Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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No todo el turismo es igual: por qué la nueva tasa turística no puede, ni debe, aplicarse de forma universal en Catalunya

Catalunya es, sin duda, una potencia turística europea. Pero no es un bloque homogéneo. Bajo una misma etiqueta conviven realidades profundamente distintas: desde una gran capital global como Barcelona y un litoral de altísima presión turística, hasta comarcas de interior y de montaña donde el turismo no es un exceso que gestionar, sino el pilar que sostiene la vida económica y social.

La tramitación de la nueva regulación de la tasa turística abre una oportunidad importante: corregir el error de haber tratado hasta ahora a todo el territorio con el mismo rasero fiscal. Desde el sector turístico de las comarcas de Lleida, y especialmente del Pirineo, la postura es clara: una tasa turística universal es ineficiente, injusta y territorialmente desequilibradora.

Una Catalunya turística a dos velocidades

Las cifras hablan por sí solas. En 2024, Catalunya registró alrededor de 82 millones de pernoctaciones en hoteles, campings y turismo rural. Pero la distribución territorial de este volumen es enormemente desigual:

  • Barcelona ciudad concentra por sí sola cerca del 28% de las pernoctaciones.
  • Las zonas de costa (Costa Brava, Costa Barcelona y Costa Daurada) suman más de un 63% adicional.
  • El Pirineo apenas representa alrededor del 4%.
  • El resto del interior de Catalunya, otro 4% aproximadamente.

Es decir, más del 90% de las pernoctaciones se concentran en Barcelona y el litoral, mientras que la mayor parte del territorio catalán comparte menos del 10% restante. Pretender que estas realidades tan dispares soporten la misma política fiscal sobre las estancias turísticas carece de lógica económica y de sensibilidad territorial.

Donde hay saturación… y donde no

La tasa turística suele justificarse en destinos con alta presión turística, donde el volumen de visitantes genera tensiones sobre el espacio público, la vivienda, los servicios y la convivencia. Esa situación existe en determinadas zonas urbanas y costeras, y es legítimo debatir cómo gestionar sus impactos. Pero esa no es, ni de lejos, la realidad de las comarcas de Lleida. En la mayor parte del interior y del Pirineo:

  • No existen problemas de masificación.
  • Las ocupaciones medias anuales son bajas (en muchas zonas de montaña, por debajo del 40%).
  • El turismo es muy estacional (nieve, verano, fines de semana).
  • Una parte importante de la demanda es de proximidad y de perfil familiar o deportivo, no de grandes flujos internacionales.

Aplicar la misma carga fiscal a territorios tensionados y a territorios que luchan por mantener actividad económica es, sencillamente, un error de diagnóstico y porque no decirlo, una irresponsabilidad

Poco volumen, pero máxima dependencia

Hay un dato que a menudo se pasa por alto: tener menos turistas no significa depender menos del turismo; a menudo ocurre justo lo contrario.

En Barcelona, el turismo es un sector importante, pero forma parte de una economía altamente diversificada: servicios avanzados, industria, tecnología, finanzas, logística, cultura. Su peso se diluye dentro de un tejido económico amplio y robusto.

En cambio, en muchas comarcas del Pirineo —como el Pallars Sobirà, la Alta Ribagorça o la Val d’Aran— el turismo, sumando efectos directos e indirectos, puede representar entre el 70% y el 90% de la actividad económica real. Es el sector que sostiene el empleo, mantiene abiertos negocios, fija población y permite que el territorio siga vivo.

Esto implica una consecuencia clara:
La elasticidad ante nuevas cargas fiscales es mucho menor. Un pequeño incremento de costes puede tener un impacto proporcionalmente mucho mayor en la viabilidad de empresas y destinos enteros.

Competencia directa sin tasa

A esta fragilidad estructural se suma un factor clave: la competencia.

Los principales competidores de las zonas de montaña de Lleida no son Barcelona ni la Costa Brava. Son Huesca (Pirineo aragonés) y Andorra, destinos con productos muy similares (nieve, naturaleza, turismo activo) y que no aplican tasa turística.

En mercados donde el precio es un factor decisivo —familias, escapadas de fin de semana, turismo deportivo— cualquier sobrecoste, aunque parezca pequeño, influye en la decisión final. Además, el precio medio del alojamiento en la demarcación de Lleida es de los más bajos de Catalunya, por lo que la tasa representa un porcentaje mucho mayor sobre la factura final que en destinos urbanos de tarifas elevadas.

¿Quién paga realmente la tasa en el interior?

Otro elemento diferencial es el perfil del visitante. Según datos oficiales, en las comarcas de Lleida:

  • Alrededor del 80% de los clientes son españoles.
  • Y de estos, una parte muy importante son catalanes.

Es decir, en gran medida son los propios ciudadanos de Catalunya quienes acaban pagando la tasa cuando viajan dentro de su propio territorio, especialmente en escapadas rurales, de naturaleza o de nieve. Esto refuerza la idea de que la medida, aplicada de forma uniforme, tiene un efecto regresivo y poco coherente en zonas que no sufren presión turística.

Además, en muchos establecimientos del interior se alojan trabajadores desplazados por motivos laborales (obras, servicios, proyectos temporales). Gravar estas estancias con una tasa pensada para el ocio turístico desvirtúa completamente el sentido del impuesto.

Recaudación: una concentración extrema

La distribución de la recaudación de la actual tasa turística también evidencia el desequilibrio. Barcelona y la costa concentran la práctica totalidad de los ingresos, mientras que el conjunto de marcas turísticas del interior y el Pirineo representa un porcentaje mínimo del total.

Esto demuestra que la tasa no es, en estas zonas, una herramienta decisiva de financiación, pero sí puede convertirse en un freno a la competitividad y al crecimiento de destinos frágiles.

Una propuesta basada en la realidad territorial

Desde el sector turístico de Lleida encabezado por la Federació d´Hosteleria de Lleida no se plantea una oposición genérica a cualquier figura fiscal. Lo que se defiende es una aplicación proporcional al grado de tensión turística de cada zona.

La propuesta se basa en tres grandes ejes:

  1. Mantener una tasa moderada en el Pirineo, donde existe actividad turística clara (nieve, parques naturales), pero con ocupaciones muy estacionales y lejos de la saturación. Además, se pide que la recaudación revierta íntegramente en el propio territorio para la gestión turística.
  2. Establecer tasa cero en las comarcas del interior de Lleida donde el turismo es residual o muy limitado y no existe ninguna zona tensionada. Penalizar fiscalmente a territorios que buscan atraer visitantes para sobrevivir carece de sentido.
  3. Eximir las estancias por motivos laborales, que no responden al concepto de turismo y son esenciales para la actividad económica ordinaria.

No es insolidaridad, es equilibrio

Defender un tratamiento diferenciado no es un ejercicio de privilegio territorial, sino de equidad y eficiencia. Las políticas públicas funcionan mejor cuando reconocen la diversidad y se adaptan a ella.

Catalunya no es una única realidad turística. Es un mosaico donde conviven destinos globales con territorios rurales y de montaña que luchan contra la despoblación y la falta de oportunidades. Aplicar una tasa turística elevada y universal puede ser asumible en entornos altamente diversificados, pero puede resultar asfixiante en aquellos donde el turismo es prácticamente la única palanca económica.

Si de verdad se apuesta por el equilibrio territorial, la sostenibilidad y la cohesión del país, la fiscalidad turística debe reflejar esa complejidad. No todo el turismo genera los mismos impactos, y no todos los territorios pueden soportar las mismas cargas. Reconocerlo no divide: al contrario, es la base para una política turística más justa, más inteligente y más alineada con la realidad de Catalunya.