Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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La crisis que se avecina, la gran oportunidad para la revolución cultural.

En plena fiebre por “graduarnos” en esto de la sostenibilidad, en el sector turístico al menos, no dejamos de asistir a debates entre aquellos que la defienden acaloradamente y los que directamente tiran de tópicos para desistir en el intento.  Vivir en un país que merezca de verdad una etiqueta de sostenible, o al menos aspire a ella, no requiere de nosotros que volvamos a la época de las cavernas, pero desde luego nos exige un cambio de mentalidad y de modelo de bienestar que muy pocos se han planteado.

Seamos claros. Por muchas medidas que hayamos tomado para reducir la huella de carbono, son muy pocos los que entienden que eso no son más que los gestos mínimos que hay que hacer para iniciar el proceso de sostenibilidad de cualquier actividad. La mayoría de nosotros le estamos pidiendo a nuestros gobiernos que le den la vuelta al calcetín cuando nosotros no estamos dispuestos a realizar más que pequeños cambios en nuestra vida.

Pondré dos ejemplos fruto de dos datos que me llamaron poderosamente la atención tras mi visita a Costa Rica, uno de esos países que se acercan bastante y del que ya os hablé en un post anterior. 

El primero hace referencia a la convivencia con la fauna salvaje. Según palabras de un guía del Parque Nacional de Tortuguero, la vuelta del jaguar a esta zona ha hecho que hayan desaparecido siete perros de dicha la localidad en el último año fruto de los ataques de este animal. Si en muchas de nuestras zonas rurales nos escandalizamos cuando algún depredador ataca al ganado, no me quiero imaginar lo que podría pasar si los sorprendiéramos entrando en nuestras localidades. Pongámonos por un momento en su lugar, ¿Te imaginas que tu mascota desapareciese de tu jardín una noche cualquiera…? Porque la tendencia es pensar que atacan a pequeños animales desprotegidos de zonas remotas, pero la red está llena de videos de estos animales saltando verjas o persiguiéndolas por las calles. Aunque, dicho sea de paso, la realidad es que en los últimos años tan solo se hayan registrado tres ataques a humanos en toda Centroamérica.

Otro dato que te resultará mucho más cercano tiene que ver con la ingesta de carne. Si, esa de la que ya ha hablado algún ministro y ha acabado por banalizar el propio presidente del gobierno. Sin entrar en cómo les gusta la carne a ninguno de ellos, lo que si es una realidad es que la ingesta de carne en el país Tico es, según CORFOGA, la principal corporación ganadera del país, de 13.25 Kg anuales por habitante, 7.75 menos que los que recomienda la OMS que sitúa esta cifra en 21 Kg. En España según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, superamos los 50 Kg, y, por si fuera poco una tercera parte de ella es procesada. Si, la mayoría deberíamos plantearnos algo más que un ligero cambio en nuestra dieta.

A raíz de esto, yo también me hecho la misma pregunta, ¿significa que debemos adoptar el nivel de vida de Costa Rica?

Lo primero que se me ocurre es ir a comparar los últimos datos de la OCDE aportados a través de su Better Live Index. Algunos de los más significativos, son los siguientes;

ESPAÑACOSTA RICA
Ingreso familiar disponible per cápita,27155 USD16517 USD
Personas de 15 a 64 años con empleo remunerado62%55%
Empleados con horario de trabajo considerado muy largo2%22%
Adultos de 25 a 64 años con educación media superior63%43%
Esperanza de vida84 años81 años
Satisfacción general ante la vida (sobre 10)6,56,3

Viendo esto no parece que sea un buen negocio, al menos para los españoles, aunque Costa Rica figure entre los tres mejores países para jubilarse recomendados por la revista International Living, que recoge datos como el coste de la vida, la gobernanza, los beneficios para jubilados, el clima o la atención médica entre otros.

Sin embargo, está claro que acercarnos a niveles de equilibrio entre naturaleza y civilización semejantes implicaría apretar el botón rojo de la desaceleración y ya sabemos que todo lo que no sea crecer en el primer mundo, significa romper con cualquier lógica del funcionamiento socioeconómico. Algo para lo que el mundo desarrollado no está preparado ya que, paradójicamente, ni siquiera tiene conciencia de ello. Nuestra única esperanza es que las próximas generaciones sean capaces de entender mejor que nosotros esta urgencia y desarrollen un ideario de vida mucho más racional.    

El colapso climático en forma de tsunami arrasando las grandes ciudades del primer mundo todavía nos resulta excesivamente cinematográfico y lejos de la realidad. Pero si entendemos por colapso las consecuencias de la falta de energía y otros recursos básicos, así como la completa incapacidad de los gobiernos para satisfacer las necesidades de la población. A estas alturas ya no hay ciudadano europeo al que no le parezca un escenario más verosímil. Y aunque muchos aseguren que este “bache” solo se debe a la guerra de Ucrania, mi sensación es que se va a abrir un nuevo orden mundial y en nuestro caso, una oportunidad para una auténtica revolución cultural. Si como auguran algunas fuentes económicas los españoles seremos entre un 15% y un 20% más pobres en el 2024, fruto de ese decrecimiento impuesto a golpe de inflación, ¿Por qué no aprovecharlo para construir un nuevo imaginario colectivo donde el ideal sea una vida más austera y a la vez más consciente?

Que no se asuste nadie. Una vida austera, pero a la vez estimulante, más placentera y como digo, consciente. Donde nos demos tiempo para parar de vez en cuando y valorar las relaciones interpersonales y no solo recurramos a la meditación como un producto más del esnobismo. Donde le demos un papel más relevante a la salud, el deporte o simplemente el juego como herramienta de sociabilización y bienestar, donde la buena alimentación adquiera categoría de asignatura troncal en los colegios, donde se premie la creatividad y la cultura en cualquiera de sus formas y donde la tecnología se ponga al servicio de la calidad de vida con mayúsculas.

¿Utópico…?. Quizás. Pero el que tenga una idea mejor, le sugiero que no tarde demasiado en compartirla. A mi aún me acompañan las imágenes de una naturaleza recuperándose de manera milagrosa en cuanto nos encerramos en casa, y sin llegar a esos extremos. ¿No seria hora de aliviar un poquito esa presión?

Buscando dar respuesta a algunas de las propuestas que acabo de escribir, a mi se me han ocurrido un par de ideas para avanzar en ese camino, prometo compartirlas en el próximo post.


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La diferencia entre viajero y turista.

Mi amiga Merche no sabe diferenciar a un turista de un viajero. Y eso que regenta un precioso hotelito en uno de las ciudades turísticas más populares del Pirineo. Su amiga Carmen, que hace lo propio con otro alojamiento familiar en uno de esos pueblecitos galardonados con distintivo y todo, tampoco lo sabe.

Pero antes de descubrir porque ninguna de ellas recuerda haber visto nunca a ningún turista entre su fidelizada clientela, vamos a intentar descubrir que son exactamente uno y otro.

Atendiendo a la descripción exacta que ofrece el Diccionario de la Lengua Española publicado por la RAE, turista es la «persona que hace turismo», es decir, aquella persona que viaja por placer . Mientras que viajero es aquella persona que simplemente viaja, es decir que se traslada de un lugar a otro, generalmente distante , por cualquier modo de locomoción.

La definición de uno y otro que realizamos desde un prisma turístico es sensiblemente diferente y aunque personalmente no me acabe de convencer, lo cierto es que otorga una etiqueta un tanto despectiva al turista, al que identifica como algo corriente, casi vulgar y con una actitud marcadamente hedonista que incluso podríamos definir como egoísta. En cambio, el concepto de viajero parece venir acompañado de una mayor empatía e incluso de cierto estatus y hasta le presuponemos un mayor nivel cultural. En mi opinión esto es una trampa provocada principalmente por el uso de ambos términos en el lenguaje. En la prensa, por ejemplo, acostumbramos a leer términos como «turismofobia» o «masificación turística», y en cambio no encontramos palabras como «visitantesfobia» o «masificación de viajeros».

La realidad es que hay también buenos turistas y pésimos viajeros, es más, en la práctica la mayoría de nosotros somos un poco turistas cuando visitamos nuevos destinos y nos convertimos en algo más viajeros a medida que acumulamos experiencias o conocimiento y empatizamos un poquito más con los mismos.

Pero volviendo a las diferencias de unos y otros. Hay quien se atreve a enumerar listas enteras de buenas praxis para catalogar a un tipo u otro de visitante y que van, desde que llevan unos y otros en sus maletas, hasta el uso que hacen de su tiempo. He llegado a leer que un turista viaja en familia, mientras que un viajero prefiere hacerlo solo o con una compañía muy reducida, siempre que comparta con ellos su filosofía viajera. Lo cual me ha dejado muy preocupado porque supongo que ningún padre podrá inculcar otra manera de ver el mundo a sus hijos que la estrictamente turística. En fin, ocurrencias al margen. Para mi, la mayor diferencia está en la actitud basada en el respeto con el que afrontan sus viajes, las diferentes interacciones que se presentan y por supuesto como afrontan los imprevistos y las novedades.

Aunque ambos van a disfrutar y verse sorprendidos por igual por las experiencias del viaje, el primero va a tender a tomar nota de ellas para después contarlas manteniendo una actitud casi de espectador, lo que no le va a permitir empatizar mucho más de lo que lo haría viendo un documental desde el sofá de su casa. Mientras que el segundo va a tender a formar parte de la experiencia. Para, a ser posible, integrarla en su propia historia. Y eso probablemente le permita una mayor flexibilidad y le mantenga más despierto y receptivo de cara a nuevos planteamientos e interacciones con el entorno y sus gentes.

En el caso de mis amigas Merche y Carmen, ambas comparten un terrible «modus operandi» que hace que no hayan conocido un solo turista, y que si se han cruzado con él, no hayan conseguido identificarlo. El caso es que ellas van a empezar a saber de ti, antes de que salgas de casa. Si viajas con niños estos serán los primeros que se den cuenta de que esta vez algo va a ser distinto. Encontrar agua en una recepción es casi habitual, que te reciban con bizcocho, chocolate y vino caliente, no tanto. Si preguntas por este último te encontrarás viajando a la Francia Medieval cuya influencia ha perdurado hasta ahora gracias a su proximidad fronteriza, ya que una de las singularidades de este territorio son las estrechas relaciones que mantienen con sus vecinos. Junto a semejante bodegón, un tarro con unos dulces en forma de cruz y un divertido nombre, – ¿mochets…?- . Acabas de abrir la puerta a que te cuenten las particularidades culturales y diferenciales del territorio, el idioma y los símbolos que les identifican.

Por cierto llevas escasamente 10 minutos y no sabes porque, pero te encuentras como en casa y no ha hecho falta que digas ni tu nombre, seguramente ya te habrán preguntado a que has venido y te habrán preparado el itinerario con las mejores excursiones según tu nivel e intereses…

– ¿Os quedareis a cenar, no…? – Dudas, – Acabo de sacar los patés que hice la semana pasada…!!!- Como para negarse… Estas a una comida de conocer todo el potencial de la cocina local y probar alguna de sus exquisiteces. Si eres vegano, lo sentimos. Vas a salir rodando igualmente…

Para cuando subes a tu habitación, ya te invade una extraña sensación de familiaridad con un destino al que llegaste gracias a tu navegador y con unas gentes de las que hace menos de 20 minutos desconocías hasta su existencia.

Teniendo en cuenta lo que acabamos de explicar, es normal que mi amiga Merche no conozca ni un turista. Ni ella, ni su amiga Carmen. Tampoco.


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El invierno de la tormenta perfecta.

Y no…, no me refiero a una de nieve que haya abonado nuestras montañas. Sino a la tremenda crisis provocada por los problemas en la falta de mano de obra, ya no me atrevo a pedir cualificada, con la que nos hemos encontrado este invierno en la mayoría de los destinos de montaña del Pirineo.

Decía Sófocles que «…acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho…» y a mi me da que antes de que se nos vaya definitivamente este invierno y se nos olviden las «peripecias» de los últimos meses. Es un buen momento para reflexionar sobre los distintos factores que nos han llevado hasta la actual situación, confiando en que el alma encuentre la manera de revertirla antes de que vuelva a repetirse el próximo mes de noviembre.

Conste que todos veníamos avisados de la creciente «crisis de talento» que sobrevolaba al sector turístico en general, y a la hostelería en particular. Especialmente tras el parón provocado por la Pandemia y las esperanzadoras declaraciones que han venido realizando algunos políticos que afirmaban que este es un sector que aporta poco valor añadido, estacional y precario. Un chollo, vamos…

El resultado, entre otros, ha sido una constante fuga de mano de obra hacia otros sectores percibidos como más seguros. Aunque en honor a la verdad no podemos decir que este haya sido el único motivo de la situación vivida este pasado invierno. Muchos de los problemas ya eran endémicos y característicos del sector. Otros en cambio, han venido a sumar en contra de las ya escasas posibilidades de reclutamiento a las que las empresas, incluidas las de trabajo temporal, han tenido que hacer frente para encontrar un candidato.

Vayamos viendo algunos de los elementos que han contribuido a desencadenar esta tormenta perfecta, vivida esta pasada temporada.

1.- Las diversas prórrogas de los ERTES hasta marzo. Lo que durante el mes de septiembre tenia ilusionado a muchos empresarios frente a la posibilidad de volver a su actividad profesional se desvaneció a partir del día 28 con el anuncio de la prórroga de los ERTE. Muchas de las personas que se veían de nuevo incorporándose a la actividad optaron por acogerse a unos subsidios que han acabado prorrogándose hasta el 31 de marzo del 2022 y que en la práctica han dejado a parte del sector sin la mano de obra necesaria.

2.- Los bajos salarios de algunos de los convenios colectivos. Desengañémonos. Nuestro sector no recoge precisamente lo que podríamos llamar unas condiciones laborales seductoras. La escasa diferencia entre el salario a percibir y el subsidio reconocido por el Gobierno, ha sido uno de los motivos por los que algunas personas han preferido quedarse en casa en modo «ahorro».

3.- La falta de vivienda. Los desorbitados precios del alquiler y la falta de oferta de alojamiento de media estancia en favor del vacacional que se registra en los destinos turísticos, han acabado por arruinar las posibilidades de desplazamiento de muchos trabajadores. Aunque muchos de los establecimientos han optado por facilitarles el alojamiento a sus empleados, la imposibilidad de tener un mínimo de posibilidades de conciliación y de privacidad, han hecho que muchas personas hayan optado por no hacer temporada de invierno, y un buen número de los que lo han hecho, han traspasado el riesgo de hacer frente al alquiler al empleador, ante la incertidumbre de continuidad laboral que despertaba la nueva ola de contagios.

4.- Aumento en las aspiraciones profesionales del trabajador. Y no solo la salarial, difícil de afrontar por cierto, para un empresariado en muchos casos sin liquidez, tras dos años sin ingresos. Es que además en la actualidad el trabajador aspira a trabajar mejor, estar más cómodo en su puesto y tener más tiempo libre. Algo difícil de armonizar con la frenética e intensa dinámica de la temporada de invierno.

5.- El techo de ingresos. La prohibición de poder trabajar más de 80 horas extras por contrato hacen que la imposibilidad de conseguir más ingresos ya no compensen ni el aumento de la jornada, ni la ausencia de descansos. En los casos en los que es el empresario el que le limita las horas al trabajador, además aparecen la frustración y el replanteamiento de si realmente vale la pena dedicarse a esto o no…

6.- Cambio de Valores. Muchos trabajadores ya no se plantean trabajos que no permitan una simultaneidad entre las obligaciones y tiempo libre. Algo muy difícil de conciliar en trabajos que exigen de la presencialidad como es el caso de la hostelería. Pero además aspiran a un entorno en el que puedan compartir sus principios y valores, especialmente aquellos relacionados con la sostenibilidad, el medioambiente o la responsabilidad social. Y esto es aún difícil de aplicar dentro de algunas de las tipologías de empresas, especialmente las más pequeñas.

7.- La gestión de la sexta ola. Ya sea por la poca gravedad de los contagios de esta última ola, por la saturación burocrática del sistema sanitario, por el hartazgo de la población o por todas ellas juntas. Lo cierto es que facilitar las bajas médicas tomando como prueba el autodiagnóstico de un test de antígenos ha hecho que el absentismo se elevase hasta el 12-15% de las plantillas en plena campaña de Navidades, en algún caso, coincidiendo con los días de mayor carga de trabajo.

El problema aunque explicado en clave local, tiene una dimensión absolutamente global y afecta a varios países a escala internacional según reconoce un informe de WTTC. Uno de los más afectados es otra potencia turística como son los Estados Unidos, donde se calcula que actualmente existen cerca de 6.6 millones de vacantes. Pero es que en países con menor tradición turística y de acogida como Dinamarca o Inglaterra, ya se están planteando cambiar por completo el profesiograma y la remuneración de un puesto de trabajo como el de camarero.

A pesar de que estoy convencido de que este es un sector con una gran capacidad de construir experiencias y carreras profesionales increíbles, no es menos cierto que está obligado a cambiar después de que la Pandemia haya destapado sus debilidades y precipitado cambios que antes ni se planteaban. La hostelería ha pasado de ser un sector refugio de empleo a uno de máximo riesgo y volatilidad. Y eso puede acarrear serias consecuencias en la calidad y la viabilidad de los proyectos. La mejora salarial, un mayor reconocimiento social y la necesaria conciliación social son actualmente el auténtico nudo gordiano que va a tener que desenredar el sector para recuperar su atractivo y hacer frente a las renovadas ganas de viajar de la población.


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La Cogobernanza. Una fórmula a desarrollar en las instituciones turísticas.

¿Es la cogobernanza la nueva fórmula de gobierno, para el futuro de las instituciones turísticas?.

Hace unos días, la responsable de la oficina turística de un importante destino turístico de interior me confesaba con cierta decepción la sensación de encontrarse cuestionados por instituciones, sector privado y opinión pública en general. La queja principal es que a pesar de sus esfuerzos y aún entendiendo todas las partes las dificultades que actualmente atraviesan las empresas turísticas, se encontraban permanentemente interpelados de forma crítica por aquellos que exigían soluciones casi mágicas a corto plazo, fundamentalmente el sector privado. Y aquellos estamentos del sector público que esperaban soluciones de futuro, no menos mágicas, y que no cayesen en los errores ni reprodujesen los peligros del pasado. En este ambiente tampoco faltaban los que presa del más puro «síndrome del cuñao», no se ahorraban juicios en contra de repetir las campañas de producto del pasado, y a la vez, todo lo contrario. Es decir se manifestaban al mismo tiempo en contra de aquellas que parecían más novedosas y disruptivas.

A mi la situación me recordó bastante a esas en las que como vértice de una pirámide jerárquica todo el mundo señala a la punta como la culpable y a la vez espera de ella que provea la solución. Algo, si se me permite decirlo, tan loco como nuestro.

Recordé entonces, que una de las herramientas que existen para desencallar estas situaciones consiste precisamente en hacer partícipe de la solución a otras personas o estamentos. Esta horizontalidad en la gestión del poder, es lo que desde los años 70 ha venido conociéndose como cogobernanza.

Este es un concepto que pasó de utilizarse en el seno de organizaciones internacionales, a las instituciones europeas y que finalmente ha alcanzado a los Estados. Su origen principal, en la actualidad, ya que el concepto parece ser proviene del francés “gouvernance» que data del siglo XVII, se justifica sobretodo por la idea de que el Estado era demasiado grande para los pequeños problemas y demasiado pequeño en cambio, para afrontar los grandes desafíos. Actualmente se ve como una herramienta para dar cabida a la participación, es decir, contar con la opinión de otras personas ajenas al poder para la solución de diversos problemas.

Cristina Monge explica claramente en su artículo publicado en El País el 13/05/2020 que:

El Libro Blanco de la Gobernanza Europea de 2001 define la gobernanza como “las normas, procesos y comportamientos que influyen en el ejercicio de los poderes a nivel europeo, especialmente desde el punto de vista de la apertura, la participación, la responsabilidad, la eficacia y la coherencia”. Desde entonces las aportaciones teóricas han sido numerosas, si bien la mayoría coinciden en señalar como elementos centrales la interdependencia entre organizaciones basada en la cooperación y el acuerdo, lo que hoy se consideraría un compendio de los principios de buen gobierno.

La pandemia ha puesto de manifiesto que muchas de las soluciones que debemos darle a los grandes problemas que tenemos como sociedad no pueden articularse exclusivamente desde la administración. Es más, hoy en día un 69% de la población opina que los gobiernos necesitan de la ayuda de las instituciones privadas para resolver los problemas sociales. Así que: ¿no es un tanto absurdo pretender solucionarlo todo a base de decretarlo…? ¿Cómo ha pensado el legislador de turno encorsetar el voluntariado, las aportaciones desinteresadas, la solidaridad o la cesión de recursos de todo tipo entre los múltiples agentes que conforman la sociedad civil?.

¿No es un tanto rocambolesco idear una solución sin contar con el mayor consenso y grado participativo…? ¿E intentar dar con soluciones complejas con la única aportación facilitada desde una oficina técnica gubernamental…?

Independientemente de lo absurdo que pueda parecerme intentar ejercer el poder de manera unilateral con un mando único y sin ninguna cooperación, lo cual se me antoja además tremendamente ineficiente y arriesgado. Lo más llamativo es que el sector público no se haya dado cuenta de que corre un serio riesgo de quedarse descolgado de la realidad vivida por sus administrados. Y no solo me refiero al consabido divorcio entre la política y la ciudadanía, ni al institucionalizado y aceptadísimo retraso legislativo sobre cualquier campo que experimente un mínimo de innovación. Sino que se enfrenta por primera vez a la posibilidad de que se organicen estructuras paralelas que no cuenten con el estado para generar un marco de confianza, funcionamiento y participación alternativos. Actualmente las soluciones basadas en la tecnología del blockchain, han dado lugar a que empresas y particulares ya no necesiten la validación por parte de las administraciones de sus relaciones más formales, así que: ¿os imagináis donde quedarán en algunos años las más triviales como por ejemplo las de promoción turística?.

Si alguien tiene alguna duda de esto. Le recomiendo seguir este enlace donde la propia UE apuntaba a la European Blockchain Services Infraestructure como una herramienta válida entre los estados para la expedición del certificado digital verde con el objetivo de facilitar la libre circulación de los ciudadanos en la UE durante la pandemia. Conste que me ahorro el hecho de comentar que el principal valor económico mundial en alza esta basado en esta tecnología, por su alto componente de volatilidad y el carácter especulativo que acompaña a la economía, pero seguro que a todos os suena lo del bitcoin…

Así que en mi opinión la cogobernanza ha pasado de ser una idea romántica del S. XVII, malentendida por muchos en la actualidad como el marco de colaboración publico-privada, a convertirse en la nueva fórmula de funcionamiento público necesaria para las diversas estructuras de la administración y del estado, en toda su escala institucional.

Dicho de otro modo, esto no consiste en conseguir un contrato con la administración para desarrollar una actividad, ejemplo clásico de colaboración público-privada. Sino que de lo que se trata es de incorporar, a los hasta ahora administrados, como la comunidad educativa, las organizaciones empresariales, los agentes sociales, la sociedad civil, etc… en las tomas de decisiones y la construcción de las nuevas reglas de convivencia y de desarrollo de sus actividades.

Después de lo ocurrido en 2020, ¿acaso alguien cree aún que podemos, por ejemplo, prescindir de los centros de ciencia, innovación y de pensamiento en el diseño de una nueva sociedad?

La cogobernanza definida como la inclusión de aquellos sectores estratégicos ajenos a la administración, dentro de los órganos de poder y de decisión de las diferentes disciplinas a tratar. Se me antoja como la única manera que tiene esta última, de no verse desbordada por el mayor potencial de inteligencia colectiva presente en el sector privado y no quedar relegada un vestigio de inoperancia y modelo caduco de organización del Estado, como en su día pudo ser el feudalismo.

Y sino, al tiempo…


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Las Passivhaus, el edificio hotelero definitivo.

En plena moda de la sostenibilidad, muchos estamos inmersos en conseguir la máxima eficiencia y economicidad de nuestras instalaciones y suministros. A la ya conocida reducción de costes se ha unido la reducción de la huella de carbono que se ha convertido en muchos casos en el nuevo grial, especialmente en un año en que la cuenta de explotación está orientada principalmente a evitar una sangría.

Fruto de esto muchos hemos descubierto lo mejorable que eran algunas gestiones y procesos que teníamos implantados en nuestros edificios y la importancia del funcionamiento de electroválvulas y otros sistemas que hasta hace poco nos eran completamente ajenos.

En esta búsqueda de la excelencia y la eficiencia energética, de pronto a un servidor le llegaron datos que parecían increíbles, intergalácticos, más propios de una película de ciencia ficción que de una realidad urbana y terrenal. 

¿Era posible una reducción del coste de calefacción de un 90% de media y reducir el consumo en 15 kWh/(m²a)…?,

¿Y llegar a los 120 kWh anuales para el uso doméstico de agua caliente, plancha, microondas, nevera, televisión, etc…?

Seguramente después de leer esto has salido corriendo a buscar la última factura de luz y gas, ( yo lo hice…) y después de una rápida regla de tres creerás que es imposible. Es cierto que estos valores son aplicables a viviendas domésticas, pero las ratios valen tanto para una de 70m2 como para una de 800m2. La pregunta es evidente, ¿podrían extrapolarse a un edificio más grande?. Por supuesto que si…, siempre que este se construya con los criterios de una “passivhaus”.  

El concepto no es ni mucho menos nuevo y tiene su origen en Estados Unidos allá por los años 80. El término Passivhaus proviene del alemán y su traducción literal sería “Casa Pasiva”, que hace referencia a la construcción de casas que no necesitan consumir energía para generar confort en su interior, o mejor dicho, reutilizan la energía generada por la misma casa. Su implantación definitiva se produjo en la década de los 90 en Alemania, con la creación del Instituto Passivhaus, que desarrolló un estándar y una certificación del mismo nombre, la Passivhaus.

Y dicho esto, me acabo de dar cuenta de que hablar de un invento de hace 40 años como una novedad y solución presente, no deja de resultarme inquietante…

Un edificio con certificación Passive House o Passivhaus, se define como una edificación de muy alta eficiencia energética y de bajo o nulo consumo energético, que es capaz de garantizar un confort excelente, en muchos casos mejorando las condiciones de habitabilidad de la vivienda con respecto a las condiciones exteriores en aspectos relacionados con la salud, como por ejemplo, la calidad del aire que respiramos.

Los principales criterios técnicos a seguir en una construcción PassiveHouse son:

Un aislamiento térmico perfecto. En el que se presta especial atención en optimizar la envolvente térmica mediante un buen aislamiento que será beneficioso para las condiciones tanto en invierno como en verano. Esto se aplica a las fachadas o paredes exteriores y las cubiertas pero también, y esto es menos habitual, a las soleras o forjados que también deben tener una baja transmitancia térmica.

Ventanas y puertas de altas prestaciones. Con una envolvente perfecta, sus “huecos” como las puertas y ventanas constituyen un punto débil de la misma, por ese motivo este es uno de los apartados en los que se pone más atención y cuidado a la hora de definir sus características en el proyecto. Vidrios y puertas deben reunir unas excelentes condiciones de aislamiento y protección solar, pero además debe esmerarse su correcta colocación durante la obra.

La ausencia de puentes térmicos. Los encuentros entre los distritos materiales y los huecos de unión de puertas y ventanas son puntos de fuga en todos los edificios y la pérdida de energía al exterior se produce a menudo por estos puntos. Por ese motivo se analiza cada detalle de la envolvente, para garantizar su correcta construcción y asegurarse de que tiene continuidad por todo el edificio. Se revisan mediante cámara térmica, fachadas, cubiertas y soleras, pero también las esquinas, los ejes, juntas, etc.

Hermeticidad al aire. Con una envolvente lo más hermética posible se ensaya con el denominado Blower Door test, que mide la tasa de renovación de aire y garantiza la correcta ejecución de una envolvente hermética y eficiente.

Ventilación mecánica con recuperación de calor. Con semejante aislamiento ya  solo necesitas una máquina capaz de calentar o enfriar la casa. Esto se consigue con una ventilación mecánica con recuperador de calor para reaprovechar la temperatura del aire interior y precalentar o enfriar el aire limpio entrante antes de expulsar el aire viciado al exterior. La idea es sencilla. En el proceso de renovación del aire viciado de un entorno, como una casa particular, estas extrayendo aire ya climatizado que puedes reutilizar con un coste muy inferior.

Al margen de los apartados más técnicos que acabamos de ver de su construcción, también se tienen en cuenta los más tradicionales que tienen que ver con la ubicación y la orientación del edificio. De esta forma se analizan las protecciones solares  incorporando persianas, estores, porches o vegetación. También se llega a estudiar que la energía consumida sea suministrada por fuentes de energías renovables, de manera que la instalación de placas solares e incluso la recuperación de aguas grises, también son habituales en estos edificios.

Pero sin duda, la característica fundamental de este tipo de edificios es el máximo rigor en todos los aspectos del desarrollo del proyecto, y su control  activo mediante la auditoría constante del mismo. Desde el planteamiento, el diseño y planificación, hasta la elección de los materiales y por supuesto, el desarrollo y seguimiento de las obras de construcción.

Edificios más sostenibles, mejor construidos, con un mayor grado de confort para sus habitantes y capaces de conseguir un impacto casi nulo en el ecosistema. Con una desviación, además, en el coste total de apenas un 12-15% por encima de las viviendas tradicionales.

La siguiente pregunta que se me ocurre es :

¿ A que esperamos para implantar por ley la construcción de este tipo de edificios en lugar de permitir los actuales?


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Reputación, credibilidad e imagen, lo que nos jugamos esta primavera en el Valle de Arán… y en otros destinos.

No os voy a esconder que uno siente cierta contradicción al comprobar que todas las reflexiones que se hacían apenas hace un año en torno a lo que deberíamos aprender de esta pandemia se han visto relegadas a la urgencia de tener que poner remedio a una situación que tiene más que ver con un incomprensible rumbo de colisión, que con la oportunidad de reinventar el negocio, y ya no hablemos de la industria a la que pertenece.

Creo que fue Winston Churchill el que pronunció la célebre frase de «nunca desaproveches una buena crisis…», y sin embargo parece que algunos estén esperando a sufrir tres seguidas para tomar nota de lo que esto significa. Culpables hay muchos, yo diría que tantos como medios de comunicación quieras escuchar. Pero sin ánimo de entrar en «quienes», que aquí cada uno tiene los suyos, dejadme que tire de pura filantropía para intentar darle la vuelta a lo que se nos viene encima, antes de que sea demasiado tarde.

La realidad en el Valle de Arán es altamente preocupante. En resumen y según fuentes de la Generalitat de Catalunya publicadas a través de dadescovid.cat. Su riesgo de rebrote a 24 de febrero, el ya popular (iEPG), es de 2031… (Permitidme un inciso… Si, efectivamente es ese que la Generalitat estima que debería estar por debajo de 100 para no preocuparnos y que otros países de nuestro entorno aprovechan para tomar medidas drásticas en cuanto supera los 75 por cada 100.000 habitantes), pero continúo… El número de personas vacunadas con la segunda dosis es de 261, aproximadamente un 2.5% de la población censada, y el 95% de los nuevos casos detectados están originados por la famosa cepa Británica. Aprovecho, y os adjunto una imagen que dicen, vale más que mil palabras…

Para mi encontrar este gráfico ha sido bastante revelador y como a muchos, me surgen innumerables dudas sobre cual es el criterio para tomar medidas drásticas en marzo del 2020 y obviarlas en noviembre 2020, por ejemplo. También me queda claro que aunque la apertura de la estación no haya ayudado a controlar la Pandemia, es obvio que entre los 339.01 del 2 de enero y los 3669.75 del 20 de ese mismo mes, existen otros muchos motivos y causas, además de los 18 días y el funcionamiento de un recurso. Quizás tengan que ver mucho más con la movilidad y la relajación de todo tipo de medidas en periodos vacacionales, que la mera puesta en marcha de una actividad económica.

Al hilo de esto, algunos medios de comunicación aprovecharon los datos tras las Navidades para escribir artículos en los que culpaban directamente a los negocios y habitantes del Valle de Arán de poco menos que de ser los causantes de sus propios males. Me voy a guardar mi opinión aunque creo que desperdiciaron una excelente ocasión de llamar a la responsabilidad individual de cada uno de nosotros, y sucumbieron a la tentación de erigirse en «justicieros» de causas cada día más alejadas de la realidad rural.

En cualquier caso, esto desde luego no ayuda a la imagen y el esfuerzo que se realiza por parte de los profesionales e instituciones afincadas en el territorio, y desde un punto de vista exclusivamente estratégico lo que de verdad debería preocuparnos, no es solo llegar al final de un maltrecho invierno que pasará con más pena que gloria, y que ha dejado descontento a la mayoría. Sino como encaramos la recuperación de nuestro destino para un futuro próximo y que riesgos estamos dispuestos a correr de no hacerlo.

Un servidor se teme que la falta de entendimiento y la ausencia de liderazgo institucional, denunciadas desde algunos medios locales, casan mal con la toma de medidas más drásticas, que además, deberían ir acompañadas de una buena campaña de imagen para recuperar en lo esencial la marca y los valores del territorio.

Esta semana están apareciendo diversas encuestas que apuntan a una tímida recuperación turística de la que España podría salir favorecida. Sin embargo, el hecho de que Creta haya pasado por delante de Mallorca en la intención de viaje de los clientes del Touroperador Alemán TUI, no debería dejarnos indiferentes, por lo que explicaba la semana pasada Pau Solanilla en la revista Hosteltur. Y es que el Valle corre el mismo riesgo de sufrir lo que actualmente están sufriendo destinos como Mallorca, y no es otro que el hecho de estar haciendo promesas de valor que no se ajustarán a la realidad. Lo que en el lenguaje de la calle viene siendo… «que no te crea ni Dios…».

Para poder darle la vuelta a esta situación no podemos confiar ni en la llegada de las vacunas, ni en el pasaporte de vacunación, ni siquiera en la subida de temperaturas. Porque al final, todas estas son medidas que nos vendrán impuestas desde fuera y no serán exclusivas para el Valle, es más, nuestra falta de reacción va a colocar por delante a otros destinos que hoy en día tienen menos problemas que nosotros, y por lo tanto, una mayor credibilidad e imagen como destinos seguros.

La buena noticia es que nuestro cliente mayoritario no es alemán, y el cliente español no nos va a exigir bajar a un ratio de 30 para poder atreverse a venir. De hecho algunos, han seguido viniendo saltándose confinamientos, restricciones y todo tipo de medidas establecidas por la administración, aprovechando para celebrar sus macro reuniones familiares aquí y poniendo en riesgo al resto de la población residente. Aquí lo que cabe preguntarse es si de verdad queremos ese tipo de turista, o debemos aspirar a algo más.

Coincido con la idea general expresada en este caso por Pau de que debemos trabajar seriamente, con discreción y humildad, sin perder de vista lo que de verdad es nuestro principal activo que es la naturaleza y el valor de la salud que la acompaña. Este verano la salud y seguridad del turista todavía van a ser el principal reclamo para atraer visitantes. Es ya una realidad hoy, que el nuevo turista va a premiar a aquellos destinos más naturales, sostenibles y comprometidos con su población local. Lugares que no estén masificados, donde pueda estar en contacto con la naturaleza y a ser posible, donde tenga la sensación de contribuir de manera positiva con el entorno. Pero de momento y durante este verano, deberán ir acompañados inexorablemente de una buena imagen de salud y seguridad.

A falta de una mayor diligencia y valentía institucional, yo no descartaría aparecer como el primer territorio que se autoconfina de manera voluntaria durante 15 días, un año más tarde del estallido de la Pandemia en nuestro país. Dicho queda…


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Messi y el verdadero motivo de su marcha.

A casi todos nos ha pasado en algún momento de nuestra trayectoria profesional, el hecho de tener que asistir con cierta impotencia a la marcha de algún colaborador de nuestro lado al que considerábamos clave en nuestra estructura.

Los motivos, en la mayoría de los casos, se explican por si solos ante una mayor y  legítima aspiración profesional,  o una mejora en las condiciones laborales que a menudo estaban fuera de nuestro alcance.

Pero, que ocurre cuando el activo mejor pagado del sector y que forma parte de un proyecto que año tras año aspira a conseguir todos los premios, (otra cosa es la incertidumbre compartida por todos los equipos de que finalmente se consigan) , te dice que se va.

Desengañémonos. Messi difícilmente consiga una mejora salarial de los escasos cuatro clubs en el mundo capaces de asumir su ficha. Además, me da que el dinero hace tiempo que ya no es una de sus preocupaciones. Por otro lado, la garantía de conseguir títulos no la ofrece nadie, más allá de la posibilidad de competir por ellos. La mayoría de jugadores saben mejor que los aficionados que la ansiada gloria es algo que, tal como se constata año tras año, no deja de ser una suma de factores sujetos a innumerables variables, en ocasiones, tan complejas como caprichosas. Y un jugador de 33 años lo sabe bien.

El motivo es mucho más sencillo y ya lo avanzó hace años el propio Guardiola en una entrevista, cuando aseguró que  Messi se iría cuando quisiera y a donde quisiera. Aunque entiendo que para el sentimiento blaugrana sea difícil de asimilar, en mi modesta opinión, Messi sencillamente ha dejado de estar comprometido con el club. 

Pero, ¿ que significa que ha cesado ese compromiso?. Lejos de explicarse solamente a través de la parte más emocional donde la gratitud, e incluso la fe ciega, son los principales valores de esta relación. Lo que realmente ocurre es que han terminado fallando los principales y complicados anclajes que mantienen el compromiso de un empleado con su empleador.

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Ha fallado el LIDERAZGO. Aunque no seré yo el que acuse a la junta y su directiva de orquestar una maniobra deliberada para deshacerse de un activo tan importante a cambio de dinero, en realidad me parece una maniobra excesivamente arriesgada. Es innegable que todos los líderes necesitan un lugar donde mirarse e incluso sentirse arropados e influenciados de manera positiva. En los últimos años los desencuentros con la directiva han evidenciado que cuando Messi ha mirado hacia arriba, ha encontrado falta de empatía y cierta incomprensión y condescendencia, algo que le ha hecho mirar hacia los lados primero y finalmente hacia fuera.

La propia FILOSOFÍA del club. Tal como hemos dicho muchas veces no basta con repetir tu eslógan a modo de mantra para que se haga realidad. Las decisiones que tomas día a día son lo que a la postre configuran el clima de trabajo real, dentro de tu empresa. La falta de ambición, las decisiones erráticas y el escaso compromiso percibido por el jugador en algunos temas críticos han acabado instalando la idea de que ya no forma parte de más que un club.

El impacto de la COMPOSICIÓN DEL EQUIPO, conste que a mi todos los miembros del equipo me parecen buenísimos, pero a ojos del mejor del mundo probablemente la evaluación sea más exigente y tenga en cuenta aspectos más allá de las simples habilidades de cada uno. Como sabe bien cualquier departamento de recursos humanos, la evaluación de las incorporaciones es crítica para la viabilidad de cualquier proyecto y a juzgar por el rendimiento de algunas de las últimas incorporaciones el «recluting» no ha acertado del todo.

La CLARIDAD. En los objetivos, en el mensaje, en el desempeño de sus funciones y en lo que a título personal se espera de él. De la misma manera que es importante que nuestros colaboradores sepan lo que intentamos conseguir, es decir nuestras aspiraciones y lo que esperamos de ellos, o mejor dicho, nuestras expectativas sobre su trabajo. Lo es que el mejor jugador del mundo tenga un objetivo más definido sobre el que trabajar, que el consabido -«aspiramos a ganarlo TODO»-, eso está muy bien para la afición pero lo cierto es que puesto en la piel del jugador, tienes que saber en todo momento si aspiras a la Bota de Oro o a la Copa Cataluña, de lo contrario tus objetivos y tu compromiso se diluyen por igual.

La COMPETENCIA, entendida como la idoneidad, aptitud o capacidad para desarrollar una tarea o intervenir en algún asunto. Levantarte los lunes leyendo que has vuelto a ganar un partido tu solo tiene que darte un subidón de autoestima tremendo, Pero no nos engañemos, al cabo del tiempo la sensación de tener que tirar del carro constantemente para que el trabajo salga, acaba por cansar y desmotivar al más pintado.

La COOPERACIÓN. La cooperación entre departamentos y el compromiso de sus empleados son absolutamente dependientes y están estrechamente interconectados. Para empezar, nadie critica un trabajo en el que ha participado de alguna manera, y el sentimiento de pertenencia es mayor cuando te sientes parte de algo, además por supuesto, de contribuir a fomentar un mayor espíritu de equipo. En los últimos años directivas, secretarías, cuerpo técnico y primer equipo parecen haber tenido sus propios fantasmas sin preocuparse demasiado de como les estaba afectando en realidad a todos. Algo que no ha podido pasar desapercibido para la que hasta ahora, era la piedra angular del club.

La AUSENCIA DE CONTROL el bajo rendimiento de algunos miembros del equipo a lo largo de la temporada y  la posterior ausencia de medidas correctoras y disciplinarias, han hecho que se haya acrecentado la sensación de que bastaba con un desempeño mediocre. Esto aunque parezca una contradicción, acaba por desvincular incluso a los culpables y por supuesto lleva directamente a la dimisión mental de  los que si se han esforzado. Algo que me temo que el jugador ha visto de cerca en demasiadas ocasiones a lo largo de las últimas temporadas.

La FALTA DE COMUNICACIÓN, la famosa guerra de los tuits, esconde una de las peores patologías dentro de cualquier organización. No saber si conceder la misma credibilidad a los rumores, los comentarios en las redes sociales o a las declaraciones oficiales, han terminado por generar un ambiente desquiciante donde no se ha sabido de donde provenía la información honesta y veraz. Un verdadero torpedo en la linea de flotación de la confianza de cualquiera, y algo que explica muy bien porque la última palabra se ha certificado a través de un burofax.

El ADIÓS A LOS VERDADEROS RETOS,  esta claro que uno de los elementos más motivadores para un trabajador es el nivel de reto que le plantean sus tareas en su lugar de trabajo. Para algunos la rutina es algo deseable por las altas dosis de seguridad que aporta, pero para otros en un ácido que descompone lentamente la confianza en el proyecto, en la organización y en uno mismo. Antes de que eso ocurra la mayoría optarán por irse. Y no vale con que te digan que aspires a todo, eso sin una estructura que de verdad lo haga posible es como que te pidan que te des de cabezazos contra la pared.

La pobre gestión de los CONFLICTOS. Los problemas en sí, no son ni buenos ni malos, de hecho muchos pensamos que son excelentes oportunidades de mejorar y revisar nuestras organizaciones. Pero es obvio que cuando se gestionan de manera deficiente, estos tienen un impacto negativo en la confianza de los trabajadores, y de eso si que han pecado las máximas estructuras del club. La marcha de jugadores, la destitución de entrenadores, e incluso las formas que les han acompañado en algunos casos hacen que te plantees cualquier tipo de fidelidad anterior.

El sentimiento de que ya no te VALORAN, y obviamente no se refiere al dinero, ni a que te presenten constantemente como la piedra angular del proyecto de todos los entrenadores, léase jefes de equipo.  Valorar significa contar con tu opinión y darte la opción de compartir el proyecto. Y si fuese verdad que Messi pone a los entrenadores, probablemente el Barça seguiría con Valverde.

Los CAMBIOS constantes. Al hilo de lo anteriormente dicho no cabe duda de que el exceso de cambios pueden resultar frustrares para cualquier miembro del equipo, especialmente si estos se producen de manera errática, sin objetivos ni estrategias definidas y como reacción frente a los fracasos.

En definitiva, Messi se irá porque a pesar de llevar los últimos 20 años comprometido con su puesto de trabajo, ha perdido la confianza en que uno o varios de los puntos que acabamos de mencionar se resuelvan satisfactoriamente para él. Y eso le ha llevado a la conclusión, acertada o no, de que no merece la pena seguir vinculando su imagen y esfuerzo personal al escudo del F.C. Barcelona.

La buena noticia es que de la misma manera que estos puntos se deterioran se pueden trabajar para mejorarlos y volver a contar con el compromiso de nuestros equipos.

Aunque lo cierto es que exigen un medio o largo plazo y una serie de cambios significativos. Algo que a un servidor se le antoja muy difícil, para mayor pena de la Liga Española,

 

 

 


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Cosas que (debería) aprender de la penúltima crisis turística… (II)

En los distintos foros empezamos a escuchar conceptos que aunque no eran nuevos desde luego no tenían, hasta hace unos días, ni la importancia ni la presencia que ahora se les adivina dentro de nuestro sector. En pocos días nos hemos familiarizado con conceptos legislativos, de márqueting, tecnológicos e incluso sanitarios que antes no formaban parte de nuestro vocabulario. Conceptos como ERTE, low touch economy, hibernación, zoom, human centry, e incluso el cacareado distanciamiento social, aparecen a diario en todos los medios de comunicación. A pesar de que ahora mismo, nadie tiene muy claro cual va a ser su grado de influencia en nuestra sociedad en adelante. 

En el sentido más estricto del término el  aprendizaje se define como » el proceso a través del cual el ser humano adquiere o modifica habilidades, destrezas, conocimientos o conductas, fruto de la experiencia directa, el estudio, la observación, el razonamiento o la instrucción». En definitiva, se trata de aprovechar nuestras experiencias para adaptarnos a nuevas situaciones. Por eso, y a pesar de la máxima que dice que seria suficiente con aprender una sola cosa en nuestra vida para darle sentido, mis verdaderos deseos de aprendizaje, lejos de seguir incrementando el glosario personal con nuevos tecnicismos y  dado el tremendo sacrificio al que parece nos está abocando la actual situación, serian los siguientes:

  • El éxito de una nueva forma de liderazgo. Basada en el ya mencionado human centry y en los éxitos compartidos en lugar de los individuales. En la revalorización de la figura del experto capaz de ofrecer una visión de mejora colectiva por encima de cualquier interés particular. Solo así se me ocurre que podremos hacer frente a los verdaderos problemas que genera nuestro actual ritmo de vida.
  • Reordenar con éxito nuestros valores personales. Ya hemos visto que no es tan difícil dejar de lado nuestros intereses particulares para enfocaros en los colectivos. Pero además este último encierro nos ha enseñado a valorar, la creatividad, la positividad, la importancia de dar ejemplo y ser congruentes, la de estar conectados con los demás, nuestra capacidad de adaptación, el coraje, la capacidad analítica fruto de nuestra propia curiosidad. Y muy probablemente, y para mí la más importante, a hacernos a partir de ahora las preguntas correctas sobre nosotros mismos y lo que nos envuelve. Los valores deberían ser a partir de ahora y más que nunca, un apartado al mismo nivel que nuestras competencias.
  • La seguridad total, no existe. En lineas generales el ser humano le gusta disfrutar de una capacidad de elección relativa para sentirse seguro, pero es que además en los últimos años necesitábamos disponer de ella de manera inmediata y cómoda. Muy probablemente cuando termine la actual situación de confinamiento deberemos convivir con una seguridad aparente más que una real y para esto va a ser necesario reeducarse en muchos aspectos para ser capaces de perseguir de nuevo nuestra propia felicidad. La flexibilidad y la polivalencia van a ser dos de las herramientas de las que ya no podremos desprendernos. Y entender que el planeta está compuesto por seres interdependientes debería elevarse al rango de nueva ley interplanetaria.

aprendizaje y mundo

  • Que el éxito social se mida de forma diferente. A ver si definitivamente exigimos que se haga en base al compromiso, la honestidad y la capacidad que tengamos de empatizar y de inspirar a los demás. Poniendo en el centro aspectos como la corresponsabilidad nacida de un liderazgo personal bien entendido. En resumidas cuentas se trata de perder parte de nuestra soberbia para ganar algo de humildad.
  • La globalización debería ser humanizada. Soy de los que están plenamente convencido de que tiene cosas buenas y  que son la clave para reconstruir el futuro. Esta claro que también ha generado sus problemas, como  la actual dimensión de esta crisis, pero sin duda también nos facilita la coordinación necesaria para salir de la mejor manera. La globalización favorece la dispersión de los centros de poder y por tanto facilita una visión más universal de los problemas. Facilita el reparto de los recursos allí donde de verdad se necesitan. Permite poner en contacto de manera simultanea a expertos de todo el mundo en tiempo real para poder hacer frente a cualquier problema. Incluso la propia tecnología nos ha permitido estar en contacto y humanizar nuestro aislamiento. Como en tantos casos, el peligro no es la herramienta, sino el uso que hagamos de ella.
  • La naturaleza es nuestra primera piel y como tal debería ser tratada. Ahora ya no quedan dudas sobre la importancia de conservar la biodiversidad. Reducirla, por poco que sea, hace que la naturaleza y sus leyes, funcionen peor. En realidad además de proveernos de recursos se trata de una barrera que nos protege de la carga vírica que podemos llegar a sufrir. El estrés que provocamos sobre la naturaleza, al igual que el que sufrimos los humanos, reduce las defensas naturales y aumenta la carga de patógenos. La biología, la sociología la medicina, y por supuesto la economía, deben ponerse de acuerdo para reescribir los pilares de nuestra especie. Y no se puede prescindir de ninguno de ellas.

En el fondo la impresión personal que me queda es que el futuro, vayan ustedes a saber porque, se nos ha adelantado con la exigencia de construir un mundo nuevo y que nuestro éxito como especie va a depender en gran medida de como lo construyamos. Esto no se va a tratar de construir uno de esos catastróficos y deprimentes  mundos que se escenifican en las novelas de ciencia ficción, sino de establecer una sociedad del bienestar más sostenible, viable  y equilibrada a partir de mañana. Y ojalá además, que esta  nos permita seguir haciendo la mayor cantidad de turismo posible. Como un necesario elemento de intercambio, entendimiento y protección de nuestra diversidad  intercultural.

 


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Cosas que (debería) aprender de la penúltima crisis turística… (I)

Las primeras noticias sobre la actual crisis nos sorprendieron empezando una de las mejores temporadas turísticas de la historia, con un mes de enero espectacular y con unas inmejorables expectativas para el primer trimestre del año.

Por eso, con las primeras noticias de la posible crisis que empezaba a aflorar en China, un servidor fue de los que pensó que esta sería la enésima circunstancia a la que hacer frente en un sector en el que desde que me incorporé allá por los años 90, las diferentes crisis que nos han afectado, incluida la del 2008, sonaban más a la consabida canción del verano que al ruido de sables que finalmente nos vemos obligados a afrontar.

Se que a toro pasado esto puede parecer frívolo, pero no me avergüenza reconocer que un virus con una mortaldad de un 0.06% a 9000 km. de distancia me pareció bastante menos amenazador que uno con una tasa de casi el 70% a 4000 km.  Aquel año del ébola, en 2014, nuestro país recibió 65 millones de turistas, el mayor aumento en los 14 años precedentes. Desde luego en Enero de este año, la situación parecía mucho menos peligrosa que la que planteaban la crisis económica del 93, o los cambios geopolíticos que hemos venido viviendo hasta la consolidación de la globalización y su estallido en la crisis del 2008. Donde por cierto, fué el turismo el que se alzó con el título de la locomotora que nos sacó de una situación a todas luces crítica.

Hace escasamente un mes estábamos centrados en una superioridad sobre las circunstancias, los elementos y con la única obsesión de ser la mejor versión de nosotros mismos. Nos habíamos llegado a convencer de que con la formación, el trabajo, la dedicación, y unas ciertas dosis de pasión. No había crisis que no se pudiera salvar.  Con nuevos productos y formas de turismo nacidas de la primera crisis, muy consolidadas ya; y con empresas con estructuras de costes fijos más ligeras, con balances más sólidos,  y mucho más líquidas y saneadas que en el 2008. La única pregunta que nos hacíamos en serio, es si valía la pena volver a batir el récord de turistas o apostábamos decididamente por conseguir uno que dejase mayores ingresos.

Por eso a diferencia de en otras ocasiones, no lo vimos venir. Y por eso, esta vez, me parece indispensable escribir lo que a mi modo de ver debería aprender definitivamente de esta crisis.

  • El turismo no es una necesidad indispensable. Y teniendo en cuenta mi vocación conste que he renegado de esta idea insistentemente. Pero de hecho se está demostrando que ninguna nueva actividad económica desarrollada en los últimos 2000 años lo es realmente. Frente a un problema vital, en que la humanidad se enfrenta a un peligro en el que necesita de una conciencia de especie amenazada para resolverlo, el resultado de momento es que la parte social es la que pasa por encima de la económica. La organiza, la paraliza, y redistribuye un poder que jamás debían haber perdido ni la ciencia y ni el conocimiento.
  • El ser humano es más vulnerable de lo que el mismo sospechaba.  Resulta que de pronto nos hemos dado cuenta de la importancia de la ciencia para la humanidad. Que de pronto somos más solidarios y que en la soledad de nuestras casas hemos descubierto lo mejor, y en algún caso lo peor, de nuestros vecinos. Según el filósofo Javier Gómez, el individuo en sí es débil y la solidaridad es una forma de fortalecernos gracias a la socialización que lleva implícita. Una prueba de ello es que la inmensa mayoría de empresas están pensando en como vencerán el miedo inicial y conseguirán aportarnos seguridad ya que  la inmensa mayoría no seremos capaces de gestionar correctamente nuestras emociones. En definitiva el común denominador de las campañas de comunicación de casi todas las empresas es transmitirnos seguridad, ya que vamos a necesitar tener la sensación de que alguien vela por nosotros mismos.

periodico el mundo esta cambiando

  • Hay que estar preparado para lo inesperado siempre. Esto no significa que te construyas un bunker en el jardín y lo llenes de latas de comida. Se trata más bien de armarte con todas aquellas herramientas que en un momento puedan fortalecer tu resiliencia. Tanto a nivel personal como profesional. La vieja táctica de hacer girar la rueda ya no es una opción porque ha quedado demostrado que otros pueden detenerla en seco por tí.
  • La humanidad pedía a gritos un nuevo renacimiento y el individuo seguía a lo suyo. Entendiendo la humanidad con el significado más filantrópico del término y como portador de los mejores atributos de nuestra especie. Hace tiempo que empezábamos a ser conscientes de que los grandes problemas que nos amenazan como especie no estaban siendo abordados, el cambio climático, las crisis sanitarias o la desigualdad social. Y sin embargo la mayoría no tomábamos una actitud lo suficientemente activa frente a estos temas, escudados en nuestras obligaciones diarias. Y no, desengañémonos,  viralizarlos no era ni es suficiente.
  • Es posible detener el mundo tal como lo conocíamos y encima eso es beneficioso para el planeta y para nosotros mismos. Una de las imágenes más impactantes que nos deja esta crisis es lo diferente que se ve el planeta y la atmósfera una vez hemos detenido la producción en masa de diversos países. Desde las imágenes de fauna salvaje merodeando por zonas urbanas, hasta los bajos niveles de contaminación de algunas aguas y los saludables índices de la calidad del aire en algunas ciudades, nos demuestran que no era tan difícil alcanzar algunas de las recomendaciones que se venían haciendo en las cumbres por la sostenibilidad del planeta que se habían celebrando hasta la fecha.
  • Muy pocos estaban preparado realmente para hacer frente a una disrupción en mayúsculas. La tecnología ya existía pero aún así nadie pensaba en aplicarla realmente. Lo más extraño de esto es la cantidad de gente a la que le cuesta aceptar que deberíamos aprovechar para realizar cambios sustanciales en nuestras vidas. A pesar de que hay muchas personas intentando adivinar como se comportará este o aquel sector cuando acabe el confinamiento, la mayoría están centrados en pensar como adaptarán lo que se venia haciendo hasta la fecha pero teniendo en cuenta las nuevas normas que, por supuesto, esperamos nos sean impuestas. Son pocos los que se planteaban realmente reinventar el futuro, y por supuesto, muchos menos los que estaban preparados para ello.

Hay más reflexiones relacionadas aquí.

 


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Volver más fuertes…, o más valientes. Reflexiones que nos deja el Covid-19

De todos los mensajes que se pueden leer estos días hay uno que se repite de manera recurrente a modo de mantra motivacional que no deja de parecerme un tanto inquietante.  Se trata del famoso «volveremos con más fuerza…».

Entiendo el mensaje de esperanza que se esconde detrás del mismo, sobretodo teniendo en cuenta la cantidad de miedos e incertidumbre que se está generando, así como el dolor y sufrimiento que está provocando en aquellas familias afectadas por la enfermedad o aquellas cuya situación económica es, o se volverá más precaria en los próximos meses.

Sin embargo cada vez que lo leo me pregunto lo mismo. Con más fuerza… ¿para que…?

¿ Acaso no es la ambición desmedida y el crecimiento insostenible parte del problema que nos han llevado hasta aquí?. ¿No es esa visión de un mundo global hipercompetitivo y superconectado  lo que de verdad está amenazado…?  ¿No será que de lo que se trata en realidad es de volver más reflexivos, más empáticos, más solidarios. En definitiva menos egoístas y esclavos de nuestro «progreso…»?

La crisis del Covid-19 está cambiando nuestra percepción del estado del bienestar y nuestra falsa sensación de seguridad de una manera tan simple como despiadada. El miedo se ha convertido en la gran arma de destrucción masiva capaz de presionar gobiernos, detener intereses multinacionales y paralizar la famosa economía de la globalización. Ironía del destino, resulta que en plena época de la universalización del comercio, ha quedado demostrado que  sin el supermercado, en muchos casos el pequeño supermercado,  de barrio. No subsistimos.

No es la única paradoja que desnuda la actual crisis sanitaria. El mundo de ricos y pobres,  de norte y sur que hemos construido, está siendo barrido de manera transversal por un virus que no conoce de clases ni de creencias. Hay quién ya ve una ley del karma interplanetaria que nos advierte sobre el escaso valor que la humanidad en general, le da al tiempo al que ya solo medimos en concepto de productividad. O a las relaciones entre semejantes, ahora limitadas a unos prudenciales dos metros de distancia. Resulta que a una sociedad construida sobre el individualismo y el éxito personal, se le está imponiendo como única cura posible la responsabilidad, la solidaridad y la aceptación implícita de que pertenecemos a un colectivo mayor y que la corresponsabilidad que ejerzamos y otros ejerzan hacia nosotros,  es la única terapia conocida a falta de que se encuentre una cura.

Se trata de poner en su justo valor todos aquellas logros que nos hemos concedido gracias al avance tecnológico, en lugar de convertirlos en simples objetos de consumo. Tenemos la comunicación garantizada. Pero no podemos disponer del último móvil del mercado de forma inmediata y nos da la sensación de que no podremos comunicarnos.

Lo triste es que ha causado más malestar la visión extendida de no poder hacer lo que se nos antoja, que la propia vida humana. Porque no nos engañemos. Si fuese por la vida, en mayúsculas, hubiéramos reaccionado frente a las pandemias que han venido asolando África desde hace años. Si fuese por las especies que extinguimos a diario, hubiéramos clamado contra la tala de bosques o la caza de ballenas. Si fuese por el planeta hubiéramos reaccionado en masa ante la contaminación de los océanos o la desforestación del amazonas.

Pero seamos honestos, para todo eso, la mayoría teníamos una rutina inaplazable con la que cumplir.

Uno tiene la sensación de que nada será como antes, más bien, nada debería ser como antes. Deberíamos cambiar el concepto de «más fuerte…», por el de volver siendo la mejor versión posible de nosotros mismos. Esa debería ser, de ahora en adelante, nuestra principal obsesión.

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En el sector turístico se ha parado un todo, el 100% de uno de los principales motores del PIB, con un 15% del empleo y un 14% de la producción dependiendo de él. La locomotora que nos sacó de la pasada crisis, está seriamente amenazada y tan solo mantiene equipos de retén a la espera de volver a la actividad a la más mínima ocasión. Después de la orden ministerial  257/2020 del pasado 19 de marzo, su capacidad de generar  riqueza ha quedado relegada a la incierta  capacidad de la hostelería para elaborar «comida a domicilio».

Me pregunto sino estamos en manos de una oligarquía tan ciega como grotesca, tan incapaz para entender la magnitud de la tragedia como negligente en la gestión de las soluciones.

Si haces lo mismo, obtienes lo mismo. Es una máxima por todo el mundo aceptada que admite poca discusión. Y sin embargo hemos vuelto a recurrir a un capital que habrá que devolver o restituir vía impuestos, ya que el principal avalista es el estado. Hasta ahí un daño colateral aceptable teniendo en cuenta lo que se juega la sociedad Española. Pero lo peor es que a fecha de hoy, a parte de poner de manifiesto diferencias entre ministerios, los avales siguen bloqueados, ninguna empresa ha podido acogerse aún a las prometidas medidas y estas  tienen una materialización  y un destino  inciertos.  Lo diré de otro modo, a la vista está que sin el beneplácito de nuestros queridos socios – acreedores en este país no tenemos ni para mascarillas.

En su día pensé que la famosa crisis de consumo en la que derivamos en 2008 hubiera sido mucho más llevadera para las familias si se les hubieran inyectado los 65.000 millones que finalmente fagocitó masivamente la banca. Por aquel entonces nos convencieron de que se trataba del corazón y el riego sanguíneo del sistema. Pues bien, el sistema ha entrado, o está a punto de hacerlo, en un absoluto colapso  y los cuidados paliativos deberían ir destinados a aliviar a los trabajadores y autónomos afectados durante los próximos dos o tres meses. Su pérdida de poder adquisitivo puede ser un golpe mortal especialmente  para el sector servicios del que vivimos mayoritariamente en este país. El binomio dinero-tiempo, tan necesario para que la industria turística funcione está siendo, en el mejor de los casos, consumido como moneda de cambio para poder mantener el puesto de trabajo. A la mayoría de los trabajadores o les están dando vacaciones sin movilidad, o los incluyen en un plan de regulación de empleo.

La receta para hacer frente a lo que se avecina no parece ser del gusto de todos. Se estima que en España hay unos 20 millones de personas ocupadas. Garantizar sus nóminas e ingresos durante los próximos dos o tres meses, evitar así la necesidad de realizar los ERTE´s por parte de las empresas, contribuir al ahorro de una parte de sus nóminas fruto de la inmovilidad provocada por el confinamiento decretado. A esto añádanle la moratoria del pago de determinados servicios básicos como agua, luz, hipotecas, alquileres etc…

 Son un paquete de medidas que se me antojan, sin lugar a dudas, como un punto de partida mucho más favorable para iniciar el ascenso de la cacareada recuperación en V. Y calculadora en mano, además cabe la posibilidad de que nos salga más barato.

¿Una locura?.  Después del discurso a la nación del presidente de  El Salvador Nayib Bukele, con una batería de medidas entre las que incluía un bonus de gratificación a los equipos sanitarios de 150$,  medidas de control del precio de productos básicos para evitar la especulación y la inflación mientras dure la crisis. La suspensión además, de la deuda energética y de los créditos al consumo  por un periodo de tres meses, y el prorrateo de las obligaciones derivadas de alquileres e hipotecas en su país a lo largo de la vida de los contratos con un mínimo de dos años. Cualquier cosa que me recuerde a viejas soluciones ya aplicadas me parece más descabellada.

Habrá que ver, al final, quién estaba más cerca de la solución y de conseguir la victoria económica y social frente a una crisis que no solo era sanitaria.  Si los fuertes,  o los valientes…