Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Turistas vs rentabilidad. La asignatura de cada septiembre.

Estamos entrando en época de presupuestos, o como mínimo, al que más o al que menos le habrán pedido ya una proyección de como acabaremos el año. En estas fechas tan relajadas para la mayor parte de la población, a muchos colegas se les ha hecho más difícil el sueño y no precisamente por la ola de calor que estamos sufriendo.

Estamos ya a principios de agosto y según todos los pronósticos la mayoría de destinos van a volver a superar expectativas en cuanto a precio y a número de visitantes. Tanto es así que en escasos dos meses, hemos pasado de fijarnos los resultados “prepandemicos” como un objetivo, a tener claro que debemos situarlos en las tasas de mínimos.

Los precios de alojamientos han ido en aumento, con algunos al doble y el triple de hace un año. Igualmente, los vuelos no solo han subido considerablemente de precio, sino que muchas de las rutas aéreas vacacionales más conocidas han cambiado los aparatos que venían operando regularmente por modelos de aeronaves más grandes y con mayor capacidad de pasajeros. Tal como me confesaba hace escasos días un amigo comandante de una línea aérea de lujo.  “ –  En estos últimos veinte años, nunca se había visto tanta gente en el aeropuerto –“.

Los expertos auguran para el sector hotelero un 16% de incremento de precio y hasta un 11% más en ventas que niveles prepandemia.

Y a pesar de eso. Muchos responsables de negocios, en este caso hoteleros, asisten entre la frustración y la incredulidad a la tiranía de la última línea de su cuenta de resultados,

 – No, da…!!!-

¿Me habré equivocado en el Budget…?, ¿Habremos gestionado peor este año…? ¿Cómo es posible que no me lleve el aumento de ventas a la última línea del beneficio operacional…?

Lo que están descubriendo muchos colegas en su día a día es que, a pesar de ser un año récord de ventas, lo será previsiblemente también en cuanto al coste de prestar esos servicios. Los hoteleros calculan que entre el 12% y el 15% más de lo previsto debido a la inflación y el aumento de los precios de materias primas y suministros.

El problema no solo afecta a la explotación del Hotel. Para el turista el precio también será más alto por lo que muchas personas acortarán sus vacaciones o bien directamente no saldrán de viaje. Esto al menos, lo que puede hacer es aumentar el consumo de la habitual cesta de la compra, ya que, aunque sin excesos, la mayoría nos damos un capricho si tenemos más tiempo libre.

El aumento de precios, más que por parte del mercado nacional, que probablemente pinche en destinos interiores, se está produciendo gracias a la entrada de turistas extranjeros con mayor poder adquisitivo y que no sufre la inflación local. Obviamente una buena parte del turista español no puede hacer frente a los aumentos de IPC que los establecimientos trasladan a sus clientes ya que en muchos sectores, los salarios no se han visto modificados. Lo cual es muy difícil, debido a la reducción generalizada de márgenes del que os hablaba hace unos segundos. El coste de operación hace que no haya posibilidad de aumentar sueldos, e incluso algunos pequeños empresarios se están viendo obligados a reducir plantillas en plena temporada alta.

En nuestro país, vivimos actualmente una clara polarización entre el turismo de lujo y el que lucha por sobrevivir con costes cada día más altos. Recuerdo como hace pocos años parte del sector hotelero de un país como Andorra acabó luchando por pagar solo los suministros para poder seguir con la actividad mientras esperaba una mejora de la demanda que aumentase su rentabilidad. Como consecuencia de aquello muchos establecimientos quebraron, cambiaron de manos y parte del equilibrio en la oferta de alojamiento se rompió. Creedme si os digo que eso no es bueno y menos en un país como el nuestro donde existen un número muy elevado de Pymes y autónomos relacionados con el sector turístico. El 13% del PIB nacional está formado por todo tipo de turismo y no pueden haber dos velocidades dentro del tejido empresarial y menos aún con direcciones tan diferentes que acaben polarizándose.

La receta del fracaso es muy evidente si no se tiene garantizada la rentabilidad.  Menor productividad y eficiencia de los negocios, traslado de los costes a los consumidores, disminución de las ventas, falta de inversión y además falta de competitividad frente a otros mercados.

Ya intuiréis que lo que os voy a decir es la conveniencia de abordar el discurso turístico desde otros términos más allá del número de turistas que llegan a nuestro país, para no perder de vista la realidad de nuestro sector. Facturar más no es sinónimo de rentabilidad y supervivencia y el turismo es crucial hasta que no se estimulen otros sectores productivos. Genera empleo, muchos directos y muchísimos más indirectos. Es una entrada de divisas que equilibra la balanza de pagos y además ayuda al desarrollo local a través de inversiones para servicios que de otra forma serian difícilmente justificables.

Las soluciones para aumentar la rentabilidad con el panorama actual, no son fáciles…

Una mayor innovación tecnológica y de las inversiones, el rediseño de los servicios tradicionales y la mejora en las condiciones de contratación de suministros para mejorar la rentabilidad, no parecen soluciones fáciles de abordar en el corto plazo y menos aún con una renegociación de los convenios colectivos del sector a la vuelta de la esquina.

Por otro lado, ya nadie esconde que el turismo como tejido productivo tiene sus peligros. Sobretodo la volatilidad que tiene como actividad a veces sujeta a algo tan caprichoso como el clima. La sobreexplotación de recursos en lugares donde no se ha diseñado bien su impacto y el aumento del coste de la vida para los residentes en aquellos lugares que son destinos de primer orden.  Por eso no nos cansaremos de reclamar una visión lo más transversal y amplia de los datos que se facilitan públicamente.

Por cierto, otro dato confuso fruto de su estacionalidad es la distorsión de las cifras del paro ya que ahora se consideran fijos discontinuos a personas que están paradas esperando la temporada de trabajo. Algo que a priori no reduce el coste de los subsidios al acabar la temporada turística.

En resumen. Si la inflación es superior como todo parece indicar al aumento de los ingresos, entonces el teórico crecimiento resulta que no es tal. Y esto puede convertirse en la peor noticia en lo que va de año.

Que el turismo se recupere es bueno. Que la lectura de su crecimiento sea sesgada no lo es…,

Pero que los profesionales del sector participemos de esa euforia sin el más elemental de los análisis, es simplemente catastrófico.


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Turismofobia y otras imprecisiones propias de las modas.

Hoy he visto en la prensa, la enésima polémica veraniega en cuanto a los problemas generados por el turismo a propósito del gran número de visitantes que reciben muchos de los pueblecitos que se encuentran repartidos por la geografía española. 

En esta ocasión una señora con un aspecto muy de aquí, se quejaba amargamente de que otros señores con un aspecto no menos nacional y sintiéndose también en su casa, que no en su pueblo…, invadían la totalidad de la población e interferían en su día a día…

  • Ni aparcar se puede – Se quejaba amargamente.
  • Pero el dinerito que traemos, bien lo quieren… – replicaba una supuesta forastera.
  • El municipio multiplica por ocho sus habitantes habituales y a pesar de haber reforzado los servicios no son suficientes, – explicaba su alcaldesa.
  • En una localidad vecina a dicho municipio otro alcalde ponía el foco en el insuficiente número de médicos para dar cobertura a los servicios sanitarios más básicos, ahora que además debían compartirlo con otras dos entidades municipales vecinas.

Esta vez el pueblecito en cuestión no era un destino turístico habitual, ni siquiera uno de esos que presumen de Iglesia, paraje natural o fiesta singular. Era sencillamente, uno de esos a los que volvemos para escapar de la rutina de la gran ciudad y donde la alameda, la piscina y el frescor de la noche tienen sabor a vacaciones.   

Tan solo dos alojamientos aparecen en la página de Booking, un hotelito de tres estrellas y una posada. Sin cruceristas, ni autocares, ni masificación hotelera, ni aparentemente, ningún desorden urbanístico que lamentar causado por apartamentos turísticos o exceso de segundas residencias.

La cantinela no es nueva pero esta me ha llamado poderosamente la atención por la sensación de rechazo que transmite frente a visitantes que poco tienen que ver con esa imagen de turista depredador del que hemos hablado en otras ocasiones. Cierto es que cada día salimos más y que la Pandemia ha hecho que redescubramos destinos de dentro de nuestras fronteras, pero este tipo de noticias me reafirman en la idea de que es necesaria cierta pedagogía para seguir siendo el país abierto y hospitalario que presumimos ser.

Que nadie se confunda, no estoy diciendo que ignoremos los problemas generados por la saturación y menos en aquellos lugares en los que esta sea una realidad. No cabe duda del sobrecoste que deben asumir algunos destinos turísticos debido al incremento del uso de sus recursos, servicios e infraestructuras en determinadas épocas del año. Lo que digo es que deberíamos ser capaces de generar unos mecanismos de equilibrio que compensasen ese flujo de población de lugares residenciales a vacacionales y por supuesto ser capaces de hacer partícipes de ello a las poblaciones de acogida.

La mayoría de municipios consideran que la riqueza que generan no se ve compensada con la redistribución tributaria y vienen reclamando desde hace tiempo una mejora de su financiación, ya que la cuantía que reciben tiene en cuenta solo la población censada, pero no la flotante y esta es en ocasiones, de cuatro a ocho veces mayor, además de concentrarse en periodos muy cortos y concretos del año.

En este sentido existen mil teorías y propuestas. Por existir, existe incluso la teoría de que la masificación no es mala, siempre que esté debidamente planificada.  Sus defensores contraponen los modelos de ciudades como Benidorm, frente a los de Barcelona y Venecia. En el caso de las dos últimas ninguna de ellas se ha construido con el fin de ser un destino turístico, pero a lo largo de los años han alcanzado tal grado de popularidad e interés y en consecuencia han acabado por recibir millones de turistas. Una situación que ha terminado por provocar una reacción negativa de buena parte de la población local que considera que solo recibe los costes y no los beneficios. Por el contrario, en el caso de la primera, sus defensores sostienen que ha sido diseñada y planificada para recibir un turismo de masas. Además, su población recibe y sobretodo “percibe” un beneficio directo precisamente de ese turista al que en otros sitios no querrían.  Sea por un motivo o por otro la realidad es que en el segundo caso no parecen haber conflictos ni turismofobia.

Esto desgraciadamente no es la receta para acabar con las tensiones generadas por la sobrecarga turística. En primer lugar, es muy probable que la mayoría de la población lo considere Benidorm como un lugar muy atractivo para vivir. Y además, el comportamiento que tenemos como sociedad hace difícil, sino imposible, encasillar las distintas tendencias turísticas en una sola motivación. Más bien al contrario. Si por un lado se radicaliza la actitud de parte de la población residente, también lo hace algunas de las experiencias demandadas por los turistas y fruto de ello llega el que ha venido a denominarse como “turismo de última oportunidad” que no es otra cosa que viajar a aquellos lugares con peligro de desaparecer como consecuencia principalmente del cambio climático. La gran barrera de Coral o el Ártico se han convertido en destinos muy atractivos para sumergirse o aventurarse a ver osos polares bajo el reclamo de lo que los sociólogos denominan “distinción social”. Es decir, la idea de permitirse un lujo difícilmente alcanzable, sin importar cual.

Habrá quién piense que es algo superfluo, casi inmoral si me permitís. Pero la realidad es que nuestra sociedad actual participa diariamente de actividades que son fruto de un capitalismo global y que se ha instaurado en nuestro comportamiento del día a día. En mi modesta opinión por delante del turismo se sitúan otros sectores como la ropa, el comercio o la alimentación, por ejemplo, aunque casi nadie hable de ellos.

No me negareis que hace falta cierta dosis de hipocresía para criticar a nuestro sector mientras algunos renuevan parte de su armario cada temporada, exigen tener un artículo proveniente de la última punta del planeta en menos de 48 horas o les importa un rábano la situación en la que se encuentra el ciclista que les acaba de traer la comida a casa con tal de no tener que bajar al restaurante.

Pues eso. Los viajes low cost son más de lo mismo. Solo que al menos en nuestro sector existen varios documentos que intentan poner algo de cordura en todo este mar de desatinos. La Declaración de Barcelona, El Manifiesto del Viajero Responsable o el Decálogo para Viajeros de la organización Biosphere Turismo, son algunas de las lecturas que recomiendo antes de lanzarse a participar de este mundo y a criticar a los demás.      


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Las asignaturas pendientes del sector turístico.

No he dejado de darle vueltas a la reunión que motivó mi último post y a aquel contundente…  –  «No todo el mundo debería viajar…» – una afirmación que fue fruto de una amigable conversación improvisada y que me ha dejado claro que uno de los retos de nuestro sector para el s. XXI, se va a centrar en hacer una profunda reflexión y una amplia pedagogía a partes iguales.

De poco sirve que la mayor parte del sector por todo el mundo haya apostado de manera decidida por seguir la senda y el objetivo común del desarrollo sostenible. Así como el compromiso generalizado por parte de todo tipo de empresas relacionadas de manera directa o indirecta con la actividad turística, por cumplir con el mayor número posible de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) fijados por la ONU para el 2030.

El turismo se ha convertido actualmente, según cifras de la propia OMT, en el mayor movimiento de personas de la humanidad. Y eso ha provocado errores y disfunciones en la gestión por parte de empresas y organismos tanto públicos como privados, lo que ha acabado por deteriorar la imagen de una actividad que en mi opinión, tiene muchos más aspectos positivos que negativos y cuyas culpas son en muchas ocasiones compartidas con otros sectores y servicios que poco tienen que ver con él.

La imposibilidad de vertebrar un discurso que explique las ventajas y beneficios que mayoritariamente brinda el turismo para las poblaciones receptivas, frente a ese otro relato impuesto, en ocasiones desde el desconocimiento, que magnifica sus aspectos negativos y menosprecia sus aportaciones, es sin duda, una de las grandes carencias del sector en la actualidad.

Mucho me temo que el desconocimiento y los prejuicios generados entre las poblaciones residentes, van a obligar a destinar una parte de los presupuestos dotados para la promoción exterior, a campañas de divulgación y concienciación sobre los valores y beneficios que genera una gestión ordenada del turismo. 

El peso de la actividad turística en nuestra economía no ha sido nunca motivo suficiente para tenerlo en cuenta por parte de las autoridades políticas más allá de una Secretaría de Estado y el consabido cacareo de cifras récord de llegadas de turistas anunciado en la Feria Turística de turno. Paradójicamente, ha tenido que ser la alarma producida por su supuesto impacto social lo que lo ha colocado definitivamente en la agenda de un gran número de administraciones, por lo menos, en el primer mundo. Los problemas de movilidad, de vivienda e incluso los de seguridad parecen ser ahora responsabilidades derivadas de la actividad turística, a pesar de que hablamos de disciplinas con una cartera y representación Ministerial en casi todos los países de la Unión Europea. Ministerios con un peso tan significativo como los de Transportes, Vivienda o Interior son incapaces de aportar soluciones a problemas que son de su competencia, allí donde hay una importante presencia de la actividad turística.

Tal como reza la página principal de este blog, una buena gestión turística permite extrapolar la misma de manera beneficiosa a sectores estratégicos para los habitantes de un país, tales como la sanidad, la educación, el medio ambiente, la seguridad, las infraestructuras, las comunicaciones… y así, una larga lista de materias cuya importancia incide de manera directa en el bienestar de cualquier sociedad.

 Ahora, además, podemos asegurar que ignorar la verdadera dimensión de la actividad turística o considerarla como una disciplina menor, es una fuente segura de problemas para cualquier sociedad. 

La mayoría de expertos coinciden en una nueva tendencia a nivel global sobre el aumento de viajeros originado por el deseo de viajar de las nuevas clases medias provenientes de economías emergentes y el aumento de desplazamientos anuales de aquellos que ya han interiorizado los viajes como una necesidad vinculada a su propio bienestar. Conscientes de ello, la mayoría de destinos persiguen un crecimiento con el objetivo de mejorar sus economías locales, lo que es una manera implícita de reconocimiento de la actividad turística. Sin embargo, es fundamental que este crecimiento se haga con una previa planificación en la que imperen las buenas prácticas en la gestión de los destinos, diversificando la oferta y equilibrando la demanda, creando una conciencia sobre el impacto positivo del turismo y siendo honestos acerca de lo negativo, y por supuesto, favoreciendo un crecimiento más sostenible y respetuoso con el medio ambiente y las comunidades locales.

Este, es un esfuerzo en el que deben participar todas las partes y no caer en la tentación por parte de determinados agentes, protagonistas dentro del sector público, de cargar toda la responsabilidad sobre el sector privado. Es muy fácil acusar de masificación turística la visita en determinados monumentos y a la vez, no hacer un esfuerzo por aumentar sus horarios de apertura, por ejemplo.   

Desengañémonos. A pesar de la buena voluntad y la concienciación de la mayor parte de la sociedad, la realidad es que actualmente aún hay un 54% que no renunciarán a visitar un destino a pesar de sus problemas de masificación, un 63% que no cree que la mayor presencia de turista empeore la calidad de sus viajes y un 60% no se plantea dejar de volar a pesar de los movimientos como el “fligskam”, aún siendo conscientes del aumento de la huella de carbono que eso implica

La mayoría de profesionales del sector ven de manera responsable la necesidad de escalar peldaños en torno a la sostenibilidad de sus negocios, y hay muchas muestras en el mercado que indican que eso se ha entendido y se realiza los esfuerzos para ello.  

Pero al mismo tiempo, existe un turista más preocupado por contar a amigos y familiares el famoso “yo estuve allí” que por conocer de verdad el enclave que visita. En este punto las redes sociales han jugado un papel crucial, la mayoría están más interesados en un selfi frente al monumento o paisaje de turno que por conocer realmente esos lugares. Y todos, nos hemos sorprendido haciéndonos alguna foto dándole la espalda a un recurso turístico de primer nivel en lugar de ponernos frente a él, para sencillamente disfrutar su belleza.    

Así que tal como decíamos al principio. Partamos de la necesaria reflexión, pero empecemos a concienciarnos y a reeducarnos cuanto antes. Y sobretodo, evitemos demonizar una actividad que es actualmente el sustento de una parte muy significativa de la sociedad en la que vivimos.


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No todo el mundo puede viajar.

Ayer, día de elecciones municipales y autonómicas, andaba un servidor disfrutando de una de esas comidas con amigos que se dilatan tanto como una jornada laboral, llenas de risas, complicidades, buenos deseos y mejor vino, cuando al hilo de los comentarios de una reciente experiencia de «glamping» en un bonito lugar de la costa catalana, del que ahorraré los detalles por no ser estos relevantes, una de mis queridas amigas espetó un contundente:

– ¡¡¡…perdona, hay gente que no debería viajar jamás, el low cost ha hecho mucho daño…!!!-

Reconozco que me estallaron los oídos y de paso, el cerebro un poquito también.

Mi amiga es una alta ejecutiva de unos importantes laboratorios farmacéuticos, ha vivido y trabajado en cuatro paises a ambos lados del océano, se ha recorrido innumerables veces un planeta al que ha convertido en su particular terreno de juego y por si fuera poco, con la ayuda de su marido, han sacado adelante una familia de lo más multicultural. Es abierta, brillante, tolerante y forma parte de ese reducido grupo de personas con una inteligencia superior capaces de reírse de si mismas sin ningún tipo de tapujos ni complejos. Por eso, y por la indisimulada admiración que le tengo, su comentario me acababa de dejar estupefacto.

El caso es que habíamos llegado a semejante conclusión después de hablar de lo bonito que esta esto, lo instructivo que era para los niños aquello y las maravillosas vacaciones en familia que podías pasar en aquel otro lugar… Cierto es, que en la conversación se nos colaron los cruceristas por Barcelona y la presión que podían llegar a sufrir los vecinos, pero nada que no se viera replicado con más o menos fortuna en cualquier rincón turístico del planeta. Y dejando al margen las consabidas coletillas de propaganda política propias de estas fechas, todos entendemos los beneficios que puede aportar el turismo tanto para el que viaja, como para la población local que los recibe.

Por si se nos había olvidado, se me ocurrió esgrimir el infalible, y al menos para mi incuestionable argumento, del valor que el turismo tiene como catalizador de la tolerancia, la empatía y la aceptación entre las distintas culturas del mundo. Tal como descubrió hace cerca de 300 años Carlo Goldoni, «El que no sale nunca de su tierra está lleno de prejuicios«, y eso, es algo a mi juicio poco recomendable para encarar un futuro cada día más colaborativo y globalizado en el que acciones que pueden parecernos muy sencillas y cercanas tienen su origen en la otra punta del planeta. En fin, algo perfectamente argumentado e irrenunciable que creo que junto con las principios básicos de la economía, debería incluirse en los programas de formación educacional desde la más temprana edad… Estaba yo navegando felizmente en mi realidad multicolor, cuando mi amiga me hizo volver a la suya con la misma sutilidad con la que te despertaría una bofetada de una siesta vespertina…

– ¿…y me puedes decir que hay de todo eso en un grupo de inglesas de despedida de soltera, paseando de bar en bar por las Ramblas con una diadema en forma de polla en la cabeza…? –

Y de pronto me vinieron a la mente las borracheras en Magalluf, el turismo sexual en Tailandia o las toneladas de basura en las costas de Bali. Ese tipo de turismo, que también lo es, carente de cualquier motivación o valor más allá del estrictamente económico y que tan poco aporta a la sociedad. Ese turismo del que honestamente, la humanidad podría prescindir sin remordimientos.

Aunque muchos de los que abogan por un turismo más sostenible y social no son conscientes de lo que es en realidad y lo practican envueltos en contradicciones, afortunadamente, entre la mayoría de la población crece una consciencia más solidaria y menos depredadora de los lugares visitados. Y eso, junto con el respeto más básico de las normas de convivencia, es al menos un buen comienzo.

En este punto tengo que darle la razón a mi amiga, irónicamente, el low cost que democratiza el desplazamiento de un gran número de personas a lugares lejanos. Es lo que les distancia de tener la oportunidad de disfrutar de una experiencia auténtica y me atrevería a decir que de verdadero lujo. Sin entrar a definir lo que es un viaje de lujo, esto me lo guardo para otro post, si que os adelanto que no tiene nada que ver con un viaje caro o de alto standing, sino que tiene que ver mucho más, con la carga experiencial y la actitud del propio turista, que con tomarte la clásica botella de champán en la suite del mejor cinco estrellas de la ciudad de moda.

Curiosamente, la gente con mayor poder adquisitivo del mundo ha entendido que la ostentación, los excesos y el derroche, les alejan de realizar viajes con la capacidad de abstraerles de su vida cotidiana y que les garanticen unas experiencias a la altura de sus expectativas. Y eso. Que depende más de una actitud viajera que del clásico turisteo, resulta que también es lujo, probablemente, el verdadero lujo.

Desde luego, entender esto es un plus, porque si antes de salir de casa no estas dispuesto a ser lo más respetuoso y cívico que puedas, a interactuar de manera amigable y honesta con las culturas y costumbres que visites y afrontar los imprevistos que pueden surgir en cualquier viaje desde la calma y la comprensión. Lo cierto es que estas poniéndole muy fácil a algunos de tus futuros anfitriones que puedan pensar aquello de que: «allá donde vayas,… no hacías ninguna falta».

Así que por no quitarle toda la razón a mi amiga y seguir siendo honesto conmigo mismo, me temo que no me queda más remedio que admitir con cierta amargura que:

– Desgraciadamente, hoy en día, no todo el mundo está para viajar… –


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El pensamiento crítico, el verdadero reto de la transformación digital.

Me apunto a la reciente controversia generada por lo que podríamos denominar el despertar de la sociedad frente a la irrupción de la Inteligencia Artificial (AI) dentro de nuestras vidas. Y digo despertar porque es obvio que ya hace tiempo que se encuentra entre nosotros y lo que algunos ven ahora con un pavor similar al que podría generar la mismísima Skynet de la saga Terminator, otros llevan años perfeccionándolo para que se cuele entre nuestros quehaceres más cotidianos.

 Y es que a pesar de todo lo que se escucha en estos días, mi opinión es que como toda herramienta no es ni buena ni mala, depende del uso que le demos. Eso sí, esta en concreto no sabemos hasta dónde puede llegar, y lo que es peor, al parecer aprende de todo aquello de lo que nosotros como especie la estamos nutriendo. Y claro, por si Twitter no había dejado claro la de mierda que llevan algunos en el cerebro, resulta que el mismísimo Chatgpt ha acabado por asegurar que la única solución para poder salvar el planeta pasa por la extinción de la raza humana. Dicho así, está claro que acojona, hasta el punto de que medio planeta se ha puesto a trabajar para intentar ponerle freno y regular su potencial desarrollo.  A estas alturas y con los precedentes que tiene la administración cada vez que intenta legislar sobre alguna novedad tecnológica, perdónenme pero me suena al tonto que intentó ponerle puertas al campo.

El tema parece más que relevante, incluso para algunos de los gurús de este nuevo mundo. El pasado 22 de marzo, más de 1.300 personas —entre los que se encuentran Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, Steve Wozniak, fundador de Apple o el historiador Yuval Noah Harari— se unían para firmar una carta abierta que pide ralentizar el desarrollo e implementación de esta IA para gestionar y controlar adecuadamente los «profundos riesgos para la sociedad y la humanidad» que suponen.  Hoy día 30 de abril, solo se habían adherido 27565 personas. Aunque en honor a la verdad hay que decir que no hay rincón en el planeta donde no nos estemos preguntando sino nos habremos pasado con el “invento”.

Parece algo contradictorio que la tecnología que por primera vez podría representar un salto exponencial en las capacidades humanas y permitirnos desarrollar nuevas fuentes de energía, el tratamiento para enfermedades incurables o el diseño de naves espaciales más eficientes que las que hacen los ingenieros humanos, esté generando tanto miedo a su alrededor con el pretexto de “amenazar nuestros datos y vidas privadas”.

 ¿Pero que creíamos que estaban buscando las legiones de empleados en lugares como Silicon Valley en EEUU, Silicon Fen en UK, Silicon Wadi en Israel, Silicon Oasis en Dubai, Shezhen en China o el  Skolkovo Technopark District en Rusia…?. ¿Diseñar Emojis…?.

Es cierto que muchos de ellos todo lo que buscaban eran medidas lo más efectivas posibles para captar nuestra atención y ser así más eficientes a la hora de vendernos sus productos, pero un servidor tiene la sensación de que en realidad esta espiral por captar nuestra atención ha conseguido un efecto de aborregamiento colectivo que está acelerando nuestro comportamiento como turba en lugar de mejorar nuestra sociedad. Culpar de ello a la inteligencia artificial, me parece pretencioso, lo verdaderamente preocupante es el declive de los valores e inteligencia presumiblemente humanos. La IA lo que ha hecho, ha sido constatar de una manera tan fría como brutal, hasta qué punto somos prescindibles los humanos si seguimos por este camino.

Lo explica mucho mejor el periodista y divulgador Johann Hari en su libro “El valor de la atención”, cuando nos advierte de que hemos perdido nuestro superpoder como especie en el momento en el que hemos perdido la capacidad para sentirnos presentes en el mundo.   Según Hari, el hecho de pasar horas en las redes consumiendo videos basura está en el origen, entre otras cosas, de comportamientos irracionales, negacionistas y por supuesto también de una falta de atención y capacidad colectivas que están siendo capaces de socavar incluso aspectos tan importantes de nuestra sociedad como la democracia o los más básicos derechos civiles.

Es decir, todo aquello sobre cuya solidez debería construirse una futura IA .

Al parecer la mayoría de expertos coinciden en aconsejar a los gobiernos que la solución frente a esta amenaza potencial pasa por tres fundamentos básicos que permitan aprovechar sus ventajas sin ponernos en riesgo ni individualmente, ni como especie.

La primera es crear estándares de certificación criptográfica en todo el mundo para autentificar la realidad de cualquier contenido de procedencia digital. El objetivo es establecer una línea básica de certeza que, como mínimo, permita a las personas tener la seguridad de que lo que están oyendo o viendo es real. Esto debería acabar con las noticias falsas, la suplantación de personalidad o las estafas, que ya se están produciendo.

La segunda es lanzar programas de comunicación para que el público comprenda el alcance de la inteligencia artificial generativa. Las personas deben aprender para poder defenderse contra nuevas falsificaciones audiovisuales.

Y por último, urgen a los gobiernos de todo el mundo a colaborar con la comunidad científica para crear una legislación que proteja los derechos individuales, estableciendo límites penales para tratar de frenar el uso tóxico de esta tecnología.

Por supuesto, a mis todas estas medidas me parecen bien. Pero no dejo de pensar que un tipo como Trump no necesita demasiada IA para avalar sus propias mentiras y que mientras no defenestremos a aquellos que se valen de la postverdad para sus propios y oscuros intereses, no habremos hecho nada.

Que en el planeta ya hubiesen «terraplanistas» con una elaboradísima teoría conspiranoica antes de la aparición de la IA, solo se combate con una mejor educación, más filosofía que enseñe a despertar un pensamiento crítico en la sociedad y por supuesto una mayor dosis de ética en todos los aspectos de nuestras vidas.  

De otro modo, va a ser difícil obtener otras respuestas de una inteligencia tan maravillosa como ecpática y fría como es la artificial, en especial, cuando le preguntemos por lo que opina de nosotros o por nuestro propio destino.      


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Web 3,  NFT, Tokens y otras cosas que aunque parezca mentira, te interesan.

No nos engañemos, no es que me apasione el tema del que vamos a hablar, es que necesito hacerlo para ver si me aclaro un poquito. Porque, aunque aún me cueste ver su aplicación en nuestro sector, al menos en el corto plazo, me da que estamos frente a la verdadera revolución tecnológica. Y no esa que nos vendieron en su día del internet de las cosas…

¿Qué representa la llegada de la WEB 3.?

Por resumir este tema en una sola frase. Si la web nº 1 iba de links, la nº  2 va de likes y la nº 3 irá de tokens.

O dicho de otra forma, si la web de los comienzos, llamada 1.0, giraba en torno a los hiperenlaces, y la web 2.0 lo hace en torno a las redes sociales; la web 3.0 se basa en los tokens, las unidades digitales de intercambio de tecnologías blockchain, o cadenas de bloques. (Si, lo se, yo sigo sin enterarme muy bien pero quédate con lo del token que verás que tiene todo el sentido. Te lo aclaro más abajo…)

Lo importante es entender que este nuevo modelo de web tiene muchos servicios basados en la economía del token, y que la propiedad y el control de estos servicios estaría repartido entre los dueños de los tokens, que son también usuarios. Y por eso me parece tan verídica, porque una vez empoderados los usuarios, no va a ver quién tenga capacidad para dar marcha atrás. 

Imagino que como yo, habrás descubierto que la clave para entender este entramado es saber que es un token. Básicamente y ciñéndonos a una definición estándar se trata de una “unidad de valor emitida por una persona o una empresa…”  A mi me ayuda mucho pensar que es como una ficha de casino, que fuera del mismo no te sirve para nada pero dentro es el equivalente a una moneda. Ahora imaginaros lo mismo pero en un negocio como el hotelero donde los token te dan derechos a determinados privilegios y servicios. ¿A que ya empezáis a verle la parte más práctica?  Efectivamente los llamados “utility token” permiten el acceso futuro a los productos o servicios ofrecidos por una empresa y no se crean para ser una inversión, sino para otorgar privilegios y ventajas para un usuario respecto a esos productos o servicios. ¿Verdad que todos entendemos los privilegios otorgados a través de la acumulación de puntos de fidelización?. Pues en lugar de puntos imaginad que les llamamos tokens, se pueden comprar y además nos ayudan a financiar un proyecto hotelero determinado, ya que se pueden monetizar de manera inmediata.

Para que se entienda mejor donde radica el poder de esta evolución vale la pena plantearse lo siguiente:

La web 1.0, el vulgarmente conocido como internet, es de solo lectura: es unidireccional y algo así como un banco de información infinito, la mayoría de los participantes éramos exclusivamente consumidores de contenidos.

La explosión de la web 2.0 trajo las redes sociales y la interactividad con el usuario, ya que estos creaban y siguen creando buena parte de su contenido. Es la era de compañías como Facebook, Google, Apple o Amazon, que crean servicios centralizados y dependientes de estas corporaciones. Y claro, la paradoja es que los usuarios acaban dándose cuenta de que ellos crean, pero son las compañías tecnológicas las que monetizan.  Después de esta web 2.0, en la que  las tecnológicas nos dejaron jugar hasta el momento en que necesitaron cobrarnos en forma de nuestros datos privados por los servicios prestados, ¿os acordáis de la famosa frase de si no te cuesta nada, es que el producto eres tu…?. Pues eso… el producto eres tu pero la pasta se la lleva otro. Lo digo con segundas porque francamente aún no he entendido la obsesión de algunos por subir determinados contenidos y experiencias personales a la red. Como si acabar facilitando gratis hasta tu talla de calzoncillos no fuese suficiente. En fin…

La realidad, sin embargo, es que lo que llega es la Web 3.0 ( o web3), con la promesa de una web donde el usuario vuelve a estar en el centro como creador, pero sobre todo como poseedor, como dueño de esos tokens que van a definirnos a cada usuario con un perfil único en Internet basado en el historial de nuestras búsquedas. Ese perfil se usará para personalizar la experiencia de navegación a cada individuo por separado. Y las maquinas van a llegar a un grado de personalización jamás conocido hasta la fecha. De hecho se habla de robots capaces de “interpretar” y “sentir” en base a la información procesada.

Y aquí es donde entran en juego los llamados NFT. Estos son un tipo de token que se refiere a activos coleccionables y son únicos, con lo que pueden representar por ejemplo una identidad digital. Pero no una identidad con información sociodemográfica almacenada en una base de datos, sino algo con más información, parte de ella sensible, pero almacenada en una cadena de bloques que incrementa la seguridad de nuestros datos.

La otra tipología de NFT es la que se asemeja a una inversiones a efectos legales, es como un derecho o una garantía de que si adquieres ese NFT tendrás un contraprestación o beneficio determinados a cambio del mismo. Tales como upgrades, ventajas exclusivas o incluso productos solo al alcance de propietarios de dichos NFT.

En resumen, un mundo de posibilidades en el que la tecnología permitirá encriptar y empoderar al usuario al margen del propietario de la herramienta en la que se sustenta.


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Febrero consolida las nuevas tendencias para los viajes en 2023.

Estamos ya en Febrero y me merece una reflexión sobre las predicciones para la hostelería realizadas a finales del 2022, ahora que vamos camino de terminar el primer trimestre. De las macro tendencias apuntadas a finales del año pasado para el sector hotelero, hay unas que tienen pinta de quedarse en el apartado de los futuribles, pero sin embargo hay otras que van camino de materializarse y a marcar la gestión de los próximos meses.

Entre las que me parecen más destacables están las siguientes:

La recuperación es un hecho.

Ni guerras, ni crisis, ni inflación… para nuestra sociedad postpandémica el deseo de viajar es ya considerada una forma de vivir momentos de felicidad y de desconexión para contrarrestar el peso del día a día e incluso como una manifestación vital. Es decir, una necesidad de primer orden cuya única duda que suscita es la de saber en que grado y segmento va a producirse la mayor demanda. Y es que según un reciente informe de Skyscanner solo el 6% tiene previsto ir menos de vacaciones que en el 2022.

Todo gira en torno a la experiencia

No se trata del destino, sino de la experiencia, o para ser más exactos de la experiencia en el destino. Las vacaciones experienciales son una de las grandes tendencias del turismo, y mucha gente elige “experiencias” singulares, a menudo vinculadas a empresas locales, en lugar del turismo de masas. Antes, sólo los hoteles de lujo atendían al “nicho de las experiencias”, presentándose como una experiencia en sí misma. Algunos por cierto de una manera algo torpe, basada en una pretendida exclusividad. Pero desde entonces las “experiencias” se han democratizado gracias a una nueva forma de entender la vida y al deseo de relevancia que nos ha invadido como sociedad tras el Covid-19

La falta de personal es la gran amenaza para la rentabilidad.

¿Más que la inflación y los tipos de interés…? Pues si, más. Y fruto de ese miedo son las numerosas llamadas que los equipos de recursos humanos que los hoteles de costas e islas están realizando ya sobre el personal que está realizando la campaña de invierno. El sector no está realizando los deberes que pasan no solo por la mejor remuneración de los puestos, que en la práctica ya le están costando más a los empresarios, sino sobretodo por la orientación y dignificación de una profesión que tiene más valor que el que se le otorga a nivel social. Además muchos negocios van a tener dificultades para encontrar personal y cubrir puestos básicos que permitan poner en marcha la actividad y por tanto incidirá negativamente en la primera línea de sus cuentas de explotación. En este sentido ya hay quién apunta que la mejor manera de contratar es la de capacitar al personal interno.

La inflación, los tipos de interés y la subida de la energía.

Si la falta de personal tendrá un impacto directo sobre los ingresos de la actividad, las tres circunstancias que acabamos de apuntar lo tendrán sobre la estructura de costes. La conocida crisis de suministros que afecta directamente en la subida del precio de la energía, los problemas para conseguir algunas mercancías y productos básicos, que ahora se fabrican bajo pedido y el coste de las materias primas, en especial de la alimentación van a poner muy difícil llevarse directamente el mismo porcentaje de ingresos que venía siendo habitual, a la línea del GOP del Hotel.

El miedo a la crisis por parte de un numero elevado de la población.

En cuanto a los consumidores, y por lo tanto potenciales clientes, la subida de precios, la tan temida inflación que les resta poder adquisitivo y que hace que deban destinar más dinero a la devolución de su endeudamiento por la subida consiguiente de los tipos de interés. Así como una lógica tendencia a protegerse y a incrementar sus ahorros, serán lo que defina la principal consecuencia negativa a la que deberemos hacer frente a pesar de las buenas expectativas que recoge la mayor parte del sector en este primer trimestre del año. Y es que podemos volver a ver aquella tendencia que ya se vio tras la crisis del 2008, con usuarios optando por destinos más cercanos, más asequibles y que les permitan descubrir lugares y experiencias sin necesidad de desembolsar mucho.

Más ecos, más verdes y más socialmente conscientes.

La mayoría de alojamientos han iniciado un camino que ya no tiene vuelta atrás en su afán de convertirse en establecimientos más sostenibles, una demanda que llega directamente de la sociedad y de sus propios viajeros, que buscan viajar dejando un impacto positivo a su paso. La sostenibilidad involucra todo tipo de medidas destinadas a cuidar el medioambiente, pero también tiene una vertiente social, que en el turismo se refleja especialmente con la cooperación entre proyectos locales y con la necesidad de saber que contribuimos al bienestar de los destinos turísticos de acogida.

Prepárate para acoger al nuevo cliente estrella…, ya todos somos nómadas digitales.!!!

Hasta la fecha, turismo y trabajo estaban básicamente vinculados con los viajes de negocio. El «bleissure» era la última de esas palabras destinadas a segmentar un tipo de viajero . Pero una de las nuevas tendencias es la del nomadismo digital, con personas que tienen un trabajo que les permite ir cambiando de lugar de residencia en cortos periodos de tiempo, o bien personas con posibilidades de teletrabajo que buscan disfrutar de periodos de descanso más allá de los convencionales. Como quiera que sea su condición lo cierto es que el que más y el que menos se ha apuntado a esta moda de los conocidos como “nómadas digitales”, y ya no se limitan al rango de empleos relacionados con la tecnología o la creatividad, sino que ahora cualquiera puede bajar a la recepción de tu hotel a pedirte por un lugar tranquilo donde tomar un café y conectarse a una videoconferencia cualquiera.


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Birdwatching entre el Pirineo y la llanura de Lérida

El birding o birdwatching toma del inglés las palabras bird, que significa pájaro, y watch, observar, y no es ni más ni menos que la actividad, de origen principalmente anglosajona, de contemplar aves en sus hábitats originales, generalmente ecosistemas protegidos, donde la naturaleza despliega toda su grandeza.

 A nivel mundial la principal organización es la Royal Society for the Protection of Birds cuya fundación en 1889 marca los orígenes históricos a nivel mundial de esta actividad. La homóloga inglesa de nuestra Sociedad Española de Ornitología, cuenta con casi 1.100.000 socios, frente a los apenas 8.000 miembros de la organización hispana. La entidad británica gestiona directamente 152 reservas para aves, que ocupan una superficie de 102.000 hectáreas y por las que pasan, cada año, más de un millón de visitantes, de los cuales el 63% son socios.

No es de extrañar pues, que sean anglicismos los que dan nombre a esta actividad, que en nuestro país ya se vislumbra como una modalidad turística con un enorme potencial muy ligada a la dinamización del medio rural.

En lugares como Extremadura se han documentado visitas de carácter científico llevadas a cabo por naturalistas y biólogos ingleses desde principios del siglo pasado Y es que esta es una actividad con un marcado origen científico y a la vez, lúdico Para adquirir la titulación universitaria en ornitología deberás haber superado el grado universitario de biología y, posteriormente, haberte especializado en el estudio de aves, lo que conforman un total de seis años de formación reglada. Sin embargo, históricamente la ornitología se ha valido de la colaboración de todo tipo de amantes de la naturaleza para conseguir información y datos científicos sobre el movimiento de las aves a nivel mundial.

Esto hace que se haya convertido en una afición con múltiples valores que puede consistir en una simple contemplación de la naturaleza accesible a todos los públicos independientemente de su nivel de conocimiento. O bien, disfrutar de la observación y reconocimiento de especies en su entorno natural, así como disfrutar de la audición de los cantos de las mismas para un público más formado en conocimientos. Sea cual sea nuestro nivel como “birdwatcher”, el avistamiento de aves es una de las mejores maneras de acercarse a la naturaleza, ideal para involucrar a los más pequeños y convirtiéndose en una actividad de ocio en familia donde poder disfrutar y aprender a través del contacto con el medio natural, así como despertar su sensibilidad hacia carreras relacionadas con la biología, la naturaleza o las disciplinas medioambientales.

Puesto que el turismo ornitológico seduce a más aficionados cada año, es imprescindible tomar en consideración algunos consejos para hacerlo de una manera correcta. El observador de aves debe tener en cuenta una serie de consideraciones previas a la hora de realizar cualquier avistamiento. El requisito imprescindible es no molestar a las aves intentando acercarse para conseguir una buena observación o una buena fotografía. Es muy importante caminar y permanecer en silencio. En cuanto al horario recordar que el amanecer y atardecer son los momentos más propicios para la observación. Habrá que tener en cuenta también que la época de cría es muy sensible puesto que si sufren molestias podrían abandonar el nido y perderse la puesta.

La provincia de Lérida se ha posicionado como uno de los lugares de España con mayor potencial para esta práctica turístico-científica y es uno de los pocos lugares en Europa donde es posible ver de manera simultánea a los 4 grandes necrófagos del continente. El buitre leonado, el buitre negro, el quebrantahuesos y el alimoche. Además desde su Patronato se ha creado una oferta turística y de experiencias pensada para dar servicio a este tipo de turismo a lo largo del  Pirineo y las Tierras de Lleida, destacando las cincuenta especies de pájaros más remarcables y los principales espacios naturales donde se pueden divisar.

Para facilitar nuestra labor, en la página Ara Lleida  encontrareis una ficha que contiene de una manera sencilla y visual la información básica para saber más y poder localizar cada especie. Además de la fotografía y el canto, se añaden unos códigos que indican el hábitat donde más comúnmente se hallan y el grado aproximado de dificultad para encontrarlas (baja, media o alta). Se hace también una breve descripción de su status y, si se tercia, consejos para buscarlas. Finalmente se añade un mapa que hace una selección de las mejores comarcas donde ir a observarlas, y su época de cría para intentar no molestarlas en el periodo de nidificación.

El Pirineo y las Tierras de Lleida cuentan con 48 espacios naturales reconocidos con distintos grados de protección legal, tales como reservas naturales, parques naturales, ZEPA (zonas de especial protección para las aves), el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici u otros lugares incluidos en el Plan de Espacios de Interés Natural (PEIN) de la Generalitat de Catalunya. Incluso se añaden otros lugares no protegidos pero de gran interés para la observación de pájaros.Gran parte de estos espaci os son pirenaicos y de alta montaña y el resto se distribuyen entre el Prepirineo y la llanura de Lleida con sus espacios palustres, como lagos y cursos fluviales.

La información se completa con una lista de establecimientos de alojamiento y servicios, como son hoteles, campings y casas rurales, preparados para los que queráis disfrutar de la observación de los pájaros y desde donde os recomendarán las propias experiencias, equipamientos y senderos.  Estos saben que a quienes os gusta observar pájaros sois madrugadores, y que vuestra prioridad, por encima de todo, es la observación o fotografía de aves. Por lo que han adaptado parte de sus servicios para dar servicio a vuestras demandas.


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El «Shirin Yoku» o los baños de bosque.

Alguna vez os he comentado que vivo en uno de esos lugares privilegiados que parecieran tocados por una inteligencia divina, llenos de belleza, sensibilidad y donde el paso del tiempo se deja notar a través del cambiante paisaje que dibujan las diferentes estaciones del año. Es un lugar que debo confesar me inspira y reta a partes iguales y donde su energía a llegado a darme tanta paz como vitalidad en momentos de lo más variopintos que la vida de una persona pueda atravesar. En todos ellos un largo paseo por el bosque ha sido siempre la receta mágica tanto para activar, reflexionar o incluso sanar momentos y situaciones de todo tipo.

De lo que no era consciente hasta hace poco es que esa actividad tan natural y necesaria en mi caso, era compartida desde la otra punta del planeta por más de 5 millones de personas cada año. En Japón recurren al Shinrin-yoku (que puede traducirse como baño o cura de bosque) para tratar dolencias tan serias como la ansiedad y la hipertensión.

Los ‘baños de bosque’ o Shinrin Yoku tienen su origen, como tantas otras terapias, en Japón y su significado literal es ‘absorber la atmósfera del bosque’, concepto acuñado en los años ochenta cuando técnicos de la Agencia Forestal de Japón se marcaron dos objetivos: poner en valor los bosques del país, que el país del sol naciente cubren el 67% de su superficie, y promover el contacto con la naturaleza en una población urbana que presentaba un elevadísimo nivel de estrés y ansiedad asociados al trabajo.

Después de leer un poco sobre esto debo advertiros que esta no es una actividad para frikis del bosque o hipermotivados de la naturaleza, esto no va de aullarle a la luna o abrazar arboles en pelotas. Tampoco es exactamente lo mismo que el siempre apetecible paseito de domingueo campestre y por supuesto quedan descartados los runners con deseos de medir la intensidad de dicho contacto en Km. recorridos y metros de desnivel.

Esto es lo más parecido a dejarse llevar y no hacer nada mientras te pierdes con los cinco sentidos bien despiertos por en medio del bosque. La condición irrenunciable es dejar de lado la prisa. El objetivo no es, ni recorrer una distancia determinada, ni tampoco realizar un determinado esfuerzo físico. De hecho en ocasiones ni siquiera es llegar a un sitio en concreto. Aquí de lo que va es de caminar poco a poco, en silencio, y vagar dejando que la intuición guíe los pasos y te lleven de un lado a otro. Y aunque en eso, a ratos, me declaro todo un experto, ahí van cuatro apuntes por si queréis practicarlo basados en los consejos del profesor e inmunólogo Qing Li, reconocido experto en Medicina del Bosque

Para experimentar el poder curativo de los bosques deberemos plantearnos un mínimo de tiempo ya que esta es una actividad sin prisa pero en la que el tiempo resulta importante. Cualquier persona puede beneficiarse de tomar un baño de bosque y es altamente recomendable cuando uno se siente estresado, aunque os aseguro que no es necesario esperar a atravesar una crisis existencial para obtener resultados significativos.

Qing Li recomienda realizar un paseo por un entorno boscoso de unas dos horas de duración. Propone no caminar más de 2,5 kilómetros y si se dispone de 4 horas se pueden recorrer 4 kilómetros. Para conseguir un fortalecimiento inmunitario aconseja una estancia mínima de 3 días en una región boscosa. Se pueden hacer pausas para evitar la fatiga. La competición, la consecución de marcas no tienen lugar. La sed se debe combatir con agua o té.

Mientras se descansa se puede aspirar la esencia de una hoja de pino, ciprés o alguna planta aromática.Si un lugar te llama la atención especialmente, si allí te encuentras muy bien, puedes detenerte a meditar, leer o simplemente gozar del paisaje. Y por supuesto, se debe olvidar en casa el móvil o el mp3.

La densidad de terpenos, (compuestos orgánicos), con propiedades anticancerígenas que se encuentran en la atmósfera del bosque varía en el transcurso de las estaciones. Aumenta drásticamente en abril y mayo, y en agosto alcanza su punto máximo. Se reduce un poco durante el otoño y en invierno llega al mínimo. Lo ideal es realizar los paseos todo el año con la mayor frecuencia posible. La cura de bosque es sobre todo una medida preventiva, un hábito que nos beneficia en muchos sentidos. Es deseable que el bosque no presente pendientes, que sea seguro, y que ofrezca una diversidad de ambientes: claros, sendas, rocas, zonas húmedas, diversidad de especies…

Ya sea en su versión más oriental o en la nuestra, parece un hecho probado que el contacto con la naturaleza se relaciona con un riesgo menor de sufrir trastornos emocionales y psicológicos, enfermedades cardiovasculares, músculo-esqueléticas, neurológicas, mentales y respiratorias, obesidad, diabetes y cáncer, entre otros problemas de salud.

En el Valle de Arán existen extensiones boscosas idóneas para poder practicar el Shirin Yoku como el Bosque de Carlac, el de Varicauba, el de Conangles, Montgarri o el del Portilhon. Todos ellos con pequeños tesoros de la fauna y la flora Pirenaica y capaces de proporcionar una experiencia superlativa.


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Hallowen vs Castañera, ¿dos tradiciones enfrentadas…? .

La fiesta de Todos los Santos tiene su origen en una celebración pagana para recordar a los que ya no están entre nosotros. Lo más interesante de esta celebración es que a pesar  de celebrarse en varios lugares del mundo de maneras muy diferentes, todas ellas tienen un origen muy antiguo, y contrariamente a lo que en nuestra cultura pudiera parecer, resulta que la más antigua de ellas es la que a priori nos parece más trivial y comercial. Y es que como veréis, la otoñal lucha entre la castaña y la calabaza viene cargada de más patrimonio cultural de lo que a priori pudiera parecer. Pero, ¿cuál es el origen de ambas tradiciones?

LA CASTAÑERA.

 Si vives en Cataluña, Aragón, Valencia o las Islas Baleares, la castañera es el símbolo por excelencia de esta época del año donde no solo abundan las castañas, sino también los tradicionales boniatos o panallets. Esta mujer es la representante de una de las fiestas más populares de estas regiones, la conocida Castanyada.

Tal como decíamos, la Castanyada proviene de una fiesta funeraria de hace muchos años relacionada con cultos paganos. Es una comida donde las castañas son el producto principal, pero los boniatos, la fruta confitada y los populares “panellets”, se acompañan con el tradicional moscatel, un vino dulce para postres que tiene su máximo protagonismo en estas fechas.

Su origen se remonta a del siglo XVIII derivada de los banquetes funerarios donde se comían legumbres o frutos secos. En el plano más espiritual este rito funerario perseguía una simbólica comunión con el alma de los difuntos. Siendo el proceso de asar las castañas, en concreto, el momento de mayor introspección en el que simultáneamente se rezaban las tres partes del rosario. El ritual perdió significado a lo largo de los años, pero no desterró de nuestra memoria la tradicional figura de la Castañera asando sus castañas en plazas o esquinas por toda nuestra geografía. Otra de las explicaciones que se derivan del origen de la Castanyada es que, durante la gélida víspera del Día de Todos los Santos, los campaneros se pasaban la noche haciendo sonar todas las campanas de las iglesias en los pueblos. Como era una tarea donde se necesitaba mucha energía, se comían castañas, panellets y boniatos para poder aguantar toda la noche y se regaba con un vino moscatel que era de gran ayuda para aliviar los rigores climatológicos de esas frías veladas.

Las castañas se comían asadas gracias a un entrañable personaje de estas fiestas, la castañera. Un símbolo sin precedentes a la que se representa con un abrigado traje tradicional y cuyo atuendo sigue existiendo a día de hoy, como vestimenta prioritaria de ese día en colegios y fiestas infantiles, donde niños y niñas van disfrazados con el mencionado traje tradicional.

HALLOWEN.

Halloween, es una festividad de origen druida, deriva de la expresión “Hallows’ evening” que significa justamente víspera de Todos los Santos. Según la Universidad de Oxford, sus orígenes se remontan a hace más de 3.000 años, cuando los pueblos celtas de Europa celebraban su año nuevo, llamado Samhain, en el que hoy consideramos el día 1 de noviembre. En la víspera de este festival de la cosecha gaélico se creía que los espíritus caminaban por la Tierra mientras viajaban al más allá, junto con otras criaturas, como hadas y demonios. Este ritual servía para despedir el dios del Sol, y dar la bienvenida a las noches cortas y frías que traía consigo el otoño. En estos rituales además de sacrificar animales a los dioses y reunirse alrededor de hogueras, los celtas llevaban disfraces, probablemente pieles de animales para confundir a los espíritus, o quizá para evitar que los poseyeran.

El concepto de la actual fiesta de Hallowen proviene de las costumbres exportadas a Estados Unidos a partir del año 1840 por inmigrantes fundamentalmente irlandeses. Estos difundieron una de las costumbres que sin duda se ha convertido en el gran icono de esta fiesta en Estados Unidos y Canadá, que no es otra que la costumbre de tallar los jack-o’-lantern, las calabazas gigantes huecas con una vela dentro.  A partir de entonces esta fiesta quedó arraigada pero no comenzó a celebrarse masivamente hasta 1921, cuando se celebró el primer desfile de Halloween en Minnesota. Su internacionalización definitiva se produjo a finales de los años 1970 y principios de los 1980 gracias al cine y a las series de televisión, especialmente cuando en 1979 se estrenó Halloween, de John Carpenter, una referencia del cine de terror.  El atractivo del siempre misterioso mundo oculto, la adrenalina generada por los sustos y el márqueting hicieron el resto.

Si en la tradición más Mediterránea la influencia cristiana y los productos típicos del otoño son los protagonistas, en la tradición anglosajona tallar calabazas, los famosos dulces de Halloween, el truco o trato, los disfraces fantasmagóricos, visitar atracciones embrujadas, contar historias de miedo o ver películas de terror son las actividades por excelencia.

En el Valle de Arán la localidad que mejor a sabido conjugar ambos mundos ha sido Tredós con un nutrido programa de fiestas donde se han conjugado por igual magia, sustos y tradición.

Será fruto de la globalización, pero un servidor este año ha celebrado la castanyada por la mañana en el colegio, ha disfrazado a los niños de monstruos para recorrer las calles del pueblo al grito de “truco o trato” por la tarde y después se ha ido de fiesta disfrazado de Catrina.

 Menos mal que me he guardado un par de panellets de piñones para reconciliarme conmigo mismo mañana en el desayuno.