Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Que deberíamos explicar sobre los JJOO antes de que sea tarde.

Después del revuelo suscitado tras el anuncio de la candidatura de los JJOO de invierno Pirineus-Barcelona-Zaragoza 2030, y teniendo en cuenta que desde la población local no se ha respirado precisamente un ambiente de euforia, me preguntaba que tipo de cosas les pueden interesar realmente a los habitantes del Pirineo de un evento de estas características. La respuesta creo que guarda más relación con los puntos básicos que debería explicar cualquier gestor de políticas turísticas. que con los de un organizador de eventos deportivos.

En mi opinión, las administraciones y organismos implicados harían bien en diseñar el proyecto, y por supuesto la comunicación relativa al mismo, buscando la complicidad de la gente en lugar de enfocarlo como una especie de plan Marshal para el Pirineo, en el que después de nueve años, ya casi nadie cree.

Antes de limitarse a presentarlos como una especie de elixir de revitalización territorial, valdría la pena desarrollar los Juegos paralelamente a los siguientes puntos y explicarle a los habitantes de las comarcas afectadas como se ha pensado solucionarlos aprovechando la gran cita olímpica. Por ejemplo:

Como se ha pensado fomentar su desarrollo sostenible en armonía con los recursos naturales del territorio. Los corrimientos de tierras, el aumento de contaminación lumínica o la explotación de recursos hídricos para la creación de infraestructuras o urbanizaciones debe ser algo perfectamente estudiado y diseñado para no arruinar un entorno tan sensible como el de las montañas.

Como se estimulará el desarrollo regional mediante la creación de empleo y la generación de ingresos que revitalicen las áreas económica y sociales. En este punto no cabe decir que vendrán muchos visitantes. Un plan bien diseñado debería tener en cuenta las posibilidades de recuperación de aquellas actividades que hayan caído en desuso o en el olvido con potencial para dinamizar la economía actual de la zona. Lo otro es limitarlo a una macro campaña de marqueting y fomentar monocultivos económicos. Lo que de verdad perdurará en el territorio son aquellas políticas destinadas a incentivar las relaciones económicas locales y estimular el crecimiento de otros sectores complementarios.

Como se gestionará la atracción de inversiones extranjeras de forma controlada. Esta claro que las grandes inversiones destinadas a distribuir riqueza lejos del territorio generan a corto plazo una relación poco fructífera para la población local. Los convenios de colaboración entre empresas externas e inversores locales son probablemente la fórmula más racional de darle continuidad a proyectos de toda índole a medio y largo plazo y por supuesto, son mucho más interesantes para el territorio.

Como conservar y poner en valor el patrimonio histórico, la cultura y el modo de vida locales. En este punto se han venido produciendo varios conflictos ya que tradicionalmente se ha entendido que crear productos y comercializarlos a costa de cierta banalización de los mismos consistía en un mercadeo poco respetuoso. Pero lo cierto es que no se respeta lo que no se conoce y generar un movimiento de masas en lugares con patrimonios culturales sensibles entraña un riesgo que bien merecen una protección e incluso una difusión de los mismos siempre que se respete su valor principal, sobretodo si al final entrañan un mal menor. En cualquier caso diseñar de antemano un programa de protección y divulgación puede ayudar tanto a la población local como a los visitantes a encontrar un punto de equilibrio.

Cómo se estimularán otras formas de cultura contemporánea, como eventos, festivales, etc. En el otro lado de la balanza está la magnífica oportunidad que la afluencia de gente ofrece para dar entrada a movimientos de vanguardia, artistas y todo tipo de iniciativas juveniles y universitarias que de otra forma quedarían lejos de estos territorios. Un evento singular de estas características puede tener un efecto reclamo nada despreciable.

Como se gestionará la conservación del entorno y el medio físico, mejorando el uso de zonas y áreas e incentivando mejoras en zonas deprimidas. Tener en cuenta la repercusión generada por un evento así para realizar campañas de sensibilización sobre los riesgos que corre el territorio en cuanto a incendios, contaminación, destrucción del patrimonio natural. Aprovechar también el marco que ofrece la planificación de un evento de esta magnitud para llevar a cabo una modificación de las normas e incluso un endurecimiento de las penas en caso de que sea necesario.

Como se ha planificado el desarrollo por comarcas, o por zonas, controlando el uso del suelo. Para las personas que están buscando una vivienda para instalar su domicilio en alguna comarca Pirenaica de las denominadas turísticas, este punto se explica por si solo. En los últimos años muchos de los POUM han destinado superficies para el uso residencial que se han acabado convirtiendo en muchos casos en un valor especulativo de la mano de sus usos turísticos. Aunque este es uno de los miedos principales para los habitantes de estas comarcas no es el único, la pérdida de derechos y usos de los recursos del territorio amenazan algunos de los medios de subsistencia de estas comarcas. La regulación sostenible de zonas agrícolas y de pasto o de explotaciones silvícolas y la correcta planificación de las zonas de equipamientos para la población residente debería estar contemplado en el mismo proyecto en el que se especifica donde y como se instalará un trampolín de salto.

Como aseguraremos que el desarrollo turístico contribuya al aumento de la calidad de la vida local. Este es un blog que habla precisamente de los muchos casos en lo que esto ocurre de manera natural y satisfactoria. A pesar de las múltiples noticias relacionadas con los problemas y las patologías turísticas cualquiera con un mínimo interés y espíritu crítico se dará cuenta de que siempre que se hagan las cosas mínimamente bien, el turismo aporta mayoritariamente más ventajas que inconvenientes en aquellas zonas donde existe un recurso turístico. Así que permitidme que rompa una lanza en su favor y enumere aquellas cosas que deberíamos desarrollar, ( y a veces se nos olvidan…) para generar un entramado de acogida lo más beneficioso posible para residentes y visitantes:

  • Buscar el equilibrio de los componentes del denominado producto turístico (calidad, capacidad y carga turística)
  • Diseñar estrategias de atracción enfocadas a determinado tipo de clientes y calidad de los mismos.
  • Controlar e incentivar la calidad del producto, recursos y servicios turísticos.
  • Desarrollar programas de formación profesional, de estudios superiores o de tecnificación.
  • Desarrollar la coordinación y el marco de agentes e intereses publico-privados.
  • Sensibilizar a la sociedad sobre los beneficios socio-económicos del turismo y su impacto en la mejora del tejido económico de la zona.
  • Rediseñar y mejorar los servicios, equipamientos e infraestructuras de la zona.

Conseguir en definitiva, la complicidad de la población local en el proceso de desarrollo de la candidatura y del proyecto no como un simple espectador que tiene que ceder parte de su espacio vital para mayor gloria patria, sino aprovechando la cita para poner soluciones a los problemas del territorio llegando incluso a legislar para garantizar su supervivencia y sostenibilidad si así fuese necesario.


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JJOO de invierno 2030. De la oportunidad, al lío.

Un acto organizado el pasado sábado 13 de noviembre en Vielha por el COE supuso un tímido pistoletazo de salida institucional a las aspiraciones olímpicas del Pirineo para el 2030. El acto se celebró en medio de un ambiente enrarecido que ha hecho que algunos no duden en bautizarlos ya, como los Juegos de la desinformación. Y es que pocas veces antes se ha evidenciado tan claramente el divorcio entre políticos, empresarios y vecinos en general, frente a un proyecto que debería partir como una oportunidad de crecimiento para las comarcas de montaña.

Los términos en los que se está planteando el debate sobre Juegos Olímpicos SI, Juegos Olímpicos NO, se me antojan a estas alturas tan ridículos como discutir si las drogas son buenas o malas. Si crees que es un tema sencillo con una solución fácil, intenta poner de acuerdo a alguien que trabaje para el proyecto hombre y a un sanitario de la unidad del dolor de un hospital cualquiera. Es obvio que ambos tendrán una visión distinta basada en certezas incuestionables y dos realidades antagónicas. Por eso, se me hace tan extraño aceptar que a estas alturas ya haya personas que sostengan posturas tan inamovibles y se nieguen a tener un diálogo mínimamente serio sobre la conveniencia o no de su celebración.

Las opiniones vertidas desde las distintas fuerzas políticas tampoco parecen aportar mucho. Lejos de contribuir a esclarecer dudas y disipar miedos, unos y otros se acogen a clichés propagandísticos a cuál más simple y sesgado.  Lo que debería servir como pretexto para abrir un debate serio sobre hacia donde deben orientarse las distintas políticas económicas y sociales orientadas a reducir la brecha de oportunidades que sufren las zonas rurales y los territorios de alta montaña en particular, se está convirtiendo en un derroche de populismos que ignoran deliberadamente los pros y contras que implicaría una decisión tan importante como estratégica.

Y es que, a raíz de las últimas informaciones aparecidas en la prensa, sospecho que el planteamiento actual tiene poco que ver con el cuidado real de los intereses de los habitantes del territorio y mucho con una especie de intercambio político en el que buena parte de los actores empiezan a concebir los Juegos como moneda de intercambio en un complicado juego de equilibrio de fuerzas territoriales. No solo porque así lo escenificara el actual Govern de la Generalitat, quién a las primeras de cambio ofreció a la CUP frenar la candidatura a los Juegos Olímpicos de Invierno hasta que no se haya realizado una consulta ciudadana al respecto, a condición eso sí, de que los anticapitalistas apoyen los presupuestos para el 2022. Es que además, el propio nombre de la candidatura ha hecho un extraño viajes desde su Pirineus 2030, hasta el Pirineus-Barcelona-Zaragoza 2030.  Bien mirado, ahora mismo esto tiene pinta de tener tanto éxito como la marca Pirineos, que empezaron planteándose tres países y acabaron disputándose los plenos de casi todas las entidades municipales de la cordillera.

Con semejante panorama, no es de extrañar que lo primero que haya hecho el mismísimo vicepresidente del COI, el Excmo. Sr, Samaranch Salisachs haya sido pedir «unanimidad» institucional y social antes de poder convertirse en sede.

El propio COI es consciente de que su marca e imagen se deterioran debido a las constantes negativas y dudas que han despertado diversos proyectos que en el pasado sirvieron más como propaganda para ensalzar el orgullo patrio, que como herramientas de dinamización social y deportiva.  Por ese motivo el máximo órgano institucional representativo de la gran familia olímpica ha flexibilizado año tras año sus exigencias sobre los requisitos que deben cumplir las sedes. Las nuevas directrices son claras: ni gastos innecesarios ni infraestructuras inútiles.  Desde el propio Comité Olímpico Internacional se ha incidido en este cambio de paradigma. “Ahora no es cuestión de ver qué puede ofrecer el territorio para tener unos Juegos, sino qué pueden ofrecer unos Juegos al territorio”.

A pesar de estos esfuerzos, el ruido de fondo mantiene descolocada a la población que reside en los territorios de montaña, que tras 11 años oyendo las promesas de mejoras para albergar unos Juegos de Invierno, siguen viéndose a la cola de las inversiones en infraestructuras básicas y sin saber cómo afectaría realmente celebrar una cita olímpica en su casa.

Pocos saben que el presupuesto que se baraja para la cita de 2030 es de 1300 millones de euros, infraestructuras aparte claro. Menos de la mitad de lo que costaron los de Barcelona´92 y muy lejos de los 40.000 millones despilfarrados en Sochi´2014. De estos 1300, 900 correrían a cargo del COI y los 400 restantes del comité organizador. Este ya ha aclarado a través de la Secretaria General de l’Esport de la Generalitat, que se cubrirían con la venta de entradas, mercadotecnia, sponsors privados y aportaciones públicas, con el firme propósito de no acrecentar la presión fiscal sobre ninguno de los territorios que la acojan. Eso si, nadie ha aclarado aún como se evitarán los peligros de la especulación y la subida de precios sobre derechos básicos hoy ya de por si escasos, como por ejemplo el del acceso a la vivienda. Teniendo en cuenta las crecientes dificultades que han quedado de manifiesto tras la crisis para poder vivir en las zonas de alta montaña, la confianza en los JJOO como catalizador de todas aquellas inversiones necesarias para el Pirineo, está más dividida que nunca.

Esta será una tarea donde se requerirá un liderazgo mayor que el que dio forma a Barcelona`92, en aquella ocasión Administración y empresa se encontraron en las figuras de Pascual Maragall y Leopoldo Rodés.  Hoy, los referéndums realizados en lugares como Calgary, Innsbruck o Sion, ponen de manifiesto que para el 2030 estos liderazgos requerirán, además,  de un consenso participativo desde el territorio. Por eso es tan importante explicarlo bien y que se entienda. 

Lo primero es conseguir un consenso social lo más amplio y meditado posible para concebir la cita Olímpica como un puente para aliviar las deficiencias que actualmente se viven en las comarcas de montaña. Sin olvidar claro, la necesidad de poner los recursos y escenarios apropiados para la consecución de los éxitos deportivos, que aunque nadie hable de ellos, es obvio que son el propósito en el que se encuadra dicho evento. 

Siento tener que decir que en esta labor de construcción de oportunidades y un futuro mejor, no caben ni las típicas promesas fáciles de los especuladores vende burras, ni los miedos insuflados desde el odio al sistema de los que están perpetuamente a la contra.


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La Cogobernanza. Una fórmula a desarrollar en las instituciones turísticas.

¿Es la cogobernanza la nueva fórmula de gobierno, para el futuro de las instituciones turísticas?.

Hace unos días, la responsable de la oficina turística de un importante destino turístico de interior me confesaba con cierta decepción la sensación de encontrarse cuestionados por instituciones, sector privado y opinión pública en general. La queja principal es que a pesar de sus esfuerzos y aún entendiendo todas las partes las dificultades que actualmente atraviesan las empresas turísticas, se encontraban permanentemente interpelados de forma crítica por aquellos que exigían soluciones casi mágicas a corto plazo, fundamentalmente el sector privado. Y aquellos estamentos del sector público que esperaban soluciones de futuro, no menos mágicas, y que no cayesen en los errores ni reprodujesen los peligros del pasado. En este ambiente tampoco faltaban los que presa del más puro «síndrome del cuñao», no se ahorraban juicios en contra de repetir las campañas de producto del pasado, y a la vez, todo lo contrario. Es decir se manifestaban al mismo tiempo en contra de aquellas que parecían más novedosas y disruptivas.

A mi la situación me recordó bastante a esas en las que como vértice de una pirámide jerárquica todo el mundo señala a la punta como la culpable y a la vez espera de ella que provea la solución. Algo, si se me permite decirlo, tan loco como nuestro.

Recordé entonces, que una de las herramientas que existen para desencallar estas situaciones consiste precisamente en hacer partícipe de la solución a otras personas o estamentos. Esta horizontalidad en la gestión del poder, es lo que desde los años 70 ha venido conociéndose como cogobernanza.

Este es un concepto que pasó de utilizarse en el seno de organizaciones internacionales, a las instituciones europeas y que finalmente ha alcanzado a los Estados. Su origen principal, en la actualidad, ya que el concepto parece ser proviene del francés “gouvernance» que data del siglo XVII, se justifica sobretodo por la idea de que el Estado era demasiado grande para los pequeños problemas y demasiado pequeño en cambio, para afrontar los grandes desafíos. Actualmente se ve como una herramienta para dar cabida a la participación, es decir, contar con la opinión de otras personas ajenas al poder para la solución de diversos problemas.

Cristina Monge explica claramente en su artículo publicado en El País el 13/05/2020 que:

El Libro Blanco de la Gobernanza Europea de 2001 define la gobernanza como “las normas, procesos y comportamientos que influyen en el ejercicio de los poderes a nivel europeo, especialmente desde el punto de vista de la apertura, la participación, la responsabilidad, la eficacia y la coherencia”. Desde entonces las aportaciones teóricas han sido numerosas, si bien la mayoría coinciden en señalar como elementos centrales la interdependencia entre organizaciones basada en la cooperación y el acuerdo, lo que hoy se consideraría un compendio de los principios de buen gobierno.

La pandemia ha puesto de manifiesto que muchas de las soluciones que debemos darle a los grandes problemas que tenemos como sociedad no pueden articularse exclusivamente desde la administración. Es más, hoy en día un 69% de la población opina que los gobiernos necesitan de la ayuda de las instituciones privadas para resolver los problemas sociales. Así que: ¿no es un tanto absurdo pretender solucionarlo todo a base de decretarlo…? ¿Cómo ha pensado el legislador de turno encorsetar el voluntariado, las aportaciones desinteresadas, la solidaridad o la cesión de recursos de todo tipo entre los múltiples agentes que conforman la sociedad civil?.

¿No es un tanto rocambolesco idear una solución sin contar con el mayor consenso y grado participativo…? ¿E intentar dar con soluciones complejas con la única aportación facilitada desde una oficina técnica gubernamental…?

Independientemente de lo absurdo que pueda parecerme intentar ejercer el poder de manera unilateral con un mando único y sin ninguna cooperación, lo cual se me antoja además tremendamente ineficiente y arriesgado. Lo más llamativo es que el sector público no se haya dado cuenta de que corre un serio riesgo de quedarse descolgado de la realidad vivida por sus administrados. Y no solo me refiero al consabido divorcio entre la política y la ciudadanía, ni al institucionalizado y aceptadísimo retraso legislativo sobre cualquier campo que experimente un mínimo de innovación. Sino que se enfrenta por primera vez a la posibilidad de que se organicen estructuras paralelas que no cuenten con el estado para generar un marco de confianza, funcionamiento y participación alternativos. Actualmente las soluciones basadas en la tecnología del blockchain, han dado lugar a que empresas y particulares ya no necesiten la validación por parte de las administraciones de sus relaciones más formales, así que: ¿os imagináis donde quedarán en algunos años las más triviales como por ejemplo las de promoción turística?.

Si alguien tiene alguna duda de esto. Le recomiendo seguir este enlace donde la propia UE apuntaba a la European Blockchain Services Infraestructure como una herramienta válida entre los estados para la expedición del certificado digital verde con el objetivo de facilitar la libre circulación de los ciudadanos en la UE durante la pandemia. Conste que me ahorro el hecho de comentar que el principal valor económico mundial en alza esta basado en esta tecnología, por su alto componente de volatilidad y el carácter especulativo que acompaña a la economía, pero seguro que a todos os suena lo del bitcoin…

Así que en mi opinión la cogobernanza ha pasado de ser una idea romántica del S. XVII, malentendida por muchos en la actualidad como el marco de colaboración publico-privada, a convertirse en la nueva fórmula de funcionamiento público necesaria para las diversas estructuras de la administración y del estado, en toda su escala institucional.

Dicho de otro modo, esto no consiste en conseguir un contrato con la administración para desarrollar una actividad, ejemplo clásico de colaboración público-privada. Sino que de lo que se trata es de incorporar, a los hasta ahora administrados, como la comunidad educativa, las organizaciones empresariales, los agentes sociales, la sociedad civil, etc… en las tomas de decisiones y la construcción de las nuevas reglas de convivencia y de desarrollo de sus actividades.

Después de lo ocurrido en 2020, ¿acaso alguien cree aún que podemos, por ejemplo, prescindir de los centros de ciencia, innovación y de pensamiento en el diseño de una nueva sociedad?

La cogobernanza definida como la inclusión de aquellos sectores estratégicos ajenos a la administración, dentro de los órganos de poder y de decisión de las diferentes disciplinas a tratar. Se me antoja como la única manera que tiene esta última, de no verse desbordada por el mayor potencial de inteligencia colectiva presente en el sector privado y no quedar relegada un vestigio de inoperancia y modelo caduco de organización del Estado, como en su día pudo ser el feudalismo.

Y sino, al tiempo…


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BAGERGUE. Primer pueblo de Cataluña incluido en la red de los pueblos más bonitos de España.

El pueblo de Bagergue, en la Vall d’Aran, fue galardonado el pasado sábado 27 de julio como uno de los pueblos más bonitos de España.

Según la asociación Los Pueblos más Bonitos de España, Bagergue es la única localidad catalana que ha ingresado en esta entidad, y que engloba a pueblos de menos de 15.000 habitantes bajo su exclusiva marca de calidad. Y es que según nos confirmaron desde la propia asociación, nacida en Barcelona, es precisamente la ausencia de subvenciones públicas lo que garantiza la total independencia de los galardones que tan solo obedecen a criterios estrictamente cualitativos.

Al acto de reconocimiento acudieron la delegada del Gobierno en Catalunya, Teresa Cunillera; el subdelegado del Gobierno en Lleida, José Crespín, así como el alcalde de Bagergue, Marc Tarrau, y el presidente de la asociación, Francisco Mestre.

Este último manifestó su satisfacción por tener por primera vez un pueblo catalán en la lista de los más bonitos de España. Y aprovechó para explicar la importancia que tiene para esta privilegiada localidad formar parte de este grupo de localidades y el impacto y proyección que generará a nivel turístico.

Para celebrar la jornada, se realizó un visionado del vídeo de la Ruta Romántica de Arán y la proyección del vídeo de los once nuevos pueblos más Bonitos de España 2019. A continuación, tuvo lugar una muestra de bailes tradicionales a cargo dels Gripets deth Naut Aran, una visita por las calles de Bagergue, y una degustación de productos locales, a manos de productores y restauradores del pueblo, que puso de manifiesto el alto nivel que alberga esta pequeña localidad de tan solo 107 habitantes a 1419 mts de altitud. El más alto de la Val d’Aran.

Cualquier época del año en Bagergue es espectacular, los inviernos con nieve abundante, la primavera con flores que cubren todos los prados, en verano con la vida que abunda en todas sus montañas y en otoño, cuando podemos asistir a un festival de colores, gentileza de la exuberante naturaleza que lo rodea.

Bagergue ostenta además la máxima distinción que otorga la asociación Viles Florides, por tercer año consecutivo con cuatro Flores de Honor. Este movimiento quiere mostrar y poner en valor la riqueza natural y paisajística del territorio mediante el reconocimiento público de todos aquellos proyectos de ajardinamiento, ornamentación floral, mobiliario urbano y espacios lúdicos que, tanto en el ámbito público como privado, son un ejemplo a seguir.

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Pero… ¿como se llega a formar parte de esta asociación?.

Los requisitos técnicos parecen a priori muy sencillos. Tener menos de 15.000 habitantes y un patrimonio natural o arquitectónico certificado es algo al alcance de muchas poblaciones de nuestra geografía. Y recibir una petición del pleno del Ayuntamiento para ingresar en tan selecto grupo, no parece muy complicado de negociar a cambio de alimentar, en el menor de los casos, el orgullo de pertenencia a una localidad galardonada. Lo verdaderamente meritorio viene después, a la hora de cumplir con la carta de calidad que impone la propia asociación.

Los criterios de calidad urbanística, arquitectónica, así como la existencia de diversos servicios como el de alojamiento, restauración, o incluso los meramente lúdicos y comerciales hacen indispensable la implicación de todos los vecinos y sectores para poder optar a presumir de pueblo.

Se trata de vertebrar el bienestar de la población residente a través de aportar servicios como por ejemplo zonas verdes, un parquing, una zona peatonal, un servicio de limpieza eficiente, etc… y convertir así, el día a día de sus gentes, en un recurso turístico merecedor de un reconocimiento. Dándole el valor que se merece al tremendo esfuerzo que llevan a cabo todos ellos por mantener sus negocios, actividades y su patrimonio cultural en contra de los intereses y el frenético patrón de vida actual.

Servidor tiene la sospecha de que lejos de la equivocada idea de que las zonas rurales deben convertirse en los nuevos parques temáticos,  de una cada vez más distante población urbanita, los habitantes e Bagergue ya sabían que tenían uno de los pueblos más bonitos de España. En realidad este galardón sirve sobretodo para que nos enteremos los demás.

Y es que, según apunta su Exmo. Alcalde MArc Tarrau, ser de pueblo esta de moda, Y a partir de ahora los habitantes de Bagergue se han ganado por derecho propio, poder decir que:

– Son de pueblo…

– …de pueblo bonito!!!!

Felicidades a todos ellos.

 

 


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El éxito del City Trip sitúa el reto de gestionar las ciudades como objetivo prioritario para el sector turístico.

Que el turismo es una actividad social es algo recogido en su propia definición de la OMT. Que como tal iba a verse afectado por los movimientos concéntricos de población en torno a las grandes ciudades era algo que se veía venir.

En la pasada feria de la ITB de Berlín se constató el éxito de los destinos turísticos urbanos a raíz de los datos de viajeros internacionales recibidos por las ciudades en el año 2017. Los 190 millones de viajeros que escogieron esta modalidad superaron por primera vez en la historia a los que escogieron la modalidad  de sol y playa.

Y claro está, si en el segundo caso la afluencia masiva de visitantes al litoral generaron conflictos medioambientales y de masificación, en el primer caso ha sido la misma reputación de la actividad turística lo que se está viendo seriamente perjudicada. La preocupación se ha instalado entre muchos consistorios bajo el nombre de nuevas patologías para las ciudades con nombres como turismofobia, over tourism o unbalanced tourism. En muchas ciudades se ha pasado de un sentimiento de gratitud y una actitud de acogida, a otro de rechazo por parte de las comunidades residentes frente a la «invasión» de sus espacios comunes .

La mayoría ven la solución en políticas que permitan conciliar la convivencia entre turistas y residentes basadas en una correcta planificación, las técnicas de gestión de masas o la incorporación de la tecnología para llegar a una gobernanza inteligente de los flujos de visitantes. Pero la cuestión es que si hacemos una mínima reflexión al margen de los titulares periodísticos, nos daremos cuenta de que las ciudades ya tienen sus propias amenazas y retos de futuro al margen de tener que corregir los desequilibrios generados por el exceso de turistas. Y dichos peligros han llegado sin avisar y son bastante más graves.

El mundo ha experimentado una tendencia de crecimiento de las ciudades hasta el punto que hemos tenido que pasar a denominarlas megaciudades o megalópolis. Recientemente investigadores del instituto tecnológico de Ontario, advertían de la amenaza que el crecimiento de estas megaciudades entrañaban para el equilibrio de un mundo que ha puesto erróneamente el foco del bienestar en la buena marcha de los ratios de crecimiento.

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Aunque es posible que en el caso del mundo desarrollado sea así, el informe arroja un dato demoledor. Ya que no serán las ciudades del «primer mundo» las que experimentarán dicho crecimiento, sino que serán principalmente aquellas con mayores posibilidades de nutrirse de personas venidas de zonas rurales o inestables, las que protagonizarán un mayor éxodo hacia sus territorios. Los expertos apuntan al continente africano como el nuevo referente mundial de las ciudades con más de 10 millones de habitantes.

Con ciudades creciendo sin control de espaldas a un mínimo plan urbanístico cualquier problema relacionado con las competencias propias de la gobernanza de una urbe se convierten en una crisis. Se estima que ciudades como Lagos que hoy cuenta con cerca de 20 millones de habitantes ya tiene en torno al 60% de su población viviendo en las denominadas «villas miseria». Para estas ciudades la gestión de los residuos y de la energía van a pasar necesariamente por delante de la gestión de los turistas, sobretodo teniendo en cuenta que la falta de planificación y de estructuras ya han situado a la sanidad y a la seguridad como sus principales problemas. Con el agravante de que además, sus recursos y economía son cuando menos precarios.

Según este mismo informe, se estima que en Asia, destinos turísticos como Nueva Delhi, pasarán a congregar en los próximos 30 años poblaciones del orden de 40 millones de habitantes por lo que necesitarán desarrollar autenticas estructuras de estado y concentrar infraestructuras para dar servicios a un número de habitantes similar al de países como pueden ser en la actualidad Canadá o Polonia.

En este escenario, el éxito de una correcta gestión turística va a pasar por solucionar previamente los aspectos que ya hoy han empezado a amenazar la convivencia. Y es que sin ánimo de ser alarmista, me temo que a los tradicionales riesgos geopolíticos  del turismo, se ha añadido un fenómeno que va a ser capaz de concentrarlos todos en un mismo distrito. Pretender que la afluencia de visitantes está al mismo nivel que estos conflictos es, a mi juicio,  de una ligereza irresponsable.

Urge entender que los riesgos a los que nos enfrentamos para garantizar el éxito de la experiencia turística en las ciudades son más propios del consejo de la ONU que de un patronato de turismo, motivo por el que la industria turística va a verse empujada a dar un paso adelante y comprometerse en la resolución de este tipo de problemas.

 

 


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EL PACTO INSTITUCIONAL La primera piedra de los destinos turísticos de éxito.

En política. Cuando una medida tiene sentido, es necesaria y beneficiosa para la población y es susceptible de acuerdo entre diversas partes, aparece una figura destinada a vertebrar las principales lineas en relación a dicho tema, llamado pacto institucional. En turismo si no eres capaz de involucrar, además, a entidades sociales y empresariales. Probablemente no consigas nada.

Creo que es fundamental recordar que el turismo como tal es una actividad económica cuya transversalidad y complejidad, hace que esta no alcance a desarrollarse con éxito si depende exclusivamente de la iniciativa pública o de la privada.

Los destinos con más éxito, normalmente tienen recogida de alguna manera esa relación de complicidad y confianza en la médula de sus patronatos, en muchos casos a un nivel incluso estatutario.

Cuando este consenso se rompe, aparecen indefectiblemente, muchos de los problemas relacionados con el sector a los que estamos asistiendo en la actualidad. Partidos intentando sacar rédito político, gremios profesionales enfrentados entre si, asociaciones vecinales manifestándose en la vía pública,… ¿Nos suena, verdad?.

Vale, ¿ Y esto como se arregla…?

Probablemente toque desandar parte del camino y volver a empezar, agradeciendo claro, aquellas cosas que aprendidos e hicimos bien. Pero en mi opinión, si formas parte de alguna administración. Estos son los principales puntos a cuidar desde el punto de vista de la gestión del cualquier proyecto

1.- Volver a definir el objetivo. 

Es momento de revisar en que punto nos encontramos, quizás nuestro rol de la gestión principal ha cambiado, y nos encontramos inmersos en una dinámica rutinaria de por ejemplo, promoción turística constante.  Cuando la realidad es que nuestra región demanda mayor esfuerzo en mejora de servicios e infraestructuras, o bien una especialización del producto o incluso planificar nuevas regulaciones.

2.- Encontrar el liderazgo necesario.

Existe la tentación de ponerse al frente de la «renovación turística» del municipio. Es comprensible, sobretodo cuando parte de la reconstrucción se hace con los recursos de los que uno tiene que rendir cuentas. Además es una buena manera de ganar protagonismo y cierta popularidad. Si tienes esa tentación por favor, recuerda el dicho que dice que para llegar lejos debes viajar acompañado. Para crear un proyecto que perdure en el tiempo es mejor compartir parte del protagonismo con entidades civiles y profesionales.

3.- Mejorar la coordinación entre las distintas instituciones.

Es imprescindible ponerse de acuerdo y evitar una competencia entre ellas que complique las cosas tanto a profesionales como a turistas. Ya sabemos que cada administración tiene su cuota de poder o responsabilidad sobre diversos temas. Pero lo último que uno espera es que esto, en lugar de ser fruto de una decisión estratégica para mejorar la gestión de lo público. Se convierta en una excusa para repartir las demandas de los administrados de ventanilla en ventanilla.

pareja de turistas

4.- Recuperar la confianza del sector privado.

Es cierto que la corrupción y el partidismo han hecho mucho daño. También comparto la idea de que buena parte de la iniciativa privada solo se acuerda del papel de las administraciones para pedir bajadas de impuestos, y que ignoran deliberadamente todos los esfuerzos que esta realiza en mejoras de infraestructuras, limpieza, sanidad, seguridad y un sinfín de materias que son básicas para el éxito de un destino. Pero se trata precisamente de ponerlas en valor de la mano del propio sector y aprovechar sus iniciativas y conocimiento para crear una sinergia integradora.

5.- Potenciar el asociacionismo activo y en linea con la mejora del destino.

Tanto el de origen empresarial como el civil. Esto no significa que no haya que ayudar al que aporte otro tipo de inquietudes. Lo que significa es que algunas iniciativas propias del asociacionismo no están al alcance de la administración y no tienen interés para las empresas debido a su escasa rentabilidad. Sin embargo es importante estar atento para apoyarlas, ya que algunas han acabado convirtiéndose en atractivos turísticos de primer orden.

6.- No contribuir a generar más estrés dentro del sector y de la propia población.

Parece difícil, ¿verdad?. Sin embargo los gremios y  asociaciones empresariales reciben a diario consultas en relación a como actuar frente a regulaciones y acciones inspectoras de la administración, a menudo, incomprensibles incluso para los funcionarios que tienen que llevarlas a cabo.

7.- Recuperar la formación y la información como elemento clave entre la población. 

Todos somos en algún momento agentes turísticos, desde la señora que vende el pan hasta el funcionario que patrulla por una calle. El problema es que a menudo nadie se lo ha dicho, y claro, eso de por si ya genera cierta tensión frente a determinados comportamientos. Si además hemos impuesto un determinado modelo turístico sin ningún tipo de consenso entre la ciudadanía, el conflicto está servido.

8.- Colaborar en la elaboración del modelo turístico de la zona.

Y nótese que digo colaborar. No tener un modelo de desarrollo turístico es un riesgo, principalmente para la oferta, y muchas de las herramientas no son aplicables desde estamentos que no tengan la capacidad de reglamentación. Sin embargo desde las administraciones deberemos tener en consideración las aportaciones de cada sector e incorporar las características y proyectos a la actividad de la zona en concreto.

9.- Diseñar las medidas a medio y largo plazo que se definan en dicho modelo.

En el mundo de los negocios el medio y largo plazo no existen si el corto no está garantizado. Sin embargo para la empresa pública  hablar de proyectos ejecutables a 5 o 10 años es perfectamente planteable.

10.- Velar por la correcta financiación de los proyectos.

La inclusión obligatoria de interventores dentro de las administraciones públicas ha mejorado bastante la efectividad e incluso ha dotado de cierto rigor a algunas partidas presupuestarias, por lo que en lineas generales, daremos este punto como zanjado satisfactoriamente. Sin embargo, todavía no hemos sido capaces de trasladar todos los recursos que se ponen a nuestra disposición desde la propia CEE para dinamizar y mejorar la calidad de nuestros destinos. En otros casos, corremos el riesgo de dispersar los recursos existentes en satisfacer diversas demandas de la ciudadanía, con un retorno sobre el territorio más que dudoso. El gestor de lo público deberá estar especialmente atento en trasladar esas oportunidades de financiación al sector privado y  a la vez gestionar eficientemente unos fondos que en realidad son públicos para que repercutan de manera efectiva en los administrados.