Turismo Transversal

" El turismo como actividad clave para vertebrar el desarrollo de las regiones."


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Otoño en el Valle de Arán: Un Refugio de Colores y Sabores.

El Valle de Arán es un rincón mágico en los Pirineos catalanes que se transforma en un auténtico paraíso durante el otoño. Con sus montañas cubiertas de hojas doradas y su aire fresco y crujiente, este valle invita a una escapada que despierta todos los sentidos. En este post, te llevaré a descubrir la belleza del otoño en el Valle de Arán, reflexionaremos sobre su importancia en nuestras vidas, exploraremos encantadores pueblos y entornos naturales, y nos deleitaremos con la rica gastronomía local. ¡Prepárate para una escapada inolvidable!

La Magia del Otoño

El otoño es una estación de transición, un momento perfecto para reflexionar sobre lo que hemos vivido durante el año y prepararnos para lo que está por venir. En el Valle de Arán, esta época se siente especialmente intensa. Los árboles se visten con tonos cálidos: amarillos, naranjas y rojos que contrastan con el azul del cielo. Este espectáculo natural no solo es un deleite visual; también nos recuerda la belleza del cambio y la impermanencia.

La llegada del otoño nos invita a detenernos, recogernos y apreciar lo que tenemos. Es un tiempo para reconectar con nosotros mismos, disfrutar de la naturaleza y compartir momentos con nuestros seres queridos. Al igual que los árboles sueltan sus hojas, nosotros también podemos dejar ir lo que ya no nos sirve: viejas preocupaciones, hábitos o relaciones que han cumplido su ciclo. Este proceso de soltar puede ser liberador y transformador. En este sentido, una escapada al Valle de Arán puede ser la oportunidad perfecta para desconectar del bullicio diario y sumergirse en un entorno donde la tranquilidad reina.

Pueblos Encantadores

El Valle de Arán alberga varios pueblos que parecen sacados de un cuento. Uno de ellos es Vielha, la capital del valle. Aquí puedes pasear por sus calles empedradas, visitar la iglesia de Sant Miqueu y disfrutar de un paseo entre sus calles para después vistar su museo etnográfico y acabar la jornada entre los pinchos de sus numerosos bares y restaurantes.

Otro pueblo que no puedes perderte es Bagergue, conocido por su arquitectura típica aranesa y su ambiente acogedor. Este pequeño pueblo ofrece unas vistas impresionantes del valle y es ideal para realizar caminatas por senderos cercanos. Además se trata de unos de los pueblos certificados como los más bonitos de España. Aquí podrás disfrutar de la paz absoluta mientras contemplas el paisaje.

Finalmente, te recomiendo visitar Arties, un pueblo que destaca por su encanto y su rica historia. Sus calles estrechas y empedradas te transportan a tiempos pasados, y la iglesia de Santa María es una joya arquitectónica que merece una visita. Arties también es conocido por sus tradiciones y festividades, así que si tienes la suerte de coincidir con alguna celebración local, ¡no dudes en participar!

Entornos Naturales

El Valle de Arán no solo se compone de encantadores pueblos; también está rodeado de impresionantes paisajes naturales. Durante el otoño, los senderos se convierten en pasarelas de colores donde cada paso es un deleite para los sentidos. Una ruta muy recomendada es la Ruta del Bosque de Carlac, que te llevará a través de frondosos bosques llenos de vida. Aquí podrás escuchar el crujir de las hojas bajo tus pies y disfrutar del aire fresco mientras te rodeas de la belleza natural.

Si eres amante del senderismo, no puedes dejar de explorar el Circ de colomers, junto al Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de San Mauricio. Este paraje ofrece rutas adaptadas a todos los niveles y, en otoño, los lagos reflejan los colores del entorno, creando un espectáculo visual impresionante. La combinación de montañas, lagos y bosques hace que este lugar sea ideal para desconectar y recargar energías.

Gastronomía: Un Festín para los Sentidos

Una escapada al Valle de Arán no estaría completa sin disfrutar de su deliciosa gastronomía. La cocina aranesa es rica en sabores y tradiciones, con platos que reflejan la cultura local. Uno de los platos más desconocidos son sus «civet», un guiso elaborado con carne de caza que se sirve caliente y reconfortante, perfecto para los días frescos del otoño. El ambiente acogedor y la atención al detalle de casi todos sus restaurantes hacen que cada comida sea una experiencia memorable. Existen un sinfín de platos y delicias encabezadas por la famosa “Olla aranesa” pero conviene no olvidarse de probar cualquiera de las especialidades culinarias basadas en el pato, en especial el foie, reflejo de la influencia francesa en esta zona fronteriza. Los amantes de los dulces, pueden disfrutar de los “crespettes”, es un postre que no puedes dejar de probar y que mejora con ingredientes locales como las mermeladas de frutos silvestres o la miel, y que son el cierre perfecto para una comida en el Valle de Arán.

En resumen, el otoño en el Valle de Arán es una experiencia única que combina belleza natural, cultura y gastronomía en un entorno que invita a la reflexión y al disfrute. Cada rincón del valle cuenta una historia, cada plato es un homenaje a la tradición, y cada sendero es una oportunidad para reconectar con la naturaleza y contigo mismo. Así que, si estás buscando una escapada revitalizante, no dudes en considerar el Valle de Arán como tu destino. Permítete perderte entre sus paisajes de ensueño, saborear su deliciosa comida y sumergirte en la calidez de su gente. El otoño es el momento perfecto para disfrutar de todo lo que este mágico lugar tiene para ofrecer.  Recuerda que cada estación trae consigo su propia magia, pero el otoño nos regala una paleta de colores y sabores que despiertan nuestros sentidos y nos invitan a reflexionar sobre nuestras vidas. Así que haz las maletas, reúne a tus seres queridos y ven a descubrir el Valle de Arán en esta hermosa época del año. ¡Te aseguro que volverás renovado y lleno de recuerdos inolvidables!


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San Juan en el Valle de Arán

El inicio del verano cuenta con sus propias celebraciones y tradiciones. Una de las más importantes nos llega cada año en la noche del 23 al 24 de junio. Es, en este momento, cuando se celebra la tan conocida como esperada,  Noche de San Juan.

En numerosos puntos de nuestro territorio se produce esta fiesta en la que las hogueras cuentan con un gran protagonismo. Las comunidades autónomas bañadas por el Mediterráneo como Cataluña o la Comunidad Valenciana viven de una forma especialmente intensa esta jornada, en la que el fuego, es uno de los puntos clave sobre los que se sustenta dicha festividad marcada en rojo en todos los calendarios de nuestro país, en Cataluña además, los petardos y las cocas de “llardons” son los complementos ideales de un ambiente festivo para la noche más corta del año.

Aunque actualmente la noche del 23 al 24 de junio es una noche de fiesta entre amigos y familia, su origen inicial era diferente al de ahora. Se trata de una celebración pagana, cuyo origen está en la llegada del solsticio de verano. El fuego purifica y quema simbólicamente lo viejo y malo, con el fin de dejar espacio a nuevas oportunidades y deseos.

Los dos elementos básicos de esta celebración son el fuego y el Sol, y el hecho de encender las hogueras es una vieja costumbre de un antiguo culto al Sol. Se prendían para darle fuerza y para seguir iluminando el resto del año, a la vez que se pedía a los dioses un futuro próspero.

Más tarde, el cristianismo la trasladó a la fecha en la que la Biblia data el nacimiento de San Juan Bautista, cuya víspera de nacimiento se conmemora con hogueras y fuegos simbolizando la luz que San Juan trajo al mundo según los creyentes.

 Si bien es cierto que esta festividad tiene un marcado carácter Mediterráneo y que en algunos lugares se celebra con baños nocturnos en el mar.  En los Pirineos y Pre-Pirineos (en Catalunya, Aragón, Andorra y Francia) la fiesta de las fallas se celebra en más de sesenta pueblos y está considerada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. La localidad de Isil, en particular, recupera una celebración que se realiza desde tiempos inmemoriales. La celebración empieza por la tarde, si bien el momento culminante es por la noche, con la encendida de la Falla Mayor y el inicio de la bajada hasta llegar, sobre la medianoche, al pueblo, donde se encienden las hogueras y se realizan bailes tradicionales.

En otro de los destinos históricos de referencia como son las localidades de  Alàs y Cerc en el Alt Urgell, la bajada de las falles se celebra condicionada por las exigencias contemporáneas en un contexto de alto riesgo de incendios. Para minimizar sus efectos, no se encenderá el faro en la sierra de Les Peces y los falleros bajarán las fallas apagadas, iluminando el camino con medios alternativos como frontales o leds. Una vez dentro del núcleo urbano, y siempre que las condiciones lo permitan, se encenderán las fallas y se hará un recorrido urbano antes de encender la hoguera en la plaza Major. En la edición de este año de la bajada de las fallas de Alàs se prevé la participación de un total de 50 falleros y varios voluntarios que velarán por el cumplimiento de todas las medidas necesarias.

Pero sin duda uno de los lugares donde se puede vivir esta festividad de dos formas muy diferentes y en dos localidades muy próximas entre sí, es en el Valle de Arán. En concreto en las localidades de Arties y Les.

Fuente: Aran Nau

En la localidad de Les, el escenario del ritual es la Plaça deth Haro, donde sobre las 10 de la noche llega la procesión al ritmo de las danzas tradicionales de Es Corbilhuèrs de Les. Tras la bendición y encendido del haro por parte del sacerdote del pueblo, se le prende fuego y se procede a la quema de les “halhes”, una especie de antorchas fabricadas con corteza de cerezo que se hacen girar describiendo círculos, danzando y simulando una lucha para purificar y quemar los malos espíritus. La ceremonia finaliza con un baile alrededor del haro encendido, un tronco de abeto de más de 10 metros de altura mientras en la plaza se sirve el “vin caud”, vino caliente con azúcar, ron y fruta que se toma junto a la tradicional coca de Sant Joan.

En la vecina localidad de Arties, llegado el día, eth Taro se enciende y arrastra por sus calles y plazas, acompañado de música y de los vítores de los asistentes, en un recorrido que se detiene regularmente, para que los más atrevidos se atrevan a atravesar las llamas saltándolo por encima. Eso si, bajo un estricto código de buenas prácticas y normas de cortesía que garantizan la ausencia de accidentes indeseados. El ritual se prolonga hasta altas horas de la madrugada y termina delante de la casa del alcalde, donde se deja, totalmente carbonizado. Según la tradición, las cenizas de Eth Taro protegen, purifican y fertilizan, por lo que al esparcirlas por todo el pueblo alejan a los malos espíritus.

Aunque el final del “Taro” o “Haro” es el inevitable en ambas localidades. Su elección se vive con una ritualidad y festividad absolutamente afables. Aproximadamente un mes antes de la fiesta tiene lugar la llamada “Tallada deth Taro”. Una expedición de hombres sale a buscar el taro -el tronco que puede llegar a medir más de 10 metros- lo cargan hacia el pueblo y lo preparan para su exposición y quema un año más tarde.

Es resto de la experiencia os recomiendo que la viváis personalmente el próximo 23 de junio por la noche en cualquiera de estas bonitas localidades…!!!


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Reputación, credibilidad e imagen, lo que nos jugamos esta primavera en el Valle de Arán… y en otros destinos.

No os voy a esconder que uno siente cierta contradicción al comprobar que todas las reflexiones que se hacían apenas hace un año en torno a lo que deberíamos aprender de esta pandemia se han visto relegadas a la urgencia de tener que poner remedio a una situación que tiene más que ver con un incomprensible rumbo de colisión, que con la oportunidad de reinventar el negocio, y ya no hablemos de la industria a la que pertenece.

Creo que fue Winston Churchill el que pronunció la célebre frase de «nunca desaproveches una buena crisis…», y sin embargo parece que algunos estén esperando a sufrir tres seguidas para tomar nota de lo que esto significa. Culpables hay muchos, yo diría que tantos como medios de comunicación quieras escuchar. Pero sin ánimo de entrar en «quienes», que aquí cada uno tiene los suyos, dejadme que tire de pura filantropía para intentar darle la vuelta a lo que se nos viene encima, antes de que sea demasiado tarde.

La realidad en el Valle de Arán es altamente preocupante. En resumen y según fuentes de la Generalitat de Catalunya publicadas a través de dadescovid.cat. Su riesgo de rebrote a 24 de febrero, el ya popular (iEPG), es de 2031… (Permitidme un inciso… Si, efectivamente es ese que la Generalitat estima que debería estar por debajo de 100 para no preocuparnos y que otros países de nuestro entorno aprovechan para tomar medidas drásticas en cuanto supera los 75 por cada 100.000 habitantes), pero continúo… El número de personas vacunadas con la segunda dosis es de 261, aproximadamente un 2.5% de la población censada, y el 95% de los nuevos casos detectados están originados por la famosa cepa Británica. Aprovecho, y os adjunto una imagen que dicen, vale más que mil palabras…

Para mi encontrar este gráfico ha sido bastante revelador y como a muchos, me surgen innumerables dudas sobre cual es el criterio para tomar medidas drásticas en marzo del 2020 y obviarlas en noviembre 2020, por ejemplo. También me queda claro que aunque la apertura de la estación no haya ayudado a controlar la Pandemia, es obvio que entre los 339.01 del 2 de enero y los 3669.75 del 20 de ese mismo mes, existen otros muchos motivos y causas, además de los 18 días y el funcionamiento de un recurso. Quizás tengan que ver mucho más con la movilidad y la relajación de todo tipo de medidas en periodos vacacionales, que la mera puesta en marcha de una actividad económica.

Al hilo de esto, algunos medios de comunicación aprovecharon los datos tras las Navidades para escribir artículos en los que culpaban directamente a los negocios y habitantes del Valle de Arán de poco menos que de ser los causantes de sus propios males. Me voy a guardar mi opinión aunque creo que desperdiciaron una excelente ocasión de llamar a la responsabilidad individual de cada uno de nosotros, y sucumbieron a la tentación de erigirse en «justicieros» de causas cada día más alejadas de la realidad rural.

En cualquier caso, esto desde luego no ayuda a la imagen y el esfuerzo que se realiza por parte de los profesionales e instituciones afincadas en el territorio, y desde un punto de vista exclusivamente estratégico lo que de verdad debería preocuparnos, no es solo llegar al final de un maltrecho invierno que pasará con más pena que gloria, y que ha dejado descontento a la mayoría. Sino como encaramos la recuperación de nuestro destino para un futuro próximo y que riesgos estamos dispuestos a correr de no hacerlo.

Un servidor se teme que la falta de entendimiento y la ausencia de liderazgo institucional, denunciadas desde algunos medios locales, casan mal con la toma de medidas más drásticas, que además, deberían ir acompañadas de una buena campaña de imagen para recuperar en lo esencial la marca y los valores del territorio.

Esta semana están apareciendo diversas encuestas que apuntan a una tímida recuperación turística de la que España podría salir favorecida. Sin embargo, el hecho de que Creta haya pasado por delante de Mallorca en la intención de viaje de los clientes del Touroperador Alemán TUI, no debería dejarnos indiferentes, por lo que explicaba la semana pasada Pau Solanilla en la revista Hosteltur. Y es que el Valle corre el mismo riesgo de sufrir lo que actualmente están sufriendo destinos como Mallorca, y no es otro que el hecho de estar haciendo promesas de valor que no se ajustarán a la realidad. Lo que en el lenguaje de la calle viene siendo… «que no te crea ni Dios…».

Para poder darle la vuelta a esta situación no podemos confiar ni en la llegada de las vacunas, ni en el pasaporte de vacunación, ni siquiera en la subida de temperaturas. Porque al final, todas estas son medidas que nos vendrán impuestas desde fuera y no serán exclusivas para el Valle, es más, nuestra falta de reacción va a colocar por delante a otros destinos que hoy en día tienen menos problemas que nosotros, y por lo tanto, una mayor credibilidad e imagen como destinos seguros.

La buena noticia es que nuestro cliente mayoritario no es alemán, y el cliente español no nos va a exigir bajar a un ratio de 30 para poder atreverse a venir. De hecho algunos, han seguido viniendo saltándose confinamientos, restricciones y todo tipo de medidas establecidas por la administración, aprovechando para celebrar sus macro reuniones familiares aquí y poniendo en riesgo al resto de la población residente. Aquí lo que cabe preguntarse es si de verdad queremos ese tipo de turista, o debemos aspirar a algo más.

Coincido con la idea general expresada en este caso por Pau de que debemos trabajar seriamente, con discreción y humildad, sin perder de vista lo que de verdad es nuestro principal activo que es la naturaleza y el valor de la salud que la acompaña. Este verano la salud y seguridad del turista todavía van a ser el principal reclamo para atraer visitantes. Es ya una realidad hoy, que el nuevo turista va a premiar a aquellos destinos más naturales, sostenibles y comprometidos con su población local. Lugares que no estén masificados, donde pueda estar en contacto con la naturaleza y a ser posible, donde tenga la sensación de contribuir de manera positiva con el entorno. Pero de momento y durante este verano, deberán ir acompañados inexorablemente de una buena imagen de salud y seguridad.

A falta de una mayor diligencia y valentía institucional, yo no descartaría aparecer como el primer territorio que se autoconfina de manera voluntaria durante 15 días, un año más tarde del estallido de la Pandemia en nuestro país. Dicho queda…


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Cosas que (debería) aprender de la penúltima crisis turística… (II)

En los distintos foros empezamos a escuchar conceptos que aunque no eran nuevos desde luego no tenían, hasta hace unos días, ni la importancia ni la presencia que ahora se les adivina dentro de nuestro sector. En pocos días nos hemos familiarizado con conceptos legislativos, de márqueting, tecnológicos e incluso sanitarios que antes no formaban parte de nuestro vocabulario. Conceptos como ERTE, low touch economy, hibernación, zoom, human centry, e incluso el cacareado distanciamiento social, aparecen a diario en todos los medios de comunicación. A pesar de que ahora mismo, nadie tiene muy claro cual va a ser su grado de influencia en nuestra sociedad en adelante. 

En el sentido más estricto del término el  aprendizaje se define como » el proceso a través del cual el ser humano adquiere o modifica habilidades, destrezas, conocimientos o conductas, fruto de la experiencia directa, el estudio, la observación, el razonamiento o la instrucción». En definitiva, se trata de aprovechar nuestras experiencias para adaptarnos a nuevas situaciones. Por eso, y a pesar de la máxima que dice que seria suficiente con aprender una sola cosa en nuestra vida para darle sentido, mis verdaderos deseos de aprendizaje, lejos de seguir incrementando el glosario personal con nuevos tecnicismos y  dado el tremendo sacrificio al que parece nos está abocando la actual situación, serian los siguientes:

  • El éxito de una nueva forma de liderazgo. Basada en el ya mencionado human centry y en los éxitos compartidos en lugar de los individuales. En la revalorización de la figura del experto capaz de ofrecer una visión de mejora colectiva por encima de cualquier interés particular. Solo así se me ocurre que podremos hacer frente a los verdaderos problemas que genera nuestro actual ritmo de vida.
  • Reordenar con éxito nuestros valores personales. Ya hemos visto que no es tan difícil dejar de lado nuestros intereses particulares para enfocaros en los colectivos. Pero además este último encierro nos ha enseñado a valorar, la creatividad, la positividad, la importancia de dar ejemplo y ser congruentes, la de estar conectados con los demás, nuestra capacidad de adaptación, el coraje, la capacidad analítica fruto de nuestra propia curiosidad. Y muy probablemente, y para mí la más importante, a hacernos a partir de ahora las preguntas correctas sobre nosotros mismos y lo que nos envuelve. Los valores deberían ser a partir de ahora y más que nunca, un apartado al mismo nivel que nuestras competencias.
  • La seguridad total, no existe. En lineas generales el ser humano le gusta disfrutar de una capacidad de elección relativa para sentirse seguro, pero es que además en los últimos años necesitábamos disponer de ella de manera inmediata y cómoda. Muy probablemente cuando termine la actual situación de confinamiento deberemos convivir con una seguridad aparente más que una real y para esto va a ser necesario reeducarse en muchos aspectos para ser capaces de perseguir de nuevo nuestra propia felicidad. La flexibilidad y la polivalencia van a ser dos de las herramientas de las que ya no podremos desprendernos. Y entender que el planeta está compuesto por seres interdependientes debería elevarse al rango de nueva ley interplanetaria.

aprendizaje y mundo

  • Que el éxito social se mida de forma diferente. A ver si definitivamente exigimos que se haga en base al compromiso, la honestidad y la capacidad que tengamos de empatizar y de inspirar a los demás. Poniendo en el centro aspectos como la corresponsabilidad nacida de un liderazgo personal bien entendido. En resumidas cuentas se trata de perder parte de nuestra soberbia para ganar algo de humildad.
  • La globalización debería ser humanizada. Soy de los que están plenamente convencido de que tiene cosas buenas y  que son la clave para reconstruir el futuro. Esta claro que también ha generado sus problemas, como  la actual dimensión de esta crisis, pero sin duda también nos facilita la coordinación necesaria para salir de la mejor manera. La globalización favorece la dispersión de los centros de poder y por tanto facilita una visión más universal de los problemas. Facilita el reparto de los recursos allí donde de verdad se necesitan. Permite poner en contacto de manera simultanea a expertos de todo el mundo en tiempo real para poder hacer frente a cualquier problema. Incluso la propia tecnología nos ha permitido estar en contacto y humanizar nuestro aislamiento. Como en tantos casos, el peligro no es la herramienta, sino el uso que hagamos de ella.
  • La naturaleza es nuestra primera piel y como tal debería ser tratada. Ahora ya no quedan dudas sobre la importancia de conservar la biodiversidad. Reducirla, por poco que sea, hace que la naturaleza y sus leyes, funcionen peor. En realidad además de proveernos de recursos se trata de una barrera que nos protege de la carga vírica que podemos llegar a sufrir. El estrés que provocamos sobre la naturaleza, al igual que el que sufrimos los humanos, reduce las defensas naturales y aumenta la carga de patógenos. La biología, la sociología la medicina, y por supuesto la economía, deben ponerse de acuerdo para reescribir los pilares de nuestra especie. Y no se puede prescindir de ninguno de ellas.

En el fondo la impresión personal que me queda es que el futuro, vayan ustedes a saber porque, se nos ha adelantado con la exigencia de construir un mundo nuevo y que nuestro éxito como especie va a depender en gran medida de como lo construyamos. Esto no se va a tratar de construir uno de esos catastróficos y deprimentes  mundos que se escenifican en las novelas de ciencia ficción, sino de establecer una sociedad del bienestar más sostenible, viable  y equilibrada a partir de mañana. Y ojalá además, que esta  nos permita seguir haciendo la mayor cantidad de turismo posible. Como un necesario elemento de intercambio, entendimiento y protección de nuestra diversidad  intercultural.

 


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Cosas que (debería) aprender de la penúltima crisis turística… (I)

Las primeras noticias sobre la actual crisis nos sorprendieron empezando una de las mejores temporadas turísticas de la historia, con un mes de enero espectacular y con unas inmejorables expectativas para el primer trimestre del año.

Por eso, con las primeras noticias de la posible crisis que empezaba a aflorar en China, un servidor fue de los que pensó que esta sería la enésima circunstancia a la que hacer frente en un sector en el que desde que me incorporé allá por los años 90, las diferentes crisis que nos han afectado, incluida la del 2008, sonaban más a la consabida canción del verano que al ruido de sables que finalmente nos vemos obligados a afrontar.

Se que a toro pasado esto puede parecer frívolo, pero no me avergüenza reconocer que un virus con una mortaldad de un 0.06% a 9000 km. de distancia me pareció bastante menos amenazador que uno con una tasa de casi el 70% a 4000 km.  Aquel año del ébola, en 2014, nuestro país recibió 65 millones de turistas, el mayor aumento en los 14 años precedentes. Desde luego en Enero de este año, la situación parecía mucho menos peligrosa que la que planteaban la crisis económica del 93, o los cambios geopolíticos que hemos venido viviendo hasta la consolidación de la globalización y su estallido en la crisis del 2008. Donde por cierto, fué el turismo el que se alzó con el título de la locomotora que nos sacó de una situación a todas luces crítica.

Hace escasamente un mes estábamos centrados en una superioridad sobre las circunstancias, los elementos y con la única obsesión de ser la mejor versión de nosotros mismos. Nos habíamos llegado a convencer de que con la formación, el trabajo, la dedicación, y unas ciertas dosis de pasión. No había crisis que no se pudiera salvar.  Con nuevos productos y formas de turismo nacidas de la primera crisis, muy consolidadas ya; y con empresas con estructuras de costes fijos más ligeras, con balances más sólidos,  y mucho más líquidas y saneadas que en el 2008. La única pregunta que nos hacíamos en serio, es si valía la pena volver a batir el récord de turistas o apostábamos decididamente por conseguir uno que dejase mayores ingresos.

Por eso a diferencia de en otras ocasiones, no lo vimos venir. Y por eso, esta vez, me parece indispensable escribir lo que a mi modo de ver debería aprender definitivamente de esta crisis.

  • El turismo no es una necesidad indispensable. Y teniendo en cuenta mi vocación conste que he renegado de esta idea insistentemente. Pero de hecho se está demostrando que ninguna nueva actividad económica desarrollada en los últimos 2000 años lo es realmente. Frente a un problema vital, en que la humanidad se enfrenta a un peligro en el que necesita de una conciencia de especie amenazada para resolverlo, el resultado de momento es que la parte social es la que pasa por encima de la económica. La organiza, la paraliza, y redistribuye un poder que jamás debían haber perdido ni la ciencia y ni el conocimiento.
  • El ser humano es más vulnerable de lo que el mismo sospechaba.  Resulta que de pronto nos hemos dado cuenta de la importancia de la ciencia para la humanidad. Que de pronto somos más solidarios y que en la soledad de nuestras casas hemos descubierto lo mejor, y en algún caso lo peor, de nuestros vecinos. Según el filósofo Javier Gómez, el individuo en sí es débil y la solidaridad es una forma de fortalecernos gracias a la socialización que lleva implícita. Una prueba de ello es que la inmensa mayoría de empresas están pensando en como vencerán el miedo inicial y conseguirán aportarnos seguridad ya que  la inmensa mayoría no seremos capaces de gestionar correctamente nuestras emociones. En definitiva el común denominador de las campañas de comunicación de casi todas las empresas es transmitirnos seguridad, ya que vamos a necesitar tener la sensación de que alguien vela por nosotros mismos.

periodico el mundo esta cambiando

  • Hay que estar preparado para lo inesperado siempre. Esto no significa que te construyas un bunker en el jardín y lo llenes de latas de comida. Se trata más bien de armarte con todas aquellas herramientas que en un momento puedan fortalecer tu resiliencia. Tanto a nivel personal como profesional. La vieja táctica de hacer girar la rueda ya no es una opción porque ha quedado demostrado que otros pueden detenerla en seco por tí.
  • La humanidad pedía a gritos un nuevo renacimiento y el individuo seguía a lo suyo. Entendiendo la humanidad con el significado más filantrópico del término y como portador de los mejores atributos de nuestra especie. Hace tiempo que empezábamos a ser conscientes de que los grandes problemas que nos amenazan como especie no estaban siendo abordados, el cambio climático, las crisis sanitarias o la desigualdad social. Y sin embargo la mayoría no tomábamos una actitud lo suficientemente activa frente a estos temas, escudados en nuestras obligaciones diarias. Y no, desengañémonos,  viralizarlos no era ni es suficiente.
  • Es posible detener el mundo tal como lo conocíamos y encima eso es beneficioso para el planeta y para nosotros mismos. Una de las imágenes más impactantes que nos deja esta crisis es lo diferente que se ve el planeta y la atmósfera una vez hemos detenido la producción en masa de diversos países. Desde las imágenes de fauna salvaje merodeando por zonas urbanas, hasta los bajos niveles de contaminación de algunas aguas y los saludables índices de la calidad del aire en algunas ciudades, nos demuestran que no era tan difícil alcanzar algunas de las recomendaciones que se venían haciendo en las cumbres por la sostenibilidad del planeta que se habían celebrando hasta la fecha.
  • Muy pocos estaban preparado realmente para hacer frente a una disrupción en mayúsculas. La tecnología ya existía pero aún así nadie pensaba en aplicarla realmente. Lo más extraño de esto es la cantidad de gente a la que le cuesta aceptar que deberíamos aprovechar para realizar cambios sustanciales en nuestras vidas. A pesar de que hay muchas personas intentando adivinar como se comportará este o aquel sector cuando acabe el confinamiento, la mayoría están centrados en pensar como adaptarán lo que se venia haciendo hasta la fecha pero teniendo en cuenta las nuevas normas que, por supuesto, esperamos nos sean impuestas. Son pocos los que se planteaban realmente reinventar el futuro, y por supuesto, muchos menos los que estaban preparados para ello.

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«TODO ES TURISMO…»

“Todo es política”… o más bien, ya no.

Tras las recientes crisis no son pocos los que han puesto en entredicho la célebre frase de Thomas Mann, y se han declarado convencidos seguidores del menos ortodoxo, pero contundente   “es economía estúpido…” que arengó la campaña de Bill Clinton en 1995.

Si tal como define la OMT. Entendemos el turismo como un “conjunto de actividades, entre ellas por supuesto también las económicas, realizadas por personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos de su entorno habitual, por un periodo consecutivo inferior a un año…”  Nos daremos cuenta de que estamos frente a una actividad con un potencial extraordinario capaz de vertebrar el desarrollo de una región e incluso de un país.

El desarrollo del turismo implica un claro beneficio para múltiples sectores económicos tanto de forma directa como indirecta. Pero es que además, su carácter necesariamente relacional y su condición de actividad humana, permiten extrapolar esa gestión de manera beneficiosa a sectores estratégicos para los habitantes de un país, tales como la sanidad, la educación, el medio ambiente, la seguridad, las infraestructuras, las comunicaciones,… y así, una larga lista de materias cuya importancia incide de manera directa en el bienestar de cualquier sociedad.

No es de extrañar pues, que muchos de los países donde sus recursos turísticos son explotados de manera responsable y  donde la hospitalidad no entra en conflicto con el necesario respeto al entorno y a la cultura de la población residente, sean los que además, encabecen el ranking de países con mayor calidad de vida entre sus habitantes.