Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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El éxito del City Trip sitúa el reto de gestionar las ciudades como objetivo prioritario para el sector turístico.

Que el turismo es una actividad social es algo recogido en su propia definición de la OMT. Que como tal iba a verse afectado por los movimientos concéntricos de población en torno a las grandes ciudades era algo que se veía venir.

En la pasada feria de la ITB de Berlín se constató el éxito de los destinos turísticos urbanos a raíz de los datos de viajeros internacionales recibidos por las ciudades en el año 2017. Los 190 millones de viajeros que escogieron esta modalidad superaron por primera vez en la historia a los que escogieron la modalidad  de sol y playa.

Y claro está, si en el segundo caso la afluencia masiva de visitantes al litoral generaron conflictos medioambientales y de masificación, en el primer caso ha sido la misma reputación de la actividad turística lo que se está viendo seriamente perjudicada. La preocupación se ha instalado entre muchos consistorios bajo el nombre de nuevas patologías para las ciudades con nombres como turismofobia, over tourism o unbalanced tourism. En muchas ciudades se ha pasado de un sentimiento de gratitud y una actitud de acogida, a otro de rechazo por parte de las comunidades residentes frente a la «invasión» de sus espacios comunes .

La mayoría ven la solución en políticas que permitan conciliar la convivencia entre turistas y residentes basadas en una correcta planificación, las técnicas de gestión de masas o la incorporación de la tecnología para llegar a una gobernanza inteligente de los flujos de visitantes. Pero la cuestión es que si hacemos una mínima reflexión al margen de los titulares periodísticos, nos daremos cuenta de que las ciudades ya tienen sus propias amenazas y retos de futuro al margen de tener que corregir los desequilibrios generados por el exceso de turistas. Y dichos peligros han llegado sin avisar y son bastante más graves.

El mundo ha experimentado una tendencia de crecimiento de las ciudades hasta el punto que hemos tenido que pasar a denominarlas megaciudades o megalópolis. Recientemente investigadores del instituto tecnológico de Ontario, advertían de la amenaza que el crecimiento de estas megaciudades entrañaban para el equilibrio de un mundo que ha puesto erróneamente el foco del bienestar en la buena marcha de los ratios de crecimiento.

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Aunque es posible que en el caso del mundo desarrollado sea así, el informe arroja un dato demoledor. Ya que no serán las ciudades del «primer mundo» las que experimentarán dicho crecimiento, sino que serán principalmente aquellas con mayores posibilidades de nutrirse de personas venidas de zonas rurales o inestables, las que protagonizarán un mayor éxodo hacia sus territorios. Los expertos apuntan al continente africano como el nuevo referente mundial de las ciudades con más de 10 millones de habitantes.

Con ciudades creciendo sin control de espaldas a un mínimo plan urbanístico cualquier problema relacionado con las competencias propias de la gobernanza de una urbe se convierten en una crisis. Se estima que ciudades como Lagos que hoy cuenta con cerca de 20 millones de habitantes ya tiene en torno al 60% de su población viviendo en las denominadas «villas miseria». Para estas ciudades la gestión de los residuos y de la energía van a pasar necesariamente por delante de la gestión de los turistas, sobretodo teniendo en cuenta que la falta de planificación y de estructuras ya han situado a la sanidad y a la seguridad como sus principales problemas. Con el agravante de que además, sus recursos y economía son cuando menos precarios.

Según este mismo informe, se estima que en Asia, destinos turísticos como Nueva Delhi, pasarán a congregar en los próximos 30 años poblaciones del orden de 40 millones de habitantes por lo que necesitarán desarrollar autenticas estructuras de estado y concentrar infraestructuras para dar servicios a un número de habitantes similar al de países como pueden ser en la actualidad Canadá o Polonia.

En este escenario, el éxito de una correcta gestión turística va a pasar por solucionar previamente los aspectos que ya hoy han empezado a amenazar la convivencia. Y es que sin ánimo de ser alarmista, me temo que a los tradicionales riesgos geopolíticos  del turismo, se ha añadido un fenómeno que va a ser capaz de concentrarlos todos en un mismo distrito. Pretender que la afluencia de visitantes está al mismo nivel que estos conflictos es, a mi juicio,  de una ligereza irresponsable.

Urge entender que los riesgos a los que nos enfrentamos para garantizar el éxito de la experiencia turística en las ciudades son más propios del consejo de la ONU que de un patronato de turismo, motivo por el que la industria turística va a verse empujada a dar un paso adelante y comprometerse en la resolución de este tipo de problemas.

 

 


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El futuro de las VUT en manos de tu vecino del 5º… ( o tampoco.)

Estamos a las puertas de unas nuevas elecciones municipales y el turismo en general promete ser uno de los temas arrojadizos en las campañas de los diversos municipios turísticos.

En este contexto creo que el tema estrella, será seguramente la problemática generada a partir de la aparición de las llamadas viviendas de uso turístico. ( Esperemos por el bien de todos, que ningún descerebrado sitúe la turismofobia en el centro de la discusión…)

El fenómeno en sí, tiene todos los ingredientes para generar un acalorado debate entre diferentes posturas, pero este además está demostrando una innegable capacidad para afectar a otros aspectos de la gestión municipal como el acceso a la vivienda, los problemas de orden público, la seguridad ciudadana, o las insuficiencias en la prestación de algunos servicios urbanos.

Es un problema además, de carácter internacional. Que afecta en diversa medida a ciudades de América, Europa, Asia y Oceanía, y frente al que las distintas administraciones no consiguen encontrar una forma jurídica eficiente para regularlo.

Solo en España tenemos 17 normativas diferentes, una por cada comunidad autónoma, pero es que además los intentos de regulación por parte de algunos Ayuntamientos como el de Madrid, Bilbao o San Sebastián, acabaron el pasado agosto por generar un conflicto con la propia Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.

No es de extrañar pues que el propio gobierno haya acabado por proponer a través de la Secretaria de Estado para el turismo, Bel Oliver. Que sean los vecinos los que decidan sobre el alquiler turístico modificando la actual ley de propiedad horizontal, con el objetivo de redefinir las mayorías necesarias en el seno de las comunidades a la hora de permitir dicha actividad en sus edificios.

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A falta de tener un borrador claro sobre la propuesta, a un servidor, le da que las reuniones de vecinos van a ser de lo más agitadas a partir de ahora. Y es que podríamos encontrarnos con propietarios que vieran cercenado su legítimo derecho a optimizar la percepción de rentas fruto de sus activos inmobiliarios. Y por otro lado, a vecinos que quedarían aislados sin voz ni voto frente a cualquier reclamación, en caso de que la mayoría de las viviendas de sus edificios estén en manos de inversionistas que persigan precisamente, obtener rentas de dichos activos. Y todo ello, en el marco de la aplicación de un dudoso carácter retroactivo sobre la privación de un  derecho reconocido, sobretodo en el caso de aquellos pisos que ya hayan adquirido la pertinente licencia turística. ¿ Parece un lío, verdad?… Lo es.

Alguien podría pensar que el mercado terminará por regular de manera natural los usos de las diferentes fincas, pero personalmente desconfío de que los problemas acaben resolviéndose simplemente desplazando a  «forasteros» del rellano,  al portal de al lado. Y  en mi opinión, en ningún caso estamos abordando el problema de la escasez de la vivienda de primera ocupación en destinos turísticos, frente a la que probablemente serian más efectivas las medidas de subvención o exención fiscal.

El problema es que esto de las VUT se nos ha presentado siempre como una disputa de intereses entre dos partes que le exigen poner orden a una tercera. Y ni son solo dos, ni el tercero sabe por donde meterle mano.

Existe la tentación de explicar el problema de las viviendas de uso turístico como un conflicto de intereses entre hoteleros y propietarios de inmuebles. Recordemos que algunas voces lo justificaban bajo la metáfora de aquella viejecita que quería alquilar un inmueble frente al recelo de las todopoderosas cadenas hoteleras. En la práctica, pronto quedó de manifiesto que en la realidad, era más frecuente encontrar pequeños negocios hoteleros haciendo frente a grandes fondos de inversión internacionales.

Salvo ilustres excepciones, nadie predijo que el verdadero negocio lo vertebrarían grandes plataformas tecnológicas que han puesto en jaque a países enteros fruto de su carácter transnacional y globalizado. Pero sobretodo con un nuevo modelo de desarrollo apoyado en la inteligencia colectiva y en la confianza ciega del usuario, ya sea arrendatario o arredador,  que es el que a la postre se ha hecho con una soberanía que lógicamente no piensa devolver.  En mi opinión esa universalización del poder de elección, compra y posterior juicio de valor es lo único que de verdad sostiene el término «colaborativo».

En este escenario como apuntaba, faltan actores. Hoteleros, plataformas VUT  y la propia administración son una parte. Pero es difícil prever una solución sin contar con otros sectores económicos implicados y que han demostrado ser especialmente hábiles beneficiándose del empuje del alojamiento turístico.

Inmobiliarias y administradores de fincas deberán entender que ni todo es susceptible de ser catalogado como producto turístico, ni la promesa del retorno en inversiones inmobiliarias debería apoyarse siempre en los ingresos generados por el alquiler turístico.

Frente a esta complejidad, traspasar la responsabilidad a las comunidades de vecinos no parece ni de lejos una medida aplicable. Y es que si no lo remedia un buen acuerdo, esto de la economía colaborativa va camino de poner en pie de guerra a hoteleros, taxistas, guías turísticos y ahora también, a los presidentes de las comunidades de propietarios con el mismísimo Juan Cuesta al frente.


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EL PACTO INSTITUCIONAL La primera piedra de los destinos turísticos de éxito.

En política. Cuando una medida tiene sentido, es necesaria y beneficiosa para la población y es susceptible de acuerdo entre diversas partes, aparece una figura destinada a vertebrar las principales lineas en relación a dicho tema, llamado pacto institucional. En turismo si no eres capaz de involucrar, además, a entidades sociales y empresariales. Probablemente no consigas nada.

Creo que es fundamental recordar que el turismo como tal es una actividad económica cuya transversalidad y complejidad, hace que esta no alcance a desarrollarse con éxito si depende exclusivamente de la iniciativa pública o de la privada.

Los destinos con más éxito, normalmente tienen recogida de alguna manera esa relación de complicidad y confianza en la médula de sus patronatos, en muchos casos a un nivel incluso estatutario.

Cuando este consenso se rompe, aparecen indefectiblemente, muchos de los problemas relacionados con el sector a los que estamos asistiendo en la actualidad. Partidos intentando sacar rédito político, gremios profesionales enfrentados entre si, asociaciones vecinales manifestándose en la vía pública,… ¿Nos suena, verdad?.

Vale, ¿ Y esto como se arregla…?

Probablemente toque desandar parte del camino y volver a empezar, agradeciendo claro, aquellas cosas que aprendidos e hicimos bien. Pero en mi opinión, si formas parte de alguna administración. Estos son los principales puntos a cuidar desde el punto de vista de la gestión del cualquier proyecto

1.- Volver a definir el objetivo. 

Es momento de revisar en que punto nos encontramos, quizás nuestro rol de la gestión principal ha cambiado, y nos encontramos inmersos en una dinámica rutinaria de por ejemplo, promoción turística constante.  Cuando la realidad es que nuestra región demanda mayor esfuerzo en mejora de servicios e infraestructuras, o bien una especialización del producto o incluso planificar nuevas regulaciones.

2.- Encontrar el liderazgo necesario.

Existe la tentación de ponerse al frente de la «renovación turística» del municipio. Es comprensible, sobretodo cuando parte de la reconstrucción se hace con los recursos de los que uno tiene que rendir cuentas. Además es una buena manera de ganar protagonismo y cierta popularidad. Si tienes esa tentación por favor, recuerda el dicho que dice que para llegar lejos debes viajar acompañado. Para crear un proyecto que perdure en el tiempo es mejor compartir parte del protagonismo con entidades civiles y profesionales.

3.- Mejorar la coordinación entre las distintas instituciones.

Es imprescindible ponerse de acuerdo y evitar una competencia entre ellas que complique las cosas tanto a profesionales como a turistas. Ya sabemos que cada administración tiene su cuota de poder o responsabilidad sobre diversos temas. Pero lo último que uno espera es que esto, en lugar de ser fruto de una decisión estratégica para mejorar la gestión de lo público. Se convierta en una excusa para repartir las demandas de los administrados de ventanilla en ventanilla.

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4.- Recuperar la confianza del sector privado.

Es cierto que la corrupción y el partidismo han hecho mucho daño. También comparto la idea de que buena parte de la iniciativa privada solo se acuerda del papel de las administraciones para pedir bajadas de impuestos, y que ignoran deliberadamente todos los esfuerzos que esta realiza en mejoras de infraestructuras, limpieza, sanidad, seguridad y un sinfín de materias que son básicas para el éxito de un destino. Pero se trata precisamente de ponerlas en valor de la mano del propio sector y aprovechar sus iniciativas y conocimiento para crear una sinergia integradora.

5.- Potenciar el asociacionismo activo y en linea con la mejora del destino.

Tanto el de origen empresarial como el civil. Esto no significa que no haya que ayudar al que aporte otro tipo de inquietudes. Lo que significa es que algunas iniciativas propias del asociacionismo no están al alcance de la administración y no tienen interés para las empresas debido a su escasa rentabilidad. Sin embargo es importante estar atento para apoyarlas, ya que algunas han acabado convirtiéndose en atractivos turísticos de primer orden.

6.- No contribuir a generar más estrés dentro del sector y de la propia población.

Parece difícil, ¿verdad?. Sin embargo los gremios y  asociaciones empresariales reciben a diario consultas en relación a como actuar frente a regulaciones y acciones inspectoras de la administración, a menudo, incomprensibles incluso para los funcionarios que tienen que llevarlas a cabo.

7.- Recuperar la formación y la información como elemento clave entre la población. 

Todos somos en algún momento agentes turísticos, desde la señora que vende el pan hasta el funcionario que patrulla por una calle. El problema es que a menudo nadie se lo ha dicho, y claro, eso de por si ya genera cierta tensión frente a determinados comportamientos. Si además hemos impuesto un determinado modelo turístico sin ningún tipo de consenso entre la ciudadanía, el conflicto está servido.

8.- Colaborar en la elaboración del modelo turístico de la zona.

Y nótese que digo colaborar. No tener un modelo de desarrollo turístico es un riesgo, principalmente para la oferta, y muchas de las herramientas no son aplicables desde estamentos que no tengan la capacidad de reglamentación. Sin embargo desde las administraciones deberemos tener en consideración las aportaciones de cada sector e incorporar las características y proyectos a la actividad de la zona en concreto.

9.- Diseñar las medidas a medio y largo plazo que se definan en dicho modelo.

En el mundo de los negocios el medio y largo plazo no existen si el corto no está garantizado. Sin embargo para la empresa pública  hablar de proyectos ejecutables a 5 o 10 años es perfectamente planteable.

10.- Velar por la correcta financiación de los proyectos.

La inclusión obligatoria de interventores dentro de las administraciones públicas ha mejorado bastante la efectividad e incluso ha dotado de cierto rigor a algunas partidas presupuestarias, por lo que en lineas generales, daremos este punto como zanjado satisfactoriamente. Sin embargo, todavía no hemos sido capaces de trasladar todos los recursos que se ponen a nuestra disposición desde la propia CEE para dinamizar y mejorar la calidad de nuestros destinos. En otros casos, corremos el riesgo de dispersar los recursos existentes en satisfacer diversas demandas de la ciudadanía, con un retorno sobre el territorio más que dudoso. El gestor de lo público deberá estar especialmente atento en trasladar esas oportunidades de financiación al sector privado y  a la vez gestionar eficientemente unos fondos que en realidad son públicos para que repercutan de manera efectiva en los administrados.