Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Catástrofes naturales…, ¿Desastre o Recurso?. Un dilema ético.

Poco podía imaginarme tras mi visita a la Palma en el mes de mayo, que en tan solo 5 meses la isla bonita pasaría de despertarme la mayor de mis admiraciones por su alto grado de desarrollo sostenible y compromiso con el entorno, a ponerme frente a la cuestionable legitimidad de un turismo que transita entre la admiración por las fuerzas de la naturaleza y la más absoluta insensibilidad hacia sus víctimas.

A mi me da que esta irrefrenable necesidad de relevancia y de elevada carga experiencial que venimos observando en los últimos años, está a punto de acuñar una nueva modalidad turística inspirada a partes iguales entre la admiración por las indomables fuerzas que rigen nuestro planeta y el inoportunismo propio del que te cuenta un chiste en un funeral.

Es innegable la capacidad que la naturaleza tiene para despertar un sentimiento de admiración casi hipnótico en la mayoría de nosotros, pero no deja de ser sorprendente que muchos pierdan el sentido de la conveniencia y la empatía frente al dolor ajeno. Y es que no se trata tanto del «que», sino sobretodo del «cuando».

Los estragos provocados por una colada ya eran visitables en la Palma en los caños de fuego, un centro de interpretación de cavidades volcánicas en el hoy devastado municipio de Todoque, y que tiene su origen en el conjunto de tubos volcánicos procedentes de la solidificación de las lavas emanadas en la erupción del Volcán de San Juan en 1949. Muy cerquita de la erupción de Cumbre Vieja de este pasado domingo 19 de septiembre. Eso si, en mayo, no había ruidosas explosiones, ni lluvia de cenizas, ni fisuras expulsando lava ni, por supuesto, medios de comunicación narrando en directo el poder devastador de las mismas. En mayo, sencillamente, estábamos solos. Tan solo un par de miembros del personal te recordaban las más básicas normas anticovid y te orientaban en una espectacular visita muy conscientes de que aquello podía repetirse en cualquier momento.

La propia ministra de de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, contribuyó a la polémica y sobretodo a la confusión del momento con unas polémicas declaraciones en las que instaba a aprovechar el «maravilloso reclamo» que el volcán constituye. Y aunque se apresuró en matizar sus palabras apenas 24 horas más tarde, no fue suficiente para evitar recibir un aluvión de críticas. Nuevamente no era el fondo, sino sobretodo, el momento en el que se realizaron dichas declaraciones.

Colada Centro Interpretación los caños de Fuego – Todoque.

Pero vayamos por partes, ¿Que es un recurso turístico y que es un fenómeno natural…? Según sus definiciones un fenómeno natural se trata de:

«… todos los procesos de cambio que ocurren en la naturaleza de manera constante y espontánea, sin que medie intervención humana. Pueden ser cíclicos y responder a los cambios físicos de la Tierra. Los fenómenos naturales son acontecimientos extraordinarios e inusuales que pueden ser observables en diversos espacios geográficos. Por ejemplo, la lluvia es un tipo de fenómeno natural atmosférico, los arcoíris son fenómenos de tipo meteorológico, y las corrientes oceánicas son fenómenos hidrológicos. Existen diferentes tipos de fenómenos naturales que se categorizan a partir de sus características, su impacto en la naturaleza y en los seres vivos. También se toman en cuenta aquellos acontecimientos de carácter astronómico y que pueden resultar ajenos a nuestra realidad. En gran medida, los fenómenos naturales son inofensivos. Sin embargo, dependiendo de las dimensiones en que estos afecten la vida humana, pueden ser considerados como positivos o negativos, y catalogados como desastres naturales, según los daños generados.«

Y por otro lado, la propia OMT define un recurso turístico como:

«…aquellos elementos que por sí mismos o en combinación con otros pueden despertar el interés para visitar una determinada zona o región.»

Al hilo de ambas definiciones, está claro que una erupción volcánica, al igual que una aurora boreal o las grandes migraciones de fauna salvaje, son valiosísimos recursos turísticos naturales. Sin embargo ¿tiene algún sentido convertir en recurso turístico un desastre natural?. Es decir… ¿justifica un viaje ir a visitar todos aquellos daños, pérdidas materiales y de seres vivos, causados por los efectos negativos de un fenómeno natural?. ¿Te imaginas viajando, solo para ver los estragos de un ciclón o los daños ocasionados por un terremoto?. ¿ Y cómo crees que se hubiera percibido a nivel internacional una campaña para ir a visitar la costas de Indonesia, Sri Lanka o Tailandia, tras el Tsunami del año 2004?

La actividad más cercana a esto que se me ocurre, es el llamado poorism, también conocido como turismo de pobreza, que consiste en visitar zonas deprimidas con el objetivo de que los visitantes tengan experiencias diferentes durante su viaje. Aunque lo cierto es que normalmente estas zonas están próximas a otros destinos turísticos y se trata más de un complemento de carácter etnográfico que de una motivación en si. Sus defensores apuntan una serie de motivos, además de la lógica contribución económica y de ingresos para la zona, entre los que se encuentran principalmente. El incremento de la conciencia social entre la gente, el objetivo de incentivar a empresas y particulares a que hagan donaciones para los habitantes de la zona, observar la vida de sus gentes y escribir artículos sobre el tema, y también mejorar en el conocimiento de la vida en un estado de vulnerabilidad socioeconómica.

A pesar de que este tipo de turismo ha sido el origen e inspiración para llevar a cabo acciones de RSC por parte de muchas empresas, es evidente que, como en el caso de los desastres naturales, la línea entre la filantropía y el valor educativo; y el voyerismo o incluso la explotación, es tan fina como impactante y obviamente suscita un debate ético de difícil solución.

Prueba de ello es que paralelamente a la tragedia que estaban viviendo sus vecinos en el lado oeste de la isla. Algunos representantes y responsables turísticos de la Palma, recordaban la seguridad reinante en el resto de las dos terceras partes de su territorio, recordando que este no se había visto afectado de ninguna manera. Todo ello, en un intento por paliar el inesperado golpe para el sector y la economía de la isla, tras un año largo de pandemia.

Sospecho que frente a esta encrucijada, la clave se encuentra en el cuidado puesto en salvaguardar un mínimo periodo de tiempo para el duelo en función de las pérdidas. Pero sobretodo, mantener un esmerado cuidado de la dignidad de la población local. Algo que debido al corto espacio de tiempo transcurrido, no se está dando en estos momentos en la Palma, donde toda las recomendaciones de las autoridades y servicios de emergencia coinciden en subrayar la prudencia y evitar curiosos que dificulten las labores de evacuación.

Y es que.. nuevamente no es tanto el «que», sino más bien el «cuando»…


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LA FORTALEZA DEL SECTOR PRIVADO. La palanca de actuación para el éxito de los destinos turísticos.

En el mundo existen innumerables playas paradisíacas, paisajes que cortan la respiración y bellísimas obras de arte que despiertan nuestros sentidos, y sin embargo, el ránquing de los principales destinos turísticos se repite con más bien pocas sorpresas, año tras año.

Luego  ¿sino es el recurso…?, ¿cual es el verdadero apoyo sobre el que se soporta un destino?. Para entender un poco mejor este caso, hagamos un viaje hacia algo más local. Imaginemos que deseamos visitar una zona virgen en medio de las montañas en la que se encuentran dos localidades. La una es exclusivamente residencial, sin servicios de ningún tipo. En la otra podemos encontrar de manera precaria, un colmado, una pensión y un restaurante.. ¿cual seria nuestro destino final?.

Efectivamente, convertir una visita de cualquier tipo en una visita turística, significa desarrollar una actividad económica en torno al recurso y ponerla al servicio del visitante. Y eso, salvo que nos encontremos bajo la máxima expresión del régimen intervencionista de un estado, es un papel mayoritariamente asumido por el sector privado.

Si a ello le unimos el beneficio aportado por la función social que tienen las empresas en cuanto a aportación de riqueza, mejora de la calidad de vida  y desarrollo de zonas subdesarrolladas, habremos encontrado el elemento sobre el que cimentar un verdadero desarrollo turístico.

No obstante, al sector privado le amenazan diversos peligros de carácter interno de los que deberíamos ser conscientes para intentar evitarlos. La lista de autoevaluación de la salud del tejido empresarial podría empezar perfectamente por aquí.

1.- La debilidad o ausencia de asociaciones.

Las asociaciones profesionales pueden ayudar de manera efectiva si se generan estructuras sólidas con poder de representación y de negociación, ya que no solo son una herramienta muy útil de representación frente a la administración y organizaciones sindicales,  sino que ayudan a mitigar esa soledad e incertidumbre a la que los empresarios debemos hacer frente al tratar temas como la regulación de horarios, condiciones laborales, fiscalidad o una simple mejora de nuestra gestión de compras.

2.- El cansancio de los agentes activos del territorio.

Conozco muy pocas personas que hayan iniciado un proyecto o liderado una organización sin ponerle todas las ganas e ilusión en ello. Pero desgraciadamente conozco otros tantos que han tenido la tentación de dejarlo frecuentemente. El común denominador en estos casos ha sido el enjuiciamiento y el descrédito inmediato al que se han visto sometidos por pertenecer a una asociación, como si ejercer ese papel de liderazgo no te permitiera tener  ideas propias.

3.- Falta de iniciativa y compromiso.

Ya sabemos que estas cosas requieren dedicación y tiempo. Y que algunos consideran que esto es perderlo. Si relacionarte entre profesionales, con los que muy probablemente aprendas cosas, y evitar la participación que te permite fomentar ideas e iniciativas te parecen un error. Enhorabuena…!!! efectivamente tu vocación está entre los servicios religiosos de clausura.

Proyectos empresa

4.- Las luchas de poder fruto de la inmadurez del sector o de un liderazgo demasiado débil.

En este tema el problema normalmente se resume en el ego. Lo cual no deja de ser curioso ya que el sentido de asociarse es el de juntarse con otras personas para conseguir un mismo fin. No obstante hay gente que se asocia para imponer su punto de vista a los demás, lo que normalmente acaba limitando la participación y debilitando a la organización.

5.- El exceso de polarización.

Existen innumerables asociaciones turísticas de distinto ámbito regional que pueden llegar a derivar en una falta de unidad en torno a las decisiones y medidas estratégicas que deben llevarse a cabo de manera unificada. Por eso son tan importantes personas generosas con una visión y capacidad analítica del conjunto al frente de estas organizaciones.

6.- Falta de formación y profesionalidad.

Todos hemos asumido  ya el carácter de puesto de trabajo refugio que ofrece el sector de la hostelería, y a los empresarios les duele pagar a veces a trabajadores chapuceros y desmotivados. Sin embargo, sin unas condiciones laborales dignas, estables y con una preparación del personal inadecuada, el sector se verá abocado a un deterioro progresivo de su oferta de servicios. Dicho de otro modo, despreciar la formación del personal tiene efectos más relevantes que despreciar la inversión de mantenimiento en nuestro inmovilizado material.

7.- Falta de ambición y confianza.

Esta claro que si tu no crees en tu propio proyecto es casi imposible que impulses con éxito ninguna actividad. Esto lo saben bien los bancos, ya que a menudo piden el aval personal como garantía de un préstamo, Y es que, si tu no confías en que devolverás el dinero, difícilmente conseguirás convencer a otro para que te lo deje. Lo mismo ocurre con los proyectos, si dejas de lado la pasión necesaria para llevarlos a cabo, no esperes que nadie te siga en ellos, por muy buenas que sean tus intenciones.

8.- El exceso de individualismo.

Una cosa es la competencia bien entendida dentro del sector, lo otro, contribuir a convertir el destino en una batalla campal donde el objetivo es hundir a los competidores  y perder de vista los beneficios de su colaboración frente a problemas comunes. Una competencia sana es además, un estimulo que ayuda a mejorar la calidad y a pensar soluciones imaginativas  para buscar elementos diferenciadores.  Y en algunos casos, una estrategia cuyo éxito requiere precisamente de la concentración de oferta.

9.- Desprecio de la calidad y atención al cliente.

En plena era del big data, la tecnología y la interconectividad de las cosas. El principal elemento de fidelización de nuestros clientes, según un estudio de Google y Greenberg, es precisamente la atención al cliente. Y es que aunque parezca mentira aún hay muchos sitios donde, o no se presta la debida atención a la calidad, o se ignora la soberanía del cliente. Tratarlos como si no fuéramos a verlos nunca más, es evidente que puede acabar arruinando un proyecto antes de empezarlo.

10.- La creación de productos al abrigo de las modas.

No es que ser disruptivo, emprendedor e innovador no sean una virtud, bastante de moda en la actualidad por cierto, es que también son una garantía de dificultades si nuestro producto no ha sido diseñado concienzudamente y esta en linea con el destino en cuestión. A ser posible aportando mayor valor y contribuyendo a diversificar la oferta de servicios de la zona.

 

 

 

 

 


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«TODO ES TURISMO…»

“Todo es política”… o más bien, ya no.

Tras las recientes crisis no son pocos los que han puesto en entredicho la célebre frase de Thomas Mann, y se han declarado convencidos seguidores del menos ortodoxo, pero contundente   “es economía estúpido…” que arengó la campaña de Bill Clinton en 1995.

Si tal como define la OMT. Entendemos el turismo como un “conjunto de actividades, entre ellas por supuesto también las económicas, realizadas por personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos de su entorno habitual, por un periodo consecutivo inferior a un año…”  Nos daremos cuenta de que estamos frente a una actividad con un potencial extraordinario capaz de vertebrar el desarrollo de una región e incluso de un país.

El desarrollo del turismo implica un claro beneficio para múltiples sectores económicos tanto de forma directa como indirecta. Pero es que además, su carácter necesariamente relacional y su condición de actividad humana, permiten extrapolar esa gestión de manera beneficiosa a sectores estratégicos para los habitantes de un país, tales como la sanidad, la educación, el medio ambiente, la seguridad, las infraestructuras, las comunicaciones,… y así, una larga lista de materias cuya importancia incide de manera directa en el bienestar de cualquier sociedad.

No es de extrañar pues, que muchos de los países donde sus recursos turísticos son explotados de manera responsable y  donde la hospitalidad no entra en conflicto con el necesario respeto al entorno y a la cultura de la población residente, sean los que además, encabecen el ranking de países con mayor calidad de vida entre sus habitantes.