Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Hostelería, salarios bajos y realidad económica: una reflexión necesaria sobre productividad, inflación y responsabilidad compartida.

Hablar hoy de salarios bajos en la hostelería española no es simplemente abordar un problema sectorial. Es, en realidad, analizar una fotografía muy precisa de las tensiones estructurales de la economía española: un país con fuerte crecimiento turístico, récord de empleo y, sin embargo, con amplias capas de trabajadores incapaces de mejorar su nivel de vida.

La discusión pública suele simplificarse en exceso. Se acusa al empresario, se peca de exceso de paternalismo con el trabajador y se ignoran variables económicas esenciales. Sin embargo, los datos de 2024 y 2025 obligan a un análisis más profundo, incómodo y, sobre todo, honesto.

1. El diagnóstico: la hostelería como sector estructuralmente mal pagado

Los números son contundentes. En España, el salario medio nacional se sitúa aproximadamente entre 30.500 y 32.000 euros brutos anuales en el periodo 2024-2025, dependiendo de la estimación utilizada.

Frente a ello, la hostelería presenta una realidad radicalmente distinta:

  • El salario bruto medio del sector ronda 16.985 euros anuales, el más bajo de toda la economía.
  • El 95 % de los trabajadores del sector cobra por debajo del salario medio nacional.
  • La diferencia salarial frente a sectores como energía o utilities supera los 45.000 euros anuales.
  • Incluso un camarero medio apenas alcanza unos 20.000 euros anuales.

Esta brecha no es coyuntural: es estructural.

Mientras sectores intensivos en capital, como energía, tecnología o industria avanzada, pueden repartir salarios elevados, la hostelería continúa siendo un sector intensivo en mano de obra, con márgenes reducidos y fuerte competencia basada en precio.Y ahí aparece la primera realidad incómoda: no todos los sectores pueden pagar lo mismo porque no generan el mismo valor económico por hora trabajada.

2. Comparación con otros sectores productivos: desgraciadamente aquí la productividad manda

La diferencia salarial entre sectores no es moral; es económica. El coste laboral anual medio en hostelería fue de unos 23.138 euros por trabajador, frente a más de 82.000 euros en el sector del suministro energético. La razón principal no es la voluntad empresarial, sino la productividad, pero ojo no de la mano de obra, sino de las inversiones:

  • En energía, una inversión tecnológica elevada permite que cada trabajador genere alto valor añadido.
  • En hostelería, el servicio sigue dependiendo casi exclusivamente del trabajo humano directo.

Un camarero puede atender más mesas, sí, pero no multiplicar su productividad diez veces sin cambiar completamente el modelo de negocio. Esta es la clave que rara vez aparece en el debate político: los salarios sostenibles solo pueden crecer cuando aumenta la productividad. No antes.

3. El efecto imitación: cuando la administración marca el ritmo salarial

Entre 2025 y 2026, el Gobierno aprobó subidas salariales para empleados públicos cercanas al 2,5 % anual, con incrementos adicionales ligados a la inflación. Estas decisiones generan un fenómeno económico conocido como efecto imitación salarial:

  1. El sector público aumenta sueldos para proteger poder adquisitivo.
  2. Los trabajadores del sector privado exigen ajustes equivalentes.
  3. Empresas con menor productividad quedan atrapadas entre presión salarial y márgenes limitados.

El problema surge cuando la administración puede financiar subidas mediante deuda o impuestos, mientras que una empresa privada solo dispone de tres opciones:

  • subir precios,
  • aumentar productividad,
  • o reducir empleo.

En sectores de baja productividad como la hostelería, el margen de maniobra es extremadamente reducido. La administración, no te engañes, la pagamos entre todos.

4. El verdadero villano: el aumento del coste de vida

Quizá el elemento más determinante del conflicto salarial actual no sea el salario en sí, sino la inflación acumulada.

Aunque la economía española ha crecido con fuerza y el empleo turístico ha superado los 2,5 millones de trabajadores, muchos hogares se sienten económicamente asfixiados.

El Banco de España reconoce una paradoja evidente:

  • los salarios nominales suben,
  • pero el encarecimiento de vivienda, alimentación y servicios básicos erosiona el poder adquisitivo.

Aquí aparece una verdad tan incómoda como despiadada: no es que los trabajadores ganen menos que antes; es que vivir cuesta mucho más. El trabajador de hostelería no pierde frente al empresario únicamente, sino frente a una inflación estructural que afecta especialmente a quienes parten de salarios bajos. Eso si, a tu jefe le ves la cara todos los días, lo de la inflación sale en las noticias de vez en cuando y la mayoría no le hace ni caso.

5. El error recurrente: demonizar a la empresa

Parte del discurso público acusa a la hostelería de explotar sistemáticamente a sus trabajadores. Sin negar que como en cualquier sector, seguro que existen abusos puntuales, no seré tan naif como para segurar lo contrario. Esto no me impide ver que esta narrativa simplista ignora datos fundamentales.

Entre 2019 y 2025, los costes laborales del sector aumentaron alrededor de un 25 %, presionados por convenios, cotizaciones y la escasez de personal. Sin embargo, muchos establecimientos siguen operando con márgenes estrechos, especialmente bares y restaurantes independientes. Por cierto, muchos de ellos en manos de autónomos. El verdadero dilema no es moral sino económico:

  • si los precios suben demasiado → cae la demanda;
  • si los salarios suben sin productividad → desaparece el negocio;
  • si el negocio desaparece → desaparece el empleo.

La inflación actúa como un enemigo silencioso que empobrece simultáneamente a trabajadores y empresarios. Por ello, presentar el debate únicamente como lucha trabajador-empresa es intelectualmente cómodo, pero económicamente incorrecto. Y yo diría que políticamente irresponsable.

6. Productividad: el único camino viable hacia mejores salarios

La evidencia económica es clara: sin mejoras reales de productividad no existen subidas salariales sostenibles. Así pues, la pregunta es obvia: ¿Cómo puede mejorar la productividad en hostelería?

a) Profesionalización del sector

  • formación continua,
  • especialización gastronómica,
  • gestión empresarial avanzada.

El turismo catalán en general ya reconocía hace escasos días la necesidad de evolucionar hacia modelos de mayor valor añadido y menos dependencia del volumen masivo de visitantes.

b) Digitalización operativa

Reservas inteligentes, análisis de datos, automatización parcial de procesos y optimización de turnos permiten aumentar ingresos sin multiplicar plantilla.

c) Cambio de posicionamiento

Pasar de competir por precio a competir por experiencia. Un restaurante que duplica el ticket medio, por ejemplo,  puede pagar mejores salarios sin necesidad de duplicar jornadas.

d) Estabilidad laboral

La elevada parcialidad del sector (alrededor del 33 %) reduce productividad y compromiso laboral. Menos rotación significa mayor eficiencia. O al menos un mayor compromiso laboral por ambas partes.

7. El círculo virtuoso: + productividad → + margen → + salario

Recuerdas aquello de «para ganar más al jefe le tiene que ir mejor…» no es ingenuidad del proletariado es que el orden correcto del aumento de la riqueza es esencial:

  1. Más productividad
  2. Mayor margen empresarial
  3. Subida salarial sostenible

Invertir el orden, subir salarios primero esperando que la productividad aparezca después, suele terminar en inflación de precios o destrucción de empleo. Los acuerdos salariales recientes en destinos turísticos como Baleares o Canarias muestran que las subidas son posibles cuando el sector genera más valor y estabilidad económica.

La lección es clara: los salarios pueden crecer, pero solo cuando el modelo económico lo permite.

8. Una reflexión final: el verdadero problema nacional.

España no tiene únicamente un problema de salarios bajos. Tiene un problema más profundo:

  • economía muy dependiente de sectores de baja productividad,
  • fuerte presión del coste de vida,
  • expectativas sociales crecientes,
  • y comparación constante con sectores de alto valor añadido.

La hostelería simboliza esta tensión, sin duda, por el alto componente social y económico que tiene.

No es un sector fallido. Genera empleo masivo, sostiene regiones enteras y aporta cerca del 14 % del PIB directo.

Pero, como es normal, tampoco puede asumir sola la solución del bienestar salarial del país.

El debate serio exige abandonar posiciones ideológicas simples:

  • ni el empresario es el villano automático,
  • ni el trabajador es siempre un modelo de virtudes
  • ni el mercado resolverá todo por sí solo.

La solución pasa por una alianza real entre trabajadores, empresas y administraciones orientada a crear más valor económico por trabajador.

Porque al final, la economía mantiene una ley inquebrantable:

Los salarios no suben por decreto, ni por presión social, ni por deseo político. Suben cuando una sociedad produce más valor del que producía ayer.

Y ese sigue siendo, hoy, el gran reto pendiente de la hostelería española y me atrevería a decir que probablemente, de toda la economía nacional.


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No todo el turismo es igual: por qué la nueva tasa turística no puede, ni debe, aplicarse de forma universal en Catalunya

Catalunya es, sin duda, una potencia turística europea. Pero no es un bloque homogéneo. Bajo una misma etiqueta conviven realidades profundamente distintas: desde una gran capital global como Barcelona y un litoral de altísima presión turística, hasta comarcas de interior y de montaña donde el turismo no es un exceso que gestionar, sino el pilar que sostiene la vida económica y social.

La tramitación de la nueva regulación de la tasa turística abre una oportunidad importante: corregir el error de haber tratado hasta ahora a todo el territorio con el mismo rasero fiscal. Desde el sector turístico de las comarcas de Lleida, y especialmente del Pirineo, la postura es clara: una tasa turística universal es ineficiente, injusta y territorialmente desequilibradora.

Una Catalunya turística a dos velocidades

Las cifras hablan por sí solas. En 2024, Catalunya registró alrededor de 82 millones de pernoctaciones en hoteles, campings y turismo rural. Pero la distribución territorial de este volumen es enormemente desigual:

  • Barcelona ciudad concentra por sí sola cerca del 28% de las pernoctaciones.
  • Las zonas de costa (Costa Brava, Costa Barcelona y Costa Daurada) suman más de un 63% adicional.
  • El Pirineo apenas representa alrededor del 4%.
  • El resto del interior de Catalunya, otro 4% aproximadamente.

Es decir, más del 90% de las pernoctaciones se concentran en Barcelona y el litoral, mientras que la mayor parte del territorio catalán comparte menos del 10% restante. Pretender que estas realidades tan dispares soporten la misma política fiscal sobre las estancias turísticas carece de lógica económica y de sensibilidad territorial.

Donde hay saturación… y donde no

La tasa turística suele justificarse en destinos con alta presión turística, donde el volumen de visitantes genera tensiones sobre el espacio público, la vivienda, los servicios y la convivencia. Esa situación existe en determinadas zonas urbanas y costeras, y es legítimo debatir cómo gestionar sus impactos. Pero esa no es, ni de lejos, la realidad de las comarcas de Lleida. En la mayor parte del interior y del Pirineo:

  • No existen problemas de masificación.
  • Las ocupaciones medias anuales son bajas (en muchas zonas de montaña, por debajo del 40%).
  • El turismo es muy estacional (nieve, verano, fines de semana).
  • Una parte importante de la demanda es de proximidad y de perfil familiar o deportivo, no de grandes flujos internacionales.

Aplicar la misma carga fiscal a territorios tensionados y a territorios que luchan por mantener actividad económica es, sencillamente, un error de diagnóstico y porque no decirlo, una irresponsabilidad

Poco volumen, pero máxima dependencia

Hay un dato que a menudo se pasa por alto: tener menos turistas no significa depender menos del turismo; a menudo ocurre justo lo contrario.

En Barcelona, el turismo es un sector importante, pero forma parte de una economía altamente diversificada: servicios avanzados, industria, tecnología, finanzas, logística, cultura. Su peso se diluye dentro de un tejido económico amplio y robusto.

En cambio, en muchas comarcas del Pirineo —como el Pallars Sobirà, la Alta Ribagorça o la Val d’Aran— el turismo, sumando efectos directos e indirectos, puede representar entre el 70% y el 90% de la actividad económica real. Es el sector que sostiene el empleo, mantiene abiertos negocios, fija población y permite que el territorio siga vivo.

Esto implica una consecuencia clara:
La elasticidad ante nuevas cargas fiscales es mucho menor. Un pequeño incremento de costes puede tener un impacto proporcionalmente mucho mayor en la viabilidad de empresas y destinos enteros.

Competencia directa sin tasa

A esta fragilidad estructural se suma un factor clave: la competencia.

Los principales competidores de las zonas de montaña de Lleida no son Barcelona ni la Costa Brava. Son Huesca (Pirineo aragonés) y Andorra, destinos con productos muy similares (nieve, naturaleza, turismo activo) y que no aplican tasa turística.

En mercados donde el precio es un factor decisivo —familias, escapadas de fin de semana, turismo deportivo— cualquier sobrecoste, aunque parezca pequeño, influye en la decisión final. Además, el precio medio del alojamiento en la demarcación de Lleida es de los más bajos de Catalunya, por lo que la tasa representa un porcentaje mucho mayor sobre la factura final que en destinos urbanos de tarifas elevadas.

¿Quién paga realmente la tasa en el interior?

Otro elemento diferencial es el perfil del visitante. Según datos oficiales, en las comarcas de Lleida:

  • Alrededor del 80% de los clientes son españoles.
  • Y de estos, una parte muy importante son catalanes.

Es decir, en gran medida son los propios ciudadanos de Catalunya quienes acaban pagando la tasa cuando viajan dentro de su propio territorio, especialmente en escapadas rurales, de naturaleza o de nieve. Esto refuerza la idea de que la medida, aplicada de forma uniforme, tiene un efecto regresivo y poco coherente en zonas que no sufren presión turística.

Además, en muchos establecimientos del interior se alojan trabajadores desplazados por motivos laborales (obras, servicios, proyectos temporales). Gravar estas estancias con una tasa pensada para el ocio turístico desvirtúa completamente el sentido del impuesto.

Recaudación: una concentración extrema

La distribución de la recaudación de la actual tasa turística también evidencia el desequilibrio. Barcelona y la costa concentran la práctica totalidad de los ingresos, mientras que el conjunto de marcas turísticas del interior y el Pirineo representa un porcentaje mínimo del total.

Esto demuestra que la tasa no es, en estas zonas, una herramienta decisiva de financiación, pero sí puede convertirse en un freno a la competitividad y al crecimiento de destinos frágiles.

Una propuesta basada en la realidad territorial

Desde el sector turístico de Lleida encabezado por la Federació d´Hosteleria de Lleida no se plantea una oposición genérica a cualquier figura fiscal. Lo que se defiende es una aplicación proporcional al grado de tensión turística de cada zona.

La propuesta se basa en tres grandes ejes:

  1. Mantener una tasa moderada en el Pirineo, donde existe actividad turística clara (nieve, parques naturales), pero con ocupaciones muy estacionales y lejos de la saturación. Además, se pide que la recaudación revierta íntegramente en el propio territorio para la gestión turística.
  2. Establecer tasa cero en las comarcas del interior de Lleida donde el turismo es residual o muy limitado y no existe ninguna zona tensionada. Penalizar fiscalmente a territorios que buscan atraer visitantes para sobrevivir carece de sentido.
  3. Eximir las estancias por motivos laborales, que no responden al concepto de turismo y son esenciales para la actividad económica ordinaria.

No es insolidaridad, es equilibrio

Defender un tratamiento diferenciado no es un ejercicio de privilegio territorial, sino de equidad y eficiencia. Las políticas públicas funcionan mejor cuando reconocen la diversidad y se adaptan a ella.

Catalunya no es una única realidad turística. Es un mosaico donde conviven destinos globales con territorios rurales y de montaña que luchan contra la despoblación y la falta de oportunidades. Aplicar una tasa turística elevada y universal puede ser asumible en entornos altamente diversificados, pero puede resultar asfixiante en aquellos donde el turismo es prácticamente la única palanca económica.

Si de verdad se apuesta por el equilibrio territorial, la sostenibilidad y la cohesión del país, la fiscalidad turística debe reflejar esa complejidad. No todo el turismo genera los mismos impactos, y no todos los territorios pueden soportar las mismas cargas. Reconocerlo no divide: al contrario, es la base para una política turística más justa, más inteligente y más alineada con la realidad de Catalunya.


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Las Branded Residences: Una Nueva Forma de Vivir

Introducción

En los últimos años, el concepto de «branded residences» ha ganado popularidad en el sector inmobiliario. Estas propiedades combinan la experiencia de vivir en un hogar privado con los servicios y la reputación de reconocidas marcas de la hostelería. En este informe, exploraremos qué son las branded residences, su origen, las empresas que las desarrollan, el perfil de sus clientes, los mercados más atractivos y su rentabilidad.

¿Qué son las Branded Residences?

Las branded residences son propiedades residenciales que están asociadas a una marca reconocida, generalmente del sector hotelero o de lujo. Estas viviendas ofrecen a sus propietarios no solo un espacio para vivir, sino también acceso a una serie de servicios y comodidades que suelen estar disponibles en hoteles de alta gama. Esto puede incluir desde servicio de limpieza y mantenimiento hasta acceso a instalaciones como gimnasios, spas y restaurantes.

La idea detrás de las branded residences es proporcionar un estilo de vida exclusivo y cómodo, donde los residentes pueden disfrutar de la calidad y el prestigio que conlleva vivir bajo una marca reconocida. Este modelo ha evolucionado para atraer tanto a compradores como a inversores que buscan no solo un hogar, sino también una inversión sólida y un elevado nivel de servicios.

Origen del Concepto

El concepto de branded residences comenzó a tomar forma en la década de 1980, cuando algunas cadenas hoteleras comenzaron a ofrecer propiedades residenciales junto a sus complejos turísticos. Sin embargo, fue en la década de 1990 cuando este modelo se consolidó realmente. Marcas como Four Seasons y Ritz-Carlton fueron pioneras en este ámbito al desarrollar proyectos que combinaban la experiencia hotelera con la propiedad privada.

A medida que el mercado inmobiliario global se expandía y evolucionaba, más marcas comenzaron a ver el potencial en este nicho. Hoy en día, muchas empresas del sector hotelero han diversificado su oferta para incluir branded residences como parte integral de su estrategia comercial.

Principales Empresas en el Sector

Varios actores importantes han emergido en el mercado de las branded residences. Algunas de las principales empresas incluyen:

  • Four Seasons: Conocida por su lujo y atención al detalle, Four Seasons ha desarrollado múltiples proyectos residenciales alrededor del mundo.
  • Ritz-Carlton: Esta marca icónica ofrece experiencias exclusivas tanto en sus hoteles como en sus residencias y forman parte de la oferta más lujosa del Marriott.
  • Marriott International: A través de su marca The Luxury Collection y Residence Inn, Marriott ha incursionado en el mercado de las branded residences, ofreciendo propiedades que combinan la elegancia con la comodidad del hogar.
  • Hilton: Con su marca Waldorf Astoria, Hilton ha desarrollado residencias que reflejan el lujo y la sofisticación de sus hoteles.
  • Banyan Tree: Esta cadena hotelera se especializa en resorts y villas de lujo, y ha expandido su oferta a branded residences en destinos exóticos.
  • Mandarin Oriental: Conocida por su enfoque en el bienestar y el servicio excepcional, Mandarin Oriental también ofrece residencias que permiten a los propietarios disfrutar de un estilo de vida lujoso.

Estas empresas no solo aportan su reputación al proyecto, sino que también garantizan un nivel de calidad y servicio que atrae a compradores e inversores.

Perfil del Cliente

Las branded residences están destinadas principalmente a un público de alto poder adquisitivo. Los clientes típicos incluyen:

  • Inversores: Aquellos que buscan diversificar su cartera con propiedades que ofrecen tanto un lugar para vivir como una inversión potencialmente rentable.
  • Compradores internacionales: Personas que buscan una segunda residencia en destinos turísticos o urbanos atractivos.
  • Familias adineradas: Que desean un estilo de vida cómodo y exclusivo, con acceso a servicios premium.
  • Profesionales ejecutivos: Que valoran la conveniencia y el lujo, especialmente aquellos que viajan frecuentemente por trabajo.

Este perfil de cliente busca no solo una propiedad, sino también un estilo de vida asociado a marcas prestigiosas.

Mercados Más Interesantes

El interés por las branded residences ha crecido en diversas regiones del mundo. Algunos de los mercados más atractivos se ubican en destinos turísticos de primer orden entre los que estan:

  • Estados Unidos: Ciudades como Nueva York, Miami y Los Ángeles son hotspots para este tipo de propiedades debido a su atractivo turístico y económico.
  • Europa: Destinos como Londres, París y Mónaco han visto un aumento en la demanda por branded residences, impulsada por compradores internacionales.
  • Asia-Pacífico: Ciudades como Hong Kong, Singapur y Bangkok están experimentando un crecimiento significativo en este sector, gracias al aumento del turismo y la inversión extranjera.
  • Medio Oriente: Dubái se ha convertido en un centro importante parabranded residences, atrayendo a compradores de todo el mundo que buscan lujo y exclusividad en un entorno vibrante y cosmopolita.
  • América Latina: Ciudades como Ciudad de México y São Paulo están comenzando a ver un interés creciente en branded residences, impulsado por la clase alta emergente y la inversión extranjera.

Estos mercados son atractivos no solo por su potencial de revalorización, sino también por la calidad de vida que ofrecen, lo que los convierte en destinos deseables para vivir e invertir.

Rentabilidad de las Branded Residences

La rentabilidad de las branded residences puede ser considerablemente alta, aunque varía según la ubicación, la marca y el tipo de propiedad. Algunos factores que influyen en su rentabilidad incluyen:

Valor de reventa: Las propiedades asociadas a marcas reconocidas tienden a mantener o incluso aumentar su valor con el tiempo. Esto se debe a la reputación de la marca y al atractivo del estilo de vida que ofrecen.

Alquileres: Muchos propietarios optan por alquilar sus residencias cuando no las utilizan. Las branded residences suelen atraer inquilinos dispuestos a pagar una prima por los servicios y comodidades que ofrecen, lo que puede generar ingresos significativos.

Demanda constante: La demanda por este tipo de propiedades ha ido en aumento, especialmente entre compradores internacionales y aquellos que buscan una segunda residencia. Esto asegura un mercado activo tanto para la compra como para el alquiler.

Servicios premium: Los servicios adicionales que ofrecen estas residencias pueden justificar precios más altos tanto en ventas como en alquileres, aumentando así la rentabilidad general.

Otras Consideraciones Interesantes

Además de los aspectos económicos, hay otros factores interesantes sobre las branded residences:

Estilo de vida exclusivo: Vivir en una branded residence no solo implica tener un hogar lujoso; también significa formar parte de una comunidad selecta con acceso a eventos exclusivos y redes sociales.

Sostenibilidad: Muchas marcas están comenzando a incorporar prácticas sostenibles en sus desarrollos, lo que atrae a un segmento creciente de compradores preocupados por el medio ambiente.

Innovación tecnológica: Las branded residences suelen estar equipadas con tecnología avanzada para mejorar la experiencia del residente, desde sistemas de seguridad hasta automatización del hogar.

Flexibilidad: Algunas marcas están explorando modelos híbridos que ofrecen a los propietarios la opción de utilizar sus residencias como espacios de alquiler a corto plazo, lo que les permite maximizar su inversión y generar ingresos adicionales cuando no están en uso.

Experiencias personalizadas: Las branded residences suelen ofrecer servicios personalizados que van más allá de lo habitual. Esto puede incluir desde chefs privados y entrenadores personales hasta servicios de concierge que pueden ayudar con cualquier necesidad, desde reservas en restaurantes hasta la organización de eventos.

Redes globales: Al ser parte de una marca reconocida, los propietarios de branded residences pueden beneficiarse de las redes globales de la marca, lo que puede facilitar el acceso a otros servicios y propiedades en diferentes partes del mundo.

En definitiva, las llamadas branded residences representan una tendencia creciente en el mercado inmobiliario y porque no decirlo, también en el del hospedaje, combinando el lujo y la exclusividad con la comodidad del hogar. Este modelo ha evolucionado para atraer a un público diverso, ofreciendo no solo un lugar para vivir, sino también un estilo de vida asociado a marcas prestigiosas.  Con mercados emergentes en diversas regiones del mundo y una rentabilidad atractiva, las branded residences se han convertido en una opción interesante tanto para compradores como para inversores. A medida que el interés por este tipo de propiedades continúa creciendo, es probable que veamos aún más innovación y desarrollo en este sector.

Para aquellos que buscan una experiencia residencial única y lujosa, las branded residences ofrecen una oportunidad excepcional para disfrutar de un estilo de vida exclusivo mientras se realiza una inversión sólida. En un mundo donde la calidad y la reputación son cada vez más valoradas, estas propiedades están bien posicionadas para seguir siendo relevantes y deseables en el futuro.


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La falta de mano de obra, la crisis definitiva del sector turístico.

Cada día me quedan menos dudas de la profunda crisis que está atravesando el sector turístico en general y la hostelería en particular y que a pesar de todo sigue maquillándose gracias a los buenos resultados económicos que se alcanzan año tras año.

Lógicamente no me refiero a una crisis de precios. Ni a la de credibilidad, a pesar de los numerosos movimientos vecinales que denuncian la presión que sufren debido a la actividad turística en sus lugares de residencia, y eso que ambos temas dan para mucho. Pero lo que de verdad considero un problema estratégico capaz de dinamitar la buena salud de este sector desde dentro, no es otro que la falta de personal cualificado a pesar de los múltiples esfuerzos que casi todas las empresas vienen realizando por retener el talento, especialmente después de la pandemia.

La falta de atractivo de la profesión, las dificultades de conciliación, la precariedad laboral debido a la alta estacionalidad, o la alta rotación y baja fidelización motivadas por la constante demanda de este tipo de profesionales, son aspectos fundamentales que amenazan la competitividad de las empresas y la propia capacidad de progresión profesional de los trabajadores del sector.

En concreto el desafío de la gestión de los recursos humanos en el sector turístico español se encuentra con múltiples causas pero las más críticas en mi opinión son las siguientes:

1.- La pérdida de empleos y de talento. En especial después de la crisis humanitaria motivada por el Covid 19. Muchos de los trabajadores del turismo se pasaron a otros sectores y salieron para siempre de este mercado laboral, lo que ha provocado una gran fuga de talento, pero también y no menos importante, la pérdida de una experiencia muy difícil de recuperar.

2.- La falta de formación y de cualificación. La propia patronal Española cifra en torno al 60% de los trabajadores de este sector con un nivel de estudios bajo, que no supera en muchos casos el secundario. Además la polarización de muchas de las empresas turísticas y de hostelería dificulta los planes de formación continua tan necesarios para adaptarse a los cambios tecnológicos, sociales y medioambientales que demanda el mercado. Y por si fuera poco muchos de los planes que se dirigen al turismo son planes de reciclaje para ofrecer salidas profesionales en otros sectores, en lugar de pensar en mejorar la capacitación y condiciones laborales en este.

3.- Falta de atractivo y de reconocimiento de la profesión. Desde hace años el sector turístico tiene una imagen negativa asociada especialmente a la estacionalidad, la temporalidad, la inestabilidad, la escasa remuneración y la escasa proyección profesional y social, Eso ya de por si desanima a cualquiera, pero es que además en los últimos años algunos empresarios y profesionales han tenido que escuchar como les acusan de ser poco menos que los causantes de otros problemas sociales como la vivienda, la masificación o incluso la delincuencia en determinados destinos.

4.- La falta de adaptación y de innovación. Según datos del INE, en 2019 el porcentaje de las empresas turísticas que declaraban no haber realizado ninguna actividad de innovación era del 51.9%, frente al 36.8% del conjunto de empresas del resto de sectores. Un número excesivo que dificulta la adaptación a las nuevas tendencias y demandas de la sociedad y de los propios clientes. Si a esto le sumamos la irrupción de la IA en un sector como el de los agentes de viajes, con una escasa o nula formación sobre una herramienta con semejante potencial, la catarsis de algunos subsectores está servida.

Después de haber superado la Pandemia, haber pulverizado el pasado año 2023 los datos conseguidos en el 2019 y haber recuperado, además, la confianza de los inversores que cerraron en 2023 con una cifra de negocio cercana a los 4.000 millones de euros tan solo en activos hoteleros. La auténtica amenaza se cierne en la imposibilidad de encontrar profesionales capaces de liderar los proyectos y el crecimiento de un sector que cada día es más competitivo y dinámico a pesar de la imagen que se cierne sobre él.

Urge encontrar soluciones para una crisis que no es sencilla y que no parece poder resolverse de manera unilateral por parte de nadie.

En el plano más doméstico de las empresas, estas tienen que hacer un esfuerzo por facilitar la conciliación familiar. Esto ya no es un privilegio reservado a algunos puestos dentro de las organizaciones, aquellos que en otro tiempo conocíamos como los de «las oficinas», sino que es imperativo que después de cubrir los distintos turnos de servicio todos los trabajadores tengan ocasión de conciliar mínimamente su vida laboral y familiar. Afortunadamente es un paradigma que también está cambiando en el conjunto de la sociedad, que hace que por ejemplo, muchos restaurantes hayan podido adelantar su hora de cierre o puedan descansar más de un día a la semana sin ver excesivamente perjudicado su negocio.

Tan importante como esto, es la opción de facilitar el acceso a la vivienda, especialmente en aquellos destinos más estacionales. Y es cierto que no somos el único sector que lo sufre. Solo hay que preguntar estos días a los responsables de las explotaciones agrícolas en entornos rurales que no son a priori destinos turísticos, para darse cuenta de que es un problema general de carácter estructural. Pero mientras en la sociedad cale el mensaje de que la falta de vivienda es culpa del alojamiento turístico, lo cierto es que son pocas las administraciones que se muestran receptivas a aplicar las soluciones propuestas desde el propio sector. Hecho que aboca inevitablemente a tener que asumir el sobrecoste de financiar dichas viviendas de la formas más imaginativas, con cargo a la cuenta de explotación de los propios negocios.

Sin embargo, la que considero que es la gran asignatura pendiente por parte del sector en materia de recursos humanos es precisamente la de conseguir trasladar a la sociedad que los puestos de trabajo ofertados por esta industria de la felicidad, van más allá del personal de restauración o limpieza. Sino que las organizaciones turísticas ofertan un gran número de puestos de trabajo que ofrecen la posibilidad de desarrollar carreras profesionales muy satisfactorias que no solo se limitan a la atención al cliente. Pilotos, arquitectos, diseñadores, nutricionistas, expertos en relaciones laborales, docentes, instaladores, responsables de compras y por supuesto los indispensables ingenieros de sistemas. Son solo algunos ejemplos de los perfiles que también son indispensables en este sector.

Además, el sector turístico juega un papel fundamental que favorece en muchos casos la economía circular de las zonas en las que se ubica. Es gracias a la sensibilidad y compromiso de muchos de sus directivos por alcanzar el mayor número de objetivos de desarrollo sostenible posibles, por lo que sus acciones de responsabilidad social corporativa van desde la mejora de los entornos naturales que los rodean, hasta la inclusión social de algunos trabajadores con dificultades para encontrar un hueco en otras áreas. Pasando por supuesto, por todo tipo de interacciones que dinamizan el tejido económico de su entorno y en muchos casos liderando incluso políticas de reciclaje y reutilización de residuos.

Una asignatura pendiente, como decía, que será fundamental para luchar contra la verdadera crisis interna que amenaza nuestro sector.


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Turistas vs rentabilidad. La asignatura de cada septiembre.

Estamos entrando en época de presupuestos, o como mínimo, al que más o al que menos le habrán pedido ya una proyección de como acabaremos el año. En estas fechas tan relajadas para la mayor parte de la población, a muchos colegas se les ha hecho más difícil el sueño y no precisamente por la ola de calor que estamos sufriendo.

Estamos ya a principios de agosto y según todos los pronósticos la mayoría de destinos van a volver a superar expectativas en cuanto a precio y a número de visitantes. Tanto es así que en escasos dos meses, hemos pasado de fijarnos los resultados “prepandemicos” como un objetivo, a tener claro que debemos situarlos en las tasas de mínimos.

Los precios de alojamientos han ido en aumento, con algunos al doble y el triple de hace un año. Igualmente, los vuelos no solo han subido considerablemente de precio, sino que muchas de las rutas aéreas vacacionales más conocidas han cambiado los aparatos que venían operando regularmente por modelos de aeronaves más grandes y con mayor capacidad de pasajeros. Tal como me confesaba hace escasos días un amigo comandante de una línea aérea de lujo.  “ –  En estos últimos veinte años, nunca se había visto tanta gente en el aeropuerto –“.

Los expertos auguran para el sector hotelero un 16% de incremento de precio y hasta un 11% más en ventas que niveles prepandemia.

Y a pesar de eso. Muchos responsables de negocios, en este caso hoteleros, asisten entre la frustración y la incredulidad a la tiranía de la última línea de su cuenta de resultados,

 – No, da…!!!-

¿Me habré equivocado en el Budget…?, ¿Habremos gestionado peor este año…? ¿Cómo es posible que no me lleve el aumento de ventas a la última línea del beneficio operacional…?

Lo que están descubriendo muchos colegas en su día a día es que, a pesar de ser un año récord de ventas, lo será previsiblemente también en cuanto al coste de prestar esos servicios. Los hoteleros calculan que entre el 12% y el 15% más de lo previsto debido a la inflación y el aumento de los precios de materias primas y suministros.

El problema no solo afecta a la explotación del Hotel. Para el turista el precio también será más alto por lo que muchas personas acortarán sus vacaciones o bien directamente no saldrán de viaje. Esto al menos, lo que puede hacer es aumentar el consumo de la habitual cesta de la compra, ya que, aunque sin excesos, la mayoría nos damos un capricho si tenemos más tiempo libre.

El aumento de precios, más que por parte del mercado nacional, que probablemente pinche en destinos interiores, se está produciendo gracias a la entrada de turistas extranjeros con mayor poder adquisitivo y que no sufre la inflación local. Obviamente una buena parte del turista español no puede hacer frente a los aumentos de IPC que los establecimientos trasladan a sus clientes ya que en muchos sectores, los salarios no se han visto modificados. Lo cual es muy difícil, debido a la reducción generalizada de márgenes del que os hablaba hace unos segundos. El coste de operación hace que no haya posibilidad de aumentar sueldos, e incluso algunos pequeños empresarios se están viendo obligados a reducir plantillas en plena temporada alta.

En nuestro país, vivimos actualmente una clara polarización entre el turismo de lujo y el que lucha por sobrevivir con costes cada día más altos. Recuerdo como hace pocos años parte del sector hotelero de un país como Andorra acabó luchando por pagar solo los suministros para poder seguir con la actividad mientras esperaba una mejora de la demanda que aumentase su rentabilidad. Como consecuencia de aquello muchos establecimientos quebraron, cambiaron de manos y parte del equilibrio en la oferta de alojamiento se rompió. Creedme si os digo que eso no es bueno y menos en un país como el nuestro donde existen un número muy elevado de Pymes y autónomos relacionados con el sector turístico. El 13% del PIB nacional está formado por todo tipo de turismo y no pueden haber dos velocidades dentro del tejido empresarial y menos aún con direcciones tan diferentes que acaben polarizándose.

La receta del fracaso es muy evidente si no se tiene garantizada la rentabilidad.  Menor productividad y eficiencia de los negocios, traslado de los costes a los consumidores, disminución de las ventas, falta de inversión y además falta de competitividad frente a otros mercados.

Ya intuiréis que lo que os voy a decir es la conveniencia de abordar el discurso turístico desde otros términos más allá del número de turistas que llegan a nuestro país, para no perder de vista la realidad de nuestro sector. Facturar más no es sinónimo de rentabilidad y supervivencia y el turismo es crucial hasta que no se estimulen otros sectores productivos. Genera empleo, muchos directos y muchísimos más indirectos. Es una entrada de divisas que equilibra la balanza de pagos y además ayuda al desarrollo local a través de inversiones para servicios que de otra forma serian difícilmente justificables.

Las soluciones para aumentar la rentabilidad con el panorama actual, no son fáciles…

Una mayor innovación tecnológica y de las inversiones, el rediseño de los servicios tradicionales y la mejora en las condiciones de contratación de suministros para mejorar la rentabilidad, no parecen soluciones fáciles de abordar en el corto plazo y menos aún con una renegociación de los convenios colectivos del sector a la vuelta de la esquina.

Por otro lado, ya nadie esconde que el turismo como tejido productivo tiene sus peligros. Sobretodo la volatilidad que tiene como actividad a veces sujeta a algo tan caprichoso como el clima. La sobreexplotación de recursos en lugares donde no se ha diseñado bien su impacto y el aumento del coste de la vida para los residentes en aquellos lugares que son destinos de primer orden.  Por eso no nos cansaremos de reclamar una visión lo más transversal y amplia de los datos que se facilitan públicamente.

Por cierto, otro dato confuso fruto de su estacionalidad es la distorsión de las cifras del paro ya que ahora se consideran fijos discontinuos a personas que están paradas esperando la temporada de trabajo. Algo que a priori no reduce el coste de los subsidios al acabar la temporada turística.

En resumen. Si la inflación es superior como todo parece indicar al aumento de los ingresos, entonces el teórico crecimiento resulta que no es tal. Y esto puede convertirse en la peor noticia en lo que va de año.

Que el turismo se recupere es bueno. Que la lectura de su crecimiento sea sesgada no lo es…,

Pero que los profesionales del sector participemos de esa euforia sin el más elemental de los análisis, es simplemente catastrófico.


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El pensamiento crítico, el verdadero reto de la transformación digital.

Me apunto a la reciente controversia generada por lo que podríamos denominar el despertar de la sociedad frente a la irrupción de la Inteligencia Artificial (AI) dentro de nuestras vidas. Y digo despertar porque es obvio que ya hace tiempo que se encuentra entre nosotros y lo que algunos ven ahora con un pavor similar al que podría generar la mismísima Skynet de la saga Terminator, otros llevan años perfeccionándolo para que se cuele entre nuestros quehaceres más cotidianos.

 Y es que a pesar de todo lo que se escucha en estos días, mi opinión es que como toda herramienta no es ni buena ni mala, depende del uso que le demos. Eso sí, esta en concreto no sabemos hasta dónde puede llegar, y lo que es peor, al parecer aprende de todo aquello de lo que nosotros como especie la estamos nutriendo. Y claro, por si Twitter no había dejado claro la de mierda que llevan algunos en el cerebro, resulta que el mismísimo Chatgpt ha acabado por asegurar que la única solución para poder salvar el planeta pasa por la extinción de la raza humana. Dicho así, está claro que acojona, hasta el punto de que medio planeta se ha puesto a trabajar para intentar ponerle freno y regular su potencial desarrollo.  A estas alturas y con los precedentes que tiene la administración cada vez que intenta legislar sobre alguna novedad tecnológica, perdónenme pero me suena al tonto que intentó ponerle puertas al campo.

El tema parece más que relevante, incluso para algunos de los gurús de este nuevo mundo. El pasado 22 de marzo, más de 1.300 personas —entre los que se encuentran Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, Steve Wozniak, fundador de Apple o el historiador Yuval Noah Harari— se unían para firmar una carta abierta que pide ralentizar el desarrollo e implementación de esta IA para gestionar y controlar adecuadamente los «profundos riesgos para la sociedad y la humanidad» que suponen.  Hoy día 30 de abril, solo se habían adherido 27565 personas. Aunque en honor a la verdad hay que decir que no hay rincón en el planeta donde no nos estemos preguntando sino nos habremos pasado con el “invento”.

Parece algo contradictorio que la tecnología que por primera vez podría representar un salto exponencial en las capacidades humanas y permitirnos desarrollar nuevas fuentes de energía, el tratamiento para enfermedades incurables o el diseño de naves espaciales más eficientes que las que hacen los ingenieros humanos, esté generando tanto miedo a su alrededor con el pretexto de “amenazar nuestros datos y vidas privadas”.

 ¿Pero que creíamos que estaban buscando las legiones de empleados en lugares como Silicon Valley en EEUU, Silicon Fen en UK, Silicon Wadi en Israel, Silicon Oasis en Dubai, Shezhen en China o el  Skolkovo Technopark District en Rusia…?. ¿Diseñar Emojis…?.

Es cierto que muchos de ellos todo lo que buscaban eran medidas lo más efectivas posibles para captar nuestra atención y ser así más eficientes a la hora de vendernos sus productos, pero un servidor tiene la sensación de que en realidad esta espiral por captar nuestra atención ha conseguido un efecto de aborregamiento colectivo que está acelerando nuestro comportamiento como turba en lugar de mejorar nuestra sociedad. Culpar de ello a la inteligencia artificial, me parece pretencioso, lo verdaderamente preocupante es el declive de los valores e inteligencia presumiblemente humanos. La IA lo que ha hecho, ha sido constatar de una manera tan fría como brutal, hasta qué punto somos prescindibles los humanos si seguimos por este camino.

Lo explica mucho mejor el periodista y divulgador Johann Hari en su libro “El valor de la atención”, cuando nos advierte de que hemos perdido nuestro superpoder como especie en el momento en el que hemos perdido la capacidad para sentirnos presentes en el mundo.   Según Hari, el hecho de pasar horas en las redes consumiendo videos basura está en el origen, entre otras cosas, de comportamientos irracionales, negacionistas y por supuesto también de una falta de atención y capacidad colectivas que están siendo capaces de socavar incluso aspectos tan importantes de nuestra sociedad como la democracia o los más básicos derechos civiles.

Es decir, todo aquello sobre cuya solidez debería construirse una futura IA .

Al parecer la mayoría de expertos coinciden en aconsejar a los gobiernos que la solución frente a esta amenaza potencial pasa por tres fundamentos básicos que permitan aprovechar sus ventajas sin ponernos en riesgo ni individualmente, ni como especie.

La primera es crear estándares de certificación criptográfica en todo el mundo para autentificar la realidad de cualquier contenido de procedencia digital. El objetivo es establecer una línea básica de certeza que, como mínimo, permita a las personas tener la seguridad de que lo que están oyendo o viendo es real. Esto debería acabar con las noticias falsas, la suplantación de personalidad o las estafas, que ya se están produciendo.

La segunda es lanzar programas de comunicación para que el público comprenda el alcance de la inteligencia artificial generativa. Las personas deben aprender para poder defenderse contra nuevas falsificaciones audiovisuales.

Y por último, urgen a los gobiernos de todo el mundo a colaborar con la comunidad científica para crear una legislación que proteja los derechos individuales, estableciendo límites penales para tratar de frenar el uso tóxico de esta tecnología.

Por supuesto, a mis todas estas medidas me parecen bien. Pero no dejo de pensar que un tipo como Trump no necesita demasiada IA para avalar sus propias mentiras y que mientras no defenestremos a aquellos que se valen de la postverdad para sus propios y oscuros intereses, no habremos hecho nada.

Que en el planeta ya hubiesen «terraplanistas» con una elaboradísima teoría conspiranoica antes de la aparición de la IA, solo se combate con una mejor educación, más filosofía que enseñe a despertar un pensamiento crítico en la sociedad y por supuesto una mayor dosis de ética en todos los aspectos de nuestras vidas.  

De otro modo, va a ser difícil obtener otras respuestas de una inteligencia tan maravillosa como ecpática y fría como es la artificial, en especial, cuando le preguntemos por lo que opina de nosotros o por nuestro propio destino.      


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Web 3,  NFT, Tokens y otras cosas que aunque parezca mentira, te interesan.

No nos engañemos, no es que me apasione el tema del que vamos a hablar, es que necesito hacerlo para ver si me aclaro un poquito. Porque, aunque aún me cueste ver su aplicación en nuestro sector, al menos en el corto plazo, me da que estamos frente a la verdadera revolución tecnológica. Y no esa que nos vendieron en su día del internet de las cosas…

¿Qué representa la llegada de la WEB 3.?

Por resumir este tema en una sola frase. Si la web nº 1 iba de links, la nº  2 va de likes y la nº 3 irá de tokens.

O dicho de otra forma, si la web de los comienzos, llamada 1.0, giraba en torno a los hiperenlaces, y la web 2.0 lo hace en torno a las redes sociales; la web 3.0 se basa en los tokens, las unidades digitales de intercambio de tecnologías blockchain, o cadenas de bloques. (Si, lo se, yo sigo sin enterarme muy bien pero quédate con lo del token que verás que tiene todo el sentido. Te lo aclaro más abajo…)

Lo importante es entender que este nuevo modelo de web tiene muchos servicios basados en la economía del token, y que la propiedad y el control de estos servicios estaría repartido entre los dueños de los tokens, que son también usuarios. Y por eso me parece tan verídica, porque una vez empoderados los usuarios, no va a ver quién tenga capacidad para dar marcha atrás. 

Imagino que como yo, habrás descubierto que la clave para entender este entramado es saber que es un token. Básicamente y ciñéndonos a una definición estándar se trata de una “unidad de valor emitida por una persona o una empresa…”  A mi me ayuda mucho pensar que es como una ficha de casino, que fuera del mismo no te sirve para nada pero dentro es el equivalente a una moneda. Ahora imaginaros lo mismo pero en un negocio como el hotelero donde los token te dan derechos a determinados privilegios y servicios. ¿A que ya empezáis a verle la parte más práctica?  Efectivamente los llamados “utility token” permiten el acceso futuro a los productos o servicios ofrecidos por una empresa y no se crean para ser una inversión, sino para otorgar privilegios y ventajas para un usuario respecto a esos productos o servicios. ¿Verdad que todos entendemos los privilegios otorgados a través de la acumulación de puntos de fidelización?. Pues en lugar de puntos imaginad que les llamamos tokens, se pueden comprar y además nos ayudan a financiar un proyecto hotelero determinado, ya que se pueden monetizar de manera inmediata.

Para que se entienda mejor donde radica el poder de esta evolución vale la pena plantearse lo siguiente:

La web 1.0, el vulgarmente conocido como internet, es de solo lectura: es unidireccional y algo así como un banco de información infinito, la mayoría de los participantes éramos exclusivamente consumidores de contenidos.

La explosión de la web 2.0 trajo las redes sociales y la interactividad con el usuario, ya que estos creaban y siguen creando buena parte de su contenido. Es la era de compañías como Facebook, Google, Apple o Amazon, que crean servicios centralizados y dependientes de estas corporaciones. Y claro, la paradoja es que los usuarios acaban dándose cuenta de que ellos crean, pero son las compañías tecnológicas las que monetizan.  Después de esta web 2.0, en la que  las tecnológicas nos dejaron jugar hasta el momento en que necesitaron cobrarnos en forma de nuestros datos privados por los servicios prestados, ¿os acordáis de la famosa frase de si no te cuesta nada, es que el producto eres tu…?. Pues eso… el producto eres tu pero la pasta se la lleva otro. Lo digo con segundas porque francamente aún no he entendido la obsesión de algunos por subir determinados contenidos y experiencias personales a la red. Como si acabar facilitando gratis hasta tu talla de calzoncillos no fuese suficiente. En fin…

La realidad, sin embargo, es que lo que llega es la Web 3.0 ( o web3), con la promesa de una web donde el usuario vuelve a estar en el centro como creador, pero sobre todo como poseedor, como dueño de esos tokens que van a definirnos a cada usuario con un perfil único en Internet basado en el historial de nuestras búsquedas. Ese perfil se usará para personalizar la experiencia de navegación a cada individuo por separado. Y las maquinas van a llegar a un grado de personalización jamás conocido hasta la fecha. De hecho se habla de robots capaces de “interpretar” y “sentir” en base a la información procesada.

Y aquí es donde entran en juego los llamados NFT. Estos son un tipo de token que se refiere a activos coleccionables y son únicos, con lo que pueden representar por ejemplo una identidad digital. Pero no una identidad con información sociodemográfica almacenada en una base de datos, sino algo con más información, parte de ella sensible, pero almacenada en una cadena de bloques que incrementa la seguridad de nuestros datos.

La otra tipología de NFT es la que se asemeja a una inversiones a efectos legales, es como un derecho o una garantía de que si adquieres ese NFT tendrás un contraprestación o beneficio determinados a cambio del mismo. Tales como upgrades, ventajas exclusivas o incluso productos solo al alcance de propietarios de dichos NFT.

En resumen, un mundo de posibilidades en el que la tecnología permitirá encriptar y empoderar al usuario al margen del propietario de la herramienta en la que se sustenta.


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Febrero consolida las nuevas tendencias para los viajes en 2023.

Estamos ya en Febrero y me merece una reflexión sobre las predicciones para la hostelería realizadas a finales del 2022, ahora que vamos camino de terminar el primer trimestre. De las macro tendencias apuntadas a finales del año pasado para el sector hotelero, hay unas que tienen pinta de quedarse en el apartado de los futuribles, pero sin embargo hay otras que van camino de materializarse y a marcar la gestión de los próximos meses.

Entre las que me parecen más destacables están las siguientes:

La recuperación es un hecho.

Ni guerras, ni crisis, ni inflación… para nuestra sociedad postpandémica el deseo de viajar es ya considerada una forma de vivir momentos de felicidad y de desconexión para contrarrestar el peso del día a día e incluso como una manifestación vital. Es decir, una necesidad de primer orden cuya única duda que suscita es la de saber en que grado y segmento va a producirse la mayor demanda. Y es que según un reciente informe de Skyscanner solo el 6% tiene previsto ir menos de vacaciones que en el 2022.

Todo gira en torno a la experiencia

No se trata del destino, sino de la experiencia, o para ser más exactos de la experiencia en el destino. Las vacaciones experienciales son una de las grandes tendencias del turismo, y mucha gente elige “experiencias” singulares, a menudo vinculadas a empresas locales, en lugar del turismo de masas. Antes, sólo los hoteles de lujo atendían al “nicho de las experiencias”, presentándose como una experiencia en sí misma. Algunos por cierto de una manera algo torpe, basada en una pretendida exclusividad. Pero desde entonces las “experiencias” se han democratizado gracias a una nueva forma de entender la vida y al deseo de relevancia que nos ha invadido como sociedad tras el Covid-19

La falta de personal es la gran amenaza para la rentabilidad.

¿Más que la inflación y los tipos de interés…? Pues si, más. Y fruto de ese miedo son las numerosas llamadas que los equipos de recursos humanos que los hoteles de costas e islas están realizando ya sobre el personal que está realizando la campaña de invierno. El sector no está realizando los deberes que pasan no solo por la mejor remuneración de los puestos, que en la práctica ya le están costando más a los empresarios, sino sobretodo por la orientación y dignificación de una profesión que tiene más valor que el que se le otorga a nivel social. Además muchos negocios van a tener dificultades para encontrar personal y cubrir puestos básicos que permitan poner en marcha la actividad y por tanto incidirá negativamente en la primera línea de sus cuentas de explotación. En este sentido ya hay quién apunta que la mejor manera de contratar es la de capacitar al personal interno.

La inflación, los tipos de interés y la subida de la energía.

Si la falta de personal tendrá un impacto directo sobre los ingresos de la actividad, las tres circunstancias que acabamos de apuntar lo tendrán sobre la estructura de costes. La conocida crisis de suministros que afecta directamente en la subida del precio de la energía, los problemas para conseguir algunas mercancías y productos básicos, que ahora se fabrican bajo pedido y el coste de las materias primas, en especial de la alimentación van a poner muy difícil llevarse directamente el mismo porcentaje de ingresos que venía siendo habitual, a la línea del GOP del Hotel.

El miedo a la crisis por parte de un numero elevado de la población.

En cuanto a los consumidores, y por lo tanto potenciales clientes, la subida de precios, la tan temida inflación que les resta poder adquisitivo y que hace que deban destinar más dinero a la devolución de su endeudamiento por la subida consiguiente de los tipos de interés. Así como una lógica tendencia a protegerse y a incrementar sus ahorros, serán lo que defina la principal consecuencia negativa a la que deberemos hacer frente a pesar de las buenas expectativas que recoge la mayor parte del sector en este primer trimestre del año. Y es que podemos volver a ver aquella tendencia que ya se vio tras la crisis del 2008, con usuarios optando por destinos más cercanos, más asequibles y que les permitan descubrir lugares y experiencias sin necesidad de desembolsar mucho.

Más ecos, más verdes y más socialmente conscientes.

La mayoría de alojamientos han iniciado un camino que ya no tiene vuelta atrás en su afán de convertirse en establecimientos más sostenibles, una demanda que llega directamente de la sociedad y de sus propios viajeros, que buscan viajar dejando un impacto positivo a su paso. La sostenibilidad involucra todo tipo de medidas destinadas a cuidar el medioambiente, pero también tiene una vertiente social, que en el turismo se refleja especialmente con la cooperación entre proyectos locales y con la necesidad de saber que contribuimos al bienestar de los destinos turísticos de acogida.

Prepárate para acoger al nuevo cliente estrella…, ya todos somos nómadas digitales.!!!

Hasta la fecha, turismo y trabajo estaban básicamente vinculados con los viajes de negocio. El «bleissure» era la última de esas palabras destinadas a segmentar un tipo de viajero . Pero una de las nuevas tendencias es la del nomadismo digital, con personas que tienen un trabajo que les permite ir cambiando de lugar de residencia en cortos periodos de tiempo, o bien personas con posibilidades de teletrabajo que buscan disfrutar de periodos de descanso más allá de los convencionales. Como quiera que sea su condición lo cierto es que el que más y el que menos se ha apuntado a esta moda de los conocidos como “nómadas digitales”, y ya no se limitan al rango de empleos relacionados con la tecnología o la creatividad, sino que ahora cualquiera puede bajar a la recepción de tu hotel a pedirte por un lugar tranquilo donde tomar un café y conectarse a una videoconferencia cualquiera.


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¿Qué nos espera tras la remontada del último verano?.

Acabo de hablar con un amigo de una importante cadena hotelera que está tremendamente contrariado y más que preocupado por la subida de precios de cara al próximo invierno que plantea su propio departamento de revenue. Lo cierto es que uno se siente algo identificado cuando tiene que explicar lo que sospechas que se nos viene encima y enfrentarlo, ( no existe una palabra que lo defina mejor…) a la evidencia empírica de los asombrosos crecimientos que registramos en el sector de invierno el año pasado. Parece que hemos olvidado el síndrome de estampida que experimentó el turismo de esquí tras cerca de dos años sin acceder a las pistas debido a la pandemia y cuyos efectos de «liberación» o de «tirar la casa por la ventana», vaya usted a saber, se ha mantenido hasta este mismo verano.

Para la mayoría de los ahorros que las familias consiguieron durante la Pandemia no había un mejor destino que el de aliviar esa sensación de encierro y de carencia de movilidad que tan poco tiene que ver con el carácter aventurero y relacional de la mayoría de los habitantes del primer mundo.

Pues bien, os traslado las reflexiones en voz alta que he compartido con mi amigo ya que lógicamente no tendremos datos empíricos hasta que esto haya pasado y eso ocurrirá, coincidiendo con el cierre del último trimestre.

En primer lugar está la inflación, que no solo es un buen tema para abrir telediarios, sino que afecta directamente a los precios y por lo tanto al conjunto de la actividad económica. Si bien es cierto que está por ver si acabará por ser el preludio de una recesión, lo que es innegable es que encarece los costes, y frente a esto los empresarios o bien reducen sus márgenes o bien tienen que incrementar los precios. Es decir tienen que escoger entre perder competitividad o rentabilidad. Esa no deja de ser una decisión estratégica al que todo empresario ha tenido que hacer frente el algún momento, así que diríamos que es hasta fácil. Lo que sospechamos algunos, sobretodo después de la subida de tipos de interés, es que el verdadero objetivo no es otro que el de contraer la economía de la zona Euro a un consumo más sostenible por aquello de que hay que hacer frente a los efectos de la guerra. Y claro, cuando el objetivo es apretar el bolsillo de todos los europeos por igual, el ocio en general y el turismo en particular es una de las primeras cosas que se resienten.

Hablando del tema de la guerra, los efectos por la desaparición del mercado ruso en algunos lugares de costa ha sido casi inapreciable gracias al mercado nacional y el de proximidad, principalmente el francés. Pero los presidentes de ambos países ya han advertido del duro invierno que tenemos por delante, por lo que no parece muy razonable pensar que este fenómeno vaya a producirse una segunda vez y menos en invierno.

En un lugar como el Valle de Arán, al que considero como un pequeño laboratorio de tendencias con un cliente perteneciente mayoritariamente a un segmento medio o medio-alto, el aumento de las ocupaciones ha sido lineal en los meses entre enero y julio. Sin embargo, en agosto se estancaron por debajo del año pasado y actualmente se está produciendo un cambio de tendencia que hace que en los meses de otoño e invierno se haya producido cierta desaceleración, a pesar de ir precisamente hacia su temporada alta. Algo que indica que después de las alegrías de verano el consumidor está empezando a mirar su bolsillo con más cuidado y probablemente no esté dispuesto a pagar cualquier precio tal como ha venido haciendo hasta finales del verano.

Pero para que no se diga que en esta crisis no vemos una oportunidad… Si algo bueno puede tener la actual situación en el plano de la demanda, es que la depreciación del euro frente al dólar puede hacer que nuestro país resulte más atractivo para los estadounidenses, sobretodo ahora que han declarado oficialmente el fin de la pandemia. De manera que los amantes de pasar los inviernos en las Rocosas, quizás se lo replanteen este año y opten por algún destino nacional, menos glamouroso, pero que duda cabe que más cercano y acogedor.

Otro tema que no es menor para el empresario de cara a los próximos meses tiene que ver con la dificultad para encontrar al personal que debe formar sus equipos. Algo que si bien no creo que sea tan crítico como el último invierno, desde luego no parece que se haya solucionado. Y es que al problema de la masiva fuga de talento y el enorme coste que tiene para las empresas la pérdida de capital humano formado, se ha unido una campaña estresante especialmente en la costa y las islas que hace que los trabajadores ansíen aún más que antes cambios sustanciales en sus condiciones laborales. Y esto, a falta de una mayor dignificación del sector, se traduce directamente en un mayor coste de la partida de sueldos y salarios en la cuenta de explotación de cualquier negocio.

Por cierto, del tema de los suministros, y del papel de las empresas de distribución. Mejor ni hablamos.


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Radiografía de la temporada de esquí 2021-22 en Baqueira Beret.

El pasado 18 de abril se cerró en Baqueira Beret la temporada de esquí 2021-2022 con unas cifras récord y en palabras de la propia estación, como la mejor de la historia. Los 143 días de apertura que empezaron el pasado 27 de noviembre conseguían superar la barrera psicológica del millón de días de esquí y quedarse concretamente en los 1.033.453 vendidos.

Esta exitosa temporada se ha caracterizado por un flujo continuo de visitantes sin que el sector haya sufrido apenas ninguno de los temidos periodos valle que habitualmente deparan las semanas más flojas en la Cordillera Pirenaica. El buen tiempo del que hemos disfrutado este invierno, unido a una excelente calidad de la nieve han hecho que pareciera fácil lo que en realidad no lo era. Las nevadas en torno al 27 de noviembre, unidas al frío y a la producción de nieve dejaron una estación impecable de cara al Puente de la Purísima y las «ganas de nieve» de los amantes del esquí después de casi dos años sin practicar su deporte favorito, hicieron el resto.

Y es que a pesar de este éxito, no podemos olvidar que la temporada se inició en pleno año Covid, con muchas incógnitas frente al comportamiento y alcance de la 6ª ola y llena de miedos frente a las medidas que podrían tomar las administraciones para poder controlarla. Los meses posteriores no fueron mucho más esperanzadores. Mientras la mayoría de sectores revisaban sus planes de negocio a la baja para el primer trimestre, fruto de las nuevas restricciones que obligaba a implantar la variante Omicron en media Europa , la prensa económica se llenaba de noticias que amenazaban la ansiada recuperación y se hacían eco del aumento de precios de materias primas, combustibles, de la falta de microchips, de las tensiones geopolíticas, y hasta nos obligaba a estudiar una nueva palabra tan extraña como amenazante, la ya popular estanflación.

No obstante, la conjura generalizada del sector fué clara desde el principio… – Abrimos!!!-. Y ya os digo que lo que ahora parece fácil y evidente, el 20 de noviembre no lo era tanto.

La incertidumbre era absoluta frente al comportamiento de los ingresos, amenazados por las cancelaciones fruto de restricciones, contagios o simplemente del miedo a viajar. Y la única certeza absoluta era la de tener que asumir la subida de los inputs de producción en el margen bruto de las empresas, ya que en muchos sectores como el turístico o el del alojamiento, los precios se habían hecho públicos desde mayo del 2021. Por otro lado, las restricciones y limitaciones de aforo a la restauración en Cataluña obligaban a redistribuir espacios, limitar comensales y en consecuencia, a reajustar los posibles ingresos derivados. Afortunadamente el clima se mostró de lo más colaborador y los 16 días de nevadas de esta temporada fueron suficientes para mantener los espesores con una media de 146 cm y una suma de precipitaciones acumulada en cotas altas de hasta 9 metros.

Un clima estable en cuanto a borrascas pero lo suficientemente frío como para mantener la buena calidad de las pistas, sin duda son una de las recetas de éxito de cualquier estación. Pero sería injusto pensar que eso fué lo único que contribuyó al éxito de la pasada temporada. El mix de actividades deportivas y culturales programadas por la estación, a pesar de las amenazas que acabamos de comentar, ha tenido , sin duda, mucho que ver.

En el plano deportivo Baqueira ha consolidado sus competiciones deportivas más populares. La 42ª edición de la Marxa Beret, juntó a más de 900 participantes amantes del esquí nórdico, la sexta edición de la BBB ski race aproximó a los esquiadores a todos los rincones de la estación y una original iniciativa de Audi nos trajo la e-tron Night, donde se iluminó toda la Cara Norte con esquiadores con luces led, y concluyó con un espectáculo de saltos freestylers y la posterior fiesta en el Moët Winter Lounge. El trofeo Fundación Jesús Serra llegó a su XIV edición y continuó con su faceta más altruista otorgando becas de estudios a los mejores esquiadores. En el Stadium de Beret se han celebrado innumerables competiciones como el segundo Trofeo FIS Blanca Fernández Ochoa, el Memorial Montse Corominas, el Trofeo Amics de Montgarri, el Top CAEI FIS, o la Copa España U14/16 donde se pudieron ver en acción a las futuras promesas del esquí alpino.

Pero sin duda el evento con mayor relevancia de la pasada temporada ha sido el Freeride World Tour. El pasado 22 de enero se disputó en Baqueira Beret la primera parada de este espectacular campeonato internacional. Una competición que se celebra en 5 puntos emblemáticos del mundo y donde se reúnen los mejores freeriders. En Baqueira se encontraban entre ellos los locales Aymar Navarro y Abel Moga que hicieron vibrar a las más de 4.500 personas que vivieron en directo el gran espectáculo que ofrecieron los riders en las montañas de Baqueira Beret. Unas condiciones espectaculares de nieve y de tiempo permitieron que la carrera brillara en todo su esplendor en esta primera parada en territorio español. Por lo que la organización del Freeride World Tour y Baqueira Beret han confirmado que la próxima temporada 2022-2023 la Estación estará presente de nuevo en el circuito más extremo del esquí internacional.

A las acostumbradas actividades deportivas se han sumado este año una nutrida agenda cultural con actuaciones musicales, principalmente en el mes de marzo, cuando se celebró la segunda edición del festival de música Polar Sound, cada año más consolidado, y el homenaje al artista Pau Donés. Un emotivo homenaje al la figura del cantante con el título “El Valle Grita”, que llenó de música la Estación de la Val d’Aran i Valls d’Àneu, en la que más de 1.000 personas acudieron a la cita para apoyar a este proyecto y formar parte in situ de él.

Como he dicho antes, parecía fácil, pero no lo era. Lo que me lleva a pensar que el actual equipo directivo de la estación se ha ganado por derecho propio declarar aquello de que: – ningún tiempo pasado, fué mejor-.