Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Menorca, el sol y playa más sostenible.

A estas alturas ya sabéis de mi debilidad por compartir lugares y actividades turísticas que hagan gala de una especial sensibilidad por mantener la biodiversidad y ser lo más respetuosos posibles con el medioambiente y el entorno en el que se ubican.

La mayoría de ellos consiguen algún tipo de reconocimiento o distintivo que así lo acreditan, sin embargo el destino del que hoy voy a hablaros no solo tiene uno sino que podríamos decir que literalmente los colecciona a pares y además está dentro de nuestras fronteras.

A Menorca, sus playas turquesas bordeadas de pinos y la calma de sus parajes naturales, le sirvieron para ganarse el sobrenombre del “Caribe Mediterráneo”. Sin embargo, su declaración de reserva de la biosfera por parte de la UNESCO en 1993, pusieron en relieve que estábamos frente a un tesoro más valioso. Uno de los 400 a nivel mundial que merecen una mención especial por haber conseguido un envidiado equilibrio entre el desarrollo de las actividades económicas, el consumo de sus recursos, la conservación de un patrimonio y de un paisaje que ha mantenido, y sigue manteniendo hoy, una calidad excepcional.

Menorca está vertebrada en sus extremos por sus dos ciudades más importantes al abrigo de sendos puertos naturales. Ciutadella al oeste y más próxima a la Península, aún conserva un aire medieval y aristocrático, ya que fue la capital económica, cultural y verdadero centro de poder desde el que se gobernó la isla hasta que se trasladó su capital a Mahón bajo la dominación inglesa del siglo XVIII. Mahón, su actual capital, preside un puerto natural de 7 kilómetros que la han convertido desde hace siglos en un codiciado punto estratégico en la ruta del Maditerraneo prueba de ello es su abultada y convulsa historia. Pasó de manos de los ingleses a las de los franceses y posteriormente a las de los francoespañoles. No fue hasta los primeros años del siglo XIX cuando volvió a manos españolas.

Pero a pesar de la rica historia de esta isla, al parecer sus tesoros empiezan en la prehistoria, y es precisamente la riqueza y el estado de conservación de sus yacimientos lo que le ha valido a la isla ser reconocida nuevamente por la Unesco.  Que inscribió el pasado 18 de septiembre a los monumentos prehistóricos talayóticos de Menorca y su paisaje, en el listado de Patrimonio Mundial de la Humanidad en el marco de la asamblea anual que se celebró en Riad, capital de Arabia Saudí.

Según la agencia de la ONU, la Menorca Talayótica conforma un conjunto arqueológico que posee una autenticidad y un valor excepcional, y es testimonio único de una civilización pasada, presente en la isla y en su paisaje desde hace 4.000 años.

Menorca es también un lugar perfecto para llevar a cabo unas vacaciones sin entrar en conflicto con las mejores prácticas de sostenibilidad turística.

Por un lado, hay muchas rutas de senderismo y ciclismo disponibles por el Camí de Cavalls, un sendero de 185 km totalmente natural y único que rodea la isla siguiendo su antigua ruta de vigilancia y defensa. Por el otro lado, podrás disfrutar de excursiones en kayak y de buceo en reservas naturales. Menorca, al ser una isla Reserva de la Biosfera, tiene un sinfín de espacios protegidos donde admirar su rica vida marina.

En el apartado de la alimentación, la cocina de la isla se basa en el pescado y el marisco local pero sin olvidar su agricultura. En los principales mercados todavía quedan pequeños puestos de frutas y verduras cultivadas en pequeños huertos familiares y en ninguno de los mercados que visitamos encontramos alimentos producidos en masa ni procesados. En todos ellos la elaboración artesanal y la producción de Km. 0 parecen estar muy presentes. En el apartado gastronómico son imprescindibles la caldereta de langosta, la sobrasada, sus ensaimadas y una copa bien fría de Binitort, un blanco afrutado que recoge la propia esencia y frescuras de la isla.

Y aunque escoger siempre es difícil y dependerá de los días que tengas, ahí va lo que creo que no deberías perderte en la isla.

1.- Sus playas y calas.

A ver quién se atreve a decir aquí que no le gusta la playa…!!! Las hay para todos los gustos, de arena blanca, de piedra, entre acantilados, de arena rojiza, con todos los servicios o perdidas en mitad de la nada… una increíble variedad con el común denominador de sus aguas cristalinas y su riqueza subacuática. Las más conocidas son probablemente las de Macarella y Macarelleta, pero yo os aconsejaría haceros con unas gafas de snorkel y perderos por el escollo de Ferragut de la playa de Cavallería un verdadero espectáculo, eso sí, siempre que la Tramontana lo permita.

2.- La naveta dels Tudons y la Menorca Talayótica.

La naveta des Tudons, es el edificio más antiguo de Europa y sin duda el monumento más famoso de la isla. Los restos arqueológicos de las primeras comunidades que vivieron en Menorca han marcado y han caracterizado el patrimonio y el paisaje de la isla. La cultura talayótica se singulariza del resto de culturas contemporáneas del Mediterráneo occidental porque presenta unas características únicas que la diferencian del resto; de hecho, la taula es un monumento exclusivo de la isla de Menorca.

3.- Un paseo en kayak.

Es una de las actividades más increíbles de la isla y que os permitirá descubrir algunos de los lugares más bonitos de Menorca de una forma diferente, las cuevas y calas más conocidas y paradisíacas de la isla se ubican al sur pero si estáis en el norte es una actividad que podéis hacer desde Es Grau hasta la isla de Coloms y que seguro no os dejará indiferentes.

4.- Visitar Ciutadella y Mahón.

Imprescindible callejear por ellas para entender los dos momentos históricos más importantes de la isla, su posición estratégica e influencia en el Mediterráneo y porque ha sido codiciada por todas las civilizaciones que han llegado a sus costas desde tiempos inmemoriales.

5.- Perderse por las estrechas calles de Binibeca.

Su cuidada arquitectura y el blanco inmaculado de las fachadas de las viviendas recuerdan a las casas de los pueblos pesqueros de antes. Sencillo y muy tranquilo, hoy día Binibeca es un punto turístico de obligada visita si recorres la isla durante las vacaciones. Eso sí, para visitarlo numeroso carteles recuerdan que se debe respetar la tranquilidad y el silencio que el pueblo ofrece. Un insignificante sacrificio para mantener la magia y el ambiente del lugar.


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Costa Rica… ¡¡¡ Pura Vida !!!

Recién aterrizado en San José, el principal aeropuerto del país, recibía de un asistente de vuelo el que sería el mantra más repetido durante toda mi estancia en Costa Rica:

– ¿Las Maletas…?

– Al fondo.

– Gracias.

– Pura Vida…

Reconozco que no caí en la coletilla hasta pasadas un par de horas y la escuché por tercera o cuarta vez, en esta ocasión, ya entrando en el hotel. En aquel momento me pareció que toda aquella amable gente se había aprendido muy bien el eslogan de un país que aspira, sino lidera ya, uno de los modelos de turismo responsable y conservacionista más importantes del planeta. Hoy, doce días más tarde, me parece una declaración de intenciones llena de energía, positivismo y confianza en la humanidad, cuya comparación probablemente, tan solo es capaz de sostener el popular y espiritual “Namasté”.

Con “Pura Vida…”, lo mismo te saludan, te despiden, te agradecen o te muestran admiración. Pero sobretodo lo que logran con este famoso lema es tu conversión a una filosofía y forma de ver el mundo basadas en la paz y el respeto. Si desde el Himalaya reconocen lo mejor que hay en tu interior, los Ticos, te lo comparten y empapan sin mesura, como si de uno de sus aguaceros tropicales se tratasen.

Costa Rica es un país con un 26% de su territorio protegido y una clara apuesta por la conservación ambiental y por la biodiversidad como principal reclamo turístico. Pero además es uno de los pocos países del mundo sin ejército, la prohibición del mismo como institución permanente está recogida en su propia Carta Magna, el presupuesto que destinaría a mantenerlo se destina a necesidades de carácter social entre las que destaca la educación. Actualmente Costa Rica está realizando una clara apuesta por colocar al talento humano como base de su industrialización y los resultados parecen darles la razón, ya que en apenas 30 años han pasado de tener como principal producto de exportación, a los dispositivos médicos en lugar del café.

Este pequeño país con una superficie de 51.100 km2., algo menos que la suma de las comunidades de Cataluña y Valencia juntas, reúne en su territorio hasta un 6% de la biodiversidad de todo el planeta y con más de 500.000 ejemplares distintos no se descarta que sus selvas escondan aún nuevas especies. Uno de los secretos de esta fiesta de la naturaleza, se explica por su espectacular geografía y su ubicación intertropical. Costa Rica está bañada por dos mares, el Caribe al Este y el Océano Pacífico al Oeste, y sus montañas van desde el nivel del mar hasta los 3821 m de su techo, el Cerro Chirripó, en el Parque Nacional que le da nombre. Esta exuberancia no deja indiferente a nadie, ni siquiera a sus habitantes, que desde 1963 crearon la primera reserva natural y una red de observatorios biológicos. Actualmente su Organización para Estudios Tropicales agrupa más de 63 instituciones científicas y universitarias de América Latina, Estados Unidos y Australia. El ejemplo de la importancia que se le da al tesoro más preciado de Costa Rica llega hasta su propia organización administrativa y ministerial, el órgano encargado de gestionar su red de parques nacionales, el SINAC que fué creado en 1994; es un departamento del Ministerio del Ambiente y Energía encargado del mantenimiento, organización y planificación estratégica de todas las áreas protegidas del territorio. Poner los recursos energéticos en la misma cartera que el medioambiente ha hecho, por ejemplo, que a pesar de la riqueza de su subsuelo, Costa Rica no haya explotado nunca la extracción de mineral como una de sus fuentes de riqueza. Una bocanada de esperanza frente a los constantes ataques en favor de los beneficios, y un claro ejemplo de que se puede conseguir la tan ansiada prosperidad sin renunciar al bienestar de nuestro entorno.

Con un entorno natural semejante, son muchos los atractivos turísticos que ofrece un país como Costa Rica. En mi opinión los principales se concentran en la visita a espacios naturales, las actividades de aventura y sus playas, frontera natural entre el mar y la selva. Además, la calidez de sus gentes y su carácter hospitalario hacen que sea un destino bastante seguro si se toman unas mínimas precauciones. Aunque escoger siempre es difícil y dependerá de los días que tengas, ahí va lo que creo que no te deberías perder en el país Tico.

1.- Parque nacional de Tortuguero.

Esta es una de las áreas silvestres de mayor diversidad biológica de Costa Rica y ofrece uno de los paisajes más exuberantes del país. Posee un bosque tropical muy húmedo. Estas condiciones climáticas favorecen la existencia de poco más de 400 especies de árboles y alrededor de 2200 especies de otras plantas, así como más de 400 especies de aves, 60 especies de anfibios, 30 especies de peces de agua dulce y diferentes mamíferos en peligro de extinción: dantas, monos, manigordos, jaguares, manatíes, perezosos y otros. En Tortuguero son característicos los canales, lagunas y ríos de gran belleza escénica y que pueden ser recorridos por botes, canoas y kayaks para disfrutar de su maravilloso paisaje. Además de la tortuga verde otras tres especies de quelonios desovan en las playas del parque.

2.- Parque Nacional Volcán Rincón de la Vieja.

Se encuentra ubicado en la provincia de Guanacaste, considerada la cuna del folklore de Costa Rica. Este parque nacional comprende al macizo donde se ubica el Volcán Rincón de la Vieja. Tiene una extensión de 14.083 ha. y presenta dos sectores: Las Pailas y Santa María. Cuenta con nueve conos, una laguna, diversos cráteres y cataratas. Pero sin duda lo más característico es la visita a sus fumarolas y volcancitos de barro. Además el Rincón de la Vieja tiene su propia leyenda y es uno de los mejores lugares para disfrutar de las aguas termales del país.

3.- Parque Nacional del Volcán Arenal.

El Parque Nacional Volcán Arenal se localiza en la región noroeste de Costa Rica a 15 km de Fortuna. Es uno de los destinos más visitados de la Zona Norte, cuenta con varios senderos los cuales permiten la observación de gran parte de la flora y fauna del parque así como de restos de las coladas de lava. En la entrada del camino principal a Cerro Chato está la Catarata La Fortuna, una de las joyas del lugar con 70 metros de altura y pozas para refrescarse.

4.- Golfo de Papagayo

Costa Rica ocupa un lugar privilegiado por la riqueza de sus playas, comprende 1.228 km de litoral, de los cuales 1.016 km son de la costa del Pacífico y 212 km en el mar Caribe, ambas separadas por apenas tres horas en vehículo. Esta riqueza permite el disfrute de la playa como medio de esparcimiento, deporte y descanso. Se trata de playas arboladas, con espacios naturales y de relativa poca afluencia de turistas, las ubicadas en la zona de Guanacaste ofrecen aventura y una amplia variedad de actividades. acuáticas.

5.- Canopy, tirolinas y puentes colgantes.

Una de las actividades que ha impulsado y dado a conocer el turismo de aventura en Costa Rica, es la tirolesa o canopy como comúnmente se le llama. Esta actividad consiste en el desplazamiento a diferentes velocidades, sujetándose a cables de acero suspendidos entre plataformas que están localizadas en las copas de los árboles. Vale la pena aventurarse a un encuentro con las impresionantes estructuras de los puentes colgantes, donde apreciar más de cerca los paisajes de ríos, el dosel del bosque, la sensación de las profundidades y aprender cómo funciona la vida en las copas de los árboles. Una actividad que no deja indiferente a nadie.


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La Palma, turismo activo y consciente.

La riqueza de la isla está fuera de toda duda y en el transcurso del mismo día puedes llegar a pensar que has pasado de una selva tropical, a unas laderas alpinas y por el camino haberte perdido entre la colada de un volcán. Si encima te han acompañado las nubes en el Roque de los Muchachos, la imagen de sus telescopios te permitirá soñar incluso con haber salido de este planeta. Pero para ponerlo todo en orden y que la disfrutes como lo hice yo, paso a enumerarte lo que para mí son los imprescindibles de una isla pensada para ser caminada. Ya te avanzo que su riqueza cultural, patrimonial y paisajística no va a caber de ninguna de las maneras en un solo post.

Llega el buen tiempo y con él las ganas de viajar. Este año además, el buen ritmo de vacunaciones permite adivinar una luz al final del túnel que anima aún más a disfrutar de una libertad que reclamamos ansiosamente después de muchos meses de prohibiciones.

Personalmente creo que tras un año y medio, es también tiempo de demostrar que hemos aprendido algo más que cuatro nuevos vocablos relacionados con el mundo de la sanidad, y que la elección de nuestros destinos turísticos deberían empezar a reflejar esos nuevos propósitos de consciencia medioambiental, respeto por el planeta e interacción positiva con los ecosistemas que visitemos. No es que pretenda que todo el mundo dedique ahora sus vacaciones a realizar un voluntariado en un entorno rural, – aunque ahí dejo una idea…- eso obviamente podría saturar los pocos lugares que se dedican a ofrecer este tipo de actividades. Sobretodo porque la mayoría los demandaríamos en Julio y Agosto, -y por cierto, ahí dejo otra idea…- . Para empezar puede ser suficiente con escoger un destino que haya adquirido el compromiso de mantener el equilibrio entre la conservación de su biodiversidad, su cultura y el implacable desarrollo económico y social. Cuidando, en todo momento, la relación entre las personas y la naturaleza. Esos lugares reciben un distintivo que otorga la UNESCO y les reconoce como Reservas de la Biosfera.

La isla de la Palma, en el archipiélago de las Canarias, goza del distintivo de Reserva Mundial de la Biosfera desde el año 2002 y lo primero que llama la atención es que no ha sido un label fácil de conseguir en el que haya bastado con la tradicional gestión administrativa realizada por los representantes de un paraje precioso. Sino que ha sido el compromiso reafirmado y ampliado año tras año de toda la población desde que consiguieran su primer reconocimiento en 1983. Aquel año, las apenas 511 hectáreas de los municipios de los Sauces y San Andrés enseñaron el camino para que el el 2012 la reserva de la biosfera ya contase con 87.251 hectáreas, de las cuales, 70.832 hectáreas eran terrestres y 16.419 hectáreas marinas. Eso es la totalidad de la isla y buena parte del mar que baña su costa suroeste.

La Caldera de Taburiente.

Mirar hacia sus picos de más de 2000 mtrs. de altura desde prácticamente el nivel del mar es algo que impresiona a cualquiera, cuando te explican que lo que ves es lo que queda de un volcán que alcanzó el doble de ese tamaño es cuando te empiezas a dar cuenta de que todo lo que visitarás tiene un carácter tan colosal como épico. Actualmente es un Parque Nacional que representa a la perfección el ecosistema del pinar canario, atravesado por sus riachuelos y cascadas y con una red de senderos que te permite explorar una belleza sin límite. Si lo tuyo es hacer las fotos en sandalias, los miradores de la Cancelita, la Cumbrecita y los Brecitos te permitirán disfrutar de sus vistas sin dar un paso, aunque debo advertirte que para mí, eso limita y mucho la verdadera experiencia.

El Roque de los Muchachos.

Con sus 2426 mtrs. es el techo de la Caldera, pero además de sus impresionantes vistas y de la red de senderos que lo atraviesan se caracteriza por ser el enclave del Observatorio Astrofísico del Roque de los Muchachos. Una de las tres baterías de telescopios más importantes del mundo. Y es que por si encontraras pocos alicientes entre sus parques y costas, mirar hacia el cielo de la Palma es una de esas experiencias garantizadas. Así lo entiende la comunidad científica internacional que ha determinado que sus cielos reúnen una de las mejores condiciones para la investigación astronómica en todo el planeta.

Volcán de San Antonio y Salinas de Fuencaliente.

Desde el centro de interpretación del Volcán de San Antonio hasta las Salinas de Fuencaliente se abre paso uno de los recorridos a pie más impactantes de la Isla. Sus panorámicas sobre las viñas incrustadas sobre la tierra negra añaden al paisaje volcánico y a las salinas junto al mar, el aliciente de disfrutar de uno de los cultivos de malvasía más ricos de nuestro país. El itinerario de unas 2-3 horas transcurre cuesta abajo siguiendo el recorrido del GR 131/E7 que atraviesa buena parte de la isla. Al final del camino puedes visitar la Salinas de Fuencaliente, toda una institución en la isla, y disfrutar de la particular estampa de sus dos faros. Imprescindible calzado apropiado para caminar, agua, crema solar y gorra.

Bosque de los Tilos.

Esta es la parte más selvática de la isla y la primera que consiguió el certificado como Reserva de la Biosfera. Ubicado en el Parque de las Nieves alberga uno de los bosques de laurisilva más importantes del archipiélago canario. Se trata de un ecosistema heredado de la época terciaria donde te llamarán la atención su frondosidad, sus helechos gigantes, y su fauna. Llama la atención que disfruta de dos especies de palomas endémicas, la turqué y la rabiche.  Su ruta más famosa y larga es la que llega hasta los Nacientes de Marcos y Cordero, pero también tienes recorridos más cortos como la que llega al Mirador del Espigón o el de las Barandas. Imprescindible acercarse a la popular cascada de los Tilos, más propia de una selva amazónica que de un bosque de nuestras latitudes.

Además de lo ya descrito, sus piscinas naturales, el pasado colonial de su capital, su gastronomía, su cultura y sus paseos por extintos caños volcánicos le han valido el conocido y merecidísimo sobrenombre de «la isla bonita».