En plena fiebre por “graduarnos” en esto de la sostenibilidad, en el sector turístico al menos, no dejamos de asistir a debates entre aquellos que la defienden acaloradamente y los que directamente tiran de tópicos para desistir en el intento. Vivir en un país que merezca de verdad una etiqueta de sostenible, o al menos aspire a ella, no requiere de nosotros que volvamos a la época de las cavernas, pero desde luego nos exige un cambio de mentalidad y de modelo de bienestar que muy pocos se han planteado.
Seamos claros. Por muchas medidas que hayamos tomado para reducir la huella de carbono, son muy pocos los que entienden que eso no son más que los gestos mínimos que hay que hacer para iniciar el proceso de sostenibilidad de cualquier actividad. La mayoría de nosotros le estamos pidiendo a nuestros gobiernos que le den la vuelta al calcetín cuando nosotros no estamos dispuestos a realizar más que pequeños cambios en nuestra vida.
Pondré dos ejemplos fruto de dos datos que me llamaron poderosamente la atención tras mi visita a Costa Rica, uno de esos países que se acercan bastante y del que ya os hablé en un post anterior.
El primero hace referencia a la convivencia con la fauna salvaje. Según palabras de un guía del Parque Nacional de Tortuguero, la vuelta del jaguar a esta zona ha hecho que hayan desaparecido siete perros de dicha la localidad en el último año fruto de los ataques de este animal. Si en muchas de nuestras zonas rurales nos escandalizamos cuando algún depredador ataca al ganado, no me quiero imaginar lo que podría pasar si los sorprendiéramos entrando en nuestras localidades. Pongámonos por un momento en su lugar, ¿Te imaginas que tu mascota desapareciese de tu jardín una noche cualquiera…? Porque la tendencia es pensar que atacan a pequeños animales desprotegidos de zonas remotas, pero la red está llena de videos de estos animales saltando verjas o persiguiéndolas por las calles. Aunque, dicho sea de paso, la realidad es que en los últimos años tan solo se hayan registrado tres ataques a humanos en toda Centroamérica.
Otro dato que te resultará mucho más cercano tiene que ver con la ingesta de carne. Si, esa de la que ya ha hablado algún ministro y ha acabado por banalizar el propio presidente del gobierno. Sin entrar en cómo les gusta la carne a ninguno de ellos, lo que si es una realidad es que la ingesta de carne en el país Tico es, según CORFOGA, la principal corporación ganadera del país, de 13.25 Kg anuales por habitante, 7.75 menos que los que recomienda la OMS que sitúa esta cifra en 21 Kg. En España según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, superamos los 50 Kg, y, por si fuera poco una tercera parte de ella es procesada. Si, la mayoría deberíamos plantearnos algo más que un ligero cambio en nuestra dieta.
A raíz de esto, yo también me hecho la misma pregunta, ¿significa que debemos adoptar el nivel de vida de Costa Rica?
Lo primero que se me ocurre es ir a comparar los últimos datos de la OCDE aportados a través de su Better Live Index. Algunos de los más significativos, son los siguientes;
| ESPAÑA | COSTA RICA | |
| Ingreso familiar disponible per cápita, | 27155 USD | 16517 USD |
| Personas de 15 a 64 años con empleo remunerado | 62% | 55% |
| Empleados con horario de trabajo considerado muy largo | 2% | 22% |
| Adultos de 25 a 64 años con educación media superior | 63% | 43% |
| Esperanza de vida | 84 años | 81 años |
| Satisfacción general ante la vida (sobre 10) | 6,5 | 6,3 |
Viendo esto no parece que sea un buen negocio, al menos para los españoles, aunque Costa Rica figure entre los tres mejores países para jubilarse recomendados por la revista International Living, que recoge datos como el coste de la vida, la gobernanza, los beneficios para jubilados, el clima o la atención médica entre otros.
Sin embargo, está claro que acercarnos a niveles de equilibrio entre naturaleza y civilización semejantes implicaría apretar el botón rojo de la desaceleración y ya sabemos que todo lo que no sea crecer en el primer mundo, significa romper con cualquier lógica del funcionamiento socioeconómico. Algo para lo que el mundo desarrollado no está preparado ya que, paradójicamente, ni siquiera tiene conciencia de ello. Nuestra única esperanza es que las próximas generaciones sean capaces de entender mejor que nosotros esta urgencia y desarrollen un ideario de vida mucho más racional.
El colapso climático en forma de tsunami arrasando las grandes ciudades del primer mundo todavía nos resulta excesivamente cinematográfico y lejos de la realidad. Pero si entendemos por colapso las consecuencias de la falta de energía y otros recursos básicos, así como la completa incapacidad de los gobiernos para satisfacer las necesidades de la población. A estas alturas ya no hay ciudadano europeo al que no le parezca un escenario más verosímil. Y aunque muchos aseguren que este “bache” solo se debe a la guerra de Ucrania, mi sensación es que se va a abrir un nuevo orden mundial y en nuestro caso, una oportunidad para una auténtica revolución cultural. Si como auguran algunas fuentes económicas los españoles seremos entre un 15% y un 20% más pobres en el 2024, fruto de ese decrecimiento impuesto a golpe de inflación, ¿Por qué no aprovecharlo para construir un nuevo imaginario colectivo donde el ideal sea una vida más austera y a la vez más consciente?
Que no se asuste nadie. Una vida austera, pero a la vez estimulante, más placentera y como digo, consciente. Donde nos demos tiempo para parar de vez en cuando y valorar las relaciones interpersonales y no solo recurramos a la meditación como un producto más del esnobismo. Donde le demos un papel más relevante a la salud, el deporte o simplemente el juego como herramienta de sociabilización y bienestar, donde la buena alimentación adquiera categoría de asignatura troncal en los colegios, donde se premie la creatividad y la cultura en cualquiera de sus formas y donde la tecnología se ponga al servicio de la calidad de vida con mayúsculas.
¿Utópico…?. Quizás. Pero el que tenga una idea mejor, le sugiero que no tarde demasiado en compartirla. A mi aún me acompañan las imágenes de una naturaleza recuperándose de manera milagrosa en cuanto nos encerramos en casa, y sin llegar a esos extremos. ¿No seria hora de aliviar un poquito esa presión?
Buscando dar respuesta a algunas de las propuestas que acabo de escribir, a mi se me han ocurrido un par de ideas para avanzar en ese camino, prometo compartirlas en el próximo post.




















