la robótica irrumpa de manera efectiva como la gran solución a los problemas de la mano de obra actuales.  Mi opinión es que el trabajador de la hostelería tal como lo conocemos actualmente va camino de desaparecer, y paradójicamente, no por la irrupción de nuevas tecnologías y hábitos de consumo, que también… Sino sobretodo, por la problemática que plantea su dependencia y escasez en momentos determinados de la temporada.

En su lugar, serán aquellas personas con una marcada vocación, capaces de trasmitir emociones, historias y de empatizar de manera natural con los clientes y sus propios compañeros,  los que a la postre,  formarán parte de esta industria turística.

Harán bien los empresarios en empezar a buscar entre sus plantillas a personas que reúnan este tipo de valores, en especial  la de adaptación al cambio, para ganar competitividad en un futuro próximo. Y abstenerse, de la tentación de aplicar políticas cortoplacistas enfocadas a valorar a los trabajadores sola y exclusivamente por su peso en una cuenta de explotación.

Pero de momento y hasta que llegue ese día. Urge, de manera casi agónica, una mayor profesionalización de los empleados del sector, y no precisamente elitista, sino centrada especialmente en aquellos que ocupan puestos base en nuestras organizaciones, como una de las pocas medidas para aumentar la rentabilidad de sus puestos y porque no,  su remuneración.

 

 

 

 


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El cambio climático exigirá en breve, reinventar el turismo en el Pirineo.

Dicen que hablar del tiempo, es perder el tiempo…

Pero cuando un grupo de científicos se juntan para analizar sus datos, lo someten a estudio y te lanzan sus conclusiones en forma del impacto que tendrá en tu vida en pocos años. Te das cuenta de que jamás volverás a sacar el tema tan frívolamente en un ascensor…

Y es que después de leer los resultados del estudio sobre el cambio climático en los Pirineos, elaborado por cerca de 100 científicos y expertos de ambos lados del Pirineo, descubres que a la tradicional despoblación,  la falta de relevo generacional y al abandono de determinados oficios, les ha salido un catalizador de proporciones planetarias.

El informe asegura que cogiendo el valor medio anual de temperaturas máximas entre los años 1961 y 1990, que no fue precisamente un periodo glacial, el valor medio anual en el 2030 subirá entre + 1ºC y +2.7 ºC, pero es que en el 2050 estarán entre +2 ºC y +4ºC.

Vale, no parece mucho. Pero vamos a pensar que necesitamos +/- 0 ºC para que nos nieve en un sitio privilegiado como es una pista de esquí a unos 1800-1900 mtrs. Lo que significa que en un futuro necesitaremos una temperatura de -4 ºC para poder empezar a innivar las pistas.

¿Sabéis cuantos días hemos tenido esa temperatura mínima desde Diciembre al 10 de Marzo de este año en una cota de 2228 m.,  en la estación meteorológica de Sasseuva, en el Valle de Arán?  Tan solo 28 días. Y recordemos que hablamos de mínimas registradas, lo que no significa que se garanticen largos periodos de producción de nieve.

¿A que ahora si que empieza a dar miedo…? Sobretodo porque en cuanto a la evolución futura de las precipitaciones no se han obtenido cambios significativos, de manera que en esa misma lógica, podríamos tener muchos más días de agua que de nieve.

En resumen, los primeros resultados del proyecto CLIMPY son apabullantes. En el Pirineo Central y  a 1800 m. el espesor medio de la nieve podría disminuir a la mitad en 2050 según la referencia actual, mientras que el periodo de permanencia de la nieve en el suelo podría reducirse en más de un mes. Si solapamos estos datos sobre un calendario como el de esta temporada 2018-2019 no cuesta hacerse a la idea del escenario que le espera a los aficionados al deporte blanco en escasos 30 años.

En lugares como Baqueira la temporada habría empezado hacia el 27 de enero y el espesor máximo seria de 125 cm, pero otros como la Molina se irían hasta el 3 de febrero con un máximo de de 50 cm de espesor y a principios de marzo tendrían seriamente comprometida su continuidad.  Otras en cotas más bajas ni siquiera tendrán ocasión de abrir.

A los que trabajamos en estas zonas del Pirineo esto empieza a sonarnos familiar, y para aquellos que puedan pensar que el escenario es algo alarmista hay que recordarles que ya se ha constatado que la temperatura ha subido en +1.2ºC entre el 1949 y el 2010 y que la progresión en los próximos años se prevé que será geométrica.

aneto glaciar

Pero por si esto no fuese ya un dato preocupante, el estudio profundiza además en diversos aspectos que afectarán a la actual biodiversidad, los ecosistemas, los recursos hídricos y a la propia generación de energía eléctrica.

Volviendo al tema del turismo. Uno de los aspectos que se pone de manifiesto claramente, es que el Pirineo podría perder atractivo turístico invernal en muchos de los actuales enclaves de las estaciones de esquí. En los últimos años ya se ha visto reducido el número de días esquiables, es decir aquellos con una acumulación de nieve de unos 30 cm, que es la que permite esquiar con normalidad en la mayoría de estaciones.

Sin embargo, los destinos turísticos de nieve sienten cada vez una mayor presión por ofrecer paisajes idílicos y espesores casi polares durante centenares de kilómetros para poder atraer el interés de los esquiadores. Esto hace que muchas de ellas realicen fuertes inversiones para equiparse de sistemas de innivación artificial que a la postre ponen en riesgo su propia viabilidad económica, ya de por si, mayoritariamente frágil.

Si alguna entidad pública está pensando en reflotar activos turísticos invernales debería tener en cuenta que de los años 60 hasta el 2010, los días por debajo del famoso límite de los 30 cm han aumentado del 5 al 70% en estaciones de cotas bajas y entre el 4 y el 20% en las de cotas más altas,  según los años.

Igualmente la fecha de inicio de las temporadas, si solo se dependiera de la nieve natural, ha sufrido retrasos que han llegado hasta los 30 o 55 días según la cota de cada estación.

En cuanto al atractivo paisajístico, este también puede verse afectado negativamente al perder algunos de los elementos más importantes del mismo, ya que muchos de sus atributos alpinos como glaciares, ibones y turberas podrían verse seriamente afectados.

Entre 1984 y el año 2016 han desaparecido más de la mitad de los glaciares Pirenaicos y los que quedan están en un alarmante estado de retroceso.

Estos desajustes también generan otro tipo de inestabilidad en el territorio, como inundaciones, avenidas en los ríos, o corrimientos  de tierras ligados a ciclos de hielo y deshielo… Son estos riesgos naturales los que pueden amenazar más seriamente la integridad de infraestructuras turísticas y la propia seguridad de habitantes y turistas. Para tomar consciencia de esto, solo hay que darse una vuelta por las diversos pueblecitos de la cordillera y ver cuantos se sitúan bajo peñas, morrenas o peñascos de todo tipo, o cuantos se sustentan sobre cortados y acantilados relativamente cercanos.

Con el elevado estrés y la presión a la que sometemos a nuestro entorno, ni siquiera el clásico » – Lleva ahí siglos…!!!- «, suena ya como garantía de nada.

La única consecuencia positiva que se extrae del estudio es que dicho calentamiento traerá consigo temporadas más suaves en el Pirineo en estaciones como la primavera y el otoño, lo que podría derivar en una prolongación de la temporada turística de verano en la alta montaña, con menos días de lluvia y frío que los actuales.

Además si dicho calentamiento se produce, como es previsible en toda la península, este podría poner a los destinos de montaña como un lugar muchísimo más atractivo frente a otros con temperaturas que en el futuro serán excesivamente elevadas.

El infalible recurso de márqueting acuñado por el inconsciente colectivo pirenaico de:  « – cuando se cansen de la playa y no puedan dormir, ya subirán, ya…» parece que reclamará más fechas disponibles en el futuro calendario de verano.

La lista de recomendaciones que arroja el estudio para hacer frente en este sentido a la nueva situación que se avecina, tiene más el carácter de un plan de protección civil que de uno destinado a la profunda y necesaria remodelación de un sector.

Asegurar la integridad física de las personas frente a los peligros hidrometeorológicos y climáticos que puedan verse agravados por el cambio de modelos climáticos.  Promover una gestión equilibrada de los recursos hídricos y reducir la vulnerabilidad de las infraestructuras frente al posible incremento de riesgos hidrológicos, geológicos y climáticos. Son inquietantemente primordiales para los autores del estudio.

Por supuesto, rediseñar el modelo turístico para hacer frente a la disminución del número de días esquiables, evitar nuestra presión ambiental, y potenciar otras actividades emergentes del turismo de montaña y naturaleza van a conformar una necesaria hoja de ruta tan urgente como inexorable para buena parte del Pirineo.

En esta linea será clave la calidad de la biodiversidad, el paisaje y el propio ecosistema de cada zona para poder presentarse en las mejores condiciones de competitividad en un breve espacio de tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Aspectos clave que amenazan la convivencia entre turistas y residentes.

Recuerdo cuando a mediados de los años ´90 y tras el éxito de Barcelona´92 algunas zonas de la capital condal se convirtieron de la noche a la mañana en zonas turísticas. A muchos barceloneses les sorprendió entonces descubrir las restricciones de acceso en algunas zonas del Parque Güell,  o las grandes colas en las aceras en torno a las entradas de la Sagrada Familia.

Pero en aquella época a nadie, ni por asomo, se nos había ocurrido acuñar el término turismofobia. Y no es que no nos molestase que de pronto tu barrio se convirtiera casi por completo en una zona azul de aparcamiento. Es que a nadie se le ocurría  culpar a aquellos amables señores, algunos ciertamente pintorescos, que tan amablemente habían escogido venir a gastarse su dinero en nuestra ciudad.

Muchas cosas han cambiado en los últimos 20 años, pero en mi opinión las dos que resultan clave son, y por este orden. Primero, que se han acrecentado los problemas y las desigualdades en las ciudades y segundo que parte de la sociedad ha decidido poner el foco de culpabilidad sobre el turismo.

En una ciudad como Barcelona con un arraigado ideario de los beneficios del turismo, todo ello ha derivado en que, en el 2017 la percepción de saturación turística superó por primera vez a la percepción del turismo como medio para seguir atrayendo riqueza para la ciudad.

En mi opinión cabe preguntarse si el exceso de turistas en algunas zonas de la ciudad es de veras el origen del conflicto, o si por el contrario es una peligrosa cortina de humo que oculta los verdaderos problemas de esta y otras ciudades de características similares. Dicen que para resolver los problemas es fundamental hacerse las preguntas correctas, y en ese sentido, ninguno de los objetivos del desarrollo sostenible apuntado por Naciones Unidas para el 2030 ha señalado al turismo como una de las amenazas a las que hacer frente en los próximos años.

Los nuevos retos a los que las ciudades deberán enfrentarse en un futuro que empezó ayer, han dejado los problemas del pasado verano a la altura de una tarea para escolares, y han situado en el epicentro de la problemática municipal una serie de preguntas más propias de una asamblea de Naciones Unidas, que de un pleno municipal.

parque Guell

La lista de problemas urbanos a los que hacer frente en los próximos años, al margen del pretendido problema turístico, muy bien podrían ser la siguiente:

1.Incremento de las desigualdades urbanas entre ricos y pobres.

Sin necesidad de mirar las infraviviendas del tercer mundo, según un informe de ONU-Habitat ,en la propia Europa esta aumentando la segmentación urbana entre barrios para ricos y pobres en pocos kilómetros de distancia. En los casos más extremos podemos ver como familias sin recursos co-habitan en ocasiones entre edificios de 4500€ el m2 ocupando locales o pisos sin suministros.

2. Falta de vivienda y aumento del precio de los pisos tanto de compra como de alquiler.

Este es probablemente uno de los pocos puntos relacionados directamente con el fenómeno turístico. Junto con los vuelos low cost ha hecho que la cifra de turistas en las ciudades vaya en aumento. Sin embargo la disminución de las viviendas protegidas y la nueva normativa que ha facilitado la irrupción de las VUT han demostrado tener mucho más que ver con este problema.

3. El cambio climático y los efectos de la contaminación.

Los efectos de la contaminación ya tienen como responsable directo de la misma a las urbes en un 70%. El consumo energético y la emisión de gases invernadero han convertido los espacios municipales en un foco de riesgo para la salud. Sanear sus atmósferas va a pasar por algo más que regular el transporte y la movilidad urbana.

4. El reto de alimentar a toda la población urbana.

El número creciente de habitantes requerirá, cada día de más tierras y recursos que lógicamente se situarán a cada vez más distancia kilométrica con el lógico inconveniente de una logística que aumentará el volumen de residuos y de contaminantes. Aunque la lógica pueda hacernos pensar que a mayor consumo, mayor volumen y mayor negocio. La realidad es que la sobreexplotación de recursos ya está ocasionando serios problemas a unas administraciones que en la práctica pagamos todos.

5. El problema del acceso al agua potable.

Si alguien tiene la tentación de pensar que esto es un problema solo de las zonas subdesérticas,  que reflexione sobre la realidad del abastecimiento en algunas zonas del litoral y de las islas del Mediterráneo y se pregunte porque se detectan movimientos empresariales tan importantes para la privatización de un recurso básico. El problema del agua se está viendo agudizado por periodos de sequía cada vez más largos y algunos expertos auguran que en el futuro estará en el centro de algunos de los grandes conflictos internacionales.

6. La formación de superciudades con una sobrepoblación urbana.

Ya dijimos en el anterior post dedicado a realidad de las futuras megalópolis  que algunos núcleos crecerían de manera descontrolada fruto de las migraciones y que eso plantearía problemas para los que será necesario generar auténticas estructuras de estado dentro de los propios países para gobernar concentraciones de varias decenas de millones de habitantes.

7. Los servicios como nuevo motor industrial.

El modelo orientado a la prestación de servicios busca preferentemente la implantación en  grandes urbes. Las grandes marcas y la actividad turística y financiera necesitan de mano de obra y de consumidores en un entorno cercano. No es de extrañar que las dos sedes de Amazon y sus 50.000 puestos de trabajo prometidos, hayan acabado ubicándose en Nueva York y Washington respectivamente. Este tipo de decisiones son un duro baño de realidad para aquellos que apuestan  por la repoblación del mundo rural y tienen un potente efecto de llamada sobre poblaciones que tienden a saturarse.

8. El envejecimiento de la población.

Lo datos de la OMS no dejan dudas con respecto a la tendencia en Europa y la única manera de revertirlos pasa por la aportación que haría la inmigración  a gran escala ,con los problemas de crecimiento  descontrolado que ya hemos visto. La otra opción nos aboca a una población cada vez más envejecida y dependiente de unos servicios que actualmente ya son insuficientes.

9. La creciente inseguridad ciudadana.

En muchas ciudades aparece ya como el principal problema para la población, y no nos referimos a las pintadas realizadas a un autobús de turistas, que alcanza una dimensión ridícula, frente a la nueva amenaza terrorista o las mafias de crimen organizado. La creciente exclusión social de algunos colectivos va a ser un verdadero problema para aquellas ciudades incapaces de redefinir sus políticas de integración social y con estrategias de seguridad ciudadana deficientes.

Hay que tener presente, además, que la idea de impedir el acceso de turistas en un entorno tan amplio como puede ser el de una ciudad es pretender ponerle puertas al campo, es decir, intentar poner límites a algo que no los admite.

Aquellas ciudades, por tanto,  que no contemplen dentro de sus planes estratégicos la resolución de problemas como los que acabamos de citar, corren el riesgo de vivir situaciones de colapso en las que, desgraciadamente, los turistas serán unas meras víctimas.

 

 

 

 

 

 


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El futuro de las VUT en manos de tu vecino del 5º… ( o tampoco.)

Estamos a las puertas de unas nuevas elecciones municipales y el turismo en general promete ser uno de los temas arrojadizos en las campañas de los diversos municipios turísticos.

En este contexto creo que el tema estrella, será seguramente la problemática generada a partir de la aparición de las llamadas viviendas de uso turístico. ( Esperemos por el bien de todos, que ningún descerebrado sitúe la turismofobia en el centro de la discusión…)

El fenómeno en sí, tiene todos los ingredientes para generar un acalorado debate entre diferentes posturas, pero este además está demostrando una innegable capacidad para afectar a otros aspectos de la gestión municipal como el acceso a la vivienda, los problemas de orden público, la seguridad ciudadana, o las insuficiencias en la prestación de algunos servicios urbanos.

Es un problema además, de carácter internacional. Que afecta en diversa medida a ciudades de América, Europa, Asia y Oceanía, y frente al que las distintas administraciones no consiguen encontrar una forma jurídica eficiente para regularlo.

Solo en España tenemos 17 normativas diferentes, una por cada comunidad autónoma, pero es que además los intentos de regulación por parte de algunos Ayuntamientos como el de Madrid, Bilbao o San Sebastián, acabaron el pasado agosto por generar un conflicto con la propia Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.

No es de extrañar pues que el propio gobierno haya acabado por proponer a través de la Secretaria de Estado para el turismo, Bel Oliver. Que sean los vecinos los que decidan sobre el alquiler turístico modificando la actual ley de propiedad horizontal, con el objetivo de redefinir las mayorías necesarias en el seno de las comunidades a la hora de permitir dicha actividad en sus edificios.

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A falta de tener un borrador claro sobre la propuesta, a un servidor, le da que las reuniones de vecinos van a ser de lo más agitadas a partir de ahora. Y es que podríamos encontrarnos con propietarios que vieran cercenado su legítimo derecho a optimizar la percepción de rentas fruto de sus activos inmobiliarios. Y por otro lado, a vecinos que quedarían aislados sin voz ni voto frente a cualquier reclamación, en caso de que la mayoría de las viviendas de sus edificios estén en manos de inversionistas que persigan precisamente, obtener rentas de dichos activos. Y todo ello, en el marco de la aplicación de un dudoso carácter retroactivo sobre la privación de un  derecho reconocido, sobretodo en el caso de aquellos pisos que ya hayan adquirido la pertinente licencia turística. ¿ Parece un lío, verdad?… Lo es.

Alguien podría pensar que el mercado terminará por regular de manera natural los usos de las diferentes fincas, pero personalmente desconfío de que los problemas acaben resolviéndose simplemente desplazando a  «forasteros» del rellano,  al portal de al lado. Y  en mi opinión, en ningún caso estamos abordando el problema de la escasez de la vivienda de primera ocupación en destinos turísticos, frente a la que probablemente serian más efectivas las medidas de subvención o exención fiscal.

El problema es que esto de las VUT se nos ha presentado siempre como una disputa de intereses entre dos partes que le exigen poner orden a una tercera. Y ni son solo dos, ni el tercero sabe por donde meterle mano.

Existe la tentación de explicar el problema de las viviendas de uso turístico como un conflicto de intereses entre hoteleros y propietarios de inmuebles. Recordemos que algunas voces lo justificaban bajo la metáfora de aquella viejecita que quería alquilar un inmueble frente al recelo de las todopoderosas cadenas hoteleras. En la práctica, pronto quedó de manifiesto que en la realidad, era más frecuente encontrar pequeños negocios hoteleros haciendo frente a grandes fondos de inversión internacionales.

Salvo ilustres excepciones, nadie predijo que el verdadero negocio lo vertebrarían grandes plataformas tecnológicas que han puesto en jaque a países enteros fruto de su carácter transnacional y globalizado. Pero sobretodo con un nuevo modelo de desarrollo apoyado en la inteligencia colectiva y en la confianza ciega del usuario, ya sea arrendatario o arredador,  que es el que a la postre se ha hecho con una soberanía que lógicamente no piensa devolver.  En mi opinión esa universalización del poder de elección, compra y posterior juicio de valor es lo único que de verdad sostiene el término «colaborativo».

En este escenario como apuntaba, faltan actores. Hoteleros, plataformas VUT  y la propia administración son una parte. Pero es difícil prever una solución sin contar con otros sectores económicos implicados y que han demostrado ser especialmente hábiles beneficiándose del empuje del alojamiento turístico.

Inmobiliarias y administradores de fincas deberán entender que ni todo es susceptible de ser catalogado como producto turístico, ni la promesa del retorno en inversiones inmobiliarias debería apoyarse siempre en los ingresos generados por el alquiler turístico.

Frente a esta complejidad, traspasar la responsabilidad a las comunidades de vecinos no parece ni de lejos una medida aplicable. Y es que si no lo remedia un buen acuerdo, esto de la economía colaborativa va camino de poner en pie de guerra a hoteleros, taxistas, guías turísticos y ahora también, a los presidentes de las comunidades de propietarios con el mismísimo Juan Cuesta al frente.


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LA FORTALEZA DEL SECTOR PRIVADO. La palanca de actuación para el éxito de los destinos turísticos.

En el mundo existen innumerables playas paradisíacas, paisajes que cortan la respiración y bellísimas obras de arte que despiertan nuestros sentidos, y sin embargo, el ránquing de los principales destinos turísticos se repite con más bien pocas sorpresas, año tras año.

Luego  ¿sino es el recurso…?, ¿cual es el verdadero apoyo sobre el que se soporta un destino?. Para entender un poco mejor este caso, hagamos un viaje hacia algo más local. Imaginemos que deseamos visitar una zona virgen en medio de las montañas en la que se encuentran dos localidades. La una es exclusivamente residencial, sin servicios de ningún tipo. En la otra podemos encontrar de manera precaria, un colmado, una pensión y un restaurante.. ¿cual seria nuestro destino final?.

Efectivamente, convertir una visita de cualquier tipo en una visita turística, significa desarrollar una actividad económica en torno al recurso y ponerla al servicio del visitante. Y eso, salvo que nos encontremos bajo la máxima expresión del régimen intervencionista de un estado, es un papel mayoritariamente asumido por el sector privado.

Si a ello le unimos el beneficio aportado por la función social que tienen las empresas en cuanto a aportación de riqueza, mejora de la calidad de vida  y desarrollo de zonas subdesarrolladas, habremos encontrado el elemento sobre el que cimentar un verdadero desarrollo turístico.

No obstante, al sector privado le amenazan diversos peligros de carácter interno de los que deberíamos ser conscientes para intentar evitarlos. La lista de autoevaluación de la salud del tejido empresarial podría empezar perfectamente por aquí.

1.- La debilidad o ausencia de asociaciones.

Las asociaciones profesionales pueden ayudar de manera efectiva si se generan estructuras sólidas con poder de representación y de negociación, ya que no solo son una herramienta muy útil de representación frente a la administración y organizaciones sindicales,  sino que ayudan a mitigar esa soledad e incertidumbre a la que los empresarios debemos hacer frente al tratar temas como la regulación de horarios, condiciones laborales, fiscalidad o una simple mejora de nuestra gestión de compras.

2.- El cansancio de los agentes activos del territorio.

Conozco muy pocas personas que hayan iniciado un proyecto o liderado una organización sin ponerle todas las ganas e ilusión en ello. Pero desgraciadamente conozco otros tantos que han tenido la tentación de dejarlo frecuentemente. El común denominador en estos casos ha sido el enjuiciamiento y el descrédito inmediato al que se han visto sometidos por pertenecer a una asociación, como si ejercer ese papel de liderazgo no te permitiera tener  ideas propias.

3.- Falta de iniciativa y compromiso.

Ya sabemos que estas cosas requieren dedicación y tiempo. Y que algunos consideran que esto es perderlo. Si relacionarte entre profesionales, con los que muy probablemente aprendas cosas, y evitar la participación que te permite fomentar ideas e iniciativas te parecen un error. Enhorabuena…!!! efectivamente tu vocación está entre los servicios religiosos de clausura.

Proyectos empresa

4.- Las luchas de poder fruto de la inmadurez del sector o de un liderazgo demasiado débil.

En este tema el problema normalmente se resume en el ego. Lo cual no deja de ser curioso ya que el sentido de asociarse es el de juntarse con otras personas para conseguir un mismo fin. No obstante hay gente que se asocia para imponer su punto de vista a los demás, lo que normalmente acaba limitando la participación y debilitando a la organización.

5.- El exceso de polarización.

Existen innumerables asociaciones turísticas de distinto ámbito regional que pueden llegar a derivar en una falta de unidad en torno a las decisiones y medidas estratégicas que deben llevarse a cabo de manera unificada. Por eso son tan importantes personas generosas con una visión y capacidad analítica del conjunto al frente de estas organizaciones.

6.- Falta de formación y profesionalidad.

Todos hemos asumido  ya el carácter de puesto de trabajo refugio que ofrece el sector de la hostelería, y a los empresarios les duele pagar a veces a trabajadores chapuceros y desmotivados. Sin embargo, sin unas condiciones laborales dignas, estables y con una preparación del personal inadecuada, el sector se verá abocado a un deterioro progresivo de su oferta de servicios. Dicho de otro modo, despreciar la formación del personal tiene efectos más relevantes que despreciar la inversión de mantenimiento en nuestro inmovilizado material.

7.- Falta de ambición y confianza.

Esta claro que si tu no crees en tu propio proyecto es casi imposible que impulses con éxito ninguna actividad. Esto lo saben bien los bancos, ya que a menudo piden el aval personal como garantía de un préstamo, Y es que, si tu no confías en que devolverás el dinero, difícilmente conseguirás convencer a otro para que te lo deje. Lo mismo ocurre con los proyectos, si dejas de lado la pasión necesaria para llevarlos a cabo, no esperes que nadie te siga en ellos, por muy buenas que sean tus intenciones.

8.- El exceso de individualismo.

Una cosa es la competencia bien entendida dentro del sector, lo otro, contribuir a convertir el destino en una batalla campal donde el objetivo es hundir a los competidores  y perder de vista los beneficios de su colaboración frente a problemas comunes. Una competencia sana es además, un estimulo que ayuda a mejorar la calidad y a pensar soluciones imaginativas  para buscar elementos diferenciadores.  Y en algunos casos, una estrategia cuyo éxito requiere precisamente de la concentración de oferta.

9.- Desprecio de la calidad y atención al cliente.

En plena era del big data, la tecnología y la interconectividad de las cosas. El principal elemento de fidelización de nuestros clientes, según un estudio de Google y Greenberg, es precisamente la atención al cliente. Y es que aunque parezca mentira aún hay muchos sitios donde, o no se presta la debida atención a la calidad, o se ignora la soberanía del cliente. Tratarlos como si no fuéramos a verlos nunca más, es evidente que puede acabar arruinando un proyecto antes de empezarlo.

10.- La creación de productos al abrigo de las modas.

No es que ser disruptivo, emprendedor e innovador no sean una virtud, bastante de moda en la actualidad por cierto, es que también son una garantía de dificultades si nuestro producto no ha sido diseñado concienzudamente y esta en linea con el destino en cuestión. A ser posible aportando mayor valor y contribuyendo a diversificar la oferta de servicios de la zona.

 

 

 

 

 


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EL PACTO INSTITUCIONAL La primera piedra de los destinos turísticos de éxito.

En política. Cuando una medida tiene sentido, es necesaria y beneficiosa para la población y es susceptible de acuerdo entre diversas partes, aparece una figura destinada a vertebrar las principales lineas en relación a dicho tema, llamado pacto institucional. En turismo si no eres capaz de involucrar, además, a entidades sociales y empresariales. Probablemente no consigas nada.

Creo que es fundamental recordar que el turismo como tal es una actividad económica cuya transversalidad y complejidad, hace que esta no alcance a desarrollarse con éxito si depende exclusivamente de la iniciativa pública o de la privada.

Los destinos con más éxito, normalmente tienen recogida de alguna manera esa relación de complicidad y confianza en la médula de sus patronatos, en muchos casos a un nivel incluso estatutario.

Cuando este consenso se rompe, aparecen indefectiblemente, muchos de los problemas relacionados con el sector a los que estamos asistiendo en la actualidad. Partidos intentando sacar rédito político, gremios profesionales enfrentados entre si, asociaciones vecinales manifestándose en la vía pública,… ¿Nos suena, verdad?.

Vale, ¿ Y esto como se arregla…?

Probablemente toque desandar parte del camino y volver a empezar, agradeciendo claro, aquellas cosas que aprendidos e hicimos bien. Pero en mi opinión, si formas parte de alguna administración. Estos son los principales puntos a cuidar desde el punto de vista de la gestión del cualquier proyecto

1.- Volver a definir el objetivo. 

Es momento de revisar en que punto nos encontramos, quizás nuestro rol de la gestión principal ha cambiado, y nos encontramos inmersos en una dinámica rutinaria de por ejemplo, promoción turística constante.  Cuando la realidad es que nuestra región demanda mayor esfuerzo en mejora de servicios e infraestructuras, o bien una especialización del producto o incluso planificar nuevas regulaciones.

2.- Encontrar el liderazgo necesario.

Existe la tentación de ponerse al frente de la «renovación turística» del municipio. Es comprensible, sobretodo cuando parte de la reconstrucción se hace con los recursos de los que uno tiene que rendir cuentas. Además es una buena manera de ganar protagonismo y cierta popularidad. Si tienes esa tentación por favor, recuerda el dicho que dice que para llegar lejos debes viajar acompañado. Para crear un proyecto que perdure en el tiempo es mejor compartir parte del protagonismo con entidades civiles y profesionales.

3.- Mejorar la coordinación entre las distintas instituciones.

Es imprescindible ponerse de acuerdo y evitar una competencia entre ellas que complique las cosas tanto a profesionales como a turistas. Ya sabemos que cada administración tiene su cuota de poder o responsabilidad sobre diversos temas. Pero lo último que uno espera es que esto, en lugar de ser fruto de una decisión estratégica para mejorar la gestión de lo público. Se convierta en una excusa para repartir las demandas de los administrados de ventanilla en ventanilla.

pareja de turistas

4.- Recuperar la confianza del sector privado.

Es cierto que la corrupción y el partidismo han hecho mucho daño. También comparto la idea de que buena parte de la iniciativa privada solo se acuerda del papel de las administraciones para pedir bajadas de impuestos, y que ignoran deliberadamente todos los esfuerzos que esta realiza en mejoras de infraestructuras, limpieza, sanidad, seguridad y un sinfín de materias que son básicas para el éxito de un destino. Pero se trata precisamente de ponerlas en valor de la mano del propio sector y aprovechar sus iniciativas y conocimiento para crear una sinergia integradora.

5.- Potenciar el asociacionismo activo y en linea con la mejora del destino.

Tanto el de origen empresarial como el civil. Esto no significa que no haya que ayudar al que aporte otro tipo de inquietudes. Lo que significa es que algunas iniciativas propias del asociacionismo no están al alcance de la administración y no tienen interés para las empresas debido a su escasa rentabilidad. Sin embargo es importante estar atento para apoyarlas, ya que algunas han acabado convirtiéndose en atractivos turísticos de primer orden.

6.- No contribuir a generar más estrés dentro del sector y de la propia población.

Parece difícil, ¿verdad?. Sin embargo los gremios y  asociaciones empresariales reciben a diario consultas en relación a como actuar frente a regulaciones y acciones inspectoras de la administración, a menudo, incomprensibles incluso para los funcionarios que tienen que llevarlas a cabo.

7.- Recuperar la formación y la información como elemento clave entre la población. 

Todos somos en algún momento agentes turísticos, desde la señora que vende el pan hasta el funcionario que patrulla por una calle. El problema es que a menudo nadie se lo ha dicho, y claro, eso de por si ya genera cierta tensión frente a determinados comportamientos. Si además hemos impuesto un determinado modelo turístico sin ningún tipo de consenso entre la ciudadanía, el conflicto está servido.

8.- Colaborar en la elaboración del modelo turístico de la zona.

Y nótese que digo colaborar. No tener un modelo de desarrollo turístico es un riesgo, principalmente para la oferta, y muchas de las herramientas no son aplicables desde estamentos que no tengan la capacidad de reglamentación. Sin embargo desde las administraciones deberemos tener en consideración las aportaciones de cada sector e incorporar las características y proyectos a la actividad de la zona en concreto.

9.- Diseñar las medidas a medio y largo plazo que se definan en dicho modelo.

En el mundo de los negocios el medio y largo plazo no existen si el corto no está garantizado. Sin embargo para la empresa pública  hablar de proyectos ejecutables a 5 o 10 años es perfectamente planteable.

10.- Velar por la correcta financiación de los proyectos.

La inclusión obligatoria de interventores dentro de las administraciones públicas ha mejorado bastante la efectividad e incluso ha dotado de cierto rigor a algunas partidas presupuestarias, por lo que en lineas generales, daremos este punto como zanjado satisfactoriamente. Sin embargo, todavía no hemos sido capaces de trasladar todos los recursos que se ponen a nuestra disposición desde la propia CEE para dinamizar y mejorar la calidad de nuestros destinos. En otros casos, corremos el riesgo de dispersar los recursos existentes en satisfacer diversas demandas de la ciudadanía, con un retorno sobre el territorio más que dudoso. El gestor de lo público deberá estar especialmente atento en trasladar esas oportunidades de financiación al sector privado y  a la vez gestionar eficientemente unos fondos que en realidad son públicos para que repercutan de manera efectiva en los administrados.