Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Turistas vs rentabilidad. La asignatura de cada septiembre.

Estamos entrando en época de presupuestos, o como mínimo, al que más o al que menos le habrán pedido ya una proyección de como acabaremos el año. En estas fechas tan relajadas para la mayor parte de la población, a muchos colegas se les ha hecho más difícil el sueño y no precisamente por la ola de calor que estamos sufriendo.

Estamos ya a principios de agosto y según todos los pronósticos la mayoría de destinos van a volver a superar expectativas en cuanto a precio y a número de visitantes. Tanto es así que en escasos dos meses, hemos pasado de fijarnos los resultados “prepandemicos” como un objetivo, a tener claro que debemos situarlos en las tasas de mínimos.

Los precios de alojamientos han ido en aumento, con algunos al doble y el triple de hace un año. Igualmente, los vuelos no solo han subido considerablemente de precio, sino que muchas de las rutas aéreas vacacionales más conocidas han cambiado los aparatos que venían operando regularmente por modelos de aeronaves más grandes y con mayor capacidad de pasajeros. Tal como me confesaba hace escasos días un amigo comandante de una línea aérea de lujo.  “ –  En estos últimos veinte años, nunca se había visto tanta gente en el aeropuerto –“.

Los expertos auguran para el sector hotelero un 16% de incremento de precio y hasta un 11% más en ventas que niveles prepandemia.

Y a pesar de eso. Muchos responsables de negocios, en este caso hoteleros, asisten entre la frustración y la incredulidad a la tiranía de la última línea de su cuenta de resultados,

 – No, da…!!!-

¿Me habré equivocado en el Budget…?, ¿Habremos gestionado peor este año…? ¿Cómo es posible que no me lleve el aumento de ventas a la última línea del beneficio operacional…?

Lo que están descubriendo muchos colegas en su día a día es que, a pesar de ser un año récord de ventas, lo será previsiblemente también en cuanto al coste de prestar esos servicios. Los hoteleros calculan que entre el 12% y el 15% más de lo previsto debido a la inflación y el aumento de los precios de materias primas y suministros.

El problema no solo afecta a la explotación del Hotel. Para el turista el precio también será más alto por lo que muchas personas acortarán sus vacaciones o bien directamente no saldrán de viaje. Esto al menos, lo que puede hacer es aumentar el consumo de la habitual cesta de la compra, ya que, aunque sin excesos, la mayoría nos damos un capricho si tenemos más tiempo libre.

El aumento de precios, más que por parte del mercado nacional, que probablemente pinche en destinos interiores, se está produciendo gracias a la entrada de turistas extranjeros con mayor poder adquisitivo y que no sufre la inflación local. Obviamente una buena parte del turista español no puede hacer frente a los aumentos de IPC que los establecimientos trasladan a sus clientes ya que en muchos sectores, los salarios no se han visto modificados. Lo cual es muy difícil, debido a la reducción generalizada de márgenes del que os hablaba hace unos segundos. El coste de operación hace que no haya posibilidad de aumentar sueldos, e incluso algunos pequeños empresarios se están viendo obligados a reducir plantillas en plena temporada alta.

En nuestro país, vivimos actualmente una clara polarización entre el turismo de lujo y el que lucha por sobrevivir con costes cada día más altos. Recuerdo como hace pocos años parte del sector hotelero de un país como Andorra acabó luchando por pagar solo los suministros para poder seguir con la actividad mientras esperaba una mejora de la demanda que aumentase su rentabilidad. Como consecuencia de aquello muchos establecimientos quebraron, cambiaron de manos y parte del equilibrio en la oferta de alojamiento se rompió. Creedme si os digo que eso no es bueno y menos en un país como el nuestro donde existen un número muy elevado de Pymes y autónomos relacionados con el sector turístico. El 13% del PIB nacional está formado por todo tipo de turismo y no pueden haber dos velocidades dentro del tejido empresarial y menos aún con direcciones tan diferentes que acaben polarizándose.

La receta del fracaso es muy evidente si no se tiene garantizada la rentabilidad.  Menor productividad y eficiencia de los negocios, traslado de los costes a los consumidores, disminución de las ventas, falta de inversión y además falta de competitividad frente a otros mercados.

Ya intuiréis que lo que os voy a decir es la conveniencia de abordar el discurso turístico desde otros términos más allá del número de turistas que llegan a nuestro país, para no perder de vista la realidad de nuestro sector. Facturar más no es sinónimo de rentabilidad y supervivencia y el turismo es crucial hasta que no se estimulen otros sectores productivos. Genera empleo, muchos directos y muchísimos más indirectos. Es una entrada de divisas que equilibra la balanza de pagos y además ayuda al desarrollo local a través de inversiones para servicios que de otra forma serian difícilmente justificables.

Las soluciones para aumentar la rentabilidad con el panorama actual, no son fáciles…

Una mayor innovación tecnológica y de las inversiones, el rediseño de los servicios tradicionales y la mejora en las condiciones de contratación de suministros para mejorar la rentabilidad, no parecen soluciones fáciles de abordar en el corto plazo y menos aún con una renegociación de los convenios colectivos del sector a la vuelta de la esquina.

Por otro lado, ya nadie esconde que el turismo como tejido productivo tiene sus peligros. Sobretodo la volatilidad que tiene como actividad a veces sujeta a algo tan caprichoso como el clima. La sobreexplotación de recursos en lugares donde no se ha diseñado bien su impacto y el aumento del coste de la vida para los residentes en aquellos lugares que son destinos de primer orden.  Por eso no nos cansaremos de reclamar una visión lo más transversal y amplia de los datos que se facilitan públicamente.

Por cierto, otro dato confuso fruto de su estacionalidad es la distorsión de las cifras del paro ya que ahora se consideran fijos discontinuos a personas que están paradas esperando la temporada de trabajo. Algo que a priori no reduce el coste de los subsidios al acabar la temporada turística.

En resumen. Si la inflación es superior como todo parece indicar al aumento de los ingresos, entonces el teórico crecimiento resulta que no es tal. Y esto puede convertirse en la peor noticia en lo que va de año.

Que el turismo se recupere es bueno. Que la lectura de su crecimiento sea sesgada no lo es…,

Pero que los profesionales del sector participemos de esa euforia sin el más elemental de los análisis, es simplemente catastrófico.


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¿Qué nos espera tras la remontada del último verano?.

Acabo de hablar con un amigo de una importante cadena hotelera que está tremendamente contrariado y más que preocupado por la subida de precios de cara al próximo invierno que plantea su propio departamento de revenue. Lo cierto es que uno se siente algo identificado cuando tiene que explicar lo que sospechas que se nos viene encima y enfrentarlo, ( no existe una palabra que lo defina mejor…) a la evidencia empírica de los asombrosos crecimientos que registramos en el sector de invierno el año pasado. Parece que hemos olvidado el síndrome de estampida que experimentó el turismo de esquí tras cerca de dos años sin acceder a las pistas debido a la pandemia y cuyos efectos de «liberación» o de «tirar la casa por la ventana», vaya usted a saber, se ha mantenido hasta este mismo verano.

Para la mayoría de los ahorros que las familias consiguieron durante la Pandemia no había un mejor destino que el de aliviar esa sensación de encierro y de carencia de movilidad que tan poco tiene que ver con el carácter aventurero y relacional de la mayoría de los habitantes del primer mundo.

Pues bien, os traslado las reflexiones en voz alta que he compartido con mi amigo ya que lógicamente no tendremos datos empíricos hasta que esto haya pasado y eso ocurrirá, coincidiendo con el cierre del último trimestre.

En primer lugar está la inflación, que no solo es un buen tema para abrir telediarios, sino que afecta directamente a los precios y por lo tanto al conjunto de la actividad económica. Si bien es cierto que está por ver si acabará por ser el preludio de una recesión, lo que es innegable es que encarece los costes, y frente a esto los empresarios o bien reducen sus márgenes o bien tienen que incrementar los precios. Es decir tienen que escoger entre perder competitividad o rentabilidad. Esa no deja de ser una decisión estratégica al que todo empresario ha tenido que hacer frente el algún momento, así que diríamos que es hasta fácil. Lo que sospechamos algunos, sobretodo después de la subida de tipos de interés, es que el verdadero objetivo no es otro que el de contraer la economía de la zona Euro a un consumo más sostenible por aquello de que hay que hacer frente a los efectos de la guerra. Y claro, cuando el objetivo es apretar el bolsillo de todos los europeos por igual, el ocio en general y el turismo en particular es una de las primeras cosas que se resienten.

Hablando del tema de la guerra, los efectos por la desaparición del mercado ruso en algunos lugares de costa ha sido casi inapreciable gracias al mercado nacional y el de proximidad, principalmente el francés. Pero los presidentes de ambos países ya han advertido del duro invierno que tenemos por delante, por lo que no parece muy razonable pensar que este fenómeno vaya a producirse una segunda vez y menos en invierno.

En un lugar como el Valle de Arán, al que considero como un pequeño laboratorio de tendencias con un cliente perteneciente mayoritariamente a un segmento medio o medio-alto, el aumento de las ocupaciones ha sido lineal en los meses entre enero y julio. Sin embargo, en agosto se estancaron por debajo del año pasado y actualmente se está produciendo un cambio de tendencia que hace que en los meses de otoño e invierno se haya producido cierta desaceleración, a pesar de ir precisamente hacia su temporada alta. Algo que indica que después de las alegrías de verano el consumidor está empezando a mirar su bolsillo con más cuidado y probablemente no esté dispuesto a pagar cualquier precio tal como ha venido haciendo hasta finales del verano.

Pero para que no se diga que en esta crisis no vemos una oportunidad… Si algo bueno puede tener la actual situación en el plano de la demanda, es que la depreciación del euro frente al dólar puede hacer que nuestro país resulte más atractivo para los estadounidenses, sobretodo ahora que han declarado oficialmente el fin de la pandemia. De manera que los amantes de pasar los inviernos en las Rocosas, quizás se lo replanteen este año y opten por algún destino nacional, menos glamouroso, pero que duda cabe que más cercano y acogedor.

Otro tema que no es menor para el empresario de cara a los próximos meses tiene que ver con la dificultad para encontrar al personal que debe formar sus equipos. Algo que si bien no creo que sea tan crítico como el último invierno, desde luego no parece que se haya solucionado. Y es que al problema de la masiva fuga de talento y el enorme coste que tiene para las empresas la pérdida de capital humano formado, se ha unido una campaña estresante especialmente en la costa y las islas que hace que los trabajadores ansíen aún más que antes cambios sustanciales en sus condiciones laborales. Y esto, a falta de una mayor dignificación del sector, se traduce directamente en un mayor coste de la partida de sueldos y salarios en la cuenta de explotación de cualquier negocio.

Por cierto, del tema de los suministros, y del papel de las empresas de distribución. Mejor ni hablamos.


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La crisis que se avecina, la gran oportunidad para la revolución cultural.

En plena fiebre por “graduarnos” en esto de la sostenibilidad, en el sector turístico al menos, no dejamos de asistir a debates entre aquellos que la defienden acaloradamente y los que directamente tiran de tópicos para desistir en el intento.  Vivir en un país que merezca de verdad una etiqueta de sostenible, o al menos aspire a ella, no requiere de nosotros que volvamos a la época de las cavernas, pero desde luego nos exige un cambio de mentalidad y de modelo de bienestar que muy pocos se han planteado.

Seamos claros. Por muchas medidas que hayamos tomado para reducir la huella de carbono, son muy pocos los que entienden que eso no son más que los gestos mínimos que hay que hacer para iniciar el proceso de sostenibilidad de cualquier actividad. La mayoría de nosotros le estamos pidiendo a nuestros gobiernos que le den la vuelta al calcetín cuando nosotros no estamos dispuestos a realizar más que pequeños cambios en nuestra vida.

Pondré dos ejemplos fruto de dos datos que me llamaron poderosamente la atención tras mi visita a Costa Rica, uno de esos países que se acercan bastante y del que ya os hablé en un post anterior. 

El primero hace referencia a la convivencia con la fauna salvaje. Según palabras de un guía del Parque Nacional de Tortuguero, la vuelta del jaguar a esta zona ha hecho que hayan desaparecido siete perros de dicha la localidad en el último año fruto de los ataques de este animal. Si en muchas de nuestras zonas rurales nos escandalizamos cuando algún depredador ataca al ganado, no me quiero imaginar lo que podría pasar si los sorprendiéramos entrando en nuestras localidades. Pongámonos por un momento en su lugar, ¿Te imaginas que tu mascota desapareciese de tu jardín una noche cualquiera…? Porque la tendencia es pensar que atacan a pequeños animales desprotegidos de zonas remotas, pero la red está llena de videos de estos animales saltando verjas o persiguiéndolas por las calles. Aunque, dicho sea de paso, la realidad es que en los últimos años tan solo se hayan registrado tres ataques a humanos en toda Centroamérica.

Otro dato que te resultará mucho más cercano tiene que ver con la ingesta de carne. Si, esa de la que ya ha hablado algún ministro y ha acabado por banalizar el propio presidente del gobierno. Sin entrar en cómo les gusta la carne a ninguno de ellos, lo que si es una realidad es que la ingesta de carne en el país Tico es, según CORFOGA, la principal corporación ganadera del país, de 13.25 Kg anuales por habitante, 7.75 menos que los que recomienda la OMS que sitúa esta cifra en 21 Kg. En España según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, superamos los 50 Kg, y, por si fuera poco una tercera parte de ella es procesada. Si, la mayoría deberíamos plantearnos algo más que un ligero cambio en nuestra dieta.

A raíz de esto, yo también me hecho la misma pregunta, ¿significa que debemos adoptar el nivel de vida de Costa Rica?

Lo primero que se me ocurre es ir a comparar los últimos datos de la OCDE aportados a través de su Better Live Index. Algunos de los más significativos, son los siguientes;

ESPAÑACOSTA RICA
Ingreso familiar disponible per cápita,27155 USD16517 USD
Personas de 15 a 64 años con empleo remunerado62%55%
Empleados con horario de trabajo considerado muy largo2%22%
Adultos de 25 a 64 años con educación media superior63%43%
Esperanza de vida84 años81 años
Satisfacción general ante la vida (sobre 10)6,56,3

Viendo esto no parece que sea un buen negocio, al menos para los españoles, aunque Costa Rica figure entre los tres mejores países para jubilarse recomendados por la revista International Living, que recoge datos como el coste de la vida, la gobernanza, los beneficios para jubilados, el clima o la atención médica entre otros.

Sin embargo, está claro que acercarnos a niveles de equilibrio entre naturaleza y civilización semejantes implicaría apretar el botón rojo de la desaceleración y ya sabemos que todo lo que no sea crecer en el primer mundo, significa romper con cualquier lógica del funcionamiento socioeconómico. Algo para lo que el mundo desarrollado no está preparado ya que, paradójicamente, ni siquiera tiene conciencia de ello. Nuestra única esperanza es que las próximas generaciones sean capaces de entender mejor que nosotros esta urgencia y desarrollen un ideario de vida mucho más racional.    

El colapso climático en forma de tsunami arrasando las grandes ciudades del primer mundo todavía nos resulta excesivamente cinematográfico y lejos de la realidad. Pero si entendemos por colapso las consecuencias de la falta de energía y otros recursos básicos, así como la completa incapacidad de los gobiernos para satisfacer las necesidades de la población. A estas alturas ya no hay ciudadano europeo al que no le parezca un escenario más verosímil. Y aunque muchos aseguren que este “bache” solo se debe a la guerra de Ucrania, mi sensación es que se va a abrir un nuevo orden mundial y en nuestro caso, una oportunidad para una auténtica revolución cultural. Si como auguran algunas fuentes económicas los españoles seremos entre un 15% y un 20% más pobres en el 2024, fruto de ese decrecimiento impuesto a golpe de inflación, ¿Por qué no aprovecharlo para construir un nuevo imaginario colectivo donde el ideal sea una vida más austera y a la vez más consciente?

Que no se asuste nadie. Una vida austera, pero a la vez estimulante, más placentera y como digo, consciente. Donde nos demos tiempo para parar de vez en cuando y valorar las relaciones interpersonales y no solo recurramos a la meditación como un producto más del esnobismo. Donde le demos un papel más relevante a la salud, el deporte o simplemente el juego como herramienta de sociabilización y bienestar, donde la buena alimentación adquiera categoría de asignatura troncal en los colegios, donde se premie la creatividad y la cultura en cualquiera de sus formas y donde la tecnología se ponga al servicio de la calidad de vida con mayúsculas.

¿Utópico…?. Quizás. Pero el que tenga una idea mejor, le sugiero que no tarde demasiado en compartirla. A mi aún me acompañan las imágenes de una naturaleza recuperándose de manera milagrosa en cuanto nos encerramos en casa, y sin llegar a esos extremos. ¿No seria hora de aliviar un poquito esa presión?

Buscando dar respuesta a algunas de las propuestas que acabo de escribir, a mi se me han ocurrido un par de ideas para avanzar en ese camino, prometo compartirlas en el próximo post.


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Cosas que (debería) aprender de la penúltima crisis turística… (II)

En los distintos foros empezamos a escuchar conceptos que aunque no eran nuevos desde luego no tenían, hasta hace unos días, ni la importancia ni la presencia que ahora se les adivina dentro de nuestro sector. En pocos días nos hemos familiarizado con conceptos legislativos, de márqueting, tecnológicos e incluso sanitarios que antes no formaban parte de nuestro vocabulario. Conceptos como ERTE, low touch economy, hibernación, zoom, human centry, e incluso el cacareado distanciamiento social, aparecen a diario en todos los medios de comunicación. A pesar de que ahora mismo, nadie tiene muy claro cual va a ser su grado de influencia en nuestra sociedad en adelante. 

En el sentido más estricto del término el  aprendizaje se define como » el proceso a través del cual el ser humano adquiere o modifica habilidades, destrezas, conocimientos o conductas, fruto de la experiencia directa, el estudio, la observación, el razonamiento o la instrucción». En definitiva, se trata de aprovechar nuestras experiencias para adaptarnos a nuevas situaciones. Por eso, y a pesar de la máxima que dice que seria suficiente con aprender una sola cosa en nuestra vida para darle sentido, mis verdaderos deseos de aprendizaje, lejos de seguir incrementando el glosario personal con nuevos tecnicismos y  dado el tremendo sacrificio al que parece nos está abocando la actual situación, serian los siguientes:

  • El éxito de una nueva forma de liderazgo. Basada en el ya mencionado human centry y en los éxitos compartidos en lugar de los individuales. En la revalorización de la figura del experto capaz de ofrecer una visión de mejora colectiva por encima de cualquier interés particular. Solo así se me ocurre que podremos hacer frente a los verdaderos problemas que genera nuestro actual ritmo de vida.
  • Reordenar con éxito nuestros valores personales. Ya hemos visto que no es tan difícil dejar de lado nuestros intereses particulares para enfocaros en los colectivos. Pero además este último encierro nos ha enseñado a valorar, la creatividad, la positividad, la importancia de dar ejemplo y ser congruentes, la de estar conectados con los demás, nuestra capacidad de adaptación, el coraje, la capacidad analítica fruto de nuestra propia curiosidad. Y muy probablemente, y para mí la más importante, a hacernos a partir de ahora las preguntas correctas sobre nosotros mismos y lo que nos envuelve. Los valores deberían ser a partir de ahora y más que nunca, un apartado al mismo nivel que nuestras competencias.
  • La seguridad total, no existe. En lineas generales el ser humano le gusta disfrutar de una capacidad de elección relativa para sentirse seguro, pero es que además en los últimos años necesitábamos disponer de ella de manera inmediata y cómoda. Muy probablemente cuando termine la actual situación de confinamiento deberemos convivir con una seguridad aparente más que una real y para esto va a ser necesario reeducarse en muchos aspectos para ser capaces de perseguir de nuevo nuestra propia felicidad. La flexibilidad y la polivalencia van a ser dos de las herramientas de las que ya no podremos desprendernos. Y entender que el planeta está compuesto por seres interdependientes debería elevarse al rango de nueva ley interplanetaria.

aprendizaje y mundo

  • Que el éxito social se mida de forma diferente. A ver si definitivamente exigimos que se haga en base al compromiso, la honestidad y la capacidad que tengamos de empatizar y de inspirar a los demás. Poniendo en el centro aspectos como la corresponsabilidad nacida de un liderazgo personal bien entendido. En resumidas cuentas se trata de perder parte de nuestra soberbia para ganar algo de humildad.
  • La globalización debería ser humanizada. Soy de los que están plenamente convencido de que tiene cosas buenas y  que son la clave para reconstruir el futuro. Esta claro que también ha generado sus problemas, como  la actual dimensión de esta crisis, pero sin duda también nos facilita la coordinación necesaria para salir de la mejor manera. La globalización favorece la dispersión de los centros de poder y por tanto facilita una visión más universal de los problemas. Facilita el reparto de los recursos allí donde de verdad se necesitan. Permite poner en contacto de manera simultanea a expertos de todo el mundo en tiempo real para poder hacer frente a cualquier problema. Incluso la propia tecnología nos ha permitido estar en contacto y humanizar nuestro aislamiento. Como en tantos casos, el peligro no es la herramienta, sino el uso que hagamos de ella.
  • La naturaleza es nuestra primera piel y como tal debería ser tratada. Ahora ya no quedan dudas sobre la importancia de conservar la biodiversidad. Reducirla, por poco que sea, hace que la naturaleza y sus leyes, funcionen peor. En realidad además de proveernos de recursos se trata de una barrera que nos protege de la carga vírica que podemos llegar a sufrir. El estrés que provocamos sobre la naturaleza, al igual que el que sufrimos los humanos, reduce las defensas naturales y aumenta la carga de patógenos. La biología, la sociología la medicina, y por supuesto la economía, deben ponerse de acuerdo para reescribir los pilares de nuestra especie. Y no se puede prescindir de ninguno de ellas.

En el fondo la impresión personal que me queda es que el futuro, vayan ustedes a saber porque, se nos ha adelantado con la exigencia de construir un mundo nuevo y que nuestro éxito como especie va a depender en gran medida de como lo construyamos. Esto no se va a tratar de construir uno de esos catastróficos y deprimentes  mundos que se escenifican en las novelas de ciencia ficción, sino de establecer una sociedad del bienestar más sostenible, viable  y equilibrada a partir de mañana. Y ojalá además, que esta  nos permita seguir haciendo la mayor cantidad de turismo posible. Como un necesario elemento de intercambio, entendimiento y protección de nuestra diversidad  intercultural.

 


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Cosas que (debería) aprender de la penúltima crisis turística… (I)

Las primeras noticias sobre la actual crisis nos sorprendieron empezando una de las mejores temporadas turísticas de la historia, con un mes de enero espectacular y con unas inmejorables expectativas para el primer trimestre del año.

Por eso, con las primeras noticias de la posible crisis que empezaba a aflorar en China, un servidor fue de los que pensó que esta sería la enésima circunstancia a la que hacer frente en un sector en el que desde que me incorporé allá por los años 90, las diferentes crisis que nos han afectado, incluida la del 2008, sonaban más a la consabida canción del verano que al ruido de sables que finalmente nos vemos obligados a afrontar.

Se que a toro pasado esto puede parecer frívolo, pero no me avergüenza reconocer que un virus con una mortaldad de un 0.06% a 9000 km. de distancia me pareció bastante menos amenazador que uno con una tasa de casi el 70% a 4000 km.  Aquel año del ébola, en 2014, nuestro país recibió 65 millones de turistas, el mayor aumento en los 14 años precedentes. Desde luego en Enero de este año, la situación parecía mucho menos peligrosa que la que planteaban la crisis económica del 93, o los cambios geopolíticos que hemos venido viviendo hasta la consolidación de la globalización y su estallido en la crisis del 2008. Donde por cierto, fué el turismo el que se alzó con el título de la locomotora que nos sacó de una situación a todas luces crítica.

Hace escasamente un mes estábamos centrados en una superioridad sobre las circunstancias, los elementos y con la única obsesión de ser la mejor versión de nosotros mismos. Nos habíamos llegado a convencer de que con la formación, el trabajo, la dedicación, y unas ciertas dosis de pasión. No había crisis que no se pudiera salvar.  Con nuevos productos y formas de turismo nacidas de la primera crisis, muy consolidadas ya; y con empresas con estructuras de costes fijos más ligeras, con balances más sólidos,  y mucho más líquidas y saneadas que en el 2008. La única pregunta que nos hacíamos en serio, es si valía la pena volver a batir el récord de turistas o apostábamos decididamente por conseguir uno que dejase mayores ingresos.

Por eso a diferencia de en otras ocasiones, no lo vimos venir. Y por eso, esta vez, me parece indispensable escribir lo que a mi modo de ver debería aprender definitivamente de esta crisis.

  • El turismo no es una necesidad indispensable. Y teniendo en cuenta mi vocación conste que he renegado de esta idea insistentemente. Pero de hecho se está demostrando que ninguna nueva actividad económica desarrollada en los últimos 2000 años lo es realmente. Frente a un problema vital, en que la humanidad se enfrenta a un peligro en el que necesita de una conciencia de especie amenazada para resolverlo, el resultado de momento es que la parte social es la que pasa por encima de la económica. La organiza, la paraliza, y redistribuye un poder que jamás debían haber perdido ni la ciencia y ni el conocimiento.
  • El ser humano es más vulnerable de lo que el mismo sospechaba.  Resulta que de pronto nos hemos dado cuenta de la importancia de la ciencia para la humanidad. Que de pronto somos más solidarios y que en la soledad de nuestras casas hemos descubierto lo mejor, y en algún caso lo peor, de nuestros vecinos. Según el filósofo Javier Gómez, el individuo en sí es débil y la solidaridad es una forma de fortalecernos gracias a la socialización que lleva implícita. Una prueba de ello es que la inmensa mayoría de empresas están pensando en como vencerán el miedo inicial y conseguirán aportarnos seguridad ya que  la inmensa mayoría no seremos capaces de gestionar correctamente nuestras emociones. En definitiva el común denominador de las campañas de comunicación de casi todas las empresas es transmitirnos seguridad, ya que vamos a necesitar tener la sensación de que alguien vela por nosotros mismos.

periodico el mundo esta cambiando

  • Hay que estar preparado para lo inesperado siempre. Esto no significa que te construyas un bunker en el jardín y lo llenes de latas de comida. Se trata más bien de armarte con todas aquellas herramientas que en un momento puedan fortalecer tu resiliencia. Tanto a nivel personal como profesional. La vieja táctica de hacer girar la rueda ya no es una opción porque ha quedado demostrado que otros pueden detenerla en seco por tí.
  • La humanidad pedía a gritos un nuevo renacimiento y el individuo seguía a lo suyo. Entendiendo la humanidad con el significado más filantrópico del término y como portador de los mejores atributos de nuestra especie. Hace tiempo que empezábamos a ser conscientes de que los grandes problemas que nos amenazan como especie no estaban siendo abordados, el cambio climático, las crisis sanitarias o la desigualdad social. Y sin embargo la mayoría no tomábamos una actitud lo suficientemente activa frente a estos temas, escudados en nuestras obligaciones diarias. Y no, desengañémonos,  viralizarlos no era ni es suficiente.
  • Es posible detener el mundo tal como lo conocíamos y encima eso es beneficioso para el planeta y para nosotros mismos. Una de las imágenes más impactantes que nos deja esta crisis es lo diferente que se ve el planeta y la atmósfera una vez hemos detenido la producción en masa de diversos países. Desde las imágenes de fauna salvaje merodeando por zonas urbanas, hasta los bajos niveles de contaminación de algunas aguas y los saludables índices de la calidad del aire en algunas ciudades, nos demuestran que no era tan difícil alcanzar algunas de las recomendaciones que se venían haciendo en las cumbres por la sostenibilidad del planeta que se habían celebrando hasta la fecha.
  • Muy pocos estaban preparado realmente para hacer frente a una disrupción en mayúsculas. La tecnología ya existía pero aún así nadie pensaba en aplicarla realmente. Lo más extraño de esto es la cantidad de gente a la que le cuesta aceptar que deberíamos aprovechar para realizar cambios sustanciales en nuestras vidas. A pesar de que hay muchas personas intentando adivinar como se comportará este o aquel sector cuando acabe el confinamiento, la mayoría están centrados en pensar como adaptarán lo que se venia haciendo hasta la fecha pero teniendo en cuenta las nuevas normas que, por supuesto, esperamos nos sean impuestas. Son pocos los que se planteaban realmente reinventar el futuro, y por supuesto, muchos menos los que estaban preparados para ello.

Hay más reflexiones relacionadas aquí.

 


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Volver más fuertes…, o más valientes. Reflexiones que nos deja el Covid-19

De todos los mensajes que se pueden leer estos días hay uno que se repite de manera recurrente a modo de mantra motivacional que no deja de parecerme un tanto inquietante.  Se trata del famoso «volveremos con más fuerza…».

Entiendo el mensaje de esperanza que se esconde detrás del mismo, sobretodo teniendo en cuenta la cantidad de miedos e incertidumbre que se está generando, así como el dolor y sufrimiento que está provocando en aquellas familias afectadas por la enfermedad o aquellas cuya situación económica es, o se volverá más precaria en los próximos meses.

Sin embargo cada vez que lo leo me pregunto lo mismo. Con más fuerza… ¿para que…?

¿ Acaso no es la ambición desmedida y el crecimiento insostenible parte del problema que nos han llevado hasta aquí?. ¿No es esa visión de un mundo global hipercompetitivo y superconectado  lo que de verdad está amenazado…?  ¿No será que de lo que se trata en realidad es de volver más reflexivos, más empáticos, más solidarios. En definitiva menos egoístas y esclavos de nuestro «progreso…»?

La crisis del Covid-19 está cambiando nuestra percepción del estado del bienestar y nuestra falsa sensación de seguridad de una manera tan simple como despiadada. El miedo se ha convertido en la gran arma de destrucción masiva capaz de presionar gobiernos, detener intereses multinacionales y paralizar la famosa economía de la globalización. Ironía del destino, resulta que en plena época de la universalización del comercio, ha quedado demostrado que  sin el supermercado, en muchos casos el pequeño supermercado,  de barrio. No subsistimos.

No es la única paradoja que desnuda la actual crisis sanitaria. El mundo de ricos y pobres,  de norte y sur que hemos construido, está siendo barrido de manera transversal por un virus que no conoce de clases ni de creencias. Hay quién ya ve una ley del karma interplanetaria que nos advierte sobre el escaso valor que la humanidad en general, le da al tiempo al que ya solo medimos en concepto de productividad. O a las relaciones entre semejantes, ahora limitadas a unos prudenciales dos metros de distancia. Resulta que a una sociedad construida sobre el individualismo y el éxito personal, se le está imponiendo como única cura posible la responsabilidad, la solidaridad y la aceptación implícita de que pertenecemos a un colectivo mayor y que la corresponsabilidad que ejerzamos y otros ejerzan hacia nosotros,  es la única terapia conocida a falta de que se encuentre una cura.

Se trata de poner en su justo valor todos aquellas logros que nos hemos concedido gracias al avance tecnológico, en lugar de convertirlos en simples objetos de consumo. Tenemos la comunicación garantizada. Pero no podemos disponer del último móvil del mercado de forma inmediata y nos da la sensación de que no podremos comunicarnos.

Lo triste es que ha causado más malestar la visión extendida de no poder hacer lo que se nos antoja, que la propia vida humana. Porque no nos engañemos. Si fuese por la vida, en mayúsculas, hubiéramos reaccionado frente a las pandemias que han venido asolando África desde hace años. Si fuese por las especies que extinguimos a diario, hubiéramos clamado contra la tala de bosques o la caza de ballenas. Si fuese por el planeta hubiéramos reaccionado en masa ante la contaminación de los océanos o la desforestación del amazonas.

Pero seamos honestos, para todo eso, la mayoría teníamos una rutina inaplazable con la que cumplir.

Uno tiene la sensación de que nada será como antes, más bien, nada debería ser como antes. Deberíamos cambiar el concepto de «más fuerte…», por el de volver siendo la mejor versión posible de nosotros mismos. Esa debería ser, de ahora en adelante, nuestra principal obsesión.

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En el sector turístico se ha parado un todo, el 100% de uno de los principales motores del PIB, con un 15% del empleo y un 14% de la producción dependiendo de él. La locomotora que nos sacó de la pasada crisis, está seriamente amenazada y tan solo mantiene equipos de retén a la espera de volver a la actividad a la más mínima ocasión. Después de la orden ministerial  257/2020 del pasado 19 de marzo, su capacidad de generar  riqueza ha quedado relegada a la incierta  capacidad de la hostelería para elaborar «comida a domicilio».

Me pregunto sino estamos en manos de una oligarquía tan ciega como grotesca, tan incapaz para entender la magnitud de la tragedia como negligente en la gestión de las soluciones.

Si haces lo mismo, obtienes lo mismo. Es una máxima por todo el mundo aceptada que admite poca discusión. Y sin embargo hemos vuelto a recurrir a un capital que habrá que devolver o restituir vía impuestos, ya que el principal avalista es el estado. Hasta ahí un daño colateral aceptable teniendo en cuenta lo que se juega la sociedad Española. Pero lo peor es que a fecha de hoy, a parte de poner de manifiesto diferencias entre ministerios, los avales siguen bloqueados, ninguna empresa ha podido acogerse aún a las prometidas medidas y estas  tienen una materialización  y un destino  inciertos.  Lo diré de otro modo, a la vista está que sin el beneplácito de nuestros queridos socios – acreedores en este país no tenemos ni para mascarillas.

En su día pensé que la famosa crisis de consumo en la que derivamos en 2008 hubiera sido mucho más llevadera para las familias si se les hubieran inyectado los 65.000 millones que finalmente fagocitó masivamente la banca. Por aquel entonces nos convencieron de que se trataba del corazón y el riego sanguíneo del sistema. Pues bien, el sistema ha entrado, o está a punto de hacerlo, en un absoluto colapso  y los cuidados paliativos deberían ir destinados a aliviar a los trabajadores y autónomos afectados durante los próximos dos o tres meses. Su pérdida de poder adquisitivo puede ser un golpe mortal especialmente  para el sector servicios del que vivimos mayoritariamente en este país. El binomio dinero-tiempo, tan necesario para que la industria turística funcione está siendo, en el mejor de los casos, consumido como moneda de cambio para poder mantener el puesto de trabajo. A la mayoría de los trabajadores o les están dando vacaciones sin movilidad, o los incluyen en un plan de regulación de empleo.

La receta para hacer frente a lo que se avecina no parece ser del gusto de todos. Se estima que en España hay unos 20 millones de personas ocupadas. Garantizar sus nóminas e ingresos durante los próximos dos o tres meses, evitar así la necesidad de realizar los ERTE´s por parte de las empresas, contribuir al ahorro de una parte de sus nóminas fruto de la inmovilidad provocada por el confinamiento decretado. A esto añádanle la moratoria del pago de determinados servicios básicos como agua, luz, hipotecas, alquileres etc…

 Son un paquete de medidas que se me antojan, sin lugar a dudas, como un punto de partida mucho más favorable para iniciar el ascenso de la cacareada recuperación en V. Y calculadora en mano, además cabe la posibilidad de que nos salga más barato.

¿Una locura?.  Después del discurso a la nación del presidente de  El Salvador Nayib Bukele, con una batería de medidas entre las que incluía un bonus de gratificación a los equipos sanitarios de 150$,  medidas de control del precio de productos básicos para evitar la especulación y la inflación mientras dure la crisis. La suspensión además, de la deuda energética y de los créditos al consumo  por un periodo de tres meses, y el prorrateo de las obligaciones derivadas de alquileres e hipotecas en su país a lo largo de la vida de los contratos con un mínimo de dos años. Cualquier cosa que me recuerde a viejas soluciones ya aplicadas me parece más descabellada.

Habrá que ver, al final, quién estaba más cerca de la solución y de conseguir la victoria económica y social frente a una crisis que no solo era sanitaria.  Si los fuertes,  o los valientes…


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¿Conoces a alguien…? La temida pregunta del verano.

La falta de mano de obra para cubrir los puestos de trabajo empieza a ser un problema recurrente para los gestores de empresas de servicios.  Pero desde hace ya unos años, el problema se acrecenta cada vez que se acerca la temporada de verano en la práctica totalidad de los destinos turísticos.

A los motivos intrínsecos a la actividad, principalmente en el caso de la hostelería, que no la convierten precisamente en una profesión de las más demandadas en los planes de estudio de los jóvenes. Le ha salido además la imposibilidad de conseguir remuneraciones que permitan compensar tales esfuerzos. Y es que hasta ahora, los inconvenientes producidos por la dureza de los horarios de trabajo, la ausencia de fines de semana o festivos con que conciliar mínimamente la vida familiar, o el propio desgaste que genera la constante atención al cliente, se veían mayoritariamente sufragados en el momento de recibir la nómina a final de mes.

Por cierto, si alguien piensa que esto es una exageración debería saber que la OMS ya ha reconocido como enfermedad el coloquial «burnout», es decir el síndrome del desgaste profesional. Y que ninguna de las situaciones anteriores ayudan a mitigarla.

Que no se entienda mal. Desde luego, nadie esta a favor de plantear un marco donde se fomenten los abusos ni la picaresca para defraudar al fisco. Y aunque seguramente todos hemos oído hablar de casos en este sentido, queda claro que este tipo de prácticas están muy lejos de la mayoría de empresarios responsables que forman parte del tejido empresarial turístico de este país.

De lo que se trata es de acompañar la nueva normativa con la posibilidad de aumentar en determinados casos ese numero de horas dentro del marco de determinados convenios colectivos. La actual regulación que acota aún más la posibilidad de poder realizar ese  máximo de 80 horas extras, ya ha dado al traste con el interés de muchos trabajadores de temporada que cuentan con ese sobre-ingreso para poder volver a sus casas con un colchón económico suficiente con que pasar los meses de inactividad hasta la próxima temporada dado que en sus lugares de residencia no existen ofertas de trabajo suficientes. Aclaro. Sencillamente no existen.  Ni estas,  ni otras.

Dicho de otro modo, con la posibilidad de ingresar por un importe aproximado de 2 semanas más de trabajo (80 hrs) no se sostienen familias durante los 4 o 5 meses restantes, en el mejor de los casos.

El boom de las VUT tampoco ayuda a crear oportunidades reales para ganarse la vida. Los precios de algunos apartamentos ocupados tradicionalmente por trabajadores han llegado a triplicar sus precios. Y el colmo del surrealismo, se produce en aquellos complejos donde el propio empresario ha puesto a la venta alojamientos que antes destinaba como habitaciones para albergar a sus empleados. Es el caso de algunos negocios ubicados en auténticos «prime line» que ahora confían en que sus plantillas se puedan costear algo cuatro calles más arriba…

Con este panorama no es de extrañar que la búsqueda de personal en algunos lugares este llegando a enfrentar a los propios empresarios, ya que muchos trabajadores «sacrifican» su lealtad por pura necesidad.

camareros

En esta tesitura sorprende que el grabe problema de la falta de mano de obra no entre como una prioridad básica en los planes estratégicos de desarrollo turístico de las comunidades autónomas o del gobierno.

En el caso de las primeras recordemos que tanto turismo, como educación y empleo son materias traspasadas a cada una de ellas. Y entre las tres conforman un trípode perfecto en el que apoyar las bases de una política seria que facilite la incorporación de cualquier tipo de colectivo al mercado laboral.

Ya sabemos que el sector sufre de la estacionalidad como una auténtica espada de Damocles, pero precisamente por eso, no tiene mucho sentido perpetuarse en los planes de estudio que no faciliten la incorporación al mercado laboral de los más jóvenes, o las prácticas de empresa de una manera más decidida y útil para el trabajador y el empresario, por ejemplo.

En el plano de la ocupación, lo más parecido que se ha hecho para ayudar al sector fue precisamente reconvertir a trabajadores provenientes de una construcción en crisis, en personal para la hostelería. Aumentando así el carácter de sector refugio de empleo. Pero sin darle continuidad con una apuesta clara por la calidad y especialización de sus profesionales. Y por supuesto sin planes de ayuda tal como ocurre en otros sectores como la agricultura, la automoción o en su momento el ya mencionado de la construcción, que llegó incluso a disponer de fondos europeos para ello.

Con este escenario no es de extrañar que buena parte del sector esté esperando que la robótica irrumpa de manera efectiva como la gran solución a los problemas de la mano de obra actuales.  Mi opinión es que el trabajador de la hostelería tal como lo conocemos actualmente va camino de desaparecer, y paradójicamente, no por la irrupción de nuevas tecnologías y hábitos de consumo, que también… Sino sobretodo, por la problemática que plantea su dependencia y escasez en momentos determinados de la temporada.

En su lugar, serán aquellas personas con una marcada vocación, capaces de trasmitir emociones, historias y de empatizar de manera natural con los clientes y sus propios compañeros,  los que a la postre,  formarán parte de esta industria turística.

Harán bien los empresarios en empezar a buscar entre sus plantillas a personas que reúnan este tipo de valores, en especial  la de adaptación al cambio, para ganar competitividad en un futuro próximo. Y abstenerse, de la tentación de aplicar políticas cortoplacistas enfocadas a valorar a los trabajadores sola y exclusivamente por su peso en una cuenta de explotación.

Pero de momento y hasta que llegue ese día. Urge, de manera casi agónica, una mayor profesionalización de los empleados del sector, y no precisamente elitista, sino centrada especialmente en aquellos que ocupan puestos base en nuestras organizaciones, como una de las pocas medidas para aumentar la rentabilidad de sus puestos y porque no,  su remuneración.

 

 

 

 


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EL PACTO INSTITUCIONAL La primera piedra de los destinos turísticos de éxito.

En política. Cuando una medida tiene sentido, es necesaria y beneficiosa para la población y es susceptible de acuerdo entre diversas partes, aparece una figura destinada a vertebrar las principales lineas en relación a dicho tema, llamado pacto institucional. En turismo si no eres capaz de involucrar, además, a entidades sociales y empresariales. Probablemente no consigas nada.

Creo que es fundamental recordar que el turismo como tal es una actividad económica cuya transversalidad y complejidad, hace que esta no alcance a desarrollarse con éxito si depende exclusivamente de la iniciativa pública o de la privada.

Los destinos con más éxito, normalmente tienen recogida de alguna manera esa relación de complicidad y confianza en la médula de sus patronatos, en muchos casos a un nivel incluso estatutario.

Cuando este consenso se rompe, aparecen indefectiblemente, muchos de los problemas relacionados con el sector a los que estamos asistiendo en la actualidad. Partidos intentando sacar rédito político, gremios profesionales enfrentados entre si, asociaciones vecinales manifestándose en la vía pública,… ¿Nos suena, verdad?.

Vale, ¿ Y esto como se arregla…?

Probablemente toque desandar parte del camino y volver a empezar, agradeciendo claro, aquellas cosas que aprendidos e hicimos bien. Pero en mi opinión, si formas parte de alguna administración. Estos son los principales puntos a cuidar desde el punto de vista de la gestión del cualquier proyecto

1.- Volver a definir el objetivo. 

Es momento de revisar en que punto nos encontramos, quizás nuestro rol de la gestión principal ha cambiado, y nos encontramos inmersos en una dinámica rutinaria de por ejemplo, promoción turística constante.  Cuando la realidad es que nuestra región demanda mayor esfuerzo en mejora de servicios e infraestructuras, o bien una especialización del producto o incluso planificar nuevas regulaciones.

2.- Encontrar el liderazgo necesario.

Existe la tentación de ponerse al frente de la «renovación turística» del municipio. Es comprensible, sobretodo cuando parte de la reconstrucción se hace con los recursos de los que uno tiene que rendir cuentas. Además es una buena manera de ganar protagonismo y cierta popularidad. Si tienes esa tentación por favor, recuerda el dicho que dice que para llegar lejos debes viajar acompañado. Para crear un proyecto que perdure en el tiempo es mejor compartir parte del protagonismo con entidades civiles y profesionales.

3.- Mejorar la coordinación entre las distintas instituciones.

Es imprescindible ponerse de acuerdo y evitar una competencia entre ellas que complique las cosas tanto a profesionales como a turistas. Ya sabemos que cada administración tiene su cuota de poder o responsabilidad sobre diversos temas. Pero lo último que uno espera es que esto, en lugar de ser fruto de una decisión estratégica para mejorar la gestión de lo público. Se convierta en una excusa para repartir las demandas de los administrados de ventanilla en ventanilla.

pareja de turistas

4.- Recuperar la confianza del sector privado.

Es cierto que la corrupción y el partidismo han hecho mucho daño. También comparto la idea de que buena parte de la iniciativa privada solo se acuerda del papel de las administraciones para pedir bajadas de impuestos, y que ignoran deliberadamente todos los esfuerzos que esta realiza en mejoras de infraestructuras, limpieza, sanidad, seguridad y un sinfín de materias que son básicas para el éxito de un destino. Pero se trata precisamente de ponerlas en valor de la mano del propio sector y aprovechar sus iniciativas y conocimiento para crear una sinergia integradora.

5.- Potenciar el asociacionismo activo y en linea con la mejora del destino.

Tanto el de origen empresarial como el civil. Esto no significa que no haya que ayudar al que aporte otro tipo de inquietudes. Lo que significa es que algunas iniciativas propias del asociacionismo no están al alcance de la administración y no tienen interés para las empresas debido a su escasa rentabilidad. Sin embargo es importante estar atento para apoyarlas, ya que algunas han acabado convirtiéndose en atractivos turísticos de primer orden.

6.- No contribuir a generar más estrés dentro del sector y de la propia población.

Parece difícil, ¿verdad?. Sin embargo los gremios y  asociaciones empresariales reciben a diario consultas en relación a como actuar frente a regulaciones y acciones inspectoras de la administración, a menudo, incomprensibles incluso para los funcionarios que tienen que llevarlas a cabo.

7.- Recuperar la formación y la información como elemento clave entre la población. 

Todos somos en algún momento agentes turísticos, desde la señora que vende el pan hasta el funcionario que patrulla por una calle. El problema es que a menudo nadie se lo ha dicho, y claro, eso de por si ya genera cierta tensión frente a determinados comportamientos. Si además hemos impuesto un determinado modelo turístico sin ningún tipo de consenso entre la ciudadanía, el conflicto está servido.

8.- Colaborar en la elaboración del modelo turístico de la zona.

Y nótese que digo colaborar. No tener un modelo de desarrollo turístico es un riesgo, principalmente para la oferta, y muchas de las herramientas no son aplicables desde estamentos que no tengan la capacidad de reglamentación. Sin embargo desde las administraciones deberemos tener en consideración las aportaciones de cada sector e incorporar las características y proyectos a la actividad de la zona en concreto.

9.- Diseñar las medidas a medio y largo plazo que se definan en dicho modelo.

En el mundo de los negocios el medio y largo plazo no existen si el corto no está garantizado. Sin embargo para la empresa pública  hablar de proyectos ejecutables a 5 o 10 años es perfectamente planteable.

10.- Velar por la correcta financiación de los proyectos.

La inclusión obligatoria de interventores dentro de las administraciones públicas ha mejorado bastante la efectividad e incluso ha dotado de cierto rigor a algunas partidas presupuestarias, por lo que en lineas generales, daremos este punto como zanjado satisfactoriamente. Sin embargo, todavía no hemos sido capaces de trasladar todos los recursos que se ponen a nuestra disposición desde la propia CEE para dinamizar y mejorar la calidad de nuestros destinos. En otros casos, corremos el riesgo de dispersar los recursos existentes en satisfacer diversas demandas de la ciudadanía, con un retorno sobre el territorio más que dudoso. El gestor de lo público deberá estar especialmente atento en trasladar esas oportunidades de financiación al sector privado y  a la vez gestionar eficientemente unos fondos que en realidad son públicos para que repercutan de manera efectiva en los administrados.

 

 


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«TODO ES TURISMO…»

“Todo es política”… o más bien, ya no.

Tras las recientes crisis no son pocos los que han puesto en entredicho la célebre frase de Thomas Mann, y se han declarado convencidos seguidores del menos ortodoxo, pero contundente   “es economía estúpido…” que arengó la campaña de Bill Clinton en 1995.

Si tal como define la OMT. Entendemos el turismo como un “conjunto de actividades, entre ellas por supuesto también las económicas, realizadas por personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos de su entorno habitual, por un periodo consecutivo inferior a un año…”  Nos daremos cuenta de que estamos frente a una actividad con un potencial extraordinario capaz de vertebrar el desarrollo de una región e incluso de un país.

El desarrollo del turismo implica un claro beneficio para múltiples sectores económicos tanto de forma directa como indirecta. Pero es que además, su carácter necesariamente relacional y su condición de actividad humana, permiten extrapolar esa gestión de manera beneficiosa a sectores estratégicos para los habitantes de un país, tales como la sanidad, la educación, el medio ambiente, la seguridad, las infraestructuras, las comunicaciones,… y así, una larga lista de materias cuya importancia incide de manera directa en el bienestar de cualquier sociedad.

No es de extrañar pues, que muchos de los países donde sus recursos turísticos son explotados de manera responsable y  donde la hospitalidad no entra en conflicto con el necesario respeto al entorno y a la cultura de la población residente, sean los que además, encabecen el ranking de países con mayor calidad de vida entre sus habitantes.