Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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JJOO de invierno 2030. De la oportunidad, al lío.

Un acto organizado el pasado sábado 13 de noviembre en Vielha por el COE supuso un tímido pistoletazo de salida institucional a las aspiraciones olímpicas del Pirineo para el 2030. El acto se celebró en medio de un ambiente enrarecido que ha hecho que algunos no duden en bautizarlos ya, como los Juegos de la desinformación. Y es que pocas veces antes se ha evidenciado tan claramente el divorcio entre políticos, empresarios y vecinos en general, frente a un proyecto que debería partir como una oportunidad de crecimiento para las comarcas de montaña.

Los términos en los que se está planteando el debate sobre Juegos Olímpicos SI, Juegos Olímpicos NO, se me antojan a estas alturas tan ridículos como discutir si las drogas son buenas o malas. Si crees que es un tema sencillo con una solución fácil, intenta poner de acuerdo a alguien que trabaje para el proyecto hombre y a un sanitario de la unidad del dolor de un hospital cualquiera. Es obvio que ambos tendrán una visión distinta basada en certezas incuestionables y dos realidades antagónicas. Por eso, se me hace tan extraño aceptar que a estas alturas ya haya personas que sostengan posturas tan inamovibles y se nieguen a tener un diálogo mínimamente serio sobre la conveniencia o no de su celebración.

Las opiniones vertidas desde las distintas fuerzas políticas tampoco parecen aportar mucho. Lejos de contribuir a esclarecer dudas y disipar miedos, unos y otros se acogen a clichés propagandísticos a cuál más simple y sesgado.  Lo que debería servir como pretexto para abrir un debate serio sobre hacia donde deben orientarse las distintas políticas económicas y sociales orientadas a reducir la brecha de oportunidades que sufren las zonas rurales y los territorios de alta montaña en particular, se está convirtiendo en un derroche de populismos que ignoran deliberadamente los pros y contras que implicaría una decisión tan importante como estratégica.

Y es que, a raíz de las últimas informaciones aparecidas en la prensa, sospecho que el planteamiento actual tiene poco que ver con el cuidado real de los intereses de los habitantes del territorio y mucho con una especie de intercambio político en el que buena parte de los actores empiezan a concebir los Juegos como moneda de intercambio en un complicado juego de equilibrio de fuerzas territoriales. No solo porque así lo escenificara el actual Govern de la Generalitat, quién a las primeras de cambio ofreció a la CUP frenar la candidatura a los Juegos Olímpicos de Invierno hasta que no se haya realizado una consulta ciudadana al respecto, a condición eso sí, de que los anticapitalistas apoyen los presupuestos para el 2022. Es que además, el propio nombre de la candidatura ha hecho un extraño viajes desde su Pirineus 2030, hasta el Pirineus-Barcelona-Zaragoza 2030.  Bien mirado, ahora mismo esto tiene pinta de tener tanto éxito como la marca Pirineos, que empezaron planteándose tres países y acabaron disputándose los plenos de casi todas las entidades municipales de la cordillera.

Con semejante panorama, no es de extrañar que lo primero que haya hecho el mismísimo vicepresidente del COI, el Excmo. Sr, Samaranch Salisachs haya sido pedir «unanimidad» institucional y social antes de poder convertirse en sede.

El propio COI es consciente de que su marca e imagen se deterioran debido a las constantes negativas y dudas que han despertado diversos proyectos que en el pasado sirvieron más como propaganda para ensalzar el orgullo patrio, que como herramientas de dinamización social y deportiva.  Por ese motivo el máximo órgano institucional representativo de la gran familia olímpica ha flexibilizado año tras año sus exigencias sobre los requisitos que deben cumplir las sedes. Las nuevas directrices son claras: ni gastos innecesarios ni infraestructuras inútiles.  Desde el propio Comité Olímpico Internacional se ha incidido en este cambio de paradigma. “Ahora no es cuestión de ver qué puede ofrecer el territorio para tener unos Juegos, sino qué pueden ofrecer unos Juegos al territorio”.

A pesar de estos esfuerzos, el ruido de fondo mantiene descolocada a la población que reside en los territorios de montaña, que tras 11 años oyendo las promesas de mejoras para albergar unos Juegos de Invierno, siguen viéndose a la cola de las inversiones en infraestructuras básicas y sin saber cómo afectaría realmente celebrar una cita olímpica en su casa.

Pocos saben que el presupuesto que se baraja para la cita de 2030 es de 1300 millones de euros, infraestructuras aparte claro. Menos de la mitad de lo que costaron los de Barcelona´92 y muy lejos de los 40.000 millones despilfarrados en Sochi´2014. De estos 1300, 900 correrían a cargo del COI y los 400 restantes del comité organizador. Este ya ha aclarado a través de la Secretaria General de l’Esport de la Generalitat, que se cubrirían con la venta de entradas, mercadotecnia, sponsors privados y aportaciones públicas, con el firme propósito de no acrecentar la presión fiscal sobre ninguno de los territorios que la acojan. Eso si, nadie ha aclarado aún como se evitarán los peligros de la especulación y la subida de precios sobre derechos básicos hoy ya de por si escasos, como por ejemplo el del acceso a la vivienda. Teniendo en cuenta las crecientes dificultades que han quedado de manifiesto tras la crisis para poder vivir en las zonas de alta montaña, la confianza en los JJOO como catalizador de todas aquellas inversiones necesarias para el Pirineo, está más dividida que nunca.

Esta será una tarea donde se requerirá un liderazgo mayor que el que dio forma a Barcelona`92, en aquella ocasión Administración y empresa se encontraron en las figuras de Pascual Maragall y Leopoldo Rodés.  Hoy, los referéndums realizados en lugares como Calgary, Innsbruck o Sion, ponen de manifiesto que para el 2030 estos liderazgos requerirán, además,  de un consenso participativo desde el territorio. Por eso es tan importante explicarlo bien y que se entienda. 

Lo primero es conseguir un consenso social lo más amplio y meditado posible para concebir la cita Olímpica como un puente para aliviar las deficiencias que actualmente se viven en las comarcas de montaña. Sin olvidar claro, la necesidad de poner los recursos y escenarios apropiados para la consecución de los éxitos deportivos, que aunque nadie hable de ellos, es obvio que son el propósito en el que se encuadra dicho evento. 

Siento tener que decir que en esta labor de construcción de oportunidades y un futuro mejor, no caben ni las típicas promesas fáciles de los especuladores vende burras, ni los miedos insuflados desde el odio al sistema de los que están perpetuamente a la contra.


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El éxito del City Trip sitúa el reto de gestionar las ciudades como objetivo prioritario para el sector turístico.

Que el turismo es una actividad social es algo recogido en su propia definición de la OMT. Que como tal iba a verse afectado por los movimientos concéntricos de población en torno a las grandes ciudades era algo que se veía venir.

En la pasada feria de la ITB de Berlín se constató el éxito de los destinos turísticos urbanos a raíz de los datos de viajeros internacionales recibidos por las ciudades en el año 2017. Los 190 millones de viajeros que escogieron esta modalidad superaron por primera vez en la historia a los que escogieron la modalidad  de sol y playa.

Y claro está, si en el segundo caso la afluencia masiva de visitantes al litoral generaron conflictos medioambientales y de masificación, en el primer caso ha sido la misma reputación de la actividad turística lo que se está viendo seriamente perjudicada. La preocupación se ha instalado entre muchos consistorios bajo el nombre de nuevas patologías para las ciudades con nombres como turismofobia, over tourism o unbalanced tourism. En muchas ciudades se ha pasado de un sentimiento de gratitud y una actitud de acogida, a otro de rechazo por parte de las comunidades residentes frente a la «invasión» de sus espacios comunes .

La mayoría ven la solución en políticas que permitan conciliar la convivencia entre turistas y residentes basadas en una correcta planificación, las técnicas de gestión de masas o la incorporación de la tecnología para llegar a una gobernanza inteligente de los flujos de visitantes. Pero la cuestión es que si hacemos una mínima reflexión al margen de los titulares periodísticos, nos daremos cuenta de que las ciudades ya tienen sus propias amenazas y retos de futuro al margen de tener que corregir los desequilibrios generados por el exceso de turistas. Y dichos peligros han llegado sin avisar y son bastante más graves.

El mundo ha experimentado una tendencia de crecimiento de las ciudades hasta el punto que hemos tenido que pasar a denominarlas megaciudades o megalópolis. Recientemente investigadores del instituto tecnológico de Ontario, advertían de la amenaza que el crecimiento de estas megaciudades entrañaban para el equilibrio de un mundo que ha puesto erróneamente el foco del bienestar en la buena marcha de los ratios de crecimiento.

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Aunque es posible que en el caso del mundo desarrollado sea así, el informe arroja un dato demoledor. Ya que no serán las ciudades del «primer mundo» las que experimentarán dicho crecimiento, sino que serán principalmente aquellas con mayores posibilidades de nutrirse de personas venidas de zonas rurales o inestables, las que protagonizarán un mayor éxodo hacia sus territorios. Los expertos apuntan al continente africano como el nuevo referente mundial de las ciudades con más de 10 millones de habitantes.

Con ciudades creciendo sin control de espaldas a un mínimo plan urbanístico cualquier problema relacionado con las competencias propias de la gobernanza de una urbe se convierten en una crisis. Se estima que ciudades como Lagos que hoy cuenta con cerca de 20 millones de habitantes ya tiene en torno al 60% de su población viviendo en las denominadas «villas miseria». Para estas ciudades la gestión de los residuos y de la energía van a pasar necesariamente por delante de la gestión de los turistas, sobretodo teniendo en cuenta que la falta de planificación y de estructuras ya han situado a la sanidad y a la seguridad como sus principales problemas. Con el agravante de que además, sus recursos y economía son cuando menos precarios.

Según este mismo informe, se estima que en Asia, destinos turísticos como Nueva Delhi, pasarán a congregar en los próximos 30 años poblaciones del orden de 40 millones de habitantes por lo que necesitarán desarrollar autenticas estructuras de estado y concentrar infraestructuras para dar servicios a un número de habitantes similar al de países como pueden ser en la actualidad Canadá o Polonia.

En este escenario, el éxito de una correcta gestión turística va a pasar por solucionar previamente los aspectos que ya hoy han empezado a amenazar la convivencia. Y es que sin ánimo de ser alarmista, me temo que a los tradicionales riesgos geopolíticos  del turismo, se ha añadido un fenómeno que va a ser capaz de concentrarlos todos en un mismo distrito. Pretender que la afluencia de visitantes está al mismo nivel que estos conflictos es, a mi juicio,  de una ligereza irresponsable.

Urge entender que los riesgos a los que nos enfrentamos para garantizar el éxito de la experiencia turística en las ciudades son más propios del consejo de la ONU que de un patronato de turismo, motivo por el que la industria turística va a verse empujada a dar un paso adelante y comprometerse en la resolución de este tipo de problemas.