Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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¿Necesitamos una nueva ley de apartamentos turísticos?.

Tengo que deciros que estoy muy contento de la aceptación que tuvo el último post advirtiendo sobre el error que estaba cometiendo la administración, fundamentalmente la catalana, al promulgar una ley como la de los apartamentos turísticos de la manera de la que lo estaba haciendo.  No han sido pocas las personas que me han hecho llegar su apoyo y han aprobado este mismo punto de vista, motivo por el que les estoy muy agradecido.

Si algo pretendía mi post era generar un sano debate y sobretodo llamar a una reflexión previa de las medidas que en ocasiones se promulgan desde las administraciones dando la espalda al sector y que en ocasiones generan un ruido y un desequilibrio innecesario.

Entre el conjunto mayoritario de mensajes, llamadas, y debates varios que apoyan la idea de que las cosas hay que verlas en toda su complejidad, se ha colado alguno que me atrevería a decir cariñosamente que se nos ha “hipermotivado” y ha llegado a pensar, al más puro estilo de Adam Smith, que la manera correcta de regular el apartamento turístico es la plena liberalización del mercado. De entre todos estos, me llamó poderosamente la atención uno cuyo razonamiento podía resumirse en algo así como:

–  “…dejemos que hayan todos los apartamentos turísticos que se quieran porque solo los buenos y de calidad serán lo suficientemente atractivos para los turistas y el resto al final tendrán que resignarse con los rendimientos del alquiler residencial…” –

Y a partir de aquí, me quedó claro que esto lo teníamos que explicar mejor… Porque si pensar que la solución al problema de la vivienda era una ley basada en “el café para todos”, era ingenuo. Creer que la ausencia de regulación va a equilibrar el mercado porque se regulará solo, es además de ingenuo, suicida.

El porqué creo que es la peor forma de abordar el problema y es necesaria su regulación, os lo cuento a continuación:

1.- Cada día habrá más turistas.

No lo digo yo, de verdad, lo dice la OMT. El turismo mundial cerró 2023 con 1.300 millones de viajeros, pero es que este mismo organismo prevé que en 2030 haya entre 1.700 y 1.900 millones de viajeros. Pueden parecer pocos, pero saber que en escasamente 7 años habrá por el mundo un 46% de población más de los que ya somos ahora, me indica que la oferta debería crecer en la misma proporción y eso en una escala constructiva no parece planteable y menos aún, después de la tristemente célebre burbuja inmobiliaria del 2008. Así que es que o mucho me equivoco, o mas pronto que tarde nos vamos a ver obligados a proteger de alguna manera el uso residencial de las viviendas.

2.- Sin un plan de desarrollo turístico claro. Los Municipios no deberían arriesgarse a conceder ni una sola licencia turística más.

Después de saber que tenemos un 46% más de turistas de camino, deberíamos empezar a preocuparnos por qué tipo de personas queremos que nos visiten. Sería más que recomendable que países, ciudades y por definición cualquier territorio que sea un destino turístico, tengan, al igual que tienen las empresas, un plan que defina su estrategia para saber qué quieren ser de mayores, hacia dónde quieren ir, qué tipo de turismo quieren y cómo fomentarlo. Si apuestan por un turismo de calidad de alto poder adquisitivo que gasta en el entorno, o por un low cost puro con grandes volúmenes de visitantes y un impacto económico discreto. En este sentido el fenómeno de los vuelos low cost y el del crecimiento descontrolado de las viviendas turísticas debido a su facilidad para ser explotadas, al amparo de una más que cuestionable “economía colaborativa”, han sido clave en provocar la masificación de determinados destinos, fundamentalmente urbanos. A pesar de que en muchos casos no ha afectado a los rendimientos de los Hoteles ubicados en esos destinos ya que estos han seguido creciendo y mejorando sus resultados, no podemos obviar que en muchos casos han tensionado determinados espacios urbanos hasta el punto de desplazar a los propios habitantes de las ciudades con el peligro de pérdida de identidad que ello conlleva.    

3.- Son muchas las voces del sector que reclaman un marco de protección orientado directamente a mejorar la experiencia del cliente.

Por citar un ejemplo. En opinión de Ramón Aragonés, CEO de NH, “…o se ponen los medios para solucionarlo o se va a convertir en un grandísimo problema para la calidad de vida los ciudadanos y para los turistas, porque nuestras ciudades se convertirán en destinos poco amables para ser visitados. Y para ello lo que hay que hacer es copiar las mejores prácticas de ciudades que ya lo están regulando con éxito, como San Sebastián, Amsterdam o Nueva York, con medidas regulatorias que beneficien a sus habitantes y mejoren la experiencia para el visitante”. Pues lo dicho… nada más que añadir.

4.- La entrada de grandes fondos, en el mercado del alquiler de viviendas turísticas.

El gran peligro que existe para mantener el precio de la vivienda en márgenes razonables, es que además de un particular, sean los inversores, socimis, fondos, family offices y similares… los que se sientan atraídos por entrar en este sector, esto puede provocar una hiperinflación de la oferta y en consecuencia dificultades para mejorar la vida de las personas. Los procesos de gentrificación que todos conocemos pueden quedar en un juego de niños frente a las operaciones especulativas a medio y largo plazo sobre activos situados en la prime line de los principales destinos turísticos mundiales. Porque si bien es cierto que un activo hotelero busca la rentabilidad fundamentalmente a través de la explotación y para eso, necesita que se lleve a cabo una actividad de intercambio entre personas y servicios. Los balances de muchos fondos soportan bien los espacios vacíos a la espera de recalificaciones y amortizaciones, para las que no necesitan de ningún tipo de actividad ni de presencia humana. Algo que me atrevería a añadir, que amenaza directamente a nuestro sector donde la clave de nuestra competitividad se está ligando cada día más a la calidad de nuestros equipos, y de las personas que lo integran.

5.-  La ausencia de regulación es terreno abonado a la picaresca.

Os traslado un dato que me ha llamado poderosamente la atención en una de mis lecturas matinales…

“Un total de 9,74 millones de turistas extranjeros que viajaron a España en 2023 se alojaron en viviendas de alquiler y otros 9,78 millones de viajeros internacionales pernoctaron en viviendas de familiares y amigos, según la encuesta Frontur del INE. La segunda cifra da que pensar y levanta sospechas sobre si realmente somos uno de los países más acogedores del mundo o si existe un agujero negro de economía sumergida de proporciones siderales.”

En fin…!!! Esto es España, así que yo casi que me arriesgaría a decir que la respuesta correcta es… Que si. Que necesitamos una ley de viviendas turísticas. A ser posible, una muy buena Ley.


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Porque no nos gusta la nueva normativa sobre apartamentos turísticos… a pesar de ser hoteleros.

¿Recuerdan aquella máxima de todo por el pueblo, pero sin el pueblo? Pues la nueva ley sobre los apartamentos turísticos tiene un tufillo que me recuerda mucho a ello. La idea de que una administración tome medidas en nombre del pueblo, pero sin tener en cuenta sus opiniones o intereses, al menos la de los municipios sobre las que mayor impacto va a tener esta nueva normativa, recuerda mucho a esta expresión tan conocida cuyas raíces se sitúan en el despotismo ilustrado del siglo XVIII.

Si, lo sé, a algunos les parecerá exagerado y este es el primer motivo por el que no me gusta esta ley. Porque en realidad está basada en un intervencionismo sin ninguna clase de complejos y una idea paternalista del estado que desgraciadamente cada día resulta más familiar para los ciudadanos. Últimamente parece que basta con rebozar la normativa de un problema social que afecte a la mayoría para tener patente de corso y hacer cualquier cosa.  Personalmente creo que la idea de que para legislar ya no haga falta ni siquiera un estudio previo del impacto que generará una ley, es ya de por si bastante aterradora.  

Pero no desesperemos, voy a ver si consigo explicar porque considero que es una ley trampa que no ha venido para acabar con el problema de la vivienda.

  1. En primer lugar, pone el foco en la actividad turística como la única causante de los problemas de vivienda, y aunque es cierto que en ocasiones la actividad turística contribuye a tensionar el mercado residencial en algunos lugares. No es menos cierto que el problema de la ausencia de vivienda no obedece únicamente a esta circunstancia. La absoluta ausencia de una política estructural de vivienda pública que se destine a alquileres regulados bajo el control de la administración y la nula promoción de vivienda social en los últimos 15 años en lugares como el Pirineo también tienen mucho que ver.
  2. Ignora el tejido empresarial y económico que ha surgido en torno a este tipo de alojamientos desde su aprobación en el 2015. Hoy ni siquiera los propios hoteleros dudan de que limpiadoras, empresas de mantenimiento, gestoras, supermercados y ofertas de restauración también han venido aportando riqueza al territorio y han ayudado a fijar población en zonas donde no siempre es tan evidente que se pueda crear otro tipo de oferta de empleo. Lo explicaré de otra manera, en muchas zonas del Pirineo está claro que si eliminamos el turismo sobrarán viviendas. Viviendas y personas.
  3. La idea de que eliminando el alojamiento turístico aflorarán automáticamente viviendas para el mercado residencial o de alquiler, es de una ingenuidad que roza lo infantil. No es que no pueda pasar en algún caso aislado pero lo más probable es que la mayoría de esas viviendas que se ubiquen en lugares turísticos pasarán a engrosar la lista de segundas residencias vacías, esas que acaban por generar urbanizaciones fantasmas incapaces de aportar nada al municipio más allá de la tasa del IBI.  
  4. Ignora los problemas reales de la gente para poder acceder a una vivienda. Como si la accesibilidad financiera, la ausencia de ayudas, la falta de un marco que proteja a arrendadores y arrendatarios, la falta de promociones con viviendas a precios accesibles, la constante especulación inmobiliaria sin ningún tipo de regulación y en ocasiones fomentada desde las administraciones, (como cuando se decidió incentivar el mercado entre compradores extranjeros otorgándoles la residencia a cambio de invertir en bienes inmuebles 500.000 €), la ausencia de un desarrollo urbano sostenible con suficientes infraestructuras y servicios en barrios periféricos donde el alojamiento es más barato, la falta de incentivos fiscales para promover el alquiler y la vivienda residencial, y un largo etcétera que seguro que también se te han ocurrido a ti, no tuvieran nada que ver en ello.
  5. Traiciona la idea de que el éxito de una política de vivienda depende de la comprensión y la consideración de múltiples factores y distintos agentes. Su implementación exige la colaboración entre diferentes administraciones, el sector privado y la sociedad civil.
  6. La Ley no recoge ni una sola medida para hacer frente a la verdadera lacra del sector de la Hostelería que son los alojamientos ilegales. A pesar de tener las competencias y de las quejas históricas de los hosteleros, la Generalitat se ha mostrado absolutamente ineficaz en la lucha contra esta competencia desleal.  El nuevo Decreto, sorprendentemente, ignora esta circunstancia.
  7. Vende la equivocada idea de que la solución a los problemas más complejos de la sociedad se basa en el “café para todos”, e ignora las consecuencias de aplicar recetas muy sencillas a problemas que en realidad son muy complejos.    
  8. El enfoque contribuye a una turismofobia que enfrenta a personas que forman parte de la misma comunidad. La idea de que hay empresas multinacionales que gestionan los recursos inmobiliarios de fondos buitres y que expulsan a los vecinos de sus casas quizás sea muy vendible en las grandes capitales, de hecho, es probable que allí sea cierta. Aunque en las grandes ciudades no se vean obligados a aplicar esta ley, debido a la alta densidad de población que habita en relación con los alojamientos turísticos. Pero os puedo asegurar que choca, y mucho, con la realidad de infinidad de municipios turísticos donde la multinacional es en realidad una persona con un contrato temporal y una vivienda como únicos ahorros y/o plan de pensiones para complementar sus ingresos.       

Dejo al margen el hecho de que ni dentro de las mismas formaciones políticas existe unanimidad en cuanto a este tema. El decreto tiene fans y detractores dentro de los mismos partidos por igual, lo que es una muestra de lo relevante que resulta para las economías locales y los municipios afectados ya que ni siquiera en aquellos lugares donde podría formar parte de la solución, lo hace respetando la autonomía y la administración locales. Mal comienzo para un consenso que debería ser mayoritario ya que de lo que se trata es de poner remedio al problema del acceso a la vivienda y buena parte de las políticas que deben acompañar esta medida surgen precisamente del ámbito municipal.

En resumen, ¿un punto de partida…?. Quizás.

 ¿Una solución por sí sola…? Desde luego que no.


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El nuevo Decreto sobre alojamiento Turistico en Cataluña: Followers vs Hatters (2)

Al hilo de la controversia generada por el proyecto de ley de pisos turísticos en Cataluña, entidades y entes locales del Alt Pirineu y Aran han elaborado un manifiesto para dar apoyo al decreto ley aprobado en noviembre por el Govern para regular los pisos turísticos. Denuncian que las Viviendas de Uso Turístico (HUT) se han multiplicado por cuatro en los últimos ocho años y han pasado de 1.298 en el 2015 en 4.719 a mediados de 2023. Eso ha provocado a su juicio una grave crisis de vivienda, ya que cada vez hay menos casas disponibles y las que hay tienen unos precios de alquiler que ya superan el «máximo histórico» o están a punto de hacerlo.  El manifiesto da de esta manera apoyo al decreto ley para limitar las viviendas turísticas que el Govern aprobó en noviembre.  Consideran que la nueva normativa tiene que servir para «reequilibrar» la oferta de viviendas de uso permanente, que en los últimos años ha caído en contraposición con la de apartamentos turísticos, que no ha parado de crecer. También ayudará, dicen, a regular los precios de compra y alquiler, que actualmente son inasumibles para mucha de la gente que vive en el territorio.

Hay que entender que el número de Viviendas de Uso Turístico (HUT) en el Alt Pirineu y Aran se ha multiplicado por cuatro desde su regulación el año 2015. Se ha pasado de 1.298 a 4.719 a mediados del 2023. A modo de ejemplo, los pisos turísticos de la Val d’Aran podrían alojar el 80% de su población. En el caso del Alta Ribagorça se alojaría al 63% y en el Pallars Sobirà, el 55% de la gente que vive allí.

La falta de vivienda ha ido acompañada de un incremento sin traba de los precios de alquiler, que ya superan, según el documento, «el máximo histórico en precios de alquiler o están a punto de hacerlo». Por ejemplo, un piso en la Val d’Aran que hace 8 años valía 600 euros en el mes hoy cuesta, «mínimo», unos 1.200 euros, ha dicho al vicepresidente de la Diputación de Lleida, Juan Antonio Serrano.

Esta situación provoca situaciones «completamente dramáticas» en el territorio. «Pisos con sobreocupación, trabajadores viviendo en autocaravanas, familias arraigades en el territorio que ven cómo no los renuevan el contrato de alquiler porque quieren transformarlo en pisos turísticos, una dificultad añadida para encontrar profesionales sanitarios y de todo tipo, e incluso, estafas en internet» de ofertas falsas, ha citado al vicepresidente Serrano.

Por su parte, Joan Talarn, actual Presidente de la Diputació de Lleida,  se ha mostrado favorable a «todas aquellas herramientas que sirvan para que la gente tenga una vivienda» y ha dicho que eso es compatible con la capacidad turística del territorio. «Es fácil entender que se pueden complementar las dos sin que una duela a la otra y con la capacidad que haya proyectos de vida justamente porque hay una oferta de trabajo y la gente se puede quedar, pero que también tengan vivienda», ha incidido.

En el resto de Cataluña las viviendas turísticas están ubicadas principalmente en las provincias de Barcelona, Girona y Tarragona, lo que representa apenas el 2,5% del parque residencial de toda la comunidad autónoma. En el caso de Barcelona, el peso es todavía más bajo (un 1,14% del parque, con 9.470 viviendas de uso turístico sobre las 827.000 viviendas totales). A pesar de ello, desde Apartur aseguran que los apartamentos turísticos generan el 6% del PIB de Cataluña. “Es mucho empleo, mucha actividad y muchos servicios sociales que se pagan con los impuestos que se recaudan”, según Enrique Alcántara-García, presidente de APARTUR.

La asociación calcula que, solo en la capital catalana, cada piso turístico genera más de 1.500 euros en impuestos al mes. Y que empresas de diferente índole trabajan de forma directa en el sector: gestoras de apartamentos, empresas de reformas y mantenimiento, decoradores, empresas de ‘software’, lavanderías, empresas de servicios de limpieza…

Desde las principales asociaciones también recuerdan que las viviendas turísticas suponen el 46% de la oferta de alojamientos vacacionales, con más de medio millón de plazas, y que estas cifras se han alcanzado gracias a la elevada demanda. Una demanda en la que cada vez pesan más los perfiles jóvenes, las familias y mayores de 65 años.

Así lo manifestaba también un estudio reciente de Fevitur, la patronal del sector en España, que cifraba en más de 20.000 millones de euros la aportación económica de las viviendas vacacionales en el conjunto del país durante 2022, incluyendo el gasto en alojamiento y en otros como la restauración, las compras o el ocio. 

Desde la Federación Catalana de Apartamentos Turísticos (FEDERATUR) lamentan que, a pesar de todo ello, este sector esté en el foco de las propuestas políticas. “Nos están usando para algo que no sirve. Hay una crisis de vivienda, pero atribuirnos el problema no va a salir bien. Hay que tener en cuenta las preferencias de los usuarios. Somos una opción real que tiene que existir en el mercado”, concluye el presidente de FEDERATUR.


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El Aranés, el icono del patrimonio cultural de un Valle.

El Valle de Arán, también conocido como Val d´Arán es por definición, una comarca situada en los Pirineos centrales en la provincia de Lérida. Limita al norte con Francia, al suroeste con la comarca aragonesa de la Ribagorza, en la provincia de Huesca, al sur con la comarca catalana de Alta Ribagorza, en la provincia de Lérida y al este con la de Pallars Sobirá, también ubicada en la provincia leridana. Cuenta con algo más de  10.000 habitantes  y su capital es el municipio de Viella Mitg Arán.

Arán tiene muchas tradiciones, costumbres y una historia que la hacen especial y la diferencian de otras comarcas vecinas. Pero su principal seña de identidad y lo que la convierten en una comarca única es su lengua. Este es el único lugar de nuestro país donde podrás acercarte para escuchar de la mano de sus habitantes el aranés. A pesar  de que el castellano es la lengua mayoritariamente hablada por sus habitantes, en el valle es el único lugar de Europa donde goza del mismo rango como lengua oficial junto con el catalán y el castellano.

El aranés es una variante de la lengua occitana, que es una lengua romance. Es hablada por unos dos millones de personas, casi todas ellas en el sur de Francia (al sur del río Loira), así como en Italia en los Valles Occitanos de los Alpes Piamonteses y en el Valle de Arán, en el Pirineo catalán. Pero es únicamente en el Valle de Arán donde el aranés tiene un reconocimiento y una protección institucional. Esto hace que la lengua occitana esté más viva y sea más conocida entre la población en ente rincón de nuestra geografía que en las otras zonas. Su uso en el Valle se remonta al siglo XI y actualmente es reconocido  como lengua materna por un 22.4 % de su población.

Conforme a estas normas, el aranés es enseñado en todos los niveles de la enseñanza obligatoria y también se utiliza como lengua vehicular y de aprendizaje. El Conselh Generau, su máximo órgano de gobierno interno, y los ayuntamientos del Arán, lo usan normalmente en su documentación interna y en las comunicaciones con sus ciudadanos y ciudadanas.

A pesar de ser una única lengua hablada en un territorio de tan solo 620 km2, muchos de ellos de difícil acceso, el aranés presenta sus propias variantes ofreciendo diferencias en cuanto al vocabulario utilizado entre las zonas del Naut i del Baix Arán.

El pasado mes de abril, se recogieron los textos referentes al decimoprimer congreso de la Asociación Internacional de Estudios Occitanos, celebrado el Lleida. Un documento de 964 páginas que recoge el trabajo, los textos y las conclusiones de lingüistas de seis países y de los más de 147 académicos que compartieron sus investigaciones sobre las lenguas romances y occitana. Sesenta universitarios de doce estados diferentes, pusieron de manifiesto el interés que despierta el estudio de una lengua cuyo máximo exponente de salud y vitalidad se encuentran actualmente en el Valle de Arán.

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Este año 2019 se celebra el centenario de la muerte del que es según muchos, su autor más renombrado, el escritor y poeta Mossen Jûsep Condó Sambeat ( 1867-1919), del que os adjunto un texto dedicado precisamente a su querido Valle.

«ERA VAL D’ARAN

Poesia premiada enes Jòcs Floraus de Lhèida er an 1912

Ei era Val d’Aran era ribèra
Mès polida de tot eth Pirinèu:
Quan se met era pelha naua e bèra,
Non i a arren tan polit dejós deth cèu.

Pes dus costats ua nauta montanha
Tostemp la vire d’aires forastèrs
Semble que non ei ne de França ne d’Espanha:
Ei soleta en ses penes e plasers.

Tot a fèt separada d’autes tèrres,
Per tucs o per frontères de nacion,
Deth tròç de cèu que ve entre es dues sèrres
Pòt demorar era sua proteccion!

Mès, eth cèu non la dèishe abandonada,
Encara que se0n ve de tot eth mon,
Per aquerò de riqueses l’a adotada
E d’atraccions qu’en era solet son.

Ei tan rica d’èrbes com de mines,
Rica de doces flaires e colors;
Per tot eth torn, a bòsqui per cortines,
Qu’abriguen eth sòn lhet tot hèt de flors.

Es aigües que nèishen des sòns entranhes
Son medecines contra toti es maus;
Deth bestiar que neurís enes montanhes
Arrés ne sap eth compde ne que vau.

Se voletz liéger era aranesa istòria,
Sòns campanaus e glèises contemplatz:
En cada portalada un uelh de glòria,
En cada pèira un bon tresòr veiratz.

Mès, se liéger voletz totes es planes
D’aqueth libre, de glòria resplandent,
Preguntatz-les a totes es campanes:
Guaire còps an tocat a sometent.

E vos responeràn sense tardança:
– “ Tàs enemics d’Espanha e des cristians,
Un bèth ramat de còps, contra era França
E d’auti, contra es condes de Palhàs.

“E despús deth combat tostemp cantèrem
Era victòria: prò jamès plorar.
Se cap de còp despús deth cant, plorèrem,
Ère tàs enemics mòrti enterrar.”

E atau qu’ei. Perque toti es sòns Santuaris,
Des de Montgarri enquiath Pònt deth Rei.
Sigueren hònts des hèts pòc ordinaris
Qu’era aranesa istòria an hèt com ei.

Entà híger ua pèrla en sa corona
A un lenguatge tot sòn, e sòn solet…
Prò despreciat de tota auta persona
Que non sigue aranesa com eth.

Aquerò ei era Val d’Aran…! Prò ei tan amagada,
Tan luenh, tan luenh, qu’Espanha non la i sap!
Dauritz-li un pas, perque ei tant embarrada!…
Datz-li un consòl, perque ara non n’a cap! «

 

Para que la próxima vez que nos visitéis podáis acercaros un poco más al verdadero elemento diferenciador de nuestro precioso Valle. Aquí os dejo un link a un traductor occitano para que podáis traducir algunos textos y aprender algunas frases en aranés.

http://traductor.gencat.cat/index_es.jsp

 


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El futuro de las VUT en manos de tu vecino del 5º… ( o tampoco.)

Estamos a las puertas de unas nuevas elecciones municipales y el turismo en general promete ser uno de los temas arrojadizos en las campañas de los diversos municipios turísticos.

En este contexto creo que el tema estrella, será seguramente la problemática generada a partir de la aparición de las llamadas viviendas de uso turístico. ( Esperemos por el bien de todos, que ningún descerebrado sitúe la turismofobia en el centro de la discusión…)

El fenómeno en sí, tiene todos los ingredientes para generar un acalorado debate entre diferentes posturas, pero este además está demostrando una innegable capacidad para afectar a otros aspectos de la gestión municipal como el acceso a la vivienda, los problemas de orden público, la seguridad ciudadana, o las insuficiencias en la prestación de algunos servicios urbanos.

Es un problema además, de carácter internacional. Que afecta en diversa medida a ciudades de América, Europa, Asia y Oceanía, y frente al que las distintas administraciones no consiguen encontrar una forma jurídica eficiente para regularlo.

Solo en España tenemos 17 normativas diferentes, una por cada comunidad autónoma, pero es que además los intentos de regulación por parte de algunos Ayuntamientos como el de Madrid, Bilbao o San Sebastián, acabaron el pasado agosto por generar un conflicto con la propia Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.

No es de extrañar pues que el propio gobierno haya acabado por proponer a través de la Secretaria de Estado para el turismo, Bel Oliver. Que sean los vecinos los que decidan sobre el alquiler turístico modificando la actual ley de propiedad horizontal, con el objetivo de redefinir las mayorías necesarias en el seno de las comunidades a la hora de permitir dicha actividad en sus edificios.

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A falta de tener un borrador claro sobre la propuesta, a un servidor, le da que las reuniones de vecinos van a ser de lo más agitadas a partir de ahora. Y es que podríamos encontrarnos con propietarios que vieran cercenado su legítimo derecho a optimizar la percepción de rentas fruto de sus activos inmobiliarios. Y por otro lado, a vecinos que quedarían aislados sin voz ni voto frente a cualquier reclamación, en caso de que la mayoría de las viviendas de sus edificios estén en manos de inversionistas que persigan precisamente, obtener rentas de dichos activos. Y todo ello, en el marco de la aplicación de un dudoso carácter retroactivo sobre la privación de un  derecho reconocido, sobretodo en el caso de aquellos pisos que ya hayan adquirido la pertinente licencia turística. ¿ Parece un lío, verdad?… Lo es.

Alguien podría pensar que el mercado terminará por regular de manera natural los usos de las diferentes fincas, pero personalmente desconfío de que los problemas acaben resolviéndose simplemente desplazando a  «forasteros» del rellano,  al portal de al lado. Y  en mi opinión, en ningún caso estamos abordando el problema de la escasez de la vivienda de primera ocupación en destinos turísticos, frente a la que probablemente serian más efectivas las medidas de subvención o exención fiscal.

El problema es que esto de las VUT se nos ha presentado siempre como una disputa de intereses entre dos partes que le exigen poner orden a una tercera. Y ni son solo dos, ni el tercero sabe por donde meterle mano.

Existe la tentación de explicar el problema de las viviendas de uso turístico como un conflicto de intereses entre hoteleros y propietarios de inmuebles. Recordemos que algunas voces lo justificaban bajo la metáfora de aquella viejecita que quería alquilar un inmueble frente al recelo de las todopoderosas cadenas hoteleras. En la práctica, pronto quedó de manifiesto que en la realidad, era más frecuente encontrar pequeños negocios hoteleros haciendo frente a grandes fondos de inversión internacionales.

Salvo ilustres excepciones, nadie predijo que el verdadero negocio lo vertebrarían grandes plataformas tecnológicas que han puesto en jaque a países enteros fruto de su carácter transnacional y globalizado. Pero sobretodo con un nuevo modelo de desarrollo apoyado en la inteligencia colectiva y en la confianza ciega del usuario, ya sea arrendatario o arredador,  que es el que a la postre se ha hecho con una soberanía que lógicamente no piensa devolver.  En mi opinión esa universalización del poder de elección, compra y posterior juicio de valor es lo único que de verdad sostiene el término «colaborativo».

En este escenario como apuntaba, faltan actores. Hoteleros, plataformas VUT  y la propia administración son una parte. Pero es difícil prever una solución sin contar con otros sectores económicos implicados y que han demostrado ser especialmente hábiles beneficiándose del empuje del alojamiento turístico.

Inmobiliarias y administradores de fincas deberán entender que ni todo es susceptible de ser catalogado como producto turístico, ni la promesa del retorno en inversiones inmobiliarias debería apoyarse siempre en los ingresos generados por el alquiler turístico.

Frente a esta complejidad, traspasar la responsabilidad a las comunidades de vecinos no parece ni de lejos una medida aplicable. Y es que si no lo remedia un buen acuerdo, esto de la economía colaborativa va camino de poner en pie de guerra a hoteleros, taxistas, guías turísticos y ahora también, a los presidentes de las comunidades de propietarios con el mismísimo Juan Cuesta al frente.