En el mundo existen innumerables playas paradisíacas, paisajes que cortan la respiración y bellísimas obras de arte que despiertan nuestros sentidos, y sin embargo, el ránquing de los principales destinos turísticos se repite con más bien pocas sorpresas, año tras año.
Luego ¿sino es el recurso…?, ¿cual es el verdadero apoyo sobre el que se soporta un destino?. Para entender un poco mejor este caso, hagamos un viaje hacia algo más local. Imaginemos que deseamos visitar una zona virgen en medio de las montañas en la que se encuentran dos localidades. La una es exclusivamente residencial, sin servicios de ningún tipo. En la otra podemos encontrar de manera precaria, un colmado, una pensión y un restaurante.. ¿cual seria nuestro destino final?.
Efectivamente, convertir una visita de cualquier tipo en una visita turística, significa desarrollar una actividad económica en torno al recurso y ponerla al servicio del visitante. Y eso, salvo que nos encontremos bajo la máxima expresión del régimen intervencionista de un estado, es un papel mayoritariamente asumido por el sector privado.
Si a ello le unimos el beneficio aportado por la función social que tienen las empresas en cuanto a aportación de riqueza, mejora de la calidad de vida y desarrollo de zonas subdesarrolladas, habremos encontrado el elemento sobre el que cimentar un verdadero desarrollo turístico.
No obstante, al sector privado le amenazan diversos peligros de carácter interno de los que deberíamos ser conscientes para intentar evitarlos. La lista de autoevaluación de la salud del tejido empresarial podría empezar perfectamente por aquí.
1.- La debilidad o ausencia de asociaciones.
Las asociaciones profesionales pueden ayudar de manera efectiva si se generan estructuras sólidas con poder de representación y de negociación, ya que no solo son una herramienta muy útil de representación frente a la administración y organizaciones sindicales, sino que ayudan a mitigar esa soledad e incertidumbre a la que los empresarios debemos hacer frente al tratar temas como la regulación de horarios, condiciones laborales, fiscalidad o una simple mejora de nuestra gestión de compras.
2.- El cansancio de los agentes activos del territorio.
Conozco muy pocas personas que hayan iniciado un proyecto o liderado una organización sin ponerle todas las ganas e ilusión en ello. Pero desgraciadamente conozco otros tantos que han tenido la tentación de dejarlo frecuentemente. El común denominador en estos casos ha sido el enjuiciamiento y el descrédito inmediato al que se han visto sometidos por pertenecer a una asociación, como si ejercer ese papel de liderazgo no te permitiera tener ideas propias.
3.- Falta de iniciativa y compromiso.
Ya sabemos que estas cosas requieren dedicación y tiempo. Y que algunos consideran que esto es perderlo. Si relacionarte entre profesionales, con los que muy probablemente aprendas cosas, y evitar la participación que te permite fomentar ideas e iniciativas te parecen un error. Enhorabuena…!!! efectivamente tu vocación está entre los servicios religiosos de clausura.

4.- Las luchas de poder fruto de la inmadurez del sector o de un liderazgo demasiado débil.
En este tema el problema normalmente se resume en el ego. Lo cual no deja de ser curioso ya que el sentido de asociarse es el de juntarse con otras personas para conseguir un mismo fin. No obstante hay gente que se asocia para imponer su punto de vista a los demás, lo que normalmente acaba limitando la participación y debilitando a la organización.
5.- El exceso de polarización.
Existen innumerables asociaciones turísticas de distinto ámbito regional que pueden llegar a derivar en una falta de unidad en torno a las decisiones y medidas estratégicas que deben llevarse a cabo de manera unificada. Por eso son tan importantes personas generosas con una visión y capacidad analítica del conjunto al frente de estas organizaciones.
6.- Falta de formación y profesionalidad.
Todos hemos asumido ya el carácter de puesto de trabajo refugio que ofrece el sector de la hostelería, y a los empresarios les duele pagar a veces a trabajadores chapuceros y desmotivados. Sin embargo, sin unas condiciones laborales dignas, estables y con una preparación del personal inadecuada, el sector se verá abocado a un deterioro progresivo de su oferta de servicios. Dicho de otro modo, despreciar la formación del personal tiene efectos más relevantes que despreciar la inversión de mantenimiento en nuestro inmovilizado material.
7.- Falta de ambición y confianza.
Esta claro que si tu no crees en tu propio proyecto es casi imposible que impulses con éxito ninguna actividad. Esto lo saben bien los bancos, ya que a menudo piden el aval personal como garantía de un préstamo, Y es que, si tu no confías en que devolverás el dinero, difícilmente conseguirás convencer a otro para que te lo deje. Lo mismo ocurre con los proyectos, si dejas de lado la pasión necesaria para llevarlos a cabo, no esperes que nadie te siga en ellos, por muy buenas que sean tus intenciones.
8.- El exceso de individualismo.
Una cosa es la competencia bien entendida dentro del sector, lo otro, contribuir a convertir el destino en una batalla campal donde el objetivo es hundir a los competidores y perder de vista los beneficios de su colaboración frente a problemas comunes. Una competencia sana es además, un estimulo que ayuda a mejorar la calidad y a pensar soluciones imaginativas para buscar elementos diferenciadores. Y en algunos casos, una estrategia cuyo éxito requiere precisamente de la concentración de oferta.
9.- Desprecio de la calidad y atención al cliente.
En plena era del big data, la tecnología y la interconectividad de las cosas. El principal elemento de fidelización de nuestros clientes, según un estudio de Google y Greenberg, es precisamente la atención al cliente. Y es que aunque parezca mentira aún hay muchos sitios donde, o no se presta la debida atención a la calidad, o se ignora la soberanía del cliente. Tratarlos como si no fuéramos a verlos nunca más, es evidente que puede acabar arruinando un proyecto antes de empezarlo.
10.- La creación de productos al abrigo de las modas.
No es que ser disruptivo, emprendedor e innovador no sean una virtud, bastante de moda en la actualidad por cierto, es que también son una garantía de dificultades si nuestro producto no ha sido diseñado concienzudamente y esta en linea con el destino en cuestión. A ser posible aportando mayor valor y contribuyendo a diversificar la oferta de servicios de la zona.




