La riqueza de la isla está fuera de toda duda y en el transcurso del mismo día puedes llegar a pensar que has pasado de una selva tropical, a unas laderas alpinas y por el camino haberte perdido entre la colada de un volcán. Si encima te han acompañado las nubes en el Roque de los Muchachos, la imagen de sus telescopios te permitirá soñar incluso con haber salido de este planeta. Pero para ponerlo todo en orden y que la disfrutes como lo hice yo, paso a enumerarte lo que para mí son los imprescindibles de una isla pensada para ser caminada. Ya te avanzo que su riqueza cultural, patrimonial y paisajística no va a caber de ninguna de las maneras en un solo post.
Llega el buen tiempo y con él las ganas de viajar. Este año además, el buen ritmo de vacunaciones permite adivinar una luz al final del túnel que anima aún más a disfrutar de una libertad que reclamamos ansiosamente después de muchos meses de prohibiciones.
Personalmente creo que tras un año y medio, es también tiempo de demostrar que hemos aprendido algo más que cuatro nuevos vocablos relacionados con el mundo de la sanidad, y que la elección de nuestros destinos turísticos deberían empezar a reflejar esos nuevos propósitos de consciencia medioambiental, respeto por el planeta e interacción positiva con los ecosistemas que visitemos. No es que pretenda que todo el mundo dedique ahora sus vacaciones a realizar un voluntariado en un entorno rural, – aunque ahí dejo una idea…- eso obviamente podría saturar los pocos lugares que se dedican a ofrecer este tipo de actividades. Sobretodo porque la mayoría los demandaríamos en Julio y Agosto, -y por cierto, ahí dejo otra idea…- . Para empezar puede ser suficiente con escoger un destino que haya adquirido el compromiso de mantener el equilibrio entre la conservación de su biodiversidad, su cultura y el implacable desarrollo económico y social. Cuidando, en todo momento, la relación entre las personas y la naturaleza. Esos lugares reciben un distintivo que otorga la UNESCO y les reconoce como Reservas de la Biosfera.
La isla de la Palma, en el archipiélago de las Canarias, goza del distintivo de Reserva Mundial de la Biosfera desde el año 2002 y lo primero que llama la atención es que no ha sido un label fácil de conseguir en el que haya bastado con la tradicional gestión administrativa realizada por los representantes de un paraje precioso. Sino que ha sido el compromiso reafirmado y ampliado año tras año de toda la población desde que consiguieran su primer reconocimiento en 1983. Aquel año, las apenas 511 hectáreas de los municipios de los Sauces y San Andrés enseñaron el camino para que el el 2012 la reserva de la biosfera ya contase con 87.251 hectáreas, de las cuales, 70.832 hectáreas eran terrestres y 16.419 hectáreas marinas. Eso es la totalidad de la isla y buena parte del mar que baña su costa suroeste.
La Caldera de Taburiente.
Mirar hacia sus picos de más de 2000 mtrs. de altura desde prácticamente el nivel del mar es algo que impresiona a cualquiera, cuando te explican que lo que ves es lo que queda de un volcán que alcanzó el doble de ese tamaño es cuando te empiezas a dar cuenta de que todo lo que visitarás tiene un carácter tan colosal como épico. Actualmente es un Parque Nacional que representa a la perfección el ecosistema del pinar canario, atravesado por sus riachuelos y cascadas y con una red de senderos que te permite explorar una belleza sin límite. Si lo tuyo es hacer las fotos en sandalias, los miradores de la Cancelita, la Cumbrecita y los Brecitos te permitirán disfrutar de sus vistas sin dar un paso, aunque debo advertirte que para mí, eso limita y mucho la verdadera experiencia.
El Roque de los Muchachos.
Con sus 2426 mtrs. es el techo de la Caldera, pero además de sus impresionantes vistas y de la red de senderos que lo atraviesan se caracteriza por ser el enclave del Observatorio Astrofísico del Roque de los Muchachos. Una de las tres baterías de telescopios más importantes del mundo. Y es que por si encontraras pocos alicientes entre sus parques y costas, mirar hacia el cielo de la Palma es una de esas experiencias garantizadas. Así lo entiende la comunidad científica internacional que ha determinado que sus cielos reúnen una de las mejores condiciones para la investigación astronómica en todo el planeta.
Volcán de San Antonio y Salinas de Fuencaliente.
Desde el centro de interpretación del Volcán de San Antonio hasta las Salinas de Fuencaliente se abre paso uno de los recorridos a pie más impactantes de la Isla. Sus panorámicas sobre las viñas incrustadas sobre la tierra negra añaden al paisaje volcánico y a las salinas junto al mar, el aliciente de disfrutar de uno de los cultivos de malvasía más ricos de nuestro país. El itinerario de unas 2-3 horas transcurre cuesta abajo siguiendo el recorrido del GR 131/E7 que atraviesa buena parte de la isla. Al final del camino puedes visitar la Salinas de Fuencaliente, toda una institución en la isla, y disfrutar de la particular estampa de sus dos faros. Imprescindible calzado apropiado para caminar, agua, crema solar y gorra.
Bosque de los Tilos.
Esta es la parte más selvática de la isla y la primera que consiguió el certificado como Reserva de la Biosfera. Ubicado en el Parque de las Nieves alberga uno de los bosques de laurisilva más importantes del archipiélago canario. Se trata de un ecosistema heredado de la época terciaria donde te llamarán la atención su frondosidad, sus helechos gigantes, y su fauna. Llama la atención que disfruta de dos especies de palomas endémicas, la turqué y la rabiche. Su ruta más famosa y larga es la que llega hasta los Nacientes de Marcos y Cordero, pero también tienes recorridos más cortos como la que llega al Mirador del Espigón o el de las Barandas. Imprescindible acercarse a la popular cascada de los Tilos, más propia de una selva amazónica que de un bosque de nuestras latitudes.
Además de lo ya descrito, sus piscinas naturales, el pasado colonial de su capital, su gastronomía, su cultura y sus paseos por extintos caños volcánicos le han valido el conocido y merecidísimo sobrenombre de «la isla bonita».
