Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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La responsabilidad social corporativa II. Medidas y acciones a nuestro alcance.

En un plano más cercano podríamos decir que la RSC se basa sobretodo en mantener una actitud respetuosa y colaborativa con la población, los recursos y el patrimonio local. Pero también es una excelente forma de crear un engagement sincero con tus empleados, darles protagonismo y fomentar sus habilidades y sentimiento de pertenencia a la empresa. Algo que por supuesto también nos brinda la oportunidad de cuidar mejor de ellos.

Tal como detallamos en el anterior post, lo fundamental consiste en incorporar aspectos sociales y ambientales en la gestión del día a día de la empresa. Lo que excluye cualquier tipo de improvisación o medidas que no hayan sido cuidadosamente planificadas. No se trata simplemente de donaciones o caridad, tampoco es una medida pensada para realizar trabajos que simplemente nos hagan sentir mejor, eso ya hemos visto que se llama social washing. Proviene de una reflexión profunda de nuestro negocio y consiste en tomar todas las medidas oportunas para garantizar que los impactos de nuestra actividad personal o profesional sean positivos para los ecosistemas y el resto de la sociedad.

Con esta premisa y una clara voluntad de orientarnos hacia una política de implantación de responsabilidad soal, existen varias medidas que podemos poner en marcha de forma activa desde nuestro negocio y que bien podrían empezar por ser las siguientes:

trabajo infantil rsc

  • Cumplir con la legislación a nivel nacional e internacional en relación a la seguridad, la salud e higiene en el trabajo.
  • Cumplir escrupulosamente con la legislación en materia de contratación laboral.
  • Cumplir con la legislación en materia de igualdad de género.
  • Garantizar la igualdad de oportunidades y la paridad independientemente de la diversidad de raza o etnia.
  • Conocer y difundir entre empleados y clientes el Código Ético Mundial para el Turismo de la OMT y Naciones Unidas, favoreciendo su cumplimiento.
  • Contar con una política interna acorde con los Derechos Humanos y velar por que se cumplan.
  • Contar con medidas internas que velen por evitar la explotación infantil, de personas desfavorecidas y otras minorías de cualquier índole.
  • Tener una política y un protocolo de actuación claro en materia de anticorrupción y formar nuestro personal en el mismo.
  • Favorecer la conciliación entre nuestros trabajadores en un ambiente laboral sano y respetuoso.
  • Proteger el patrimonio local, no permitiendo la exposición o compra-venta de objetos históricos en el establecimiento.
  • Proteger el patrimonio natural, no permitiendo la exposición o compra-venta de especies protegidas en el establecimiento.
  • Facilitar circuitos de denuncia de aquellas medidas que no se cumplan de una forma fácil, rápida, eficaz y que garanticen la confidencialidad.
  • Fomentar el patrimonio cultural y natural local, favoreciendo el desarrollo y la venta de productos elaborados por empresas y artesanos de la zona.
  • Utilizar elementos de artesanía o diseños del territorio en la construcción o la decoración, para poner en valor el patrimonio arquitectónico local.
  • Fomentar la adquisición de mano de obra en el territorio para ayudar a las comunidades afincadas en la zona.
  • Adquirir los suministros y materias primas locales o de Km 0, favoreciendo a los productores primarios del entorno.
  • Adquirir cuando sea posible artículos provenientes del comercio justo, y evitar aquellos de empresas con sospechas de emplear malas praxis o abusos de cualquier tipo.
  • Donar aquellos bienes o materiales que ya no estén en uso a organizaciones benéficas.
  • Establecer una política interna que maximice el beneficio social y minimice el impacto negativo de nuestra actividad en el entorno y sus comunidades.
  • Apoyar iniciativas locales que contribuyan a la mejora de la calidad de vida y el bienestar de las personas.
  • Fomentar el voluntariado entre los empleados para llevar a cabo iniciativas que ayuden a la población y el entorno. Obviamente y en la medida de lo posible a cuenta del horario de trabajo. (La razón es obvia, pero por si alguien se lo pregunta, le diré que hacerlo a cuenta del tiempo del empleado va un poco en contra de su propia conciliación y el mérito es más bien personal).
  • Favorecer la conciliación familiar, el descanso y la desconexión digital fuera del horario de trabajo mediante medidas y acciones concretas.
  • Promover donaciones con fines benéficos y sin ánimo de lucro entre nuestros empleados y clientes.
  • Trabajar con otras entidades tejiendo redes y promoviendo consorcios para crear nuevos proyectos acordes a nuestra filosofía de sustentabilidad.
  • Promover acciones orientadas a conseguir la igualdad y reducir las brechas de acceso a oportunidades de cualquier tipo, entre la población
  • Organizar eventos con carácter solidario para financiar con la recaudación algún proyecto de apoyo a la comunidad.
  • Participar o promover campañas de concienciación para procurar la integración de aquellos colectivos más desfavorecidos.

Desde luego que construir un proyecto que cumpla con todos estos requisitos puede parecer de entrada imposible. No se trata de cumplir con todas estas medidas de manera obligatoria, es más, probablemente estas no deberían ser las premisas sobre las que deberíamos sustentar nuestra empresa ya que corremos el riesgo de que el mercado nos dé un amargo baño de realidad y terminemos fracasando en el que debería ser el objetivo principal de nuestra empresa. Ya sea la creación de patrimonio, la aportación de bienes y servicios o simplemente, la supervivencia de un proyecto en el tiempo.  Por otro lado, la mayoría de ejemplos de éxito de medidas de RSC que podemos encontrar en las redes son fundamentalmente campañas de engagement de las marcas con diferentes colectivos, y sus beneficios no son por ello nada despreciables, y menos aún, para aquellos proyectos a los que va dirigida esa ayuda.

Lo que si es ya una realidad sin ningún género de dudas, además del hecho de que tenemos la inexcusable obligación de cumplir con la legislación vigente. Es que concebir cualquier proyecto que no tenga en cuenta, o violente de forma deliberada, este principio de acciones y por tanto se construya en contra del bienestar futuro del planeta y de sus habitantes, es una empresa que más vale la pena no empezar.

Por el bien de nuestra propia supervivencia como especie.


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La responsabilidad social corporativa I. Qué era y en que se va a convertir, a partir de ahora…

Si hubiéramos escrito este post antes del pasado 11 de marzo del 2020, cuando la OMS declaró oficialmente el estado de la Pandemia provocada por Coronavirus a nivel mundial, muy probablemente nos hubiéramos ceñido a la definición más estricta que en el medio empresarial se da a la responsabilidad social corporativa (RSC), responsabilidad social empresarial (RSE) o también conocida como responsabilidad social (RS), a secas.

Estos tres conceptos vienen a definirse más o menos como:

“…la responsabilidad que cada organización tiene con el medio ambiente en que se desenvuelve y con la sociedad de la que hace parte, se define como la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas, generalmente con el objetivo de mejorar su situación competitiva, valorativa y su valor añadido…”

Y ojo, que esto por si solo ya supone un reto importante para las empresas, puesto que de querer aplicarlo correctamente deben pasar de sus criterios de gestión empresarial habitual a aplicar un criterio de gestión denominado de Triple Resultado, es decir, además del beneficio económico, indispensable para su sostenibilidad futura, deben tener en cuenta el beneficio medioambiental y el social, mediante la reducción de su impacto en el entorno y su influencia benefactora en la sociedad.

Estos principios no han estado exentos de picaresca o de interpretaciones subjetivas que han dado lugar a sus propias patologías, como el denominado “greenwashing”,  y el “social washing”. En el primer caso se trata de vender la imagen de que eres respetuoso con el medio ambiente cuando ni tus productos ni tus procesos de fabricación lo son en realidad, en el segundo se trata de vender las acciones basadas en una gobernanza más ética, un mejor entorno laboral y un compromiso con las comunidades donde operas, cuando en realidad no se cumplen o perjudican seriamente otros colectivos. La verdad es que la red esta llena de ejemplos y algunos no tienen desperdicio… (ni perdón de Dios, tampoco). Mis “favoritas” son algunas prácticas llevadas a cabo por multinacionales y grandes grupos empresariales de todo el mundo. Desde un importante empresario textil que compra equipos sanitarios para su país, mientras utiliza mano de obra infantil en sus fábricas de países subdesarrollados de Asia y Suramérica. Hasta una importante empresa especializada en la alimentación infantil que tiene su propia línea de productos Eko, mientras desforesta buena parte de la selva de Indonesia para plantar aceite de palma. Vamos que, si tienes interés, te das una vuelta por la página de noticias de Greenpeace y Global March, y te haces una idea de ambos conceptos y del nivel de incongruencia/hipocresía que pueden acompañar a algunas campañas de márqueting.

deforestacion rsc

Bueno, pues si algo positivo tiene esta pandemia es que ha despertado la solidaridad y la responsabilidad de muchas personas que han entendido que el concepto de humanidad debe colocarse en el centro de las actividades desarrolladas en el planeta, y esto incluye por supuesto, la actividad económica y empresarial de la que forma parte la turística.

Tanto es así que, en una encuesta realizada por Fremap en el marco del curso de Planes de Contingencia y de Continuidad en el Trabajo el pasado mes de junio, se lanzaba la siguiente pregunta con estas tres posibles respuestas:

¿Si hace un año te hubieran preguntado ¿Para qué se crean las empresas?. Que dirias…

  1. Ganar Dinero.
  2. Generar bienes y servicios.
  3. Continuar su existencia en el tiempo

El resultado se repartía mayoritariamente entre la primera y la segunda opción según hubiese más participantes del sector privado o del sector público, y tan solo un grupo residual escogía la tercera respuesta.

En cambio, al reformular la misma pregunta situándola en la actualidad, con el siguiente texto:

Si hoy en plena crisis del Covid-19 te preguntan. ¿Cuál es el objetivo principal de una empresa ahora?…

En este caso la opción C, ganaba por una mayoría aplastante. Lo que demuestra el cambio de percepción que la ciudadanía tiene con respecto al papel de las empresas en la actualidad y lo que pueden empezar a exigirles a partir de ahora como trabajadores y consumidores.

A partir de ahora las empresas ya no solo van a tener que fijarse en las dinámicas de win-win, sino que los consumidores van a demandar cada día más el win-win-win, o lo que es lo mismo. Que ganes tu, que gane yo y que gane el planeta. Dentro de la RSC futura, vamos a tener que prepararnos para atender un consumidor que además de ser el más informado y exigente de la historia, viene de sufrir una experiencia de supervivencia vital que ha reordenado buena parte de sus valores y prioridades. Las campañas de márqueting van a tener dejar de lado cualquier tentación de limitarse a un “maquillaje” (des)informativo, dicho sea con todo el respeto, para construir discursos verídicos que sean sólidos, sostenibles y justos.  Entiendo a los que ya de entrada plantearán el dilema de definir lo que es justo y lo que no, pero simplificando las cosas, creo que de lo que se trata básicamente es de no abusar ni perjudicar al planeta ni a tus congéneres, y menos en pos de un beneficio particular. Eso, perdónenme ustedes, lo entendemos todos.

Sospecho, pues, que la RSC y la sostenibilidad van a adquirir una nueva dimensión y un lugar primigenio en el mundo de los negocios y que esta es una dinámica que ha venido para quedarse. Tal como puso de manifiesto BlackRock, la principal gestora de activos a nivel internacional con un valor equivalente a la cuarta economía mundial, que el pasado mes de Julio anunciaba medidas contra aquellas empresas cotizadas por ellos en el mercado bursátil que no avanzasen decididamente en el camino para reducir su impacto sobre el cambio climático.

En el mundo del turismo, valdrá la pena que a la marcada tendencia experiencial, de la que ya veníamos dotando a nuestros productos y servicios, empiece a redondearse con algo que la complete y haga que, en el futuro, el viajero tenga la sensación de aprovechar sus desplazamientos para estar haciendo algo bueno por el mundo y por sus semejantes. Independientemente de cuál sea su motivación principal.