Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Porque no nos gusta la nueva normativa sobre apartamentos turísticos… a pesar de ser hoteleros.

¿Recuerdan aquella máxima de todo por el pueblo, pero sin el pueblo? Pues la nueva ley sobre los apartamentos turísticos tiene un tufillo que me recuerda mucho a ello. La idea de que una administración tome medidas en nombre del pueblo, pero sin tener en cuenta sus opiniones o intereses, al menos la de los municipios sobre las que mayor impacto va a tener esta nueva normativa, recuerda mucho a esta expresión tan conocida cuyas raíces se sitúan en el despotismo ilustrado del siglo XVIII.

Si, lo sé, a algunos les parecerá exagerado y este es el primer motivo por el que no me gusta esta ley. Porque en realidad está basada en un intervencionismo sin ninguna clase de complejos y una idea paternalista del estado que desgraciadamente cada día resulta más familiar para los ciudadanos. Últimamente parece que basta con rebozar la normativa de un problema social que afecte a la mayoría para tener patente de corso y hacer cualquier cosa.  Personalmente creo que la idea de que para legislar ya no haga falta ni siquiera un estudio previo del impacto que generará una ley, es ya de por si bastante aterradora.  

Pero no desesperemos, voy a ver si consigo explicar porque considero que es una ley trampa que no ha venido para acabar con el problema de la vivienda.

  1. En primer lugar, pone el foco en la actividad turística como la única causante de los problemas de vivienda, y aunque es cierto que en ocasiones la actividad turística contribuye a tensionar el mercado residencial en algunos lugares. No es menos cierto que el problema de la ausencia de vivienda no obedece únicamente a esta circunstancia. La absoluta ausencia de una política estructural de vivienda pública que se destine a alquileres regulados bajo el control de la administración y la nula promoción de vivienda social en los últimos 15 años en lugares como el Pirineo también tienen mucho que ver.
  2. Ignora el tejido empresarial y económico que ha surgido en torno a este tipo de alojamientos desde su aprobación en el 2015. Hoy ni siquiera los propios hoteleros dudan de que limpiadoras, empresas de mantenimiento, gestoras, supermercados y ofertas de restauración también han venido aportando riqueza al territorio y han ayudado a fijar población en zonas donde no siempre es tan evidente que se pueda crear otro tipo de oferta de empleo. Lo explicaré de otra manera, en muchas zonas del Pirineo está claro que si eliminamos el turismo sobrarán viviendas. Viviendas y personas.
  3. La idea de que eliminando el alojamiento turístico aflorarán automáticamente viviendas para el mercado residencial o de alquiler, es de una ingenuidad que roza lo infantil. No es que no pueda pasar en algún caso aislado pero lo más probable es que la mayoría de esas viviendas que se ubiquen en lugares turísticos pasarán a engrosar la lista de segundas residencias vacías, esas que acaban por generar urbanizaciones fantasmas incapaces de aportar nada al municipio más allá de la tasa del IBI.  
  4. Ignora los problemas reales de la gente para poder acceder a una vivienda. Como si la accesibilidad financiera, la ausencia de ayudas, la falta de un marco que proteja a arrendadores y arrendatarios, la falta de promociones con viviendas a precios accesibles, la constante especulación inmobiliaria sin ningún tipo de regulación y en ocasiones fomentada desde las administraciones, (como cuando se decidió incentivar el mercado entre compradores extranjeros otorgándoles la residencia a cambio de invertir en bienes inmuebles 500.000 €), la ausencia de un desarrollo urbano sostenible con suficientes infraestructuras y servicios en barrios periféricos donde el alojamiento es más barato, la falta de incentivos fiscales para promover el alquiler y la vivienda residencial, y un largo etcétera que seguro que también se te han ocurrido a ti, no tuvieran nada que ver en ello.
  5. Traiciona la idea de que el éxito de una política de vivienda depende de la comprensión y la consideración de múltiples factores y distintos agentes. Su implementación exige la colaboración entre diferentes administraciones, el sector privado y la sociedad civil.
  6. La Ley no recoge ni una sola medida para hacer frente a la verdadera lacra del sector de la Hostelería que son los alojamientos ilegales. A pesar de tener las competencias y de las quejas históricas de los hosteleros, la Generalitat se ha mostrado absolutamente ineficaz en la lucha contra esta competencia desleal.  El nuevo Decreto, sorprendentemente, ignora esta circunstancia.
  7. Vende la equivocada idea de que la solución a los problemas más complejos de la sociedad se basa en el “café para todos”, e ignora las consecuencias de aplicar recetas muy sencillas a problemas que en realidad son muy complejos.    
  8. El enfoque contribuye a una turismofobia que enfrenta a personas que forman parte de la misma comunidad. La idea de que hay empresas multinacionales que gestionan los recursos inmobiliarios de fondos buitres y que expulsan a los vecinos de sus casas quizás sea muy vendible en las grandes capitales, de hecho, es probable que allí sea cierta. Aunque en las grandes ciudades no se vean obligados a aplicar esta ley, debido a la alta densidad de población que habita en relación con los alojamientos turísticos. Pero os puedo asegurar que choca, y mucho, con la realidad de infinidad de municipios turísticos donde la multinacional es en realidad una persona con un contrato temporal y una vivienda como únicos ahorros y/o plan de pensiones para complementar sus ingresos.       

Dejo al margen el hecho de que ni dentro de las mismas formaciones políticas existe unanimidad en cuanto a este tema. El decreto tiene fans y detractores dentro de los mismos partidos por igual, lo que es una muestra de lo relevante que resulta para las economías locales y los municipios afectados ya que ni siquiera en aquellos lugares donde podría formar parte de la solución, lo hace respetando la autonomía y la administración locales. Mal comienzo para un consenso que debería ser mayoritario ya que de lo que se trata es de poner remedio al problema del acceso a la vivienda y buena parte de las políticas que deben acompañar esta medida surgen precisamente del ámbito municipal.

En resumen, ¿un punto de partida…?. Quizás.

 ¿Una solución por sí sola…? Desde luego que no.


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El nuevo Decreto sobre alojamiento Turistico en Cataluña: Followers vs Hatters (2)

Al hilo de la controversia generada por el proyecto de ley de pisos turísticos en Cataluña, entidades y entes locales del Alt Pirineu y Aran han elaborado un manifiesto para dar apoyo al decreto ley aprobado en noviembre por el Govern para regular los pisos turísticos. Denuncian que las Viviendas de Uso Turístico (HUT) se han multiplicado por cuatro en los últimos ocho años y han pasado de 1.298 en el 2015 en 4.719 a mediados de 2023. Eso ha provocado a su juicio una grave crisis de vivienda, ya que cada vez hay menos casas disponibles y las que hay tienen unos precios de alquiler que ya superan el «máximo histórico» o están a punto de hacerlo.  El manifiesto da de esta manera apoyo al decreto ley para limitar las viviendas turísticas que el Govern aprobó en noviembre.  Consideran que la nueva normativa tiene que servir para «reequilibrar» la oferta de viviendas de uso permanente, que en los últimos años ha caído en contraposición con la de apartamentos turísticos, que no ha parado de crecer. También ayudará, dicen, a regular los precios de compra y alquiler, que actualmente son inasumibles para mucha de la gente que vive en el territorio.

Hay que entender que el número de Viviendas de Uso Turístico (HUT) en el Alt Pirineu y Aran se ha multiplicado por cuatro desde su regulación el año 2015. Se ha pasado de 1.298 a 4.719 a mediados del 2023. A modo de ejemplo, los pisos turísticos de la Val d’Aran podrían alojar el 80% de su población. En el caso del Alta Ribagorça se alojaría al 63% y en el Pallars Sobirà, el 55% de la gente que vive allí.

La falta de vivienda ha ido acompañada de un incremento sin traba de los precios de alquiler, que ya superan, según el documento, «el máximo histórico en precios de alquiler o están a punto de hacerlo». Por ejemplo, un piso en la Val d’Aran que hace 8 años valía 600 euros en el mes hoy cuesta, «mínimo», unos 1.200 euros, ha dicho al vicepresidente de la Diputación de Lleida, Juan Antonio Serrano.

Esta situación provoca situaciones «completamente dramáticas» en el territorio. «Pisos con sobreocupación, trabajadores viviendo en autocaravanas, familias arraigades en el territorio que ven cómo no los renuevan el contrato de alquiler porque quieren transformarlo en pisos turísticos, una dificultad añadida para encontrar profesionales sanitarios y de todo tipo, e incluso, estafas en internet» de ofertas falsas, ha citado al vicepresidente Serrano.

Por su parte, Joan Talarn, actual Presidente de la Diputació de Lleida,  se ha mostrado favorable a «todas aquellas herramientas que sirvan para que la gente tenga una vivienda» y ha dicho que eso es compatible con la capacidad turística del territorio. «Es fácil entender que se pueden complementar las dos sin que una duela a la otra y con la capacidad que haya proyectos de vida justamente porque hay una oferta de trabajo y la gente se puede quedar, pero que también tengan vivienda», ha incidido.

En el resto de Cataluña las viviendas turísticas están ubicadas principalmente en las provincias de Barcelona, Girona y Tarragona, lo que representa apenas el 2,5% del parque residencial de toda la comunidad autónoma. En el caso de Barcelona, el peso es todavía más bajo (un 1,14% del parque, con 9.470 viviendas de uso turístico sobre las 827.000 viviendas totales). A pesar de ello, desde Apartur aseguran que los apartamentos turísticos generan el 6% del PIB de Cataluña. “Es mucho empleo, mucha actividad y muchos servicios sociales que se pagan con los impuestos que se recaudan”, según Enrique Alcántara-García, presidente de APARTUR.

La asociación calcula que, solo en la capital catalana, cada piso turístico genera más de 1.500 euros en impuestos al mes. Y que empresas de diferente índole trabajan de forma directa en el sector: gestoras de apartamentos, empresas de reformas y mantenimiento, decoradores, empresas de ‘software’, lavanderías, empresas de servicios de limpieza…

Desde las principales asociaciones también recuerdan que las viviendas turísticas suponen el 46% de la oferta de alojamientos vacacionales, con más de medio millón de plazas, y que estas cifras se han alcanzado gracias a la elevada demanda. Una demanda en la que cada vez pesan más los perfiles jóvenes, las familias y mayores de 65 años.

Así lo manifestaba también un estudio reciente de Fevitur, la patronal del sector en España, que cifraba en más de 20.000 millones de euros la aportación económica de las viviendas vacacionales en el conjunto del país durante 2022, incluyendo el gasto en alojamiento y en otros como la restauración, las compras o el ocio. 

Desde la Federación Catalana de Apartamentos Turísticos (FEDERATUR) lamentan que, a pesar de todo ello, este sector esté en el foco de las propuestas políticas. “Nos están usando para algo que no sirve. Hay una crisis de vivienda, pero atribuirnos el problema no va a salir bien. Hay que tener en cuenta las preferencias de los usuarios. Somos una opción real que tiene que existir en el mercado”, concluye el presidente de FEDERATUR.


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El nuevo Decreto sobre el alojamiento Turístico en Cataluña (1)

La Generalitat de Cataluña ha dado este pasado 7 de noviembre luz verde a la nueva regulación de los pisos turísticos. Una normativa que se lleva gestándose desde el pasado verano y que, a grandes rasgos, trae más restricciones y exigencias al mercado, bajo la idea de promover la vivienda para residentes especialmente en las zonas más tensionadas por el turismo. Este Decreto Ley persigue regular las viviendas de uso turístico mediante la obtención de una licencia urbanística previa y de una autorización turística en un total de 262 municipios de Cataluña, según el comunicado oficial.

En esas localidades, según la Generalitat, presentan problemas de acceso a una vivienda permanente o que ya tienen más de 5 pisos turísticos por cada 100 habitantes, o que cumplen ambos requisitos. En todos ellos, los ayuntamientos «no podrán otorgar licencias de apertura de pisos turísticos hasta que adapten su planeamiento urbanístico al nuevo Decreto-ley.»

Según ha explicado la consejera de Territorio, Ester Capella i Farré, «el objetivo prioritario del Govern es que la vivienda se convierta en un derecho fundamental, utilizaremos todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para garantizar el uso social de la vivienda». Y ha recordado que «Cataluña tiene competencias exclusivas en materia de vivienda, urbanística y de consumo y nosotros las queremos ejercer todas, todas al servicio de garantizar derechos de ciudadanos y para construir el derecho fundamental que debe ser el acceso a la vivienda”.

La consejera de Territorio ha incidido en que «la aparición del fenómeno de los pisos de uso turístico es una de las causas de la disminución del número de viviendas que se alquilan como alojamiento permanente», lo que «dificulta el acceso de las personas y familias a un hogar habitual en un momento de crecimiento de la demanda de alquiler y en un contexto de incremento de la población catalana». De ahí que el Govern haya decidido aprobar una nueva regulación, para lo que ha modificado el texto refundido de la Ley de urbanismo.

Los cambios afectan a los 140 municipios considerados como mercado tensionado, según la Generalitat, donde se prevé aplicar el tope a las rentas de la Ley de Vivienda. A ellos se suma los municipios donde hay más de cinco pisos turísticos por cada 100 habitantes.

En estos casos, añade el Ejecutivo autonómico, «los ayuntamientos tendrán que modificar su planeamiento urbanístico para permitir expresamente la compatibilidad del uso turístico con el de vivienda. Esto sólo será posible si, al mismo tiempo, también pueden justificar que cuentan con suelo suficiente para viviendas destinadas al domicilio habitual y permanente de la población residente. Y, en cualquier caso, podrán otorgarse como máximo 10 licencias de pisos turísticos por cada 100 habitantes en estos 262 municipios».

Otra de las claves de la nueva normativa es que los pisos turísticos existentes y debidamente habilitados en los 262 municipios en los que se aplicará el cambio regulatorio deberán renovar sus licencias para poder operar de forma legal. Los titulares dispondrán de un margen de cinco años para pedir la nueva licencia urbanística, a contar desde la entrada en vigor del Decreto ley, o tendrán que cesar la actividad.

Los Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (API) de Cataluña ya han advertido de que los principios del decreto anunciado por la Generalitat para regular los pisos turísticos tienen «un carácter ideológico y no tienen cabida en la realidad económica y jurídica del país». También avisan de que «no hay ninguna garantía de que las viviendas que dejen de destinarse a uso turístico pasen al alquiler de larga duración».  El texto que ha anunciado la Generalitat establece que en 262 municipios no podrá haber más de 10 apartamentos turísticos por cada 100 habitantes: según los API, eso obligará a cerrar 28.000 en 47 municipios en un máximo de cinco años.  Subrayan que Cataluña y toda España son lugares cuyo principal motor económico es el sector de servicios y cuya economía está enfocada al turismo, «razón por la que Barcelona y Madrid están entre las ciudades más visitadas del mundo en la gran mayoría de rankings del sector turístico». En ninguna de estas ciudades debería aplicarse la norma debido a la mayor densidad de población. Aunque según esta nueva normativa, los Ayuntamientos podrán ampliar los requisitos que se establecen para poder tener esta actividad, añadiendo la condición de que se tiene que obtener una licencia urbanística.,

La Federación Catalana de Apartamentos Turísticos (FEDERATUR) y la Asociación de Apartamentos Turísticos de Barcelona (APARTUR) califican de irresponsable el decreto ley para regular los pisos turísticos. El sector de los apartamentos alza la voz contra una modificación de la ley que consideran «precipitada, contraria a derecho y de nula efectividad» y para la que no se ha tenido en cuenta la opinión del sector.

Esta patronal estima que la nueva regulación puede suponer la eliminación del 40% de la oferta de alojamiento reglado catalán en un periodo de 5 años. Unos datos que equivalen al 2,94% del PIB turístico del país y al 80% de las viviendas turísticas en toda Cataluña. También se perderían 25.000 lugares de trabajo y unos 3.000 millones de euros, que es el impacto económico directo del sector. «Esto sin tener en cuenta el impacto de la actividad en comercios y restauración», puntualiza David Riba, presidente de FEDERATUR.

El sector afirma que se está delante de una expropiación encubierta y que «la Generalitat debería afrontar las reclamaciones de indemnización que podrían exigir hasta 80.000 familias catalanas propietarias de viviendas turísticas, las licencias de las cuales ahora se pretende expropiar y que los expertos consultados cifran en centenares de millones de euros». Las patronales catalanas de pisos turísticos también critican la falta de fundamento y análisis previa a esta propuesta. «No se han aportado estudios, ni datos, ni informes sobre el impacto de la actividad de las viviendas turísticas en Cataluña», afirman. E insisten en que únicamente responde al objetivo de hacer ver a la opinión pública que se están tomando medidas para resolver el creciente problema del acceso a la vivienda «Objetivo que de ninguna manera se solucionará prohibiendo nuestra actividad debido al reducido porcentaje que suponen las viviendas de uso turístico respecto al total del parque de viviendas catalán».

La controversia está servida.


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En que consiste el Turismo Azul.

El turismo azul es una tendencia en constante crecimiento que nos invita a descubrir y disfrutar de los recursos acuáticos de nuestro planeta. Los destinos que ofrecen lagos serenos, playas paradisíacas, estaciones termales rejuvenecedoras, ríos salvajes y cascadas impresionantes son destinos de ensueño para los amantes del agua y la naturaleza. En este artículo, exploraremos algunos de los recursos del agua que hacen que el turismo azul sea una experiencia inolvidable.

Lagos Serenos:
Los lagos son destinos de turismo azul que atraen a visitantes de todo el mundo. Lugares como el Lago Tahoe en California y Nevada, el Lago Baikal en Siberia, y el Lago di Como en Italia son ejemplos de la belleza serena de los cuerpos de agua. Los visitantes pueden disfrutar de actividades como la navegación, el kayak, la pesca y el senderismo en los alrededores. Además, los lagos a menudo ofrecen oportunidades para relajarse en playas de arena o disfrutar de un picnic con vistas panorámicas.

Playas Paradisíacas:
Nada evoca el turismo azul como las playas de arena blanca y aguas cristalinas. Lugares como las Islas Maldivas, las playas de Tailandia o las costas de Hawái son destinos populares para quienes buscan sol, mar y arena. Los viajeros pueden practicar deportes acuáticos como el surf, el buceo y el snorkel, o simplemente relajarse bajo el sol y disfrutar de las impresionantes puestas de sol.

Estaciones Termales Rejuvenecedoras:
Las estaciones termales son otra faceta del turismo azul que combina la belleza natural del agua con propiedades curativas. Destinos como Islandia, Japón y Nueva Zelanda ofrecen aguas termales naturales que prometen aliviar el estrés y rejuvenecer el cuerpo y la mente. Los viajeros pueden sumergirse en piscinas termales al aire libre y disfrutar de las vistas mientras se relajan en un entorno pintoresco.

Ríos Salvajes:
Para los amantes de la aventura, los ríos salvajes son un destino emocionante en el turismo azul. El río Colorado en el Gran Cañón, el río Amazonas en América del Sur y el río Zambeze en África son ejemplos de ríos famosos que ofrecen emocionantes experiencias de rafting y kayak. La navegación por estos ríos lleva a los viajeros a través de paisajes impresionantes y ecosistemas únicos.

Cascadas Impresionantes:
Las cascadas son maravillas naturales que atraen a los amantes del turismo azul con su belleza y poder. Cataratas del Niágara en América del Norte, las Cataratas de Iguazú en la frontera de Argentina y Brasil, y las Cataratas del Ángel en Venezuela son ejemplos de cascadas impresionantes que impresionan a los visitantes. Las oportunidades de senderismo y observación de la vida silvestre en los alrededores hacen que estos destinos sean aún más atractivos.

El turismo azul nos ofrece la oportunidad de explorar y apreciar los recursos del agua de nuestro planeta de maneras diversas y emocionantes. Ya sea que prefieras la tranquilidad de un lago, la belleza de una playa, la relajación en una estación termal, la emoción de un río salvaje o la majestuosidad de una cascada, hay un destino de turismo azul para todos. Al hacerlo, también podemos contribuir a la preservación de estos valiosos ecosistemas acuáticos, garantizando que las futuras generaciones puedan disfrutar de su belleza. ¿Estás listo para embarcarte en una aventura de turismo azul y explorar los tesoros acuáticos de nuestro planeta?

El turismo azul, que se centra en los recursos acuáticos como mares, océanos, lagos, ríos, playas y otros entornos acuáticos, ofrece numerosas ventajas tanto para los viajeros como para las comunidades locales y el medio ambiente. Aquí tienes algunas de las ventajas más destacadas del turismo azul:

Belleza natural y relajación: Los destinos turísticos acuáticos suelen ser lugares de gran belleza natural que ofrecen a los viajeros la oportunidad de relajarse y desconectar. Playas de arena blanca, aguas cristalinas y paisajes marinos impresionantes son perfectos para quienes buscan un ambiente tranquilo y sereno.

Diversidad de actividades: El turismo azul proporciona una amplia variedad de actividades para los viajeros, desde deportes acuáticos como el surf, el buceo, la navegación y la pesca, hasta actividades de aventura como el rafting en ríos y senderismo en cascadas.

Salud y bienestar: Las estaciones termales y balnearios, que son una parte importante del turismo azul, ofrecen aguas termales curativas que pueden tener beneficios para la salud, como aliviar el estrés, mejorar la circulación sanguínea y ayudar con afecciones médicas.

Estímulo económico: El turismo azul puede impulsar la economía de las comunidades locales, ya que atrae a turistas que gastan dinero en alojamiento, alimentos, actividades y souvenirs. Esto crea empleos y oportunidades comerciales en las áreas costeras y fluviales.

Conservación y conciencia ambiental: El turismo azul puede fomentar la conservación de los recursos acuáticos al aumentar la conciencia sobre la importancia de proteger estos entornos. Muchas áreas turísticas trabajan en la preservación de sus ecosistemas y promueven prácticas sostenibles.

Promoción de la cultura local: Los destinos turísticos acuáticos suelen tener una rica herencia cultural relacionada con el agua, que incluye tradiciones culinarias, artesanías y festivales. Los viajeros pueden aprender sobre la cultura local y apoyar a las comunidades autóctonas.

Desarrollo de infraestructura: El turismo azul a menudo conlleva inversiones en infraestructura, como hoteles, restaurantes, puertos deportivos y rutas de senderismo, lo que beneficia tanto a los turistas como a las comunidades locales.

Fomento de la educación y la investigación: Muchos destinos turísticos acuáticos promueven la educación ambiental y la investigación científica para comprender y proteger los ecosistemas acuáticos, lo que contribuye al conocimiento y la conservación de estos entornos.

Oportunidades de recreación al aire libre: El turismo azul brinda a las personas la oportunidad de disfrutar de la naturaleza y participar en actividades al aire libre, lo que puede mejorar la salud y el bienestar de los viajeros.

Conexión con la naturaleza: El turismo azul permite a los viajeros conectarse con la naturaleza y apreciar la importancia de los recursos acuáticos en la vida cotidiana. Esto puede generar un mayor respeto por el medio ambiente y promover un comportamiento más responsable.

En resumen, el turismo azul ofrece una amplia gama de ventajas, desde experiencias relajantes y emocionantes para los viajeros hasta beneficios económicos y ambientales para las comunidades locales y el medio ambiente. Sin embargo, es esencial que se practique de manera sostenible para garantizar la preservación a largo plazo de estos hermosos recursos acuáticos.


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Menorca, el sol y playa más sostenible.

A estas alturas ya sabéis de mi debilidad por compartir lugares y actividades turísticas que hagan gala de una especial sensibilidad por mantener la biodiversidad y ser lo más respetuosos posibles con el medioambiente y el entorno en el que se ubican.

La mayoría de ellos consiguen algún tipo de reconocimiento o distintivo que así lo acreditan, sin embargo el destino del que hoy voy a hablaros no solo tiene uno sino que podríamos decir que literalmente los colecciona a pares y además está dentro de nuestras fronteras.

A Menorca, sus playas turquesas bordeadas de pinos y la calma de sus parajes naturales, le sirvieron para ganarse el sobrenombre del “Caribe Mediterráneo”. Sin embargo, su declaración de reserva de la biosfera por parte de la UNESCO en 1993, pusieron en relieve que estábamos frente a un tesoro más valioso. Uno de los 400 a nivel mundial que merecen una mención especial por haber conseguido un envidiado equilibrio entre el desarrollo de las actividades económicas, el consumo de sus recursos, la conservación de un patrimonio y de un paisaje que ha mantenido, y sigue manteniendo hoy, una calidad excepcional.

Menorca está vertebrada en sus extremos por sus dos ciudades más importantes al abrigo de sendos puertos naturales. Ciutadella al oeste y más próxima a la Península, aún conserva un aire medieval y aristocrático, ya que fue la capital económica, cultural y verdadero centro de poder desde el que se gobernó la isla hasta que se trasladó su capital a Mahón bajo la dominación inglesa del siglo XVIII. Mahón, su actual capital, preside un puerto natural de 7 kilómetros que la han convertido desde hace siglos en un codiciado punto estratégico en la ruta del Maditerraneo prueba de ello es su abultada y convulsa historia. Pasó de manos de los ingleses a las de los franceses y posteriormente a las de los francoespañoles. No fue hasta los primeros años del siglo XIX cuando volvió a manos españolas.

Pero a pesar de la rica historia de esta isla, al parecer sus tesoros empiezan en la prehistoria, y es precisamente la riqueza y el estado de conservación de sus yacimientos lo que le ha valido a la isla ser reconocida nuevamente por la Unesco.  Que inscribió el pasado 18 de septiembre a los monumentos prehistóricos talayóticos de Menorca y su paisaje, en el listado de Patrimonio Mundial de la Humanidad en el marco de la asamblea anual que se celebró en Riad, capital de Arabia Saudí.

Según la agencia de la ONU, la Menorca Talayótica conforma un conjunto arqueológico que posee una autenticidad y un valor excepcional, y es testimonio único de una civilización pasada, presente en la isla y en su paisaje desde hace 4.000 años.

Menorca es también un lugar perfecto para llevar a cabo unas vacaciones sin entrar en conflicto con las mejores prácticas de sostenibilidad turística.

Por un lado, hay muchas rutas de senderismo y ciclismo disponibles por el Camí de Cavalls, un sendero de 185 km totalmente natural y único que rodea la isla siguiendo su antigua ruta de vigilancia y defensa. Por el otro lado, podrás disfrutar de excursiones en kayak y de buceo en reservas naturales. Menorca, al ser una isla Reserva de la Biosfera, tiene un sinfín de espacios protegidos donde admirar su rica vida marina.

En el apartado de la alimentación, la cocina de la isla se basa en el pescado y el marisco local pero sin olvidar su agricultura. En los principales mercados todavía quedan pequeños puestos de frutas y verduras cultivadas en pequeños huertos familiares y en ninguno de los mercados que visitamos encontramos alimentos producidos en masa ni procesados. En todos ellos la elaboración artesanal y la producción de Km. 0 parecen estar muy presentes. En el apartado gastronómico son imprescindibles la caldereta de langosta, la sobrasada, sus ensaimadas y una copa bien fría de Binitort, un blanco afrutado que recoge la propia esencia y frescuras de la isla.

Y aunque escoger siempre es difícil y dependerá de los días que tengas, ahí va lo que creo que no deberías perderte en la isla.

1.- Sus playas y calas.

A ver quién se atreve a decir aquí que no le gusta la playa…!!! Las hay para todos los gustos, de arena blanca, de piedra, entre acantilados, de arena rojiza, con todos los servicios o perdidas en mitad de la nada… una increíble variedad con el común denominador de sus aguas cristalinas y su riqueza subacuática. Las más conocidas son probablemente las de Macarella y Macarelleta, pero yo os aconsejaría haceros con unas gafas de snorkel y perderos por el escollo de Ferragut de la playa de Cavallería un verdadero espectáculo, eso sí, siempre que la Tramontana lo permita.

2.- La naveta dels Tudons y la Menorca Talayótica.

La naveta des Tudons, es el edificio más antiguo de Europa y sin duda el monumento más famoso de la isla. Los restos arqueológicos de las primeras comunidades que vivieron en Menorca han marcado y han caracterizado el patrimonio y el paisaje de la isla. La cultura talayótica se singulariza del resto de culturas contemporáneas del Mediterráneo occidental porque presenta unas características únicas que la diferencian del resto; de hecho, la taula es un monumento exclusivo de la isla de Menorca.

3.- Un paseo en kayak.

Es una de las actividades más increíbles de la isla y que os permitirá descubrir algunos de los lugares más bonitos de Menorca de una forma diferente, las cuevas y calas más conocidas y paradisíacas de la isla se ubican al sur pero si estáis en el norte es una actividad que podéis hacer desde Es Grau hasta la isla de Coloms y que seguro no os dejará indiferentes.

4.- Visitar Ciutadella y Mahón.

Imprescindible callejear por ellas para entender los dos momentos históricos más importantes de la isla, su posición estratégica e influencia en el Mediterráneo y porque ha sido codiciada por todas las civilizaciones que han llegado a sus costas desde tiempos inmemoriales.

5.- Perderse por las estrechas calles de Binibeca.

Su cuidada arquitectura y el blanco inmaculado de las fachadas de las viviendas recuerdan a las casas de los pueblos pesqueros de antes. Sencillo y muy tranquilo, hoy día Binibeca es un punto turístico de obligada visita si recorres la isla durante las vacaciones. Eso sí, para visitarlo numeroso carteles recuerdan que se debe respetar la tranquilidad y el silencio que el pueblo ofrece. Un insignificante sacrificio para mantener la magia y el ambiente del lugar.


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Turistas vs rentabilidad. La asignatura de cada septiembre.

Estamos entrando en época de presupuestos, o como mínimo, al que más o al que menos le habrán pedido ya una proyección de como acabaremos el año. En estas fechas tan relajadas para la mayor parte de la población, a muchos colegas se les ha hecho más difícil el sueño y no precisamente por la ola de calor que estamos sufriendo.

Estamos ya a principios de agosto y según todos los pronósticos la mayoría de destinos van a volver a superar expectativas en cuanto a precio y a número de visitantes. Tanto es así que en escasos dos meses, hemos pasado de fijarnos los resultados “prepandemicos” como un objetivo, a tener claro que debemos situarlos en las tasas de mínimos.

Los precios de alojamientos han ido en aumento, con algunos al doble y el triple de hace un año. Igualmente, los vuelos no solo han subido considerablemente de precio, sino que muchas de las rutas aéreas vacacionales más conocidas han cambiado los aparatos que venían operando regularmente por modelos de aeronaves más grandes y con mayor capacidad de pasajeros. Tal como me confesaba hace escasos días un amigo comandante de una línea aérea de lujo.  “ –  En estos últimos veinte años, nunca se había visto tanta gente en el aeropuerto –“.

Los expertos auguran para el sector hotelero un 16% de incremento de precio y hasta un 11% más en ventas que niveles prepandemia.

Y a pesar de eso. Muchos responsables de negocios, en este caso hoteleros, asisten entre la frustración y la incredulidad a la tiranía de la última línea de su cuenta de resultados,

 – No, da…!!!-

¿Me habré equivocado en el Budget…?, ¿Habremos gestionado peor este año…? ¿Cómo es posible que no me lleve el aumento de ventas a la última línea del beneficio operacional…?

Lo que están descubriendo muchos colegas en su día a día es que, a pesar de ser un año récord de ventas, lo será previsiblemente también en cuanto al coste de prestar esos servicios. Los hoteleros calculan que entre el 12% y el 15% más de lo previsto debido a la inflación y el aumento de los precios de materias primas y suministros.

El problema no solo afecta a la explotación del Hotel. Para el turista el precio también será más alto por lo que muchas personas acortarán sus vacaciones o bien directamente no saldrán de viaje. Esto al menos, lo que puede hacer es aumentar el consumo de la habitual cesta de la compra, ya que, aunque sin excesos, la mayoría nos damos un capricho si tenemos más tiempo libre.

El aumento de precios, más que por parte del mercado nacional, que probablemente pinche en destinos interiores, se está produciendo gracias a la entrada de turistas extranjeros con mayor poder adquisitivo y que no sufre la inflación local. Obviamente una buena parte del turista español no puede hacer frente a los aumentos de IPC que los establecimientos trasladan a sus clientes ya que en muchos sectores, los salarios no se han visto modificados. Lo cual es muy difícil, debido a la reducción generalizada de márgenes del que os hablaba hace unos segundos. El coste de operación hace que no haya posibilidad de aumentar sueldos, e incluso algunos pequeños empresarios se están viendo obligados a reducir plantillas en plena temporada alta.

En nuestro país, vivimos actualmente una clara polarización entre el turismo de lujo y el que lucha por sobrevivir con costes cada día más altos. Recuerdo como hace pocos años parte del sector hotelero de un país como Andorra acabó luchando por pagar solo los suministros para poder seguir con la actividad mientras esperaba una mejora de la demanda que aumentase su rentabilidad. Como consecuencia de aquello muchos establecimientos quebraron, cambiaron de manos y parte del equilibrio en la oferta de alojamiento se rompió. Creedme si os digo que eso no es bueno y menos en un país como el nuestro donde existen un número muy elevado de Pymes y autónomos relacionados con el sector turístico. El 13% del PIB nacional está formado por todo tipo de turismo y no pueden haber dos velocidades dentro del tejido empresarial y menos aún con direcciones tan diferentes que acaben polarizándose.

La receta del fracaso es muy evidente si no se tiene garantizada la rentabilidad.  Menor productividad y eficiencia de los negocios, traslado de los costes a los consumidores, disminución de las ventas, falta de inversión y además falta de competitividad frente a otros mercados.

Ya intuiréis que lo que os voy a decir es la conveniencia de abordar el discurso turístico desde otros términos más allá del número de turistas que llegan a nuestro país, para no perder de vista la realidad de nuestro sector. Facturar más no es sinónimo de rentabilidad y supervivencia y el turismo es crucial hasta que no se estimulen otros sectores productivos. Genera empleo, muchos directos y muchísimos más indirectos. Es una entrada de divisas que equilibra la balanza de pagos y además ayuda al desarrollo local a través de inversiones para servicios que de otra forma serian difícilmente justificables.

Las soluciones para aumentar la rentabilidad con el panorama actual, no son fáciles…

Una mayor innovación tecnológica y de las inversiones, el rediseño de los servicios tradicionales y la mejora en las condiciones de contratación de suministros para mejorar la rentabilidad, no parecen soluciones fáciles de abordar en el corto plazo y menos aún con una renegociación de los convenios colectivos del sector a la vuelta de la esquina.

Por otro lado, ya nadie esconde que el turismo como tejido productivo tiene sus peligros. Sobretodo la volatilidad que tiene como actividad a veces sujeta a algo tan caprichoso como el clima. La sobreexplotación de recursos en lugares donde no se ha diseñado bien su impacto y el aumento del coste de la vida para los residentes en aquellos lugares que son destinos de primer orden.  Por eso no nos cansaremos de reclamar una visión lo más transversal y amplia de los datos que se facilitan públicamente.

Por cierto, otro dato confuso fruto de su estacionalidad es la distorsión de las cifras del paro ya que ahora se consideran fijos discontinuos a personas que están paradas esperando la temporada de trabajo. Algo que a priori no reduce el coste de los subsidios al acabar la temporada turística.

En resumen. Si la inflación es superior como todo parece indicar al aumento de los ingresos, entonces el teórico crecimiento resulta que no es tal. Y esto puede convertirse en la peor noticia en lo que va de año.

Que el turismo se recupere es bueno. Que la lectura de su crecimiento sea sesgada no lo es…,

Pero que los profesionales del sector participemos de esa euforia sin el más elemental de los análisis, es simplemente catastrófico.


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Turismofobia y otras imprecisiones propias de las modas.

Hoy he visto en la prensa, la enésima polémica veraniega en cuanto a los problemas generados por el turismo a propósito del gran número de visitantes que reciben muchos de los pueblecitos que se encuentran repartidos por la geografía española. 

En esta ocasión una señora con un aspecto muy de aquí, se quejaba amargamente de que otros señores con un aspecto no menos nacional y sintiéndose también en su casa, que no en su pueblo…, invadían la totalidad de la población e interferían en su día a día…

  • Ni aparcar se puede – Se quejaba amargamente.
  • Pero el dinerito que traemos, bien lo quieren… – replicaba una supuesta forastera.
  • El municipio multiplica por ocho sus habitantes habituales y a pesar de haber reforzado los servicios no son suficientes, – explicaba su alcaldesa.
  • En una localidad vecina a dicho municipio otro alcalde ponía el foco en el insuficiente número de médicos para dar cobertura a los servicios sanitarios más básicos, ahora que además debían compartirlo con otras dos entidades municipales vecinas.

Esta vez el pueblecito en cuestión no era un destino turístico habitual, ni siquiera uno de esos que presumen de Iglesia, paraje natural o fiesta singular. Era sencillamente, uno de esos a los que volvemos para escapar de la rutina de la gran ciudad y donde la alameda, la piscina y el frescor de la noche tienen sabor a vacaciones.   

Tan solo dos alojamientos aparecen en la página de Booking, un hotelito de tres estrellas y una posada. Sin cruceristas, ni autocares, ni masificación hotelera, ni aparentemente, ningún desorden urbanístico que lamentar causado por apartamentos turísticos o exceso de segundas residencias.

La cantinela no es nueva pero esta me ha llamado poderosamente la atención por la sensación de rechazo que transmite frente a visitantes que poco tienen que ver con esa imagen de turista depredador del que hemos hablado en otras ocasiones. Cierto es que cada día salimos más y que la Pandemia ha hecho que redescubramos destinos de dentro de nuestras fronteras, pero este tipo de noticias me reafirman en la idea de que es necesaria cierta pedagogía para seguir siendo el país abierto y hospitalario que presumimos ser.

Que nadie se confunda, no estoy diciendo que ignoremos los problemas generados por la saturación y menos en aquellos lugares en los que esta sea una realidad. No cabe duda del sobrecoste que deben asumir algunos destinos turísticos debido al incremento del uso de sus recursos, servicios e infraestructuras en determinadas épocas del año. Lo que digo es que deberíamos ser capaces de generar unos mecanismos de equilibrio que compensasen ese flujo de población de lugares residenciales a vacacionales y por supuesto ser capaces de hacer partícipes de ello a las poblaciones de acogida.

La mayoría de municipios consideran que la riqueza que generan no se ve compensada con la redistribución tributaria y vienen reclamando desde hace tiempo una mejora de su financiación, ya que la cuantía que reciben tiene en cuenta solo la población censada, pero no la flotante y esta es en ocasiones, de cuatro a ocho veces mayor, además de concentrarse en periodos muy cortos y concretos del año.

En este sentido existen mil teorías y propuestas. Por existir, existe incluso la teoría de que la masificación no es mala, siempre que esté debidamente planificada.  Sus defensores contraponen los modelos de ciudades como Benidorm, frente a los de Barcelona y Venecia. En el caso de las dos últimas ninguna de ellas se ha construido con el fin de ser un destino turístico, pero a lo largo de los años han alcanzado tal grado de popularidad e interés y en consecuencia han acabado por recibir millones de turistas. Una situación que ha terminado por provocar una reacción negativa de buena parte de la población local que considera que solo recibe los costes y no los beneficios. Por el contrario, en el caso de la primera, sus defensores sostienen que ha sido diseñada y planificada para recibir un turismo de masas. Además, su población recibe y sobretodo “percibe” un beneficio directo precisamente de ese turista al que en otros sitios no querrían.  Sea por un motivo o por otro la realidad es que en el segundo caso no parecen haber conflictos ni turismofobia.

Esto desgraciadamente no es la receta para acabar con las tensiones generadas por la sobrecarga turística. En primer lugar, es muy probable que la mayoría de la población lo considere Benidorm como un lugar muy atractivo para vivir. Y además, el comportamiento que tenemos como sociedad hace difícil, sino imposible, encasillar las distintas tendencias turísticas en una sola motivación. Más bien al contrario. Si por un lado se radicaliza la actitud de parte de la población residente, también lo hace algunas de las experiencias demandadas por los turistas y fruto de ello llega el que ha venido a denominarse como “turismo de última oportunidad” que no es otra cosa que viajar a aquellos lugares con peligro de desaparecer como consecuencia principalmente del cambio climático. La gran barrera de Coral o el Ártico se han convertido en destinos muy atractivos para sumergirse o aventurarse a ver osos polares bajo el reclamo de lo que los sociólogos denominan “distinción social”. Es decir, la idea de permitirse un lujo difícilmente alcanzable, sin importar cual.

Habrá quién piense que es algo superfluo, casi inmoral si me permitís. Pero la realidad es que nuestra sociedad actual participa diariamente de actividades que son fruto de un capitalismo global y que se ha instaurado en nuestro comportamiento del día a día. En mi modesta opinión por delante del turismo se sitúan otros sectores como la ropa, el comercio o la alimentación, por ejemplo, aunque casi nadie hable de ellos.

No me negareis que hace falta cierta dosis de hipocresía para criticar a nuestro sector mientras algunos renuevan parte de su armario cada temporada, exigen tener un artículo proveniente de la última punta del planeta en menos de 48 horas o les importa un rábano la situación en la que se encuentra el ciclista que les acaba de traer la comida a casa con tal de no tener que bajar al restaurante.

Pues eso. Los viajes low cost son más de lo mismo. Solo que al menos en nuestro sector existen varios documentos que intentan poner algo de cordura en todo este mar de desatinos. La Declaración de Barcelona, El Manifiesto del Viajero Responsable o el Decálogo para Viajeros de la organización Biosphere Turismo, son algunas de las lecturas que recomiendo antes de lanzarse a participar de este mundo y a criticar a los demás.      


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Las asignaturas pendientes del sector turístico.

No he dejado de darle vueltas a la reunión que motivó mi último post y a aquel contundente…  –  «No todo el mundo debería viajar…» – una afirmación que fue fruto de una amigable conversación improvisada y que me ha dejado claro que uno de los retos de nuestro sector para el s. XXI, se va a centrar en hacer una profunda reflexión y una amplia pedagogía a partes iguales.

De poco sirve que la mayor parte del sector por todo el mundo haya apostado de manera decidida por seguir la senda y el objetivo común del desarrollo sostenible. Así como el compromiso generalizado por parte de todo tipo de empresas relacionadas de manera directa o indirecta con la actividad turística, por cumplir con el mayor número posible de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) fijados por la ONU para el 2030.

El turismo se ha convertido actualmente, según cifras de la propia OMT, en el mayor movimiento de personas de la humanidad. Y eso ha provocado errores y disfunciones en la gestión por parte de empresas y organismos tanto públicos como privados, lo que ha acabado por deteriorar la imagen de una actividad que en mi opinión, tiene muchos más aspectos positivos que negativos y cuyas culpas son en muchas ocasiones compartidas con otros sectores y servicios que poco tienen que ver con él.

La imposibilidad de vertebrar un discurso que explique las ventajas y beneficios que mayoritariamente brinda el turismo para las poblaciones receptivas, frente a ese otro relato impuesto, en ocasiones desde el desconocimiento, que magnifica sus aspectos negativos y menosprecia sus aportaciones, es sin duda, una de las grandes carencias del sector en la actualidad.

Mucho me temo que el desconocimiento y los prejuicios generados entre las poblaciones residentes, van a obligar a destinar una parte de los presupuestos dotados para la promoción exterior, a campañas de divulgación y concienciación sobre los valores y beneficios que genera una gestión ordenada del turismo. 

El peso de la actividad turística en nuestra economía no ha sido nunca motivo suficiente para tenerlo en cuenta por parte de las autoridades políticas más allá de una Secretaría de Estado y el consabido cacareo de cifras récord de llegadas de turistas anunciado en la Feria Turística de turno. Paradójicamente, ha tenido que ser la alarma producida por su supuesto impacto social lo que lo ha colocado definitivamente en la agenda de un gran número de administraciones, por lo menos, en el primer mundo. Los problemas de movilidad, de vivienda e incluso los de seguridad parecen ser ahora responsabilidades derivadas de la actividad turística, a pesar de que hablamos de disciplinas con una cartera y representación Ministerial en casi todos los países de la Unión Europea. Ministerios con un peso tan significativo como los de Transportes, Vivienda o Interior son incapaces de aportar soluciones a problemas que son de su competencia, allí donde hay una importante presencia de la actividad turística.

Tal como reza la página principal de este blog, una buena gestión turística permite extrapolar la misma de manera beneficiosa a sectores estratégicos para los habitantes de un país, tales como la sanidad, la educación, el medio ambiente, la seguridad, las infraestructuras, las comunicaciones… y así, una larga lista de materias cuya importancia incide de manera directa en el bienestar de cualquier sociedad.

 Ahora, además, podemos asegurar que ignorar la verdadera dimensión de la actividad turística o considerarla como una disciplina menor, es una fuente segura de problemas para cualquier sociedad. 

La mayoría de expertos coinciden en una nueva tendencia a nivel global sobre el aumento de viajeros originado por el deseo de viajar de las nuevas clases medias provenientes de economías emergentes y el aumento de desplazamientos anuales de aquellos que ya han interiorizado los viajes como una necesidad vinculada a su propio bienestar. Conscientes de ello, la mayoría de destinos persiguen un crecimiento con el objetivo de mejorar sus economías locales, lo que es una manera implícita de reconocimiento de la actividad turística. Sin embargo, es fundamental que este crecimiento se haga con una previa planificación en la que imperen las buenas prácticas en la gestión de los destinos, diversificando la oferta y equilibrando la demanda, creando una conciencia sobre el impacto positivo del turismo y siendo honestos acerca de lo negativo, y por supuesto, favoreciendo un crecimiento más sostenible y respetuoso con el medio ambiente y las comunidades locales.

Este, es un esfuerzo en el que deben participar todas las partes y no caer en la tentación por parte de determinados agentes, protagonistas dentro del sector público, de cargar toda la responsabilidad sobre el sector privado. Es muy fácil acusar de masificación turística la visita en determinados monumentos y a la vez, no hacer un esfuerzo por aumentar sus horarios de apertura, por ejemplo.   

Desengañémonos. A pesar de la buena voluntad y la concienciación de la mayor parte de la sociedad, la realidad es que actualmente aún hay un 54% que no renunciarán a visitar un destino a pesar de sus problemas de masificación, un 63% que no cree que la mayor presencia de turista empeore la calidad de sus viajes y un 60% no se plantea dejar de volar a pesar de los movimientos como el “fligskam”, aún siendo conscientes del aumento de la huella de carbono que eso implica

La mayoría de profesionales del sector ven de manera responsable la necesidad de escalar peldaños en torno a la sostenibilidad de sus negocios, y hay muchas muestras en el mercado que indican que eso se ha entendido y se realiza los esfuerzos para ello.  

Pero al mismo tiempo, existe un turista más preocupado por contar a amigos y familiares el famoso “yo estuve allí” que por conocer de verdad el enclave que visita. En este punto las redes sociales han jugado un papel crucial, la mayoría están más interesados en un selfi frente al monumento o paisaje de turno que por conocer realmente esos lugares. Y todos, nos hemos sorprendido haciéndonos alguna foto dándole la espalda a un recurso turístico de primer nivel en lugar de ponernos frente a él, para sencillamente disfrutar su belleza.    

Así que tal como decíamos al principio. Partamos de la necesaria reflexión, pero empecemos a concienciarnos y a reeducarnos cuanto antes. Y sobretodo, evitemos demonizar una actividad que es actualmente el sustento de una parte muy significativa de la sociedad en la que vivimos.


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No todo el mundo puede viajar.

Ayer, día de elecciones municipales y autonómicas, andaba un servidor disfrutando de una de esas comidas con amigos que se dilatan tanto como una jornada laboral, llenas de risas, complicidades, buenos deseos y mejor vino, cuando al hilo de los comentarios de una reciente experiencia de «glamping» en un bonito lugar de la costa catalana, del que ahorraré los detalles por no ser estos relevantes, una de mis queridas amigas espetó un contundente:

– ¡¡¡…perdona, hay gente que no debería viajar jamás, el low cost ha hecho mucho daño…!!!-

Reconozco que me estallaron los oídos y de paso, el cerebro un poquito también.

Mi amiga es una alta ejecutiva de unos importantes laboratorios farmacéuticos, ha vivido y trabajado en cuatro paises a ambos lados del océano, se ha recorrido innumerables veces un planeta al que ha convertido en su particular terreno de juego y por si fuera poco, con la ayuda de su marido, han sacado adelante una familia de lo más multicultural. Es abierta, brillante, tolerante y forma parte de ese reducido grupo de personas con una inteligencia superior capaces de reírse de si mismas sin ningún tipo de tapujos ni complejos. Por eso, y por la indisimulada admiración que le tengo, su comentario me acababa de dejar estupefacto.

El caso es que habíamos llegado a semejante conclusión después de hablar de lo bonito que esta esto, lo instructivo que era para los niños aquello y las maravillosas vacaciones en familia que podías pasar en aquel otro lugar… Cierto es, que en la conversación se nos colaron los cruceristas por Barcelona y la presión que podían llegar a sufrir los vecinos, pero nada que no se viera replicado con más o menos fortuna en cualquier rincón turístico del planeta. Y dejando al margen las consabidas coletillas de propaganda política propias de estas fechas, todos entendemos los beneficios que puede aportar el turismo tanto para el que viaja, como para la población local que los recibe.

Por si se nos había olvidado, se me ocurrió esgrimir el infalible, y al menos para mi incuestionable argumento, del valor que el turismo tiene como catalizador de la tolerancia, la empatía y la aceptación entre las distintas culturas del mundo. Tal como descubrió hace cerca de 300 años Carlo Goldoni, «El que no sale nunca de su tierra está lleno de prejuicios«, y eso, es algo a mi juicio poco recomendable para encarar un futuro cada día más colaborativo y globalizado en el que acciones que pueden parecernos muy sencillas y cercanas tienen su origen en la otra punta del planeta. En fin, algo perfectamente argumentado e irrenunciable que creo que junto con las principios básicos de la economía, debería incluirse en los programas de formación educacional desde la más temprana edad… Estaba yo navegando felizmente en mi realidad multicolor, cuando mi amiga me hizo volver a la suya con la misma sutilidad con la que te despertaría una bofetada de una siesta vespertina…

– ¿…y me puedes decir que hay de todo eso en un grupo de inglesas de despedida de soltera, paseando de bar en bar por las Ramblas con una diadema en forma de polla en la cabeza…? –

Y de pronto me vinieron a la mente las borracheras en Magalluf, el turismo sexual en Tailandia o las toneladas de basura en las costas de Bali. Ese tipo de turismo, que también lo es, carente de cualquier motivación o valor más allá del estrictamente económico y que tan poco aporta a la sociedad. Ese turismo del que honestamente, la humanidad podría prescindir sin remordimientos.

Aunque muchos de los que abogan por un turismo más sostenible y social no son conscientes de lo que es en realidad y lo practican envueltos en contradicciones, afortunadamente, entre la mayoría de la población crece una consciencia más solidaria y menos depredadora de los lugares visitados. Y eso, junto con el respeto más básico de las normas de convivencia, es al menos un buen comienzo.

En este punto tengo que darle la razón a mi amiga, irónicamente, el low cost que democratiza el desplazamiento de un gran número de personas a lugares lejanos. Es lo que les distancia de tener la oportunidad de disfrutar de una experiencia auténtica y me atrevería a decir que de verdadero lujo. Sin entrar a definir lo que es un viaje de lujo, esto me lo guardo para otro post, si que os adelanto que no tiene nada que ver con un viaje caro o de alto standing, sino que tiene que ver mucho más, con la carga experiencial y la actitud del propio turista, que con tomarte la clásica botella de champán en la suite del mejor cinco estrellas de la ciudad de moda.

Curiosamente, la gente con mayor poder adquisitivo del mundo ha entendido que la ostentación, los excesos y el derroche, les alejan de realizar viajes con la capacidad de abstraerles de su vida cotidiana y que les garanticen unas experiencias a la altura de sus expectativas. Y eso. Que depende más de una actitud viajera que del clásico turisteo, resulta que también es lujo, probablemente, el verdadero lujo.

Desde luego, entender esto es un plus, porque si antes de salir de casa no estas dispuesto a ser lo más respetuoso y cívico que puedas, a interactuar de manera amigable y honesta con las culturas y costumbres que visites y afrontar los imprevistos que pueden surgir en cualquier viaje desde la calma y la comprensión. Lo cierto es que estas poniéndole muy fácil a algunos de tus futuros anfitriones que puedan pensar aquello de que: «allá donde vayas,… no hacías ninguna falta».

Así que por no quitarle toda la razón a mi amiga y seguir siendo honesto conmigo mismo, me temo que no me queda más remedio que admitir con cierta amargura que:

– Desgraciadamente, hoy en día, no todo el mundo está para viajar… –


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El pensamiento crítico, el verdadero reto de la transformación digital.

Me apunto a la reciente controversia generada por lo que podríamos denominar el despertar de la sociedad frente a la irrupción de la Inteligencia Artificial (AI) dentro de nuestras vidas. Y digo despertar porque es obvio que ya hace tiempo que se encuentra entre nosotros y lo que algunos ven ahora con un pavor similar al que podría generar la mismísima Skynet de la saga Terminator, otros llevan años perfeccionándolo para que se cuele entre nuestros quehaceres más cotidianos.

 Y es que a pesar de todo lo que se escucha en estos días, mi opinión es que como toda herramienta no es ni buena ni mala, depende del uso que le demos. Eso sí, esta en concreto no sabemos hasta dónde puede llegar, y lo que es peor, al parecer aprende de todo aquello de lo que nosotros como especie la estamos nutriendo. Y claro, por si Twitter no había dejado claro la de mierda que llevan algunos en el cerebro, resulta que el mismísimo Chatgpt ha acabado por asegurar que la única solución para poder salvar el planeta pasa por la extinción de la raza humana. Dicho así, está claro que acojona, hasta el punto de que medio planeta se ha puesto a trabajar para intentar ponerle freno y regular su potencial desarrollo.  A estas alturas y con los precedentes que tiene la administración cada vez que intenta legislar sobre alguna novedad tecnológica, perdónenme pero me suena al tonto que intentó ponerle puertas al campo.

El tema parece más que relevante, incluso para algunos de los gurús de este nuevo mundo. El pasado 22 de marzo, más de 1.300 personas —entre los que se encuentran Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, Steve Wozniak, fundador de Apple o el historiador Yuval Noah Harari— se unían para firmar una carta abierta que pide ralentizar el desarrollo e implementación de esta IA para gestionar y controlar adecuadamente los «profundos riesgos para la sociedad y la humanidad» que suponen.  Hoy día 30 de abril, solo se habían adherido 27565 personas. Aunque en honor a la verdad hay que decir que no hay rincón en el planeta donde no nos estemos preguntando sino nos habremos pasado con el “invento”.

Parece algo contradictorio que la tecnología que por primera vez podría representar un salto exponencial en las capacidades humanas y permitirnos desarrollar nuevas fuentes de energía, el tratamiento para enfermedades incurables o el diseño de naves espaciales más eficientes que las que hacen los ingenieros humanos, esté generando tanto miedo a su alrededor con el pretexto de “amenazar nuestros datos y vidas privadas”.

 ¿Pero que creíamos que estaban buscando las legiones de empleados en lugares como Silicon Valley en EEUU, Silicon Fen en UK, Silicon Wadi en Israel, Silicon Oasis en Dubai, Shezhen en China o el  Skolkovo Technopark District en Rusia…?. ¿Diseñar Emojis…?.

Es cierto que muchos de ellos todo lo que buscaban eran medidas lo más efectivas posibles para captar nuestra atención y ser así más eficientes a la hora de vendernos sus productos, pero un servidor tiene la sensación de que en realidad esta espiral por captar nuestra atención ha conseguido un efecto de aborregamiento colectivo que está acelerando nuestro comportamiento como turba en lugar de mejorar nuestra sociedad. Culpar de ello a la inteligencia artificial, me parece pretencioso, lo verdaderamente preocupante es el declive de los valores e inteligencia presumiblemente humanos. La IA lo que ha hecho, ha sido constatar de una manera tan fría como brutal, hasta qué punto somos prescindibles los humanos si seguimos por este camino.

Lo explica mucho mejor el periodista y divulgador Johann Hari en su libro “El valor de la atención”, cuando nos advierte de que hemos perdido nuestro superpoder como especie en el momento en el que hemos perdido la capacidad para sentirnos presentes en el mundo.   Según Hari, el hecho de pasar horas en las redes consumiendo videos basura está en el origen, entre otras cosas, de comportamientos irracionales, negacionistas y por supuesto también de una falta de atención y capacidad colectivas que están siendo capaces de socavar incluso aspectos tan importantes de nuestra sociedad como la democracia o los más básicos derechos civiles.

Es decir, todo aquello sobre cuya solidez debería construirse una futura IA .

Al parecer la mayoría de expertos coinciden en aconsejar a los gobiernos que la solución frente a esta amenaza potencial pasa por tres fundamentos básicos que permitan aprovechar sus ventajas sin ponernos en riesgo ni individualmente, ni como especie.

La primera es crear estándares de certificación criptográfica en todo el mundo para autentificar la realidad de cualquier contenido de procedencia digital. El objetivo es establecer una línea básica de certeza que, como mínimo, permita a las personas tener la seguridad de que lo que están oyendo o viendo es real. Esto debería acabar con las noticias falsas, la suplantación de personalidad o las estafas, que ya se están produciendo.

La segunda es lanzar programas de comunicación para que el público comprenda el alcance de la inteligencia artificial generativa. Las personas deben aprender para poder defenderse contra nuevas falsificaciones audiovisuales.

Y por último, urgen a los gobiernos de todo el mundo a colaborar con la comunidad científica para crear una legislación que proteja los derechos individuales, estableciendo límites penales para tratar de frenar el uso tóxico de esta tecnología.

Por supuesto, a mis todas estas medidas me parecen bien. Pero no dejo de pensar que un tipo como Trump no necesita demasiada IA para avalar sus propias mentiras y que mientras no defenestremos a aquellos que se valen de la postverdad para sus propios y oscuros intereses, no habremos hecho nada.

Que en el planeta ya hubiesen «terraplanistas» con una elaboradísima teoría conspiranoica antes de la aparición de la IA, solo se combate con una mejor educación, más filosofía que enseñe a despertar un pensamiento crítico en la sociedad y por supuesto una mayor dosis de ética en todos los aspectos de nuestras vidas.  

De otro modo, va a ser difícil obtener otras respuestas de una inteligencia tan maravillosa como ecpática y fría como es la artificial, en especial, cuando le preguntemos por lo que opina de nosotros o por nuestro propio destino.