Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Otoño en el Valle de Arán: Un Refugio de Colores y Sabores.

El Valle de Arán es un rincón mágico en los Pirineos catalanes que se transforma en un auténtico paraíso durante el otoño. Con sus montañas cubiertas de hojas doradas y su aire fresco y crujiente, este valle invita a una escapada que despierta todos los sentidos. En este post, te llevaré a descubrir la belleza del otoño en el Valle de Arán, reflexionaremos sobre su importancia en nuestras vidas, exploraremos encantadores pueblos y entornos naturales, y nos deleitaremos con la rica gastronomía local. ¡Prepárate para una escapada inolvidable!

La Magia del Otoño

El otoño es una estación de transición, un momento perfecto para reflexionar sobre lo que hemos vivido durante el año y prepararnos para lo que está por venir. En el Valle de Arán, esta época se siente especialmente intensa. Los árboles se visten con tonos cálidos: amarillos, naranjas y rojos que contrastan con el azul del cielo. Este espectáculo natural no solo es un deleite visual; también nos recuerda la belleza del cambio y la impermanencia.

La llegada del otoño nos invita a detenernos, recogernos y apreciar lo que tenemos. Es un tiempo para reconectar con nosotros mismos, disfrutar de la naturaleza y compartir momentos con nuestros seres queridos. Al igual que los árboles sueltan sus hojas, nosotros también podemos dejar ir lo que ya no nos sirve: viejas preocupaciones, hábitos o relaciones que han cumplido su ciclo. Este proceso de soltar puede ser liberador y transformador. En este sentido, una escapada al Valle de Arán puede ser la oportunidad perfecta para desconectar del bullicio diario y sumergirse en un entorno donde la tranquilidad reina.

Pueblos Encantadores

El Valle de Arán alberga varios pueblos que parecen sacados de un cuento. Uno de ellos es Vielha, la capital del valle. Aquí puedes pasear por sus calles empedradas, visitar la iglesia de Sant Miqueu y disfrutar de un paseo entre sus calles para después vistar su museo etnográfico y acabar la jornada entre los pinchos de sus numerosos bares y restaurantes.

Otro pueblo que no puedes perderte es Bagergue, conocido por su arquitectura típica aranesa y su ambiente acogedor. Este pequeño pueblo ofrece unas vistas impresionantes del valle y es ideal para realizar caminatas por senderos cercanos. Además se trata de unos de los pueblos certificados como los más bonitos de España. Aquí podrás disfrutar de la paz absoluta mientras contemplas el paisaje.

Finalmente, te recomiendo visitar Arties, un pueblo que destaca por su encanto y su rica historia. Sus calles estrechas y empedradas te transportan a tiempos pasados, y la iglesia de Santa María es una joya arquitectónica que merece una visita. Arties también es conocido por sus tradiciones y festividades, así que si tienes la suerte de coincidir con alguna celebración local, ¡no dudes en participar!

Entornos Naturales

El Valle de Arán no solo se compone de encantadores pueblos; también está rodeado de impresionantes paisajes naturales. Durante el otoño, los senderos se convierten en pasarelas de colores donde cada paso es un deleite para los sentidos. Una ruta muy recomendada es la Ruta del Bosque de Carlac, que te llevará a través de frondosos bosques llenos de vida. Aquí podrás escuchar el crujir de las hojas bajo tus pies y disfrutar del aire fresco mientras te rodeas de la belleza natural.

Si eres amante del senderismo, no puedes dejar de explorar el Circ de colomers, junto al Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de San Mauricio. Este paraje ofrece rutas adaptadas a todos los niveles y, en otoño, los lagos reflejan los colores del entorno, creando un espectáculo visual impresionante. La combinación de montañas, lagos y bosques hace que este lugar sea ideal para desconectar y recargar energías.

Gastronomía: Un Festín para los Sentidos

Una escapada al Valle de Arán no estaría completa sin disfrutar de su deliciosa gastronomía. La cocina aranesa es rica en sabores y tradiciones, con platos que reflejan la cultura local. Uno de los platos más desconocidos son sus «civet», un guiso elaborado con carne de caza que se sirve caliente y reconfortante, perfecto para los días frescos del otoño. El ambiente acogedor y la atención al detalle de casi todos sus restaurantes hacen que cada comida sea una experiencia memorable. Existen un sinfín de platos y delicias encabezadas por la famosa “Olla aranesa” pero conviene no olvidarse de probar cualquiera de las especialidades culinarias basadas en el pato, en especial el foie, reflejo de la influencia francesa en esta zona fronteriza. Los amantes de los dulces, pueden disfrutar de los “crespettes”, es un postre que no puedes dejar de probar y que mejora con ingredientes locales como las mermeladas de frutos silvestres o la miel, y que son el cierre perfecto para una comida en el Valle de Arán.

En resumen, el otoño en el Valle de Arán es una experiencia única que combina belleza natural, cultura y gastronomía en un entorno que invita a la reflexión y al disfrute. Cada rincón del valle cuenta una historia, cada plato es un homenaje a la tradición, y cada sendero es una oportunidad para reconectar con la naturaleza y contigo mismo. Así que, si estás buscando una escapada revitalizante, no dudes en considerar el Valle de Arán como tu destino. Permítete perderte entre sus paisajes de ensueño, saborear su deliciosa comida y sumergirte en la calidez de su gente. El otoño es el momento perfecto para disfrutar de todo lo que este mágico lugar tiene para ofrecer.  Recuerda que cada estación trae consigo su propia magia, pero el otoño nos regala una paleta de colores y sabores que despiertan nuestros sentidos y nos invitan a reflexionar sobre nuestras vidas. Así que haz las maletas, reúne a tus seres queridos y ven a descubrir el Valle de Arán en esta hermosa época del año. ¡Te aseguro que volverás renovado y lleno de recuerdos inolvidables!


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San Juan en el Valle de Arán

El inicio del verano cuenta con sus propias celebraciones y tradiciones. Una de las más importantes nos llega cada año en la noche del 23 al 24 de junio. Es, en este momento, cuando se celebra la tan conocida como esperada,  Noche de San Juan.

En numerosos puntos de nuestro territorio se produce esta fiesta en la que las hogueras cuentan con un gran protagonismo. Las comunidades autónomas bañadas por el Mediterráneo como Cataluña o la Comunidad Valenciana viven de una forma especialmente intensa esta jornada, en la que el fuego, es uno de los puntos clave sobre los que se sustenta dicha festividad marcada en rojo en todos los calendarios de nuestro país, en Cataluña además, los petardos y las cocas de “llardons” son los complementos ideales de un ambiente festivo para la noche más corta del año.

Aunque actualmente la noche del 23 al 24 de junio es una noche de fiesta entre amigos y familia, su origen inicial era diferente al de ahora. Se trata de una celebración pagana, cuyo origen está en la llegada del solsticio de verano. El fuego purifica y quema simbólicamente lo viejo y malo, con el fin de dejar espacio a nuevas oportunidades y deseos.

Los dos elementos básicos de esta celebración son el fuego y el Sol, y el hecho de encender las hogueras es una vieja costumbre de un antiguo culto al Sol. Se prendían para darle fuerza y para seguir iluminando el resto del año, a la vez que se pedía a los dioses un futuro próspero.

Más tarde, el cristianismo la trasladó a la fecha en la que la Biblia data el nacimiento de San Juan Bautista, cuya víspera de nacimiento se conmemora con hogueras y fuegos simbolizando la luz que San Juan trajo al mundo según los creyentes.

 Si bien es cierto que esta festividad tiene un marcado carácter Mediterráneo y que en algunos lugares se celebra con baños nocturnos en el mar.  En los Pirineos y Pre-Pirineos (en Catalunya, Aragón, Andorra y Francia) la fiesta de las fallas se celebra en más de sesenta pueblos y está considerada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. La localidad de Isil, en particular, recupera una celebración que se realiza desde tiempos inmemoriales. La celebración empieza por la tarde, si bien el momento culminante es por la noche, con la encendida de la Falla Mayor y el inicio de la bajada hasta llegar, sobre la medianoche, al pueblo, donde se encienden las hogueras y se realizan bailes tradicionales.

En otro de los destinos históricos de referencia como son las localidades de  Alàs y Cerc en el Alt Urgell, la bajada de las falles se celebra condicionada por las exigencias contemporáneas en un contexto de alto riesgo de incendios. Para minimizar sus efectos, no se encenderá el faro en la sierra de Les Peces y los falleros bajarán las fallas apagadas, iluminando el camino con medios alternativos como frontales o leds. Una vez dentro del núcleo urbano, y siempre que las condiciones lo permitan, se encenderán las fallas y se hará un recorrido urbano antes de encender la hoguera en la plaza Major. En la edición de este año de la bajada de las fallas de Alàs se prevé la participación de un total de 50 falleros y varios voluntarios que velarán por el cumplimiento de todas las medidas necesarias.

Pero sin duda uno de los lugares donde se puede vivir esta festividad de dos formas muy diferentes y en dos localidades muy próximas entre sí, es en el Valle de Arán. En concreto en las localidades de Arties y Les.

Fuente: Aran Nau

En la localidad de Les, el escenario del ritual es la Plaça deth Haro, donde sobre las 10 de la noche llega la procesión al ritmo de las danzas tradicionales de Es Corbilhuèrs de Les. Tras la bendición y encendido del haro por parte del sacerdote del pueblo, se le prende fuego y se procede a la quema de les “halhes”, una especie de antorchas fabricadas con corteza de cerezo que se hacen girar describiendo círculos, danzando y simulando una lucha para purificar y quemar los malos espíritus. La ceremonia finaliza con un baile alrededor del haro encendido, un tronco de abeto de más de 10 metros de altura mientras en la plaza se sirve el “vin caud”, vino caliente con azúcar, ron y fruta que se toma junto a la tradicional coca de Sant Joan.

En la vecina localidad de Arties, llegado el día, eth Taro se enciende y arrastra por sus calles y plazas, acompañado de música y de los vítores de los asistentes, en un recorrido que se detiene regularmente, para que los más atrevidos se atrevan a atravesar las llamas saltándolo por encima. Eso si, bajo un estricto código de buenas prácticas y normas de cortesía que garantizan la ausencia de accidentes indeseados. El ritual se prolonga hasta altas horas de la madrugada y termina delante de la casa del alcalde, donde se deja, totalmente carbonizado. Según la tradición, las cenizas de Eth Taro protegen, purifican y fertilizan, por lo que al esparcirlas por todo el pueblo alejan a los malos espíritus.

Aunque el final del “Taro” o “Haro” es el inevitable en ambas localidades. Su elección se vive con una ritualidad y festividad absolutamente afables. Aproximadamente un mes antes de la fiesta tiene lugar la llamada “Tallada deth Taro”. Una expedición de hombres sale a buscar el taro -el tronco que puede llegar a medir más de 10 metros- lo cargan hacia el pueblo y lo preparan para su exposición y quema un año más tarde.

Es resto de la experiencia os recomiendo que la viváis personalmente el próximo 23 de junio por la noche en cualquiera de estas bonitas localidades…!!!